ALMUTAMID

A la mañana siguiente cuando llegué a clase María estaba sentada con otras dos chicas. Fui a buscar otro sitio pero me llamó para sentarme con ellas. Me las presentó. Se llamaban Teresa y Chusa. Teresa era una chica rubia muy alta. Guapa, pero con las facciones grandes. Todo en ella era grande. Después supe que su madre era alemana y estuve tentado de decir que por esa era tan teutona. Pero no tenía ningún chico con quien hacer la broma.

Chusa era una niña también bastante alta pero estaba entrada en carnes y dedtacaba más por su anchura. Además llevaba un flequillo que no le favorecía nada pero concordaba con su carácter agrio. Yo aun no lo sabía pero los 4 nos convertiriamos en un grupo inseparable en la facultad a pesar de ser tan distintos. Compañeros de estudios, trabajos y poca juerga. Mi madre podía estar tranquila en ese sentido.

Sin nuevas presentaciones llamativas transcurrió la semana hasta el jueves. Algunas facultades tenían las clases conprimidas en 4 días. Óscar descansaba los viernes por lo que los jueves salía de marcha hasta las 11 que se iniciaba el toque de queda en la residencia. Yo tras cenar con Víctor ya estaba acostado cuando se abrió la puerta del dormitorio. Óscar venía con alguien. Entre susurros y risitas sólo oí como decía: “Tranquila, está dormido”, por lo que cerré los ojos y disimulé para no contrariarlo.

Cerraron la puerta y se metieron en la cama de abajo de la litera. Aún oía alguna risita poco a poco sustituida por besos y algún susurro hasta empezar a oir alguna cremallera y ropa caer. No conseguía reconocer la voz de la chica pero Óscar pareció olvidarse de que yo estaba arriba porque oía su voz perfectamente entre besos:

-Que tetas tienes… Como me pones… Pagaría por que me hicieras una cubana…

Sonó un cate y un susurro femenino:

-Shhhh, calla que aquí no puedo.

Luego chupetones y de nuevo el susurro femenino:

-Ahn, así así chupame los pezones. Uhm, que cabrón eres. Siempre te sales con la tuya. Estoy empapada ponte ya el condón.

Ni que decir tiene que yo aguzaba el oído para no perder detalle mientras estaba empalma disímiles tocandome la polla imaginando la escena.

Entonces se movió la cama y asomó Óscar. Cerré los ojos. Se había levantado a coger algo. Aun depie a escasos centímetros de mí lo escuché decir:

-Chupamela un poquito antes…
-Noooo, ya sabes que no me gusta- respondió la voz femenina-dame, que te pongo el condón. Que polla tienes cabrón…
-No te cabe en la boca…
-Pero sí en el coño, ya lo sabes…

Se movió la cama de nuevo. Quien fuera ya había estado antes con Óscar.

-Despacio-habló la chica- es muy gorda.

No pude evitar imaginarme el pollón de Óscar empalmado clavandose en la entrepierna de la chica. A partir de ahí sólo oía suspiros y algún beso sonoro hasta que pasados unos minutos la cama empezó a moverse al compás de gemidos ahogados.

-Para, para que lo vas a despertar, así de cuchara despacito.
-Dame teta mientras te la clavo…

Si se levantaban en ese momento me pillaban meneandome la polla fuera del calzoncillo.

-Así, así, sí sí tocame que me corro… Ahggggg, ahggggg…

Era la primera vez que me corría a la vez que una chica, aunque en camas separadas…

Estaba pringado de corrida y no podía limpiarme ni moverme. De hecho me quedé paralizado pensando que hubieran podido oirme.

Pero abajo seguía la actividad. Óscar seguía penetrando a la chica entre gemidos apagados y agudos. Y mi polla no bajaba aunque ya no me la meneaba.

Debieron cambiar de postura porque se movió la litera y por un momento se detuvieron los gemidos. Pero de nuevo regresaron a la vez que un movimiento rítmico de la litera que esta vez nadie detuvo. Los gemidos aumentaron en intensidad al ritmo del movimiento y empecé a escuchar la respiración de Óscar. Fueron minutos al mismo ritmo. Dudo que yo tuviera tanto aguante físico ni sexual.

De nuevo la chica sustituyó los gemidos por lamentos: “agh, agh, cabrón, me corro, agh, agh, que polla tienes, agh, ahhhh. . . ” Se corrió ahogando un gritito mientras el meneo de la cama no cesaba. Por fin varios gruñidos roncos y el fin del movimiento de la litera señalaron el orgasmo de mi compañero.

Me volví a paralizar. De nuevo besos rompieron el silencio.

-No has perdido con la novia esa que te has echado-dijo la voz femenina.
-Deja que te pille en un sitio en condiciones y te vas a enterar…
-Lo sé Osquitar..
-Me lo dices a mí o a mi hermano el chico…
-A ti, tonto. Tu polla es don Óscar… Si con lo bueno que estás fueses menos creído y menos cabrón… Una pena…
-Tengo que quitarme el condón que se me va a caer y lo voy a liar.

Óscar se levantó. Cerré los ojos. Los entreabrí y acostumbrados a la oscuridad ví a Óscar poniéndose los calzoncillos. Me pareció que me miraba y cerré los ojos del todo.

-Está grogui. Aprovecha y te viste.

Óscar encendió el flexo de su mesa mientras la chica se levantaba. Me jugué que me pillaran pero necesitaba verla. Estaba agachada recogiendo la ropa. Cuando se enderezó la reconocí…

Admito que a pesar de la excitación que el polvo de mi compañero me provocó en el fondo no saber quien era su compañera de follada me inquietaba.

A pesar de todas las chicas que había conocido aquellos días, incluso alguna muy abierta conmigo, yo sólo había tenido inclinación por una. De hecho mi fijación por ella había empezado el mismo día que llegué a la residencia. Aunque aparentemente no me había fijado en ella su imagen ya había turbado mi primera noche. Y fue a más cuando la conocí.

Saber que era de mi edad, su forma de vestir, su mirada escrutadora, su carácter taciturno, y no os voy a engañar, su cuerpo delgado y estilizado de caderas anchas y pechos pequeños marcados en su camiseta, habían convertido a Claudia en mi pareja de ensueño.

Imaginarme sus pechos desnudos me generaba una erección automática, y más con el halo de misterio que las 4 palabras que habíamos cruzado infundían en mí. Y es que su forma de vestir en la residencia, siempre con shorts y camisetas ajustadas sin sujetador contrastaba con su carácter tímido y cerrado.

Me moría por cruzarme con ella en los pasillos o el comedor, pero siempre que ocurría iba con Óscar, que monopolizaba cualquier conversación haciéndome parecer el amigo tonto que se limita a seguir al guapo y descarado.

En mis sueños la imaginaba acercándose a mí de forma sugerente susurrandome al oído cuanto me deseaba para inmediatamente quitarse su camiseta para descubrir dos pechos que yo imaginaba muy hermosos para que yo pudiera contemplarlos, tocarlos y chuparlos. Llegado ese momento mi mano, ya en la realidad, comprobaba mi erección aunque nunca llegaba a masturbarme por miedo a que Oscar me descubriera.

Aquella noche cuando se encendió la luz del flexo y pude ver a la chica que estaba con Óscar me conseguí relajar tanto físicamente recién corrido, y mentalmente, pues aquellos enormes pechos con los que mi compañero se acababa de dar un festín eran los de Vanessa, que pude contemplar un rato pues se vistió primero bragas y pantalón dejando su torso para el final.

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