Mª DEL CARMEN MÚRTULA

—Voy a contarte el principio de todas las cosas para que no te coja desprevenida y te vayas haciendo una idea de la realidad que te vas a encontrar.

» Había sido un trimestre agotador y decidí escaparme a la soledad de una finca a pocos Km. de la ciudad para pasar allí el fin de semana. Salí a dar un paseo y me senté en una roca mirando al mar. ¡Era una puesta de sol espléndida!

» Trataba de relajarme ante la serenidad del maravilloso pai­saje, cuando vi más allá de lo visible, me sentí sobrecogido por las fuerzas secretas de la misma naturaleza, por su vida, por el misterio de su fortaleza, de su belleza, de su permanen­cia resistiendo los elementos naturales y los ataques, a veces incluso destructores, del hombre. Todo esto pensaba, cuando me sorprendí yo mismo envuelto en esas mismas fuerzas su­periores que me colocaban como parte de esa energía de la propia creación. Mi debilidad, mi cansancio, mi impotencia… se fortalecieron, hasta tal punto que experimenté toda la fuer­za de mi existencia, hasta entonces desconocida para mí; era como si todo yo fuera el universo entero. Es algo que es muy difícil ponerlo en palabras, pero más tarde comprendí que, por primera vez, había tenido una experiencia de la presencia del Misterio en mi interior. Había cruzado el umbral de otra dimensión desconocida. Se me había hecho presente la gran­deza de la gratuidad de todo lo creado.

» Aquella noche tuve un extraño sueño.

» Me encontraba durmiendo en una cueva situada en un monte y he aquí que oí una voz que me decía: “¿Qué haces aquí Andrés?

» Yo respondí: “He cruzado el umbral y quiero conocer el Misterio.

 

Sal y ponte de pie delante de la cueva. He aquí que Él pasará. Un viento muy fuerte sacudió la montaña y rompió la roca, pero en el viento no lo descubrí. Y después del viento un temblor. Tampoco allí le vi. Y después del temblor, fuego. No estaba Él en el fuego. Después del fuego oí un susurro, el ruido ligero de una brisa suave. Cuando lo oí, me cubrí el rostro y reconocí que en esa brisa estaba Él.

 

» Su presencia me llegó hasta los huesos. Fue entonces cuando advertí que le oía desde mi interior. Su voz la sentía brotar desde lo más profundo de mi propio ser:

“Pídeme lo que quieras.

“¿Qué he de pedirte?

 

Dame un corazón que escuche atento, para que sepa descubrir las

necesidades de los que me rodean y sabiduría para poderles ayudar a discernir entre el bien y el mal.

 

» Parece que le gustó mis deseos. Y prosiguió:

 

Llámame y te responderé, te revelaré cosas grandes, inaccesibles, que tú no conoces.

 

» Me desperté. Estaba amaneciendo, la ventana se había abierto y la brisa de la mañana me daba en el rostro.

» Yo sentía que aquello había sido algo más que un simple sueño. Había de verdad entrado en un ámbito misterioso, en un ‘espacio’ distinto, que nunca había experimentado. To­dos los objetos de la habitación estaban allí, externamente todo permanecía igual, nada estaba alterado, pero… ‘algo’ o ‘alguien’ lo hacía diferente.

» Se había abierto una puerta invisible ante mí y yo había atravesado su umbral. Un umbral que me llevaba a otra di­mensión, a ser diferente y definitivo”.

__________________________

 

—Mi primer encuentro con ‘el misterio’, ocurrió en las va­caciones de primavera hace 15 años, tres días después de lo que te conté la otra tarde.

» Una noche que paseaba por el campo después de cenar, gozándome en el placer de la brisa y de la soledad del campo desierto a aquellas horas, me sorprendió, a corta distancia, una luz extraña. Me acerqué a ella, y cuando estaba a un par de metros, la luz se fue agrandando hasta que quedé dentro de ella. Mi reacción primera fue tratar de huir, pero mis pies no respondieron y quedé como pegado al suelo enfrente de un hombre que me extendió su brazo y sin violencia me tomó de la mano y me llevó hacia una puerta que yo no había visto hasta ese momento. La verja se abrió automáti­camente en cuanto pisamos el umbral.

»¿Qué hacía yo allí? ¿Por qué no ponía resistencia? ¿Ha­cia dónde nos dirigíamos? Estaba muy confuso, pero no sentía ninguna inquietud.

» Por fin llegamos a una gran sala inmensamente ilumi­nada.

Durante la visión miré y vi que colocaban unos tronos. Un Anciano se sentó.

Su vestido era blanco como nieve; su cabellera, como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas; un río impetuoso brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes.

 

» Yo no sabía si estaba soñando o despierto. ¡Me parecía todo tan irreal y absurdo!

» ¿Dónde estaba realmente? ¿Era aquello un sueño o una ilusión?

» Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir

 

Una especie de hombre entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el Anciano venerable y llegó hasta su presencia. A él se le dio poder, honor y el Reino.

Y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su poder es eterno, que nunca pasará. Su Reino no será destruido jamás.

» Yo estaba realmente confundido, no podía salir de mi asombro, estas visiones me espantaban. No cesaba de pre­guntarme si todo aquello estaba sucediendo de verdad.

» Miré a mi alrededor buscando una explicación, una sali­da… algo que me sacara del estado en el que me encontra­ba. Sentía la urgencia de situarme seguro ante este evento que desbordaba mis esquemas mentales.

» Me sentía agitado por dentro, y me turbaban las visio­nes de mi fantasía.

» Me acerqué a uno de los que estaban allí en pie y le pedí que me explicase todo aquello. Él me contestó exponiéndo­me el sentido de la visión:

‘Esto es el fin. Así ha de concluir la historia de tu mun­do. Ese que ves delante del Anciano es S.H. –El Señor de la Historia-, el cual es imagen de Él-Ser y su propio Hijo. Para S.H. Él-Ser ha hecho todas las cosas y todo tiene que ir caminando hacia su propio fin, hasta hacerse dignas de ser agradable a sus ojos y a su corazón.

 

Todas las cosas, en el cielo y en la tierra, las visibles y las invisibles, pues todo fue creado por él y para él. Él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia. En él mismo os eligió desde el principio y habéis sido destinados a entrar en su herencia y predestinados conforme al designio de quien lo realiza todo según el plan de su voluntad. El poder real y el dominio sobre todos los reinos bajo el cielo será entregado al pueblo de los santos del Altísimo. Será un reino eterno, y todos los señores de la tierra le servirán y le obedecerán.

 

» Yo no entendía nada, -aún no se me había dado el enten­dimiento espiritual-

» Y oí una voz que decía:

‘¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?

 

» Yo sin pensar la respuesta dije:

 

‘Heme aquí. Envíame.

 

» ¿Qué había hecho? ¿Cómo se me había ocurrido respon­der así? ¿Habían salido de verdad esas palabras de mi boca? ¿Quién me impulsaba a tomar esa decisión tan comprometi­da ante una llamada que no entendía? ¿Qué sabía yo de todo aquello? ¡Cuántas preguntas en tan poco espacio de tiempo!

» ¿Poco tiempo?…

» ¿Cuánto tiempo había transcurrido en realidad? ¿Cuánto me quedaba aún por estar ante este acontecimiento? ¿Qué iba a suceder a continuación?

» Pues sucedió que se me acercó el propio S.H. y dijo:

 

‘Abre la boca y come lo que te voy a dar. Miré y he aquí que una mano extendía hacia él un libro enrollado. Lo desenrolló ante mi vista; estaba escrito por dentro y por fuera. Y me dijo: ‘Come lo que se te ofrece;

come este rollo, y ve luego a hablar a tu gente sobre ello. Nutre tu vientre y llena tus entrañas de este rollo que te doy’. Lo comí y fue en mi boca como la miel por su dulzura.

 

    » S.H. me explicó una vez que ya había concluido:

‘Mira, he puesto mi ley en tu corazón. No te habrá de instruir nadie, porque yo mismo seré tu maestro. Todas las palabras que te diga acógelas en tu corazón, escúchalas atentamente. Después ve, llégate a tus hermanos y háblales diciendo: Así dice el que me ha enviado. Sea que te escuchen o que te rechacen no les temas, porque yo estoy contigo, mi fuerza y mi poder te sostienen en todo momento. Diles que a los que sois míos, estaréis conmigo en mi Reino. Yo os tomaré de todas las naciones y os reuniré de todos los países y os conduciré a vuestra tierra. Yo derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará. Y os daré un corazón nuevo. Y pondré en vosotros un espíritu nuevo. Pondré en vuestro interior mi espíritu. Y haré que sigáis mis preceptos y guardéis mis leyes.

 

» Yo me daba cuenta de que algo superior a mis propias fuerzas me impulsaba a aceptar todo aquello por encima de mi entendimiento…Y me dejé conquistar. Esto me sedu­cía… y me dejé seducir

» S.H. proseguía

 

‘Yo haré de ti como muro invencible, combatirán contra ti, pero no te vencerán, porque yo estaré contigo para salvarte, para liberarte. Porque todo colabora para bien de quienes me ama, de aquellos a quienes mi Padre ha elegido.

 

» Cuando S.H. terminó de decir estas cosas, yo sentí que todo me daba vueltas… ¿Era yo o eran las cosas que se movían a mi alrededor?

» … Silencio… quietud… Paz…

» El sol estaba alto y yo me encontraba en el mismo lugar en el que había visto aquella luz… ¿Cuándo…? ¿Había sido la noche anterior…? ¿Qué tiempo había realmente transcu­rrido? ¿Fue un sueño?

» ¡Qué disparate! ¡Qué absurdo! ¡Qué inverosímil!

» Pero algo dentro de mí me decía que aquello había suce­dido y no lo podía ignorar.

» ¡Era una realidad! Me sabía portador de un mensaje, ha­bía sido llamado a realizar una misión bien concreta y exi­gente. Me quemaba la urgencia de contar a todo el mundo la fuerza de esta experiencia.

» Pero… ¿cómo? … ¿Quién me va a creer?

» Y me decía a mí mismo: Esto hay que madurarlo. No puedo precipitarme. Es demasiado serio como para tomarlo a la ligera. He de darme una respuesta convincente primero a mí mismo, y cuando yo me lo crea de verdad, sabré como transmitirlo. Y con esta inquietud volví a casa.

» Pasé todo el día incómodo y me decía:

No me acordaré más de él, y no hablaré en su nombre. Pero era en mi corazón fuego, un fuego devorador retenido en mis entrañas. No podía retenerlo y no podía soportarlo.

 

» Tenía la impresión de haberme metido en un callejón sin salida.

» ¿Quiénes eran todas esas personas que así se habían apoderado de mí?

» Sospechaba que me había puesto en contacto con seres superiores que me querían hacer cómplice de un proyecto que estaba por encima de las fuerzas humanas.

» Por otra parte me veía impulsado a creer que había sido elegido para algo positivo para la humanidad, como mensa­jero del destino de la Historia.

» Confieso que esto no me disgustaba. Siempre me he sentido atraído por conocer el secreto de la existencia hu­mana. Quizás ya lo llevaba en los genes. El caso es que ahí me encontraba yo aquel día. Con un insondable misterio ante mí. Y una misión que me seducía a la vez que me abru­maba.

» ¿Qué partido tomar?

 

Relato sacado de la novela “S.H. El Señor de la Historia”

http://minovela.home.blog

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