ALBERTO MORENO

 

Se  sustentaba sobre dos capiteles de piedra milenaria,

El cincel del artista había tallado con rigurosa perfección , en el  izquierdo el rostro hìrsuto de Judas Iscariote, en el derecho , el óvalo bonachón de la cara de María Magdalena.

Entre ambos, se alzaban las dos hojas majestuosas de la puerta de la iglesia.

El templo de aquel pueblo, figuraba en la ruta turista de la región, como monumento singular.

Remigio, andando desde los confines de otra provincia, abandono la carretera comarcal  haciendo su entrada por la calle principal.

Su indumentaria no era de peregrino,

Se trataba de un mendigo.

Llevaba  mas de veinte años viviendo de la caridad del prójimo.

Era un profesional.

No regenteaba catedra en niguna Corte de los Milagros, pero bien podía ejercer de catedrático. Y hasta podía hacer una cartografia de la caridad de las gentes de la región. La generosidad y la tacañería de un pueblo, las  percibía  de inmediato.

Los primeros diez años utilizo un gesto lastimoso, plañidero, después lo cambio por la sonrisa,.

Se convirtió en un mendigo bonachon,  incluso conseguia relaciones humanas  incipientes. que aprendían su nombre.

La sonrisa generaba mas empatía y mas reditos que la pena.

Hizo un recorrido por las calles , había dos lugares adecuados para su negociado,

El pórtico y la puerta del Consistorio, el primero los días de fiesta y el segundo entre semana.

Continuo  la exploración. El pueblo, ni grande ni pequeño, le gusto, tenia un albergue, tres o cuatro tabernas y una fuente en la plaza, esto era importante, durante su jornada siempre bebia agua varias veces. A su lado un kiosco de cromos  y frutos secos.

Aquella  ultima semana de julio hacia calor, unas palomas retozaban en un pequeño parque, algo ajado pero verde.

El pueblo le resulto amable, se encamino al pórtico, allí pernoctaría.

Recosto su espalda sobre la columna de Judas Iscariote, se sento en el suelo, buscando una postura comoda y no se percato del tremendo parecido de su rostro y el esculpido del apóstol en la piedra.

Anochecio, no sin antes poner su escudilla y recibir de algunos  fieles, una limosna.

La mañana del domingo le sorprendio dormido, abrió solo un ojo.

Siempre  hacia igual, si lo que veía no le gustaba, lo cerraba, de lo contrario, abria el otro.

Y lo que vio no le agrado.

Una mujer, recostada sobre el otro capitel, tocada con un pañuelo que le cubria la cabeza y un delantal tapándole las piernas, con su latita ya dispuesta, saludaba a los fieles que entraban en la iglesia.

¡Este sitio esta ocupado!, tengo que respetarlo pensó para si. Cerro el ojo y pensó como parlamentar.

La mujer, le miraba esperando que despertara de una vez.

La situación requeria actuar.

Remigio, abrió los ojos, se incorporo y como el hombre de Vitrubio, se desperezo, extendió sus brazos  en un alarde de fortaleza, miro a la mujer y dijo con su sonrisa amable, prendida en su cara:

¡Hola!.

No dijo mas. La mujer lo miro y contesto:¡Hola, que tal ha dormido!, ¿Cuándo ha llegado, viene de muy lejos?.

Remigio, todavía haciendo  aspavientos con los brazos, de pie, le contesto: ¡Llegue ayer, vengo de otra provincia, anduve todo el dia, este pueblo me parece amable, pienso quedarme algunos días!.

¿Y tu de donde vienes, como te va aquí?, añadió el hombre.

Katia, al hablar acuso un acento extranjero, dijo ser de Bulgaria, vino andando con su pareja hacia dos años, el hombre se fue con otra mujer y ella continuo sola, no tenia familia.

¡Pon la latita!, añadió, ¡Ya están llegando!, ¡Luego vemos como lo hacemos!.

Los fieles, llegaban en pequeños grupos, cruzaban el pórtico y entraban en la iglesia.

Pronto comenzaría la misa de las once.

La comitiva de las autoridades, con paso parsimonioso, avanzaba, serian como ocho personas.

El Delegado de Turismo de la provincia hablaba con el Alcalde, los concejales escuchaban.

¡Estoy aquí para ver como desarrollamos el flujo de turistas!, ¡Tenemos que analizar el potencial de su pueblo, señor Alcalde!.

Ya en el pórtico, la comitiva se detuvo, el Delegado miraba ensimismado los rostros de piedra de los capiteles y los rostros humanos de los dos mendigos.

¡Increible, asombroso, son exactamente iguales!.

Era como si Judas Iscariote y Maria Magdalena se hubiesen reecarnado y hubiesen cobrado vida.

¿Se quedan mucho tiempo aquí?,  inquirio el Delegado a Remigio.

¡Por lo menos un mes!, contesto el hombre.

¡Hablamos a la salida, buen hombre!. La comitiva entro en el templo.

Instantes después, una dama, emperifollada, como una tarta de fresa y nata, rauda, llegaba unos minutos tarde a la misa. Introdujo su mano en el monedero y deposito unas monedas en la escudilla de Remigio, a la par le miro fijamente unos segundos.

¡Que quijada, parece un gladiador!, mascuyo para sus adentros, ¡Que fuerte esta!.

Rectifico, ¡Que mandibula quería decir!.

Dentro, se acomodo en el banco del Delegado, a su lado y comenzó a rezar en voz alta acompañando a los fieles y al párroco que oficiaba la misa.

Los cerebros, del Delegado y el de doña Angelines, la maestra del pueblo, maquinaban a la vez sobre Remigio.

Era evidente que elucubraban  proyectos  diferentes, los vericuetos de sus mentes conducían a objetivos  muy distintos.

¡Puede que traiga a la  prensa y a la  television local mañana, es un acontecimiento periodístico total!, el Delegado pensaba rápido.

Angelines, que ya había cumplido los cincuenta, que su estricto sentido moral y las servidumbres de su oficio de maestra, habían arruinado su trayectoria sentimental , pensaba en otra dirección. ¡Le ofreceré trabajo en mi huerto y podría barrer la acera y…ya veremos si se deja!, ¡A la salida le propongo  la faena!.

Las escudillas estaban llenas y todavía faltaba la salida.

Katia, la vacio en el bolsillo de su delantal y le dijo a Remigio: ¡Luego contamos y hacemos partes iguales!.

¡Podriamos dormir en el albergue, mejor que en el suelo!, ¡Sera barato!.

A Remigio le parecio bien.

Dentro, los rezos de los fieles, como un runrún de abejorros trompeteros, ponían el eco a los exhortos y a las plegarias del  cura.

¡Dominus vobiscum, el Señor este con vosotros!.

Las ceremonia había terminado, la gente comenzó a desfilar hacia la puerta  de salida.

Imbuidos por un arrebato de piedad, las escudillas metálicas de Remigio y Katia, repiqueteaban sin cesar.

¡Buen hombre, tengo un pequeño trabajo de jardinero para Usted!, Venga luego , mi casa es la contigua al Consistorio, la fachada esta pintada de azul!.

Era Angelines, la maestra, volvió a depositar unas monedas en la latita y se alejo apresurada del pórtico.

¡Buen hombre, venga a verme ahora al Ayuntamiento, tengo para usted un asunto que le proporcionara una buena maquila, venga también con su compañera!.

Era el Delegado de turismo.

El caballero volvió a mirar detenidamente el extraordinario parecido de los rostros.

El destino, en esos  instantes, había echado sus cartas.

Al terminar la misa, el sacristan cerro la entrada del templo, Remigio y Katia volvieron a contar el maná, se encaminaron al albergue, reservaron dos camas, se marcharon al Consistorio, el Delegado junto al Alcalde, le esperaba.

¡Pasen, pasen, siéntense!

¡Mañana vendrá la prensa y la tele, les harán una entrevista en el pórtico, durara una hora como mucho!,

¡Ustedes contesten las preguntas, yo les ayudo, será fácil!.

Cada uno de ustedes recibirán cien euros de mi parte!

El Alcalde intervino:

¡Deberian quedarse aquí algún tiempo mas, también recibirán  un estipendio, solo tienen que permanecer en el pórtico, luego les dare instrucciones!, añadió:¡Hablare con el albergue para que tengan techo y cama gratis!.

Remigio y Katia no entendían nada, la mujer se marcho al albergue y Remigio a la casa de la maestra.

¡Entre, buen hombre, tome la escoba de rama, me barre la acera y luego pase al jardín!.

Angelines le habia recibido solicita en la puerta de su casa, se habia cambiado el disfraz de tarta de fresas por un vestido algo ceñido de floripondias malvas.

Barrio la acera, el trozo de calle de la fachada y paso al jardín. Alli amontono las hojas secas y con la manguera rego los arboles y el césped.

¡Voy a preparar carne guisada!, ¿Le gusta?.

Remigio, no supo que decir, solo asintió con la cabeza, continuo su trabajo.

Angelines monto la mesa en el salón, al lado de cada plato desplego los cubiertos y una servilleta, decidió ir un momento al bar y traer un botella de vino , al tabernero le explico, que era para el guiso,¡ Para echarle un chorrito a la carne!.

Remigio se acomodo a la mesa, envarado en su silla, no sabia que decir ni que hacer.

¡Con la cuchara, se toma el caldo y con el tenedor pinche la carne!, Angelines tomo el mando.

No pudo evitarlo, no recordaba haber comido asi en toda su vida, trozeo el pan y mojandolo en la salsa engullia unas sopas que  a punto estuvo de atrangantarse varias veces.

En un impulso, sus dedos cogieron los trozos de carne del plato y se los llevo a la boca. El vaso de vino lo empinaba y lo bebia de un solo trago.

Angelines le miraba sus poderosas mandíbulas masticando y sintió el primer vahído.

¡Desnudo, lavado, será como el arcángel  Rafael, o como San Jorge de Capadocia, el santo que mato un dragon con sus manos!.

Angelines no habia reparado su parecido con el Judas Iscariote labrado en el capitel, ella estaba en otra onda.

¡Ahora cuando termine, se echa una siesta, yo le llevo a la cama, mientras me da su ropa y hago una colada!. ¡Le dare un albornoz!.

Remigio, mudo, con cara de mastuerzo dijo que si con la cabeza.

Continuo comiendo, al terminar, se limpio la boca con el dorso de la mano, eructo y dijo :¡Estaba “guenisimo”!.

Alli, al lado de la mesa, en el salón, se quito la ropa, Angelines le tendio el albornoz y lo condujo al baño.

¡Abra el grifo, póngase debajo del chorro ¡, el jabon esta en ese tarro!, ¡Es liquido, se lo pone por todo el cuerpo, se frota y luego se enjuaga. ¡Ahí tiene la toalla!.

Lo dejo en el baño, recogio con cierto asco la andrajosa y mugrienta ropa del suelo y la deposito en la lavadora, casi vaciò el bote de lejía entero y duplico el detergente, pulso el botón y el artefacto comenzó a girar.

Subio al dormitorio, abrió la cama, rocio en el ambiente un fluflu y su bilirrubina estaba desbocada.

En el baño, Remigio, con el codo tiro al suelo dos frascos de cristal que se hicieron añicos, derramo el gel y estuvo a punto de desnucarse.

¡Cuantas vainas hay aquí!, despotrico.

Con el albornoz enfundado, abierto, habia perdido el cinturón, apareció en el pasillo.

¡¿Que hago ahora,  quiere que barra otra vez la acera?

Angelines, casi se desmaya, miro aquella aparición, no supo si del infierno o de la gloria,  balbuceando, como pudo, le dijo que subiera al dormitorio.

Sin orden ni concierto, como dos primerizos, ninguno de los dos recordaban, ni sabían como negociar aquello. Brincaron, acomodaron sus cuerpos y al final hicieron el amor como en los primeros tiempos de la creación, como un Adan y una Eva en el paraíso terrenal.

No hablaban, sus gargantas exhalaban ayes balbuceos y suspiros sin tregua.

Fue Angelines, la que rompió el silencio: ¿Te ha gustado?.

¡Si!,¡Es la hostia!, contesto Remigio con un bufido de bisonte.

La tarde continuo, el ardor no cejaba, Dos horas después, Angelines bajo a la cocina, saco la ropa limpia y seca, llamo a Remigio y este se vistió, la mujer le tendio un billete por sus trabajos de jardinero.

Remigio lo cogio, hizo un garruño con el billete sin mirarlo y lo introdujo en el bolsillo del pantalón.

¡Mañana hablamos!, Angelines, cuando salía de la casa, acerto  a preguntarle: ¡¿Cómo te llamas?.

¡Remigio Montes Santos!.

Desorientado, con cara de pasmado,  se encamino por inercia al portico, después cambio el rumbo, se dirigio al albergue.

Alli, el encargado le dijo que Katia le esperaba en el dormitorio, también le informo que no tenían que pagar el alojamiento, el señor alcalde habia dado la orden.

A cada momento el destino le propiciaba una sorpresa buena.  Remigio, ya no pensaba.

En su cerebro se habia instaslado el “laissez faire laissez passer”.

El hombre, cuando empujo la puerta del dormitorio  y vio a Katia sentada en la cama, sin el pañuelo en la cabeza,  sin el delantal , con sus pantorrillas de campencina y sus mejillas sonrosadas como una jugosa manzana,  exclamo: ¡Que sea lo que Dios quiera!,

Saco el billete arrugado del bolsillo y con cara plañidera, le dijo: ¡Toma, lo he ganado cuidando un jardín!.. Su intuición le estaba generando una mala conciencia. Ignoraba los motivos.

¡Cuánto has tardado, seria el jardín muy grande!, Remigio, solamente asintió. Katia habia cambiado la reserva , una cama en la sala de hombres y una cama en la de mujeres, por el dormitorio previsto para parejas. El encargado se encongio de hombros y asintió.

Katia, también se habia duchado y ofrecia un aspecto que Remigio aprecio.

¡Esta mas rellena y tiene mas mollas que la maestra!.

Ni digresiones, ni preámbulos, Katia tomo la iniciativa:¡Desnudate!, ¿Apago la luz?.

¡No!, dijo el, ¡Quiero verte los pechos y los muslos!, añadió.

Se le notaba mas suelto, después de todo , la lección que Angelines le habia prodigado toda la tarde, daba sus frutos, Remigio, demostraba ser un alumno aventajado.

Katia, comenzó a hablar en su idioma, los ayes búlgaros eran mas sonoros, sus manos y sus brazos eran fuertes, atenazaron al hombre y parecían querer estrangularlo.

Al final, la exhibicion de lucha libre termino, apagaron la luz y Remigio comenzó a roncar como un bendito.

Por la maña del  lunes, los periodistas y las cámaras de televisión les esperaban en el pórtico.

El destino seguía a pie firme el guion.

¡Sientense en el suelo, cada uno debajo de su capitel, apoyando la espalda!, ¡Sus caras alineadas con los rostros esculpidos en la piedra!.

El Delegado y el Camara, discutían  las tomas.

El rodaje comenzó, un presentador micrófono en mano, se dirigio a Remigio:

¿Que sabe usted del apóstol Judas, tiene su misma cara?.

¡Parece otro pobre, pero de otro sitio, nunca lo he visto por aquí!.

El rodaje continuaba, fuera en la esplanada el grupo de curiosos aumentaba sin cesar.

En el pórtico, el cura párroco, no perdia puntada, tenia previsto intervenir también, esperaba su turno. A su lado, un personaje, ajeno a los asuntos religiosos, encorbatado y trajeado, ojo avisor, no perdia detalle.

Era el director de la sucursal bancaria del pueblo.

Avesado cazador, traía un paquete voluminoso en las manos. Luego, cuando todo termino, se dirigio al párroco con acento sibilino y algo confidencial:

¡Aquí tiene un cepillo, le sugiero lo coloque en el pórtico, junto a los mendigos!,¡Los autobuses de peregrinos y turistas no tardaran en llegar, y hay que preveer la recogida de sus dadivas!. ¡Como habrá q compartir al menos un diezmo con el hombre y la mujer, habrá que abrirles una cuenta en mi entidad!.

¡Hablamos padre después!.

El Alcalde, corrió la voz en las tabernas y recomendó aumentaran sus existencias, en el Albergue, añadió varias camas y a Remigio y Katia les dio instrucciones.

¡Deberian hacer jornadas de diez horas sentados en el pórtico, los fines de semana, puede que tuvieran que ser doce!,¡Como están sentados y no hacen nada, no se cansaran!.

El noticiero del medio dia expandio la noticia por todo el país: ¡Milagro!, Judas Iscariote y Maria Magdalena reecarnados! Al dia siguiente los periódicos en primera plana reproducían la noticia.

El circo no tardo en abrir su función, en menos de tres días, los peregrinos y los turistas, en autobuses, comenzaron a llegar al pueblo.

Hubo que organizar las colas. Remigio y Katia, sentados en el suelo del pórtico, no cejaban de recibir parabienes y elogios. Las fotos eran continuas.

Al cepillo que habia traido el director del banco, hubo q añadirle otro, estaban colocados a las diestras de cada mendigo.

¡Ni mear puedo!, dijo por lo bajo Katia en su idioma.

A medio dia, por turnos, se comían unas albóndigas en la taberna próxima a la Iglesia y de prisa y corriendo volvían al pórtico.

Por la noche, al albergue. Contaban el dinero y no sabían donde ponerlo.

El director del banco arreglo el asunto, mando recogerles las recaudaciones y las ingresaba en una libreta conjunta.

El parraco, que administraba los cepillos, les destinaba una parte, que ingresaba en la libreta.

Angelines, vio  que su plan  se derrumbaba, a su Remigio Montes , a su quijada y a su pene, el pórtico lo tenia cautivo, no disponía el hombre ni de un suspiro, ni  de beber agua en el pilar de la plaza podia.

Algunas tardes, cuando el sol  habia transpuesto el horizonte y la jornada parecía llegar a su fin, los peregrinos se estaban marchando, se aventuraba por el, porche y daba una batida.

Le parercio, percibir una complicidad con la mendiga, su olfato femenino se puso en guardia.

Una noche, no pudo evitar ir al albergue, no sabia que decir ni que hacer, pero fue.

Serian ya las once de la noche.

Cuando abrió la puerta del dormitorio  y vio lo que vio, en lo mas profundo , sintió un desgarro.

Remigio y Katia hacían el amor  como dos …….

Huyo, corrio como alma en pena  en dirección ignota, su boca llena de maldiciones, solo conseguia pronunciar una palabra: ¡No!, ¡No!,

Como pudo encontró su casa, no era capaz de meter la llave en la cerradura.

Temblaba, al final lo consigio.

Su cerebro estaba incontrolado, como un saltibanqui  los sentimientos de dolor y de venganza se susedían .

Por la mañana, seguía confusa, la furia y la venganza habían ganado la batalla, en la escuela, castigo a doce alumnos y no conforme, al director del centro lo abronco por no haber cambiado el mapamundi y el timbre de entrada no se oia.

El crucifijo que presidia su mesa, se salvo de milagro.

No comio, rompió la escoba de rama y el albornoz, lo hizo añicos, poco a poco se abrió camino un sangriento plan en su cerebro.

Iria al portico al final de la jornada, le pediría a Remigio ayuda, la manguera del jardín estaba inundando el césped,

Mandaria aviso al capaz jefe de la hermandad de cazadores, con algúna minucia.

Procuraria que los dos hombres coincidiesen, con pequeño intervalo.

Remigio ajeno al cambio que su destino le iba a propiciar, acudió solicito.

Todo, le salio a la pérfida bordado.

¡¡Socorro, socorro, este hombre me esta violando!.

Los gritos los precibio el jefe de los cazadores, Remigio, asustado, emprendio una fuga anarquica, no entendia nada.

El cazador, acerto a verle cuando salía por la puerta. Fue ráudo a la hermandad, allí, el grito de guerra fue una orden. ¡¡El mendigo a violado a la maestra!,¡ Tenemos que encontrarlo, es el demonio!!.

Diez cazadores armados al mando del capataz se dirigieron al pórtico.

Alli, Remigio, con la respiración entrecortada, intentaba explicar a Katia la situación.

No pudo terminar.

Diez disparos lo abatieron, el hombre callo en la escalinata del pórtico.

Un disparo habia destrozado su mandibula.

La sangre empezó a fluir, Katia, desencajada, con un reguero de lagrimas, se inclino sobre el hombre y comenzó a limpiarle la sangre.

La ficción estaba teniendo un lapsus, Maria Magdalena nunca limpio la sangre de Judas Iscariote.

Pero la historia, a veces es mas tramposa que la ficción.

 

-Fin_

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