MOISÉS ESTÉVEZ

Nos comimos a unos cuantos vecinos para no defraudar. A la vez que se
lo confesaba a su párroco, pensaba… No defraudar, ¿a quién?
Muchas eran las dudas, aunque pocos los remordimientos, pero allí
estaba, de rodillas, intentando explicarle a la persona que estaba dentro del
confesionario el por qué de sus actos. Este asentía con monosílabos, sin
embargo, ella tenía la certeza de que no la entendía, un cero en empatía,
seguro que no tenía ni puta idea de cómo se sentía. En fin, acataría la
penitencia impuesta y posiblemente lo volvería a hacer.

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