ALMUTAMID
Con un poco de resaca y cierta molestia con Óscar me levanté a media mañana del domingo. El calcetín seguía en el pomo de la puerta de mi dormitorio. Aun así abrí. Efectivamente la chica dormía junto a Oscar. Aproveché para verle el culo y la espalda desnudos. Aunque no le ví la cara evidentemente no era Vanessa. Qué cabrón…

Volví con Víctor y bajamos a desayunar. El comedor cerraba a las 10 así que nos salimos a la calle. Nos quejábamos de Óscar pero los dos le teníamos una envidia terrible. Pero ahora ya sí. Tenía que hablar con él. Era mi habitación también y no podía dejarme así tirado sin avisar. Cuando lo enfrenté en la comida usó el argumento esperable y casi utópico: “ya traerás tú a alguna chica”. Al menos quedamos en que me avisaría con un mensaje al móvil antes.

A la mañana siguiente y viendo mi fracaso en quedar con compañeras de clase en fin de semana, o al menos las tres con las que me relacionaba decidí abrir horizontes masculinos en la facultad. En el tablón delvestíbulo se buscaban jugadores para el equipo de fútbol sala de la liga universitaria así que me apunté en el despacho de la delegación de alumnos donde me citaron para un primer entrenamiento para el lunes de la siguiente semana.
La semana transcurrió ya con cierta rutina. Asistencia a clases por la mañana con mis amigas. Por la tarde algún café con ellas mismas para compartir libros o apuntes cena con Óscar o Víctor y Claudia. Lo mejor es que ella aborrecía a Óscar, lo cual me tranquilizaba bastante.

El viernes volví a casa de fin de semana. Mis amigos, la verdad es que eran un poco mantas con los estudios, por lo que todos seguían en bachillerato. Ese mismo viernes había fiesta en su instituto. Como ya no dejaban beber alcohol dentro del recinto la fiesta en realidad era un botellón que se hacía en una plaza que había por detrás. Pero estaba bastante animado. Es increíble como cambias de rol social cambiando de grupo. En l residencia era un pardillo de primer curso, al igual que en la cafetería de la facultad. Pero en aquella fiesta de instituto yo era todo un universitario que vivía sin sus padres. Un nivel superior.

Me sorprendí contando historias, a veces exageradas de mis azañas en dos semanas de clase que llevábamos, evitando las humillaciones, ante un corro de chicas entregadas a mi plática. También colaboraban los ánimos de mis amigos que me veían como un buen anzuelo para atraerse a sus compañeras de instituto. Entre copas e historias algunas chicas se iban retirando a casa. Una de ellas, Viqui, se quedó descolgada con mi conversación. Caballerosamente me ofrecí a acompañarla entre guiños de mis amigos. Lo cierto es que hasta ese momento casi no me había fijado en ella, pero quedándome a solas le eché un vistazo para verla mejor.

Viqui es bajita. Le saco una cabeza y no soy especialmente alto a pesar de que llevaba un poco de tacón. Es una chica menudita. Pies pequeños, manos pequeñas. Piernas y brazos delgados. Sin ser un bellezón es una chica guapa, de ojos vivos, muy grandes y observadores aupados en una nariz pequeñita que corona una boquita pequeñita de labios carnosos. La gracia de su rostro se veía aumentada por las pecas que decoraban su nariz y pómulos. Aquel día de inicios de otoño llevaba una minifalda veraniega no excesivamente ajustada a su culo y un top suelto que disimulaba un pecho más grande de lo que aparentaba a simple vista.

No llegamos muy lejos. Envalentonado llegando a su calle le propuse quedarnos un rato más charlando. Avisó en su casa que ya estaba allí abajo “con sus amigas” y nos sentamos en la un jardincito interior entre los bloques donde vivía en el poyete de un arriate que quedaba fuera de alcance de las farolas e incluso tan oscuro que no se nos veía desde las venanas superiores.

Era evidente que yo interesaba a la chica y llegados a este punto ella también a mí. Pero mi torpeza limitaba mis movimientos. No sabía como dar el paso y casi la cago. El arriate era bajo. A la altura de la rodilla. A mí me obligaba a tener las piernas muy flexionadas pero ella tenía las piernas muy juntas con las manos empujando la falda para que no se levantara. Mi primer intento fue poner la mano en su muslo, pero me la apartó mientras yo no sabía de que hablar mientras. Después puse una mano en su espalda y no me la apartó y por fin acerqué la cara y le dí un piquito. Me retiré para ver que pasaba y me sonrió. Repetí la operación esta vez prolongando el tiempo de contacto de nuestros labios hasta que abrí la boca para sacar mi lengua y dejó que nuestras lenguas se encontraran dentro de su boca. Mi mano seguía en su espalda y las suyas seguían sujetando su falda. Así estuvimos comiéndonos la boca un buen rato y por supuesto sólo con eso yo ya estaba empalmado a tope.

Me atreví a apoyar de nuevo mi mano en su rodilla. Esta vez la dejó estar. No parábamos de besarnos con mucha lengua. Fuí subiendo mi mano desde su muslo por el vientre y pasé mi dedo por su pecho. Notaba la tela de su sujetador. No parecía darse cuentas y me atreví a posar la palma rodeando su teta. Gimió y no me la quitó. Lo sopesé, lo apreté ligeramente…

Su actitud era pasiva con sus manos aun sobre su falda, pero me estaba dejando hacer. Yo me deleitaba agarrando sus tetas.Por un momento imaginé que eran los pequeños pechos de Claudia los que agarraba, pero la diferencia de tamaño era considerable y debían sentirse muy diferentes. Dí un paso más sin dejar de chocar nuestras lenguas y volví a bajar mi mano a su muslo, pero esta vez al subir intenté colarla por debajo de su top. Sus brazos rígidos sujetando la falda me dificultaban la operación pero aún así insistí. Colé un dedo y rocé su piel. Empujé con la mano para introducirla entera bajo la tela pero el empuje de sus brazos a la falda me cortaba el paso. Acaricié su piel lo que el espacio me permitía. Detuvo su lengua y creí que se acababa el rollete, pero de inmediato continuó relajando además la fuerza de sus brazos. Retomé el beso a la vez que mi mano terminaba de colarse hasta llegar al sujetador de copa rígida. Retome el masaje a su teta que había iniciado por fuera del top y viendo que no me ponía reparos colé un dedo dentro de la copa hasta llegar al pezón que encontré deliciosamente duro.

No era la primera teta que tocaba en mi vida pero me estaba resultando deliciosa su piel calentita y suave. Empujé la copa del sujetador y libera el pecho rodeándolo con mi mano mientras pasaba mi dedo pulgar por su pezón en movimientos circulares. Viqui gimió y me sorprendí a mí mismo haciéndolo también. Ya sin reparos tiré de la otra copa del sujetador y liberé el otro pecho repitiendo la operación y obligandola a levantar los brazos que sujetaban su falda. No sé que pasaría por su mente en ese momento pero la sangre de mi cerebro ya bombeaba en otro sitio que a duras penas cabía en el pantalón. Nos íbamos a gastar la saliba de tanto comernos la boca. Viqui se detuvo un momento. Separé mi cara de la suya y nos vimos los ojos muy cerca. Mi mano no dejaba de tocar su teta. Casi me excitaba más tocarla mirándonos que besándonos, pero por miedo a que se echase atrás volví a acercar mi cara a la suya para retomar el morreo. Pero tuve el tiempo suficiente como para ver sus piernas ligeramente abiertas relajadas y sus brazos ya no agarraban la falda.

Me armé de valor jugándome que me parara o me diera un bofetón pero saqué la mano de su top y la volví a poner en su muslo. Por fin pasó su mano derecha por detrás de mi espalda mientras la izquierda la apoyaba en el filo del arriate. ¿Me estaba franqueando el paso? Mi mano subió por su muslo hasta rozar la tela de sus bragas. Viqui se estremeció y detuvo su beso. Sentí el calor que manaba de su prenda interior y acerqué mi dedo índice a la tirilla elástica mientras empecé a mover otra vez mi lengua dentro de la suya. Colé el dedo descubriendo el vello de su pubis. Como se dice por fin toqué pelo. Por primera vez en mi vida. Viqui se estremecía sin dejar de besarme mientras yo acariciaba su vello más íntimo. Había abierto sus piernas en posición más abandonada y mi mano entera ya acariciaba su pubis. Deslicé mi dedo corazón hasta donde el vello dejaba paso de nuevo a su piel y lo colé entre dos bultos, sus labios mayores. Su espalda se arqueó y se dejó caer hacia atrás con un gemido. De golpe sentí su humedad. Primer chocho mojado que tocaba. Y como si ya supiera como funcionaba todo presioné la humedad sintiendo como la falange de mi dedo se colaba en un cubículo caliente y mojado mientras se entrecortaba la respiración de la chica y dejaba de besarme entre gemidos entrecortados. Empecé entpnces a rozar toda la longitud de mi dedo entre sus labios y metiendo y sacando la punta. Lo estaba disfrutando a juzgar por como se había olvidado de mi boca y cerraba los ojos.

Torpemente apoyó su mano en mi paquete insensible de tan apretado y tan duro como estaba. Intentaba acariciarme por encima del pantalón al mismo ritmo que mi dedo se rozaba con su sexo. En otro ataque de valor dejé de masturbarla y rápidamente me abrí el pantalón con cierta torpeza a la hora de soltar la hevilla del cinturón. Me alegré de llevar puestos unosboxers de tela de apertura central con botón que me había comprado mi madre para la residencia, que me parecían de abuelo pero demostraron su utilidad dándome la oportunidad de liberar al monstruo. Hasta yo me asusté de lo hinchada que la ví. Dura como una piedra, descapullada y con las venas marcadísimas. No sé si era la primera polla que veía Viqui, pero una vez que la tuve fuera no se paró a mirarla y la agarró moviendo el pellejo arriba y abajo sustituyendo la insensibilidad de un instante anterior por un cosquilleo en las pelotas.

Yo devolví mi mano al interior de su braga para estar empatados. Pero el placer que le proporcionaba mi mano entorpecía el movimiento desu mano. No importaba. Yo me lo estaba pasando muy bien. En apenas 5 minutos sus gemidos aumentaron de intensidad hasta que lanzó uno más largo y noté como mi mano se mojaba más. Aceleré el movimiento de mi dedo hasta que me rogó que parara. Resoplaba y respiraba descordinada. Se había corrido. Y yo estaba encantado.

Me besó sonriente y me dijo bajito: “Ven, que te toca”. Se acomodó la falda y se giró un poco agarrándome de nuevo la polla empezando un rápido sube y baja por todo el tronco. Evidentemente ya lo había hecho antes. Con la mano libre me acariciaba el pecho por dentro de mi camisa hasta que noté que me llegaba el orgasmo con mucha mayor inténsidad que en mis pajas. En esa postura me lo iba a echar en todo lo alto de la ropa así que me levanté y ella a mi lado se puso pegada a mi espalda mientras con una mano me pajeaba y con la otra metida en mi camisa me tocaba la piel hasta que empecé a soltar lechazos contra el arriate como no recordaba en mi vida entre gruñidos mientras Viqui daba los últimos meneos a mi verga. Cuando dejó de salir semen me la soltó y con esa misma mano me acarició también pecho y vientre. Así con ella abrazada por detrás me recompuse la ropa guardando mi polla aun dura de tanta excitación en mi pantalón.

Viqui se subió a su casa creyendo que se había liado con un universitario experimentado. Yo muy fui con cara de tonto por la primera paja que me hacía una chica…

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