SIX

-Me pregunto… Si ya estabas así de empapada en el comedor…- Susurré de nuevo hundiendo mi boca en su pelo.

Le hablaba con ansias, susurrándole entre dientes, disimulando mi desesperación, que trasmitía a mis dedos frotando su clítoris con fuerza. Ana gruñía, resoplaba por su naricilla, y movía sus labios sin saber si mordérselos, o lamérselos. Mi polla la inmovilizaba, la presión a la que la sometía la empotraba, y luchaba contra la pared, palmeando como si quisiera gatear por ella, casi de puntillas. Tenía medía cara pegada a las baldosas. Abría mucho su boca con los ojos cerrados, tanto que casi babeaba, y luego la cerraba solo para resoplar, mientras mis dedos volaban sobre su coño.

-Si… Si que lo estabas verdad?? Por eso has bajado zorra… para que te den lo que te mereces… ehh??- Iba susurrando yo en su pelo.

Hablarle, decirle lo primero que se me pasaba por la cabeza me ayudaba a no pensar en su coño, en como envolvía mi polla y se la tragaba, en lo profundo que se la tenía clavada, en ese calor que me inundaba desde su interior hasta mi espalda.

-Te ha gustado venir hoy sin braguitas, zorra??- Comencé a susurrarle sin dejar de masturbarla y clavarle más la polla hasta lo más hondo. –Te has sentido la más puta de todas las de arriba, verdad?? Sabes porque??- Comencé a usar un tono burlón, como queriendo humillarla, me salía solo sin saber porque, fruto de la excitación. -…porque tenías un secreto… Eh? Llevabas ese coñito al aire delante de todos… Y te ha gustado mucho. Verdad guarrilla??

Ana dio un traspié, la estaba aplastando contra la pared. Y ese traspié provocó en mí mil sensaciones. Mi polla se movió, su culo se recolocó. Y yo casi pierdo el norte.

“Joder!”

Me faltó poco! Casi me corro justo antes de recolocarme. Tomé aire y volví a concentrarme en masturbarla con mis dedos, en clavarle mi polla hasta el fondo, y en decirle sandeces al oído fruto del delirio del momento. Sin filtro…

-…Siii… Me lo puedo imaginar… Con el coño al aire… Empapado, buscando una polla que follarte… Pensabas en mí?- Susurraba con ese tonito burlón con el que intentaba humillarla. –Buscabas mi polla?? Menos mal que te he encontrado yo antes de que te follara cualquiera, eh?? Hoy debe ser mi día de suerte… Se me cae un café, miro a lo lejos, y veo semejante zorrón abriéndome las piernas… Joder!

Mis dedos intentaban pellizcar suavemente su clítoris una y otra vez, en un movimiento repetitivo que ya sabía que a Ana le volvía loca. Y se estremecía, cerraba y abría como podía sus piernas, apretando su culo, lo que empezaba a volverme loco, porque esos movimientos castigaban mi polla doblándola, envolviéndola de sensaciones eléctricas que estaban a punto de hacerme perder el control.

-Joder mírate… Hace unos segundos me decías que no… Y ahora…- Continué con mi tono burlón. –Ahora te estas deshaciendo por dentro zorra… lo noto… noto como algo por ahí abajo se te está haciendo agua…

Pasé mi otra mano entre la pared y ella con la intención de estrangularla como tantas veces había hecho ya. Sabía que agarrarla así le ponía mucho a Ana, decía que así se sentía poseída. Y lo hice, notando mi brazo atrapado entre el calor de su cuerpo y el frio de la pared. La obligué a que echara su cabeza hacía mi hombro cuando cerré mi mano en torno a su cuello y cerró los ojos a la vez que abrió su boca para respirar mejor.

-No te había visto nunca tan cachona…- Exageré, susurrando y pegando mi boca a su cara. –Si no te llego a encontrar yo? Que hubieras hecho?? A quien te hubieras follado?? Ehh??

Mis dedos aceleraron en su coño, frotando su clítoris lo poco que me permitía aquella posición. Mis caderas seguían apretándola contra la pared con toda la presión con la que era capaz de empujarla. Mi polla se le clavaba tan adentro, y Ana estaba tan aplastada contra la pared que empecé a sentir como si su coño hiciera palanca en torno a mi polla. Ella no tenía espacio para nada, mi abrazo la inmovilizaba, y la presión contra la pared le obligaba a echar su cabeza hacía atrás, contra mi hombro. Aun así, su cara estaba a milímetros de la pared, lo que la obligaba a mirarme de lado, de reojo. Y su mirada parecía suplicarme en silencio, con la boca abierta formando una “o” sorda, que la follara de una puta vez.

-A Quién???- Susurré zarandeándola apretando la presión de mi mano en su cuello. –Porque está claro que estabas pidiendo polla!

Ana no contestó, se dejaba hacer. Sabía que le ponía mucho que la tratara así, con una mezcla controlada de desprecio, desdén y humillación. Dominándola. Yo estaba como desinhibido, susurrándole pegado a su mejilla, mirando a sus ojos y diciéndole cosas que ni siquiera pensaba.

Se había apoderado de mi ese otro Oscar, y me encantaba dejarme llevar. Era una sensación poderosa que me embriagaba. Ni siquiera sabía lo que le decía. Todo salía de mi boca sin pasar por mi cerebro. Toda mi sangre y mi concentración estaban en mi polla, clavada hasta el fondo dentro de ella.

-Te imagino desesperada… Cogiendo la primera polla que hubieras encontrado… Sii… Verdad?? Haciéndole la mamada que me has hecho a mi a la primera polla que pudieras llevarte a la boca… Hija de puta… Que boquita tienes!- Me burle de nuevo mientras la masturbaba. -Por eso eres tan buena secretaria?? Verdad? ?

Pero Ana no contestaba, se limitaba a suspirar, a mirarme de reojo, y a sufrir de placer. Con la cara colorada, abriendo la boca para intentar buscar oxigeno mientras mi mano se cerraba en torno a su cuello lo justo para dejarle respirar de vez en cuando.

–Yo te tendría todo el día debajo de mi mesa! Chupandomela con esa boquita y esa lengua! Que maravilla…- Añadí con el mismo tono hundiendo mi nariz en su pelo. Hice una pausa para recolocarme, viendo como Ana luchaba para no gritar o gemir -…Y si no hubieras encontrado una buena polla?? Que hubieras hecho zorra??

Le di otro empujón con mis caderas, manteniendo la presión clavada hasta el fondo. Mi polla palpitaba durísima, luchando contra la presión de las paredes de su coño, casi me dolía de placer notar como su cuerpo intentaba doblármela hacía arriba. Y Ana tan solo podía suspirar de puntillas. Sus tetas amortiguaban aquella presión contra la pared, las notaba calientes envolviendo mi brazo mientras la estrangulaba, hinchadas y duras por la presión, y los pocos saltitos que pegaba hicieron que estas quedaran aplastadas casi llegando a la altura de su barbilla.

-…Hubieras venido aquí solita… y te hubieras metido los deditos imaginando una buena polla… No??

Ana parpadeó lentamente, y yo cerré algo más la mano del cuello estrangulándola, volviendo a zarandearla.

-Te hubieras imaginado la mía, o la de otro?- Solté de nuevo con ese tono con el que me burlaba de ella y pretendía humillarla. –O las de varios a la vez?? Eso te gustaría verdad zorra??

Aceleré mis dedos, y Ana se puso tensa. Y yo aproveché para coger impulso, y volver a aplastarla todo lo que pude contra la pared, inmovilizándola con mi cuerpo, y tirando de su cuello hacía mí. Forcejeábamos, cada traspié me hacía perder un poco la presión, y tenía que recuperarla con cada nuevo zarandeo. Lo que hacía que la volviera a penetrar hasta lo más profundo. No me daba cuenta de la follada tan lenta y profunda que le estaba metiendo con cada empujón y cada forcejeo. Ocupaba mi mente con la delirante situación. Ana cerraba los ojos con fuerza, colorada, sintiendo mi polla intentando partirla en dos cada poco. Su cara de vicio me decía que no le estaba haciendo daño, más bien todo lo contrario. Imagino que se sentía atrapada, con ese punto de “abuso” que a ella le ponía tanto, y ese puntito de humillación diciéndole aquellas cosas. Ana no hablaba, pero su cuerpo me lo decía todo, chorreando, suspirando, llenando sus pulmones e hinchando aquellos dos balones que aplastaban mi brazo contra la pared cuando cogía aire a la desesperada, mientras mi mano volaba sobre aquella bolita caliente y empapada.

-Ssiii!! Yo creo que te gustaría que te follaran la boca uno detrás del otro, como te la follo yo. Sin dejarte respirar!- Susurré en su pelo tras otro empujón. Decía chorradas, lo que se me pasaba por la cabeza mientras frotaba su coño para no pensar en que en cualquier momento podía estallar, y llenarla de leche caliente. –Ufff… Me imagino como lo ibas a disfrutar… Un montón de pollas para ti solita!!

Ana cerró sus ojos echando su cabeza sobre mi hombro, parecía imaginárselo. Empecé a hundirle los dedos sobre el clítoris y entre los labios que rodeaban mi polla, Como si quisiera acariciar el contorno donde se hundía mi polla y su coño la envolvía. Estaba tan hinchado y dilatado que parecía que los hundía en gelatina caliente, haciéndolos resbalar alrededor de mi polla. Ana volvió a abrir su boca formando una “o” con los labios, con los ojos cerrados, e hinchó su pecho. Era un gesto exagerado, y temí que gritara o gimiera en alto.

Le tapé la boca y comenzó a resoplar por la nariz haciendo casi más ruido que antes.

-Silencio zorra!- Le solté tajante con un susurro en su oído.

Saqué mi mano de su coño, y le agarré de una de sus muñecas retorciendo su brazo con firmeza para obligarla a meter su mano entre ella y la pared hasta colocársela sobre su coño. Ana no ofrecía resistencia, pero aquella manera de tratarla, obligándola a hacer lo que quisiera de manera enérgica sabía que la volvía loca, a ella… y a mí.

Lo primero que hizo fue intentar agarrar mi polla, palpando torpemente a la desesperada entre sus piernas, pero la penetraba en un ángulo tan forzado, que no pudo, así que me agarró los huevos.

-No! Tócate! Quiero que me demuestres lo cachonda que estas!- Ordené con un susurro en su pelo.

Noté como la mano de Ana rectificó, dejó de acariciarme, y subió lo justo hasta su coño mientras yo le daba otro empujón contra la pared. Acomodó sus dedos sobre su clítoris, y noté como empezaron a vibrar sus dedos. Ana era de esas tías que una vez cachondas, no tenía mucho reparo en mostrar cómo se daban placer. Es más, en alguna ocasión follando, ella misma se había puesto a ello con el mismo entusiasmo que ahora, sin que yo le pidiera nada. Pero aquella vez Ana comenzó a ponerle ganas, como si quisiera acentuar lo que sentía, buscando un orgasmo.

-Vamos zorra!- Solté con un suspiro en su cara atrayéndola del cuello hasta mí. –Vamos a ver como te corres!

Noté como su mano comenzó a moverse deprisa, y sonreí con la nariz pegada a la piel de su mejilla. Le llevé dos dedos a la boca, y Ana empezó a chuparlos como si se trataran de mi polla. Alargaba su lengua, los lamía y cerraba sus labios succionando con fuerza. Comenzó a emitir un gemidito sordo por la nariz como si disfrutara chupándolos. Y cuando le saqué los dedos, resopló abriendo su boca y sacando su lengua para buscarme, como si necesitara besarme.

Pero mi mano en su cuello le impedía girar la cabeza, y sus intentos por besarme me resultaban muy graciosos y excitantes. Mi boca estaba a escasos milímetros de la suya, pero no llegaba a alcanzarme más que a tocarme con la punta de su lengua de vez en cuando, intentando lamerme. Parecía suplicarme un beso, y me ponía muy cachondo verla tan desesperada.

-Mírate…- Sonreí con cierto desprecio. -Mira lo zorra que te pones… Fantaseas con unas cuantas pollas, y mira cómo te pones!- Susurré con mi mejilla pegada a la suya. –Un día te voy a atar… y me voy a traer unos cuantos amigos… Verás lo que es sentirse sometida! Sin poder moverte! Sin poder gritar mientras una polla te ahoga! Y otras dos te follan ese coño y ese culito que tienes… Te gustaría??- Solté sin pensar en lo que decía.
-Nno… No lo sé!- Suspiró desesperada.

Su respuesta sonó a Morbo, una mezcla de miedo y deseo, quizás por lo cachonda que estaba. Por supuesto era un farol, una tontería más fruto del delirio del momento. Pero aquel “No lo sé” no había sonado a un “no” rotundo, sino más bien había sonado a duda, y me puso cardiaco. Realmente en aquel momento, mi imaginación volaba, y me la mostraba atada y sometida a varios tíos, haciéndole mil perrerías sin darle ninguna tregua. Pero mi mente no me mostraba a nadie en concreto, como si todos fueran una especie de copia de mi mismo.

Además, a quien quería engañar? No tenía tantos amigos, y menos con la confianza como para proponer algo así. Ni siquiera sabía si me atrevería a hacerlo.

Su aliento, y la manera de resoplar conteniéndose a milímetros de mi boca me trajeron a la realidad de nuevo. Y con otro empujón para recolocarme y zarandearla. Se la clavé de nuevo hasta lo más profundo. Ana frunció el ceño con un gesto como si no aguantara más, y volvió a morderse los labios con fuerza.

Me tenía cardiaco. Deseaba follármela, pero sabía que si la embestía con ganas, si abandonaba aquella clavada para empezar a moverme, explotaría llenándola. Ya tenía suficiente con irla empotrando con fuerza de vez en cuando, rezando para no estallar!

-Gggññnnh…- Resopló Ana ahogando gemidos mordiéndose la boca.
-Qué te pasa?- Me burlé. –No te gusta que te metan la polla hasta el fondo??

Ana intentó mirarme, pero no pudo, sus ojos se entrecerraban de puro placer, y su boca resoplaba cuando no se mordía los labios.

-…O haces esos ruiditos porque no puedes gritar??- Continué burlándome, me encantaba verla luchando contra si misma. –En mi casa si que gritabas…

Ana se frotaba el coño con ganas, notaba su brazo vibrar, sus suspiros eran entrecortados. Intentaba mover su culo, pero la presión de mis caderas contra la pared, impedían que se moviera mucho.

-Fffffffh… Fóllame!- Suplicó de repente con un hilo de voz.


Continuará…

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