LUIS4CONT

 

XI Cuatro cenas: Javi y Ana.

– Hoy he visto tu ex.

– ¿A mí ex? Javi miraba sin comprender a su mujer. Se quedó como un bobo con la cuchara a mitad de camino de la boca.

Ana hizo un gesto como de fastidio.

– Pero qué tonto eres ¿no sabes a quien me refiero?

Un par de segundos después se hizo la luz: a Nerea, ha visto a Nerea.

– ¿Nerea?

– Sí, hijo sí. Y está embarazada ¿lo sabías?

– No, no lo sabía.

Javi siguió comiendo como si nada. Una vez resuelto el acertijo, pareció perder el interés.

– ¿Hablaste con ella?

– No. ¿Por qué? ¿Habría tenido que hacerlo?

– No sé, como has dicho que la has visto…

– Sí, pero ella a mí no me ha reconocido. Creo. ¿Tú la hubieras saludado?

Javi pareció pensárselo.

– ¿Por qué no? Sí claro, la hubiera saludado.

– ¿Ya se te ha olvidado lo que te hizo?

– No. ¿Cómo puedes pensar que esas cosas se olvidan?

Ella lo miró interrogante.

 – ¿Y entonces?

– Y entonces ¿qué?… De eso hace ya mucho tiempo, Ana.

– Menudo putón. Una mujer que hace algo así…

– Mira déjalo. Ya bastante vueltas le di en su día. Eso ya es agua pasada.

– Joder, pues si a mí me lo hicieras, aunque pasaran 10 años, cada vez que te viera se me revolverían las tripas.

– Pues entonces peor para ti.

Ana le echó una mirada dura. Javi suspiró y dejó los cubiertos encima de la mesa. Al final había dicho lo que no quería decir y estaban hablando de lo que no quería hablar.

– Mira Ana, lo que quería explicar es que ella ha rehecho su vida. Y yo la mía. Yo ya no sufro por lo que pasó, lo he superado. Y para superar estas cosas hay que dejar de odiar. Si no odias, no te importa y si no te importa, no te duele. Es sólo una cicatriz y ya está. Que dolió cuando me hice la herida y también cuando me la tuvieron que curar. Tú me la curaste. Ahora ya solo es una sutura que no duele.

Te estoy muy agradecido por aparecer en mi vida, te quiero y nos va genial. Y sabes ¿por qué? Porque no dejamos que nada nos afecte. Estamos tú y yo y los demás no importan… ni el pasado tampoco.

Acordarme de Nerea para hacer reproches o criticar no me hace bien. Prefiero pensar, que si alguno de los dos tiene remordimientos de vez en cuando, es ella. Y si te soy sincero a estas alturas ya no me importa. No le deseo ningún mal. Por mi parte ya está todo perdonado, porque no puedo ni quiero seguir con esa herida abierta.

-Pero eso ya lo hablamos ¿verdad cariño?, este capítulo está ya cerrado.

Ella desvió la mirada al plato. Tuvo que reconocer que su marido tenía razón. Pero aunque no conociera personalmente a Nerea, solo de vista, no podía evitar que le cayera mal.

– Menuda madre va a ser… Espero que como tú dices haya cambiado…

– No tiene nada que ver una cosa con la otra. Mira, no se me había ocurrido pensarlo pero creo que sí, que ella va a ser una buena madre…

Nueva cara de asombro de Ana

– La defiendes…

– No, solo trato de tratar las cosas como son, sin filtros. Sin que me influya ni lo malo ni lo bueno y lo cierto, es que creo que puede ser una buena madre. Te vuelvo a decir que una cosa no tiene que ver con la otra. Se puede ser una persona infiel y sin embargo darlo todo por tus hijos.

– No sé Javi es que… Joder, que me cuesta trabajo verte así tan tranquilo. Hablando de este tema y defendiéndola con todo lo que te hizo pasar. Todavía me acuerdo cuando nos conocimos: estabas hecho una mierda y eso que hacía ya más de un año

– Precisamente por eso no quiero volver a estar igual. Lo superé gracias a ti. Nos conocimos y aquí estamos. Hacemos buena pareja ¿verdad? nos va bien…Entonces: ¿porque tendría que enfadarme?  Mira, si eso te reconforta, estoy seguro de que ella lo ha pasado bastante peor que yo. Al fin y al cabo lo mío duró apenas un año pero yo creo que ella todavía se siente culpable. Es posible que esto la acompañe toda la vida.

Ana alargó la mano y acarició la de su chico. Tenía razón. Siempre la tenía cuando hablaban de esto. No sabía por qué este tema la afectaba tanto. Una historia de infidelidad de antes de conocerlo que él ya había dado por cerrada. Y sin embargo a ella la sublevaba.  Quizá fuera por el daño que habían causado a la persona que amaba, aunque fuera en pasado. Pensó en Nerea embarazada, y se preguntó que no sería capaz de hacer ella por un hijo. Estar enamorado era una cosa, hacer tonterías con el sexo otra y desde luego, ser madre era algo muy distinto.  Si, Javi tenía toda la razón. Quizás no estaba juzgando adecuadamente como madre a Nerea…

Suavizó el gesto y acompaño la caricia con una sonrisa, que su chico le devolvió…todo estaba bien.

– En vez de pensar en los demás, deberíamos darle una vuelta a lo nuestro…

– ¿Ah sí? Y ¿a qué concretamente? Preguntó juguetona Ana.

– A que igual es ya hora de que tú también te vayas quedando embarazada…no acabamos de ponerle fecha a ese tema…

Pues sí, ya tenían decidido que querían ser padres, pero siempre iban demorando el momento de intentarlo.

Ana sintió un cierto vértigo y un cosquilleo en su pubis. De alguna forma su enfado se estaba convirtiendo en excitación. De pronto sintió mucho calor. Un sofoco la invadió cuando se imaginó con el vientre abultado, con Javi rodeándola con sus brazos a la vez que le besaba el cuello. Sus manos acariciaban con suavidad su barriga y de ahí, iban a los pechos abultados y sensibles. Un ligero apretón y unas gotas de leche brotaban de sus pezones.

Empezó a mojarse. Se sentía muy turbada por esas imágenes que de golpe le habían asaltado, y por el efecto que estaban provocando en ella.

Se limpió los labios con una servilleta y se puso de pie. Sin dejar de mirar a Javi, que la observaba entre divertido y expectante, caminó alrededor de la mesa. Cuando llego a su altura, el camisón y las bragas habían caído ya al suelo.

– Así que…quieres dejarme encinta…

– Bueno, cariño ya lo habíamos hablado antes ¿no?…lo único es que…

– Para eso tendrías que echarme un polvo a pelo…le interrumpió ella situándose entre él y la mesa. Se sentó en el borde y empujando los platos y cubiertos con el culo, se hizo sitio encima de la misma. Ya sabes, follarme sin el condón y correrte dentro, esta vez. Y luego, dejarla un ratito para que tu semen llegue a donde tiene que llegar. Y quizás más tarde tendríamos que volver a insistir. En la cama, más cómodos.

Ana se echó hacia atrás y subió las piernas, apoyando los talones en el mantel. Las separó lentamente, ofreciendo a Javi una visión directa de su sexo, ya brillante de humedad.

Él desplegó una sonrisa boba, asombrado una vez más de la capacidad de su mujer para pasar del disgusto a la excitación en tan solo un momento. Notó como el pene crecía en su entrepierna, en una erección que pronto se transformó en algo brutal, animal. Supo que iban a follar allí mismo, que no llegarían a la habitación. Liberó su miembro y tiró de los muslos de Ana hacia sí mismo, haciéndola resbalar hasta que su culo quedó en el borde de la mesa y su coñito entro en contacto con su glande. Ella lo recibió muy mojada y con el pulso alterado. Se abrazó a él y buscó su boca.

Iba a ser un polvo de esos muy especiales…y también una noche muy larga…

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