ALMUTAMID

Tuve que esperar a escuchar la respiración fuerte de Óscar que delataba su sueño profundo para poder bajar sigilosamente e ir al baño a limpiarme mi propio semen. No sabía si debía comentarle algo a mi compañero o no, pues me temía que iba a se tónica habitual en el dormitorio. Tras asearme en el baño me acosté y me costó bastante despertarme cuando sonó el despertador por la mañana. Llegué a clase medio atontado por la falta de sueño y todavía alucinando por el polvo que habían echado mis compañeros de residencia a centímetros de mí. Tampoco niego que las tetas de Vanessa también me habían dejado huella. Mi candidez era tal que las únicas tetas que había visto en mi vida al natural eran las de algunas chicas en la playa que miraba de reojo disimulando con las gafas de sol.

Nunca había sido un obseso ni un pajilleros compulsivo. Claro, mi experiancia era tan corta que tampoco tenía recuerdos de los que tirar. Y además mi fascinación por Claudia empezaba a ser tan platónica que las espectaculares tetas de Vanessa me turbaron lo suficiente por más que la visión de aquellos pechos grandes coronados por dos aureolas grandes pero no muy oscuras, y los pezones aun hinchados y brillantes por las babas de Óscar. Por aquella época estaba más obsesionado con ver tetas que más abajo.

Intenté organizar con las chicas de clase quedar aquella noche para conocer la marcha universitaria, pero ninguna de mis tres amigas de la facultad tenía intención de salir por la noche. No quería seguir siendo el cmpañero cortito de Óscar y no le dije nada. Además me extrañó que no me dijera nada a mí tampoco. Me empezaba a conformar con pasar mi primera noche de fin de semana fuera de casa cuando al meno tuve una alegría. Claudia estaba sentada sola en el comedor cenando y no perdí la ocasión de sentarme y poder hablar con ella.

-¿Te importa que me siente al lado?
-Para nada, así me haces compañía- me contestó.

El corazón me dió un vuelco. Luis, no la cagues…

-¿Y Vanessa?
-Déjala, se acostó tarde y no la he visto en todo el día. La dejé durmiendo esta mañana y esta tarde no estaba.

Y tanto que se acostó, y bien agusto. Pensé.

-¿No tenía clases hoy?- pregunté por seguir el hilo.
-Ni idea. La verdad es que vamos siempre juntas pero no hablamos mucho.
-Vanessa parece muy alegre.
-Sólo habla de fiestas y tíos. Yo vengo a estudiar.- dijo tajante.
-Nos hemos cruzado varias veces y no me has dicho que estudias…- continué la conversación haciéndome el interesado.
-Estoy estudiando medicina. Me ha costado mucho conseguirlo y además tengo una beca. No puedo permitirme tropezar.
-Te entiendo. Es mucho dinero y nos jugamos el futuro.
-¿Qué estudias tú?- me preguntó mirándome directamente a los ojos sintiendo como su mirada me atravesaba.
-Yo…yo- titubeé nervioso escrutado por sus ojos negros- yo, traducción.
-Ya sé quien me va a ayudar con los textos extranjeros.
-Encantado de hacerlo, cuando quieras estudiamos juntos.

Cuando la cosa empezaba a ponerse bien llegó Víctor. Los presenté y la conversación cambió. Pero en un momento dado Claudia nos dijo:

-¿No os habéis dado cuenta que no hay ningún veterano de la residencia en el comedor? Somos todos novatos.
-No me había fijado. A lo mejor tienen por costumbre cenar fuera los viernes.- dije quitándole importancia.

Justo en ese momento aparecieron los veteranos por las dos puertas armando ruido con latas y con las caras pintadas de negro. Mierda…la novatada…

Con gritos y ruido de latas nos sacaron del comedor casi a empujones y admito que cierto miedo y nerviosismo. Víctor, Claudia y yo intentamos no separarnos para intentar darnos fuerza. Nos sacaron al patio donde nos metiern en un círculo aproximadamente a los 30 novatos y nos rodearon dejando de hacer ruido con las latas. Entonces uno de los veteranos tomó la palabra:

-“Novatos, hoy empieza vuestro noviciado. De vosotros depende que todo salga bien o no. Sed obedientes y seremos benignos. Rebelaos y sufriréis nuestro castigo. El noviciado está compuesto de tres fases. La primera el ritual de inicio, que será hoy. La segunda vuestra semana de servicio. Y para terminar la ceremonia de iniciación. ¡¡Compañeros!!, ¡¡que empiece el ritual!!”

Entonces nos empezaron a repartir vasos de aguardiente para que los bebiéramos. Cuando devolvíamos un vaso vacía nos lo volvían a llenar mientras nos metían prisa para tomarlo. Cinco vasos cada uno, y muchos no teníamos costumbre de beber alcohol. Después abrieron un pasillo y empezaron a gritar obligándonos a todos a pasar apretados entre ellos mientras nos tiraban un polvo blanco y nos daban collejas. Así nos fueron conduciendo hasta la vaya del fondo del patio donde subidos al pretil comenzaron a tirarnos cubos de agua con hielo, que a pesar del calor de mediados de septiembre caía muy fría. Además se mezclaba con el polvo blanco creándonos una pasta muy pegajosa en el pelo y sobre la ropa.

De nuevo nos condujeron al vestíbulo de entrada de la residencia. Estábamos empapados, algunos tiritando y a Claudia la camiseta blanca que llevaba se le pegaba mojada alpecho marcando perfectamente el color oscuro de sus pezones que ademas se señalaban perfectamente por estar endurecids del frío. En un acto de caballerosidad la avisé:

-Claudia, se te marca todo en la camiseta.

Se puso los brazos por encima tapándose, pero en un acto de generosidad, admito que interesado me quité mi camiseta oscura y se la ofrecí para que se la pusiera por encima y se cubriera quedando yo desnudo de cintura para arriba y de paso desembarazándome de la tela fría mojada. Una de las veteranas se subió a la escalera e inició una nueva arenga:

-Novicios de la residencia, ¿queréis ser miembros de la residencia??

Asentimos a coro.

-¿Queréis ser com nosotros?

De nuevo asentimos.

-Pues que se inicie vuestro servicio, para ellos debéis pagar una prenda y cruzar la senda de los elegidos hasta vuestros dormitorios. Una vez superado el ritual vuestro primer servicio será limpiar el patio, este vetíbulo y los pasillos hasta vuestro dormitorio. Y deben estar límpios esta misma noche. Os iremos vigilando. ¡¡Que paguen sus prendas¡¡

Entonces varios veteranos se pusieron en las escaleras y sólo dejaban pasar al que se quitaba una prenda. Los chicos iban dejando sus camisetas, camisas o polos. Las chicas, unas dejaban sus camisetas y se iban en sujetador y otras sus pantalones o faldas y se tapaban con las camisetas. Víctor, Claudia y yo íbamos a la misma planta. Primero pasó Víctor dejando su camiseta. Claudia se quitó el short aprovechando el largo de su camiseta aunque no pude evitar ver sus bragitas negras asomando cuando se sacaba la prenda. Yo sólo tenía los pantalones, así que los entregué como prenda subiendo en calzoncillos, menos mal que llevaba unos boxers azules y no transoarentaban mojado como iba.

Al llegar al descansillo de nuestra planta Claudia se separaba de nosotros al tomar el pasillo femenino y Víctor y yo el masculino. Nos deseamos suerte mientras Claudia me agradecía la camiseta. El pasillo estaba apagado. Primero Víctor recibió una colleja. Los veteranos estaban a los lados del pasillo y nos golpeaban y tiraban bolas de papel y de papel de plata entre empujones y zancadillas. Víctor llegó hasta su habitación pero no lo dejaron entrar. Tuvo que continuar todo el pasillo hasta el fondo conmigo y nos obligaron a hacerlo completo también de vuelta hasta el descansillo crizándonos con otros novatos entre el ensañamiento de “nuestros compañeros” de residencia. Al llegar de nuevo al distribuidor nos metieron en las duchas. De alguna forma habían metido una manguera allí y nos ducharon con el agua a presión que hacía bastante daño. En las duchas de las chicas se oían gritos. Cuando salimos de las duchas algo doloridos por tanto golpe, patada y agua a presión y dejando las duchar mojadas y sucias, evidentemente para que las limpiáramos nosotros vimos salir a chicas corriendo de su baño totalmente desnudas tapándse como podían. Algunas lloraban. No ví a Claudia, aunque ví otros culos correr. Nos estábamos para eso. Al llegar a mi dormitorio tenía una nota seguramente dejada por Óscar que decía: “Si a las 12 no está la residencia límpia volveremos por vosotros”.

Nos pasamos la hora siguiente comentando en voz baja el “ritual” mintras limpiábamos patio, entrada, pasillos y duchas.

La verdad es que estábamos sorprendido por la violencia con que los veteranos se habían empleado, aunque supusimos que ellos la habían sufrido su primer año. De hecho algunas chicas estaban realmente asustadas al contarnos como las veteranas las habían obligado a desnudarse en las duchas arrancándoles incluso la ropa y como no se las habían devuelto obligándolas a salir desnudas al pasillo. Sin embargo nos tranquilizamos unos a otros convenciéndonos de que lo peor ya habría pasado.

El sábado fue un poco aburrido. Sin apuntes que preparar ni trabajos para la facultad no tenían mucho que hacer. Sin embargo Víctor y Claudia si andaban atareados buscando libros y materiales para sus carreras, menos teóricas que la mía. Me pasé media mañana tirado leyendo en la cama mientras Óscar dormía. Conseguí convencer a María para tomar un café así que tras comer en la residencia con mis dos amigos me fuí andando al centro. Hacía calor y yo andaba aun en pantalones cortos. María venía más desemvuelta que en la facultad con un vestidito suelto de verano. Con ella no te aburrías, no paraba de hablar y era muy graciosa contando algunas cosas. Se echó la mano a la cabeza cuando le contél novatada, especialmente la pare las chica en la ducha. Se alegró de compartir piso.

Le pregunté por qué no salía por las noches y directamente me contestó que sus padres no la dejaban.

-Pero María, eres mayor de edad y no vives con ellos.
-Bueno, en realidad es que no me gusta.
-Pero ¿como no te va a gustar?- insistí extrañado.
-Es que no he salido nunca denoche. En mi pueblo había muy mal ambiente y mis padres no me han dejado nunca.
-¿Y dónde quedabas con tu novio?
-Nunca he tenido.
-Eso sí que no me lo creo con lo guapa que eres…

Se puso colorada como un tomate. Las mejillas parecía que le iban a explotar del sonrojo.

-¿Ni un rollete?- insistí.
-Que no, por favor. Y no me preguntes nada de esas cosas.- contestó totalmnte azorada sin atreverse a mirarme.
-Pues vaya dos pavos que estamos hechos tu y yo, que no nos comemos ni una rosca.

De nuevo se le encendieron las mejillas y sin atreverse a mirarme a los ojos me preguntó:

-¿Tú nunca has tenido novia?
-Novia novia creo que no. He salido con alguien…

Se quedó dudando si preguntarme más. Parecía querer saber más pero no atreverse a preguntarlo. Por fin arrancó:

-¿Y os besábais?

Me sorprendió la inocencia de la pregunta.

-Claro.- respondí sobrado.

De nuevo su silencio. Quería saber más pero no se atrevía a preguntarlo. Yo imaginé que quería saber y no quería ser del todo sincero si me lo preguntaba. Quería aparentar una experiencia que en realidad no tenía. A mis 18 años había tocado unas tetas pero no las había visto. Como se dice vulgarmente había tocado pelo pero ni siquiera me habían terminado una paja. Claro, imposible con el pantalón puesto. Pero María estaba más verde que yo aún, y sin ganas aparentemente, porque yo ganas desde luego tenía. Y de nuevo asomaba Claudia en mi mente.

Para salir de la conversación le propuse dar un paseo por la ciudad. Intenté varias veces convencerla de que saliéramos esa noche pero no había modo. Regresé a la residencia para la cena y me pasé por la habitación de Víctor. Bajamos a cenar y al poco llegó Claudia. De nuevo sus shorts y una camiseta sin sujetador. Tenía que controlarme al mirarla para no bajar mi mirada a sus pechos marcados en la licra de su camiseta. Esta vez los convencí para salir un rato. Un paseo, ver el ambiente y volver. Quedamos en ducharnos, cambiarnos y vernos en la entrada en media hora.

Subí al dormitorio y Víctor y yo coincidimos en las duchas. Hicimos planes aunque en realidad no conocíamos nada de la ciudad. Me puse un polo blanco y un chino beige. Cuando llegué Víctor ya esperaba. A los 5 minutos apareció Claudia, me pareció espectacular. Se había puesto un vestido de verano azul marino con falda de vuelo pero ajustado hasta la cintura. Llevaba sujetador pues sustetas no votaban al andar y sus piernas se veían larguísimas desde medio muslo hasta las sandalias planas. Además se había puesto brillo de labios y algo de color en las mejillas. Estaba preciosa. Pero justo cuando embobado mirándola fuí a decirle lo guapa que estaba escuché la voz de Víctor adelantándose. No pude más que confirmar con mi cabeza su afirmación.

Llegamos andando al centro y nos metimos en el primer bar animado que vimos donde nos tomamos unas cervezas. La conversación fue muy animada contando anécdotas. Claudia era mucho más habladora y divertida de lo que había demostrado hasta ahora. De allí nos fuímos a tomar unas copas a un local en su hora feliz: 2 x 1. Ya empezábamos a estar chisposos. Tanto que Claudia se puso a bailar con los dos. Los movimientos de sus caderas amplificados por la falda de vuelo me hipnotizaban mientras Víctor y yo intentábamos seguirla de forma patosa. Ella reía y se alternaba posando su mano en el hombro de uno o de otro alternativamente mientras otros chicos la miraban descaradamente.

En un descanso nos admitió que con el agobio de la selectividad había salido muy poco el año anterior y se lo estaba pasando my bien. Pero eran casi las 2 y teníamos que volver a la residencia para no quedarnos tirados en la calle hasta las 7. Entre risas anduvimos ligero y llegamos a tiempo. Nos despedimos algo borrachuzos en el descansillo de nuestra planta con dos besos y risitas apagadas para no hacer demasiado ruido. Víctor entró a su dormitorio y yo me encontré un calcetín en el pomo de la puerta. Mi ignorancia del significado de la prenda me hizo abrir la puerta y encontrarme a una chica cabalgando sobre Óscar en su cama. Me pareció que no era Vanessa. Me disculpé y salí raudo mientras oía a Oscar decir: “No pares nena que ya se va…”. Afortunadamente el compañero de Víctor no estaba y me dejó dormir en su habitación.

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