MOISÉS ESTÉVEZ

Para que luego digan que los monstruos somos nosotros. Fue el primer
pensamiento que a Mark le vino a la mente. Un guardia se lo dijo. – Se
consumó la última ejecución – No sabía si aquel desgraciado al que le habían
aplicado la letal inyección fuese culpable, pero si estaba seguro de que él no lo
era. Nadie creyó nunca en su inocencia, y el sistema se lo iba a llevar por
delante. Fallos en el procedimiento, una defensa incapaz y la sociedad ávida
de ‘justicia’, lo arrastrarían sin remedio a una habitación, donde la muerte daría
también buena cuenta de él. Siguiente reo que dejaría de pernoctar el
corredor…

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