ROSA LIÑARES

A medida que se iba acercando la fecha, estaba más nerviosa. Hacía mucho tiempo que no viajaba en avión y no era algo que le entusiasmase, la verdad, y le producía cierta ansiedad tener que volar sola. La última vez había sido con Ramón y el simple hecho de tenerle sentado a su lado y poder agarrarle la mano, le daba tranquilidad.
A pesar del nerviosismo, estaba deseando hacer ese viaje. Tenía muchas ganas de reencontrarse con Lola. Aunque su prima solía venir una vez al año y se veían, ella nunca había ido a visitarla, no había estado en su casa y desconocía totalmente su vida en París. Sentía curiosidad por ver dónde vivía, dónde trabajaba, por dónde se movía. Estaba segura de que la iba a sorprender o, al menos, no la dejaría indiferente. Lola siempre había sido muy bohemia y su forma de vida no había sido muy típica, por decirlo de algún modo. Hacía años que había revolucionado a todo el pueblo y aún lo recuerdan como si fuera hoy. Se casó joven; ni ella misma sabe muy bien por qué. “Locuras de juventud” solía decir. Pero Isabel creía que había sido más bien un acto de rebeldía, porque a su padre no le gustaba aquel muchacho para ella. Obviamente, aquel matrimonio duró menos que un suspiro. Luego se dedicó a vivir la vida loca. No tuvo hijos (siempre dijo que ella no quería ser madre, que no tenía instinto maternal) y disfrutó y viajó todo lo que quiso y pudo. Hasta que cumplió los 30 y se enamoró. Que se enamorase no sería nada raro, pero sí lo fue de quien se enamoró: de Pablo, un chiquillo de 18 años. Pero lo peor fue (o lo mejor, según se mire) que aquel jovenzuelo también se enamoró de ella. Apasionadamente, como suele ocurrir en la juventud. Aquello fue como una bomba en el pueblo. Aunque al principio intentaron ser discretos y ocultaron su amor cuanto pudieron, finalmente dejaron de luchar contra lo evidente. El revuelo fue mayúsculo. Los padres de Pablo le prohibieron verla y a ella la llamaron de todo menos bonita. Fue humillante. Aguantó lo que pudo, y cuando no pudo soportarlo más, decidió poner tierra por medio y se marchó a París. Lo pasó francamente mal; ella estaba realmente enamorada de aquel muchacho. No había nada obsceno ni pervertido en ello. Le quería, a pesar de que el mundo estuviese en su contra y la tratasen como a un ser abominable. Pero el amor es así, imprevisible y extraño. Y no se puede luchar contra él. Pablo sólo tenía 18 años, pero era un hombre hecho y derecho, y muy maduro para su edad. Él lo pasó igual de mal que Lola. Su familia intentó, por todos los medios, que se olvidase de aquella mala mujer. Pero no podía. Él la quería; la quería de verdad. Y terminó yendo a buscarla. Una mañana se fue de casa, con poco más que lo puesto, dejando una nota en la que se despedía y pedía a sus padres que no le buscasen, que le dejasen vivir su vida. Ellos no querían entenderlo. Incluso fueron a la policía para intentar localizarlo, pero allí le dijeron que no había nada que hacer, que era mayor de edad y se había ido por propia voluntad.
Casi nadie en el pueblo sabía dónde estaba Lola, aparte de sus padres y de su prima Isabel. Los padres de Pablo estaban seguros de que su hijo había ido tras ella, así que no dudaron en plantarse en casa de los tíos de Isabel para reclamar, con su habitual prepotencia, la información. Pero los padres de Lola no estaban dispuestos a dársela.
No traicionarían a su hija; bastante había sufrido ya. Ellos también se habían escandalizado al principio, al saber de la relación, pero luego comprendieron. Y lo único que querían era que su hija fuese feliz. Y si la felicidad se la proporcionaba un joven de 18 años, ellos no se la iban a truncar. Los padres de Pablo se fueron indignados, pero los de Lola se mantuvieron firmes. A partir de entonces, en el pueblo hubo dos bandos: los que estaban a favor de la relación entre Pablo y Lola y los que estaban en contra. Más de 20 años después de aquello, seguía hablándose del tema. Aquella relación era de dominio público. Como si tuviesen derecho a opinar. Sin embargo, nadie apostaba por aquella relación y después de tantos años seguían juntos y, lo más importante, enamorados. Isabel no podía opinar mucho sobre Pablo, pues poco lo conocía; desde que se había marchado, había roto toda relación con su familia y no había vuelto al pueblo. Así que sólo lo había visto tres o cuatro veces, en las ocasiones que había quedado con su prima en alguna ciudad alejada o incluso en algunos viajes a Madrid. Le parecía una buena persona y sabía que hacía feliz a su prima y con eso le bastaba. Nada que objetar… “chapeau” por el muchacho.
No sabía cómo sería la convivencia con él, pero esperaba que no hubiese problema. Ella se iba a alojar en su casa en su estancia en París y no quería resultar un problema. No le gustaba molestar. En un principio, tenía pensado alojarse en una pensión u hostal, pero Lola se negó tajantemente. Insistió en que su apartamento era pequeño, pero más que suficiente para vivir los tres el tiempo que hiciese falta. Se sentiría ofendida si no se instalaba en su casa. No podía discutir con su prima. A cabezota no había quién le ganase. Lo que no tenía tan claro era cuánto tiempo estaría. En un principio, tenía intención de estar un par de semanas. A Lola le parecía poco; si por ella fuese estaría meses en su casa. Pero a Isabel dos semanas le parecían más que suficientes. Desde que había muerto Ramón, no había estado nunca más de dos días fuera de casa. Y éste sería su primer viaje sola. Estaba un poco angustiada, tenía que reconocerlo. Por suerte, el tema económico no era problema. Podía permitirse el lujo de estar de viaje el tiempo que quisiese. Ella no trabajaba; vivía de la pensión de viudedad que, a decir verdad, era bastante elevada, ya que Ramón había cotizado bien. Además, había cobrado una gran suma del seguro por el accidente que le costó la vida. Que, por supuesto, ella preferiría tenerlo a él antes que todo el dinero del mundo. Pero eso ya no tenía remedio. Así que lo bueno (por llamarlo de alguna manera) que le había reportado aquella desgracia, intentaría aprovecharlo y disfrutarlo.
http://www.lallavedelaspalabras.wordpress.com

Un comentario sobre “Otra vida (4)

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s