ROSA LIÑARES

El 20 de diciembre fue el último día de clases de francés hasta después de Reyes. Isabel se iba rumbo a París un par de días más tarde, el 22. Estaba como un flan. Se reunieron, como siempre, al salir de clase, Susana, Charo y ella, pero esta vez en lugar de tomarse unos cafés, decidieron brindar con unas cervezas.
-Un día es un día – dijo Charo, al tiempo que levantaba la copa haciendo el gesto de un brindis hacia sus amigas – tanto café, tanto café… hay que animarse de vez en cuando.
-A ti no te hace falta mucho para animarte… creo que te valdría hasta con una infusión para la digestión – dijo Isabel, con guasa.
Rieron y bebieron, esa tarde más de lo habitual (las dos cosas). Repitieron cervezas y brindaron por las fiestas y por su amistad; una amistad que en los últimos meses se había hecho imprescindible para ellas. Se animaban y se apoyaban las unas a las otras
-¿Qué tal va tu madre?- preguntó Charo a Susana
-Ayer le dieron la sesión de quimio, así que hoy está bastante cansada, pero con suerte, podrá pasar las navidades más tranquila, porque ya habrán pasado días suficientes para encontrarse con más fuerza. Además, vamos a estar unos días en casa de mi tía y allí podemos descansar.
-Verás como todo va ir bien – le dijo Isabel, posando cariñosamente su mando sobre el brazo de su amiga, intentando animarla.
Fue el único y breve momento en el que asomó la tristeza en toda la tarde. Al instante volvieron a centrar la charla en el inminente viaje de Isabel.
-Te traerás un guapo francés de recuerdo, al menos… ya sabes que París es la ciudad del amor – dijo Charo, sonriendo
-No tengo la más mínima intención
-Ya… eso dices ahora, pero verás cuando te encuentres delante de la Torre Eiffel y un apuesto parisino bien vestido te hable con ese acento acaramelado… Vas a caer rendida
-Charo, querida, creo que ves demasiadas películas románticas.
Susana rió, divertida con los comentarios de sus amigas, y añadió:
-Pues a mí no me importaría ligarme a un francés.
-Eso lo tienes fácil; no tienes más que ir a Francia y seguro que te ligas a quien quieras- respondió Isabel
-Y si no quieres ir hasta Francia, tienes otra buena opción, que sería que te ligues al profe. Será lo más parecido a estar con un francés. Y, aún encima, el angelito está como un queso. – Charo siempre tan sincera…
-¡¿Pero qué dices, loca?! – protestó Susana
-¿Qué? ¿acaso he dicho alguna mentira? El profe está buenorro, tienes que reconocerlo. Un poco joven para mí, pero para ti sería ideal. Y hasta hacéis buena pareja.
Susana pareció ruborizarse. En realidad, su amiga tenía razón; el profesor era muy guapo, era evidente; nadie lo podía negar.
-Pero ahora no estamos hablando de mí – replicó – hablamos de Isabel y de la posibilidad de que se eche un ligue en París.
-En realidad, las tres deberíamos buscarnos unos buenos ligues – añadió Charo – Nos vendría bien un poco de “mambo” o acabaremos siendo una de esas viejas solteronas rodeadas de gatos.
-A mí me gustan los gatos… – respondió Isabel
La tertulia terminó yendo hacia derroteros escabrosos. El tema de las relaciones sentimentales o las charlas sobre sexo era algo que todavía no era habitual entre ellas. Pero era algo inevitable. Las tres estaban solas, sin pareja. Aunque tampoco la buscaban.
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Un comentario sobre “Otra vida (5)

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