ROSA LIÑARES

No podía negar que le alegraba que hubiese dejado a esa pija estirada, pero no le gustaba ver a su hijo sufrir. Y, por supuesto, no reconocería delante de él que le alegraba la noticia. Esperó a que él se calmase y estuviese dispuesto a hablar. Cuando vio que el llanto había cesado, inició ella la conversación.
-Seguro que ha sido un enfado tonto y enseguida lo arregláis, como otras veces.
-No, mamá; es definitivo.
-Pero ¿por qué? ¿qué ha pasado? – preguntó Isabel
-Simplemente, me he dado cuenta de que Natalia y yo no vamos a ningún lado juntos.
Eso ya lo sabía Isabel hacía mucho tiempo, pero nunca se había atrevido a decírselo. Era su vida y ella no iba a entrometerse.
-No tenemos los mismos planes de futuro así que, tarde o temprano, esto tenía que acabarse. Yo quiero tener hijos y ella me ha dejado claro que no y no va a cambiar de opinión. Le preocupa sólo su físico. Yo aspiro a formar una familia. Quiero tener hijos y ser un buen padre.
-Y lo serás, hijo… algún día lo serás. No lo dudes. Ya llegará tu momento y la persona adecuada.
-Yo ya estoy preparado, pero ahora tendré que empezar de cero – dijo Sergio, apesadumbrado
-¿Y qué prisa tienes? Eres joven todavía
-Lo sé. Es sólo que ahora mismo me siento sin fuerzas.
Isabel volvió a besarle en la frente y le atusó el cabello en un gesto cariñoso.
-¿Más café?- preguntó.
-Será mejor que no, o esta noche no pegaré ojo. Aunque tampoco creo que vaya a dormir mucho, la verdad. ¿Puedo quedarme aquí?
-¡Pues claro! Ahí sigue tu habitación, sólo hay que poner sábanas limpias. Puedes quedarte todo el tiempo que necesites. Yo encantada de tenerte aquí.
-Quizá me quede unos días, mientras busco un piso. Le he dicho a Natalia que puede quedarse ella en el nuestro.
-No tienes que buscar otro piso. Puedes vivir aquí conmigo. Hay sitio de sobra para los dos. Y nos haríamos mutua compañía. Me encanta la idea – dijo Isabel entusiasmada
-No sé, mamá… – replicó Sergio.
-Si quieres, podemos comprar una cama más grande para tu habitación; quizá la tuya ahora sea un poco pequeña para un hombretón que mide 1’85… -rio Isabel
-Ya veremos. De momento, acepto tu oferta. Me quedaré unos días. Pero no te prometo nada. Ya iremos viendo. No estoy seguro de querer a mi madre como compañera de piso – ahora el que reía era él.
Isabel puso cara de enfurruñada, pero luego se echó a reír y volvió a abrazarle.
-Mañana iré a recoger mis cosas; al menos la mayor parte. ¿Me ayudarás?
-Pues claro. Cuenta conmigo.
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Un comentario sobre “Otra vida (13)

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