LUIS4CONT

X Carlos y Carol.

– Bueno, pues aquí estamos, dijo Carol para romper el hielo, tras un corto y embarazoso silencio que siguió al abrazo que se dieron…

– Sí. Te veo bien Carol… Respondió Carlos tratando de halagar, pero sin comprometerse demasiado

– Claro que me ves bien, estoy un poco más gordita, contestó ella con sorna.

– Bueno estás diferente… Pero me gusta la nueva Carol. Además, no estás gorda, estás maciza que es distinto…

– Eso es verdad, menos loca que antes y con dos niños a cuestas, pero estoy maciza.

– Eso de menos loca habría que verlo, rio él.

– Y tú ¿qué haces por aquí?

– Bueno ya te lo dije…trabajo.

Ella lo miro burlona…

– ¿Sólo trabajo?

Carlos tardó un par de segundos en contestar. Lo suficiente para que ella fijara la vista directamente en sus ojos, consciente de que se estaba pensando la respuesta.

– ¿Vas a pedírmelo?

– ¿Perdón?

– ¿Que si vas a pedírmelo?

– No te entiendo Carol…

– Sí que me entiendes, no te hagas el loco…Carol frunció el ceño, disgustada porque Carlos le negara lo evidente.

– No me tomes por idiota, se por qué me has invitado a tomar un café. Y no es solo para saludar a una vieja amiga de la pandilla.

– Muy bien, tienes razón. Me apetecía verte después de tanto tiempo, pero es cierto, hay algo más.

– Ves, ya nos vamos entendiendo…ahora ella sonreía. Había ganado el primer round y la cosa se ponía interesante: ¿a qué lo adivino?

– Prueba…

– En realidad quieres noticias de Bea. Me vistes ayer y no pudiste evitar la tentación de saber de ella. Por eso hemos quedado. Quieres que te ponga al día.

– Vaya, pues…te equivocas.

Carol compuso un gesto de auténtica sorpresa.

– ¿Me equivoco? Preguntó con incredulidad.

– Si. Tengo curiosidad claro, pero ese no es el motivo. En realidad lo que quiero es pedirte un favor.

Carol enarcó las cejas. Ahora sí que estaba del todo descolocada. Lo invitó a seguir con un gesto de la mano.

– Necesito que convenzas a Bea para que se reúna conmigo. Por favor.

– ¿Ahora quieres hablar? ¿Después de todos estos años?

– Si.

– Pues no sé si ella va a querer…

– Por eso recurro a ti, Carol.

Ella se echó hacia atrás y resopló con fuerza.

– Creo que vamos a necesitar algo más fuerte que un café…

Una hora después, Carlos caminaba hacia el hotel.

Iba razonablemente contento. Había manejado bien la situación. Sus dos objetivos podían darse por cumplidos: conseguir la ayuda de Carol y sacarle información de Bea.

Respecto al primero, su ex amiga se mostró recelosa.

– ¿Por qué ahora? Podíais haberlo hablado cuando todo sucedió.

– Carol, estábamos en carne viva. No podía, al menos yo. Dolía demasiado. Ninguno de los dos nos hubiésemos escuchado.

– Pero esperar tantos años…Bea te hubiese cogido el teléfono. Un tiempo después. Estoy segura.

– No me sentía con fuerzas. Sé que seguía con Quique. No podía, en serio. Me era imposible hablar con Bea todo lo que necesitaba decirle, sabiendo que estaba con él.

Ella movió la cabeza adelante y atrás como afirmando…

– Eso quiere decir que te has enterado que han cortado ¿no?

Carlos la miró con una media sonrisa y no contestó.

– ¿Cómo lo has sabido? Insistió… ¿Nerea?

– Eso no importa. Sólo importa que tenemos una conversación pendiente, nos la debemos ambos. Y ha llegado el momento…cambió de tercio hábilmente Carlos…

– Mira, Bea es mi amiga, ya lo sabes. No quiero participar en una encerrona ¿Qué es exactamente lo que quieres hablar con ella?

– Tranquila Carol. No va a ser nada violento o de reproche. Necesito pasar página y estoy seguro de que ella también lo agradecerá. Sólo se trata de tener la conversación que no tuvimos en su día. Por mi culpa o la suya, eso ya no importa. Lo importante es que ahora, podemos hablar como personas de lo que pasó y cerrar de una vez el ciclo. Ser libres de verdad. Estoy seguro que me entiendes. Y si se lo dices así a Bea, también ella lo hará. Te aseguro que no tengo intención de hacerle daño. No después de tanto tiempo.

– No puedo prometerte nada…contestó aun vacilante…

– Me vale con que lo intentes.

– Se lo diré.

– Gracias, Carol.

Y respecto al segundo objetivo, también supo jugar sus cartas. Lanzando como cebo algo de información suya, de cómo había pasado sus últimos años, consiguió atraer la atención de Carol. Igualmente, con unas comprometidas preguntas acerca de su relación con Nerea. Sin llegar a contarle que aun mantenían el contacto, pero siendo sincero en cómo acabaron acostándose juntos. Explicándole lo que sentían. La mezcla confusa y brutal que los llevó a asociarse frente al dolor. Pero evadiendo siempre la cuestión fundamental: ¿por qué se fue Carlos de casa?

No quería tener que explicar que sabía lo de Bea y Quique. Carol parecía intuirlo, pero tuvo la certidumbre de que su exnovia no le había contado nada a su amiga.

Una vez mordido el cebo, no resulto difícil dar un golpe de timón a la conversación antes de que entrara en derroteros complicados para él. Quería saber de esos dos como pareja. Y encontró la llave para ello. Quique le caía fatal a Carol y se mostró encantada de criticarlo defendiendo a Bea.

Un caradura. No sabía que había visto Bea en él, ni cómo consiguió llevársela a casa.

A esas alturas iban por el segundo gin tonic y bourbon, respectivamente. Al tocar el tema de Quique, a ella se le desató la lengua. Como si por fin encontrara a alguien con quién desahogarse. Se ve que era una cuestión que había sido importante para ella, pero que no había podido compartir con Bea. No al menos en toda su extensión.

Al fin y al cabo Bea y Quique habían sido pareja. Pero con Carlos era distinto. Alguien con el suficiente conocimiento y confianza de lo que ellos fueron años atrás, pero con la suficiente distancia actual.

– Oye ¿Pero tú no salías con Quique? ¿Cómo te sentó que se liara con Bea?

– Pues mal, cómo me iba a sentar… Pero realmente, si te soy sincera no me importaba. Ese tipo sólo fue un capricho, un capricho tonto y estúpido, que no se mereció ni uno solo de los días que le dediqué.De hecho discutíamos más que hablábamos. Íbamos a cortar, eso estaba claro. Lo que me sentó mal fue que se enrollara con Bea. Hubiera preferido dejarle yo. Y además aparte de mi orgullo, ¡joder! ¿Tenía que ser con Bea?

– Era consciente que me acaba de quitar un gilipollas de encima, pero se iba a enrollar con mi mejor amiga. El cabreo se me pasó pronto, pero yo sabía que le iba a hacer daño. Por eso no podía ni verlo. Fíjate que si hubiera sido otro tipo de persona, hasta probablemente me habría alegrado por ellos.

Lo que Carol no acababa de comprender, era como habían durado tanto. Bien es cierto, que aunque prolongada, su relación nunca había sido de pareja como tal. Cada uno tenía su propia casa, hacían vidas distintas y pasaban largos periodos de tiempo separados, como aquellos dos años que Bea se fue a Londres.

Además, su amiga estaba convencida, al menos al principio, que Quique había cambiado. Carol dudaba mucho que eso fuera cierto, pero sí que parecía que esos dos tuviesen algo especial. Solo lo parecía, porque ella estaba segura de que Bea, no sentía por él, ni la mitad de lo que había sentido por Carlos.

Al llegar a este punto, no pudo evitar revolverse inquieto en la silla. Debió pasar desapercibido para Carol, que continuó como si no hubiese pronunciado esas palabras.

Si, ella estaba convencida que Bea sentía alguna especie de gratitud hacia Quique (todavía no entendía por qué). Y también bastante de atracción. Una atracción casi animal. Eso podía comprenderlo, porque el tipo sabía cómo satisfacer a una mujer…

Esta parte gustó bastante menos a Carlos que seguía con el corazón en un puño, lo que una desinhibida por el alcohol Carol, le iba contando.

Respecto a Quique, era indudable que Bea le había impactado. Pero su condición era la que era, los tipos como el no cambian. Lo de los primeros años fue un espejismo. Lo que duró la ilusión de la pasión. Bea no era el tipo de mujer que se somete o que acepta una relación como la que Quique quería.

– Al final sucedió lo que tenía que suceder. Lo extraño es que no pasara antes. No lamento el no haberme equivocado. Sólo el tiempo que mi amiga ha perdido con ese gilipollas.

– ¿Y tú? ¿Alguna relación en este tiempo?

– Nada serio. Muy volcado en el trabajo y con un ritmo de vida, que no deja espacio más que para alguna que otra aventura…ahí Carlos no mentía.

Llegó a la puerta de su hotel.

Bueno, el envite estaba echado ¿aceptaría Bea la apuesta?

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