SIX

Ya en aquel lavabo empecé a ponerme nervioso, empecé a preguntarme si aparecería o no. Incluso me empecé a cuestionar si era una buena idea, si no se me había ido la olla a mí debido al calentón, y ella pasaría del tema.

Estaba por dejarlo correr, cuando escuché ruidos en el pasillo largo que daba al baño donde me encontraba. Alguien venía, y no parecían los tacones de Ana.

El corazón se me puso a mil por hora, repiqueteando en el pecho.

Así que decidí disimular por si fuera quien fuera entraba al lavabo del fondo, en el que yo estaba. Cogí un trozo largo de papel para secarse las manos, y me humedecí los pantalones como si me los estuviera limpiando por lo ocurrido en el comedor.

Tenía en una mano el papel húmedo, y con la otra agarraba el pantalón. Pero era como si me hubieran congelado inmóvil. Intentaba agudizar mis oídos, atento a cualquier ruido del exterior.

Afortunadamente esos ruidos cesaron, alguien había entrado en el otro baño. Lo que era muy normal, ya que según la disposición de aquel pasillo, el baño donde estaba yo, quedaba muy al fondo y nadie lo usaba, a no ser que fuera una urgencia y el anterior estuviera ocupado.

Me relajé, y me miré los pantalones mojados como un imbécil, y empecé a limpiarlos de verdad, intentando secarlos ahora con más papel.

“Seré imbécil! No va a venir! No sé en qué mierdas estaba pensando”, Pensaba para mi mientras me secaba el pantalón.

Escuché los típicos ruidos de cisterna y grifo en el baño de al lado, y más tarde pasos. Sonaban a unos pasos pesados, nada que ver con el ruido de unos tacones. Supuse que sería algún compañero del taller.

Estando en silencio lo escuchaba todo perfectamente. También era normal, ya que los baños estaban pared con pared, aunque las puertas estuvieran en lados contrarios. Quizás no pudiera escuchar a alguien hablar, pero los ruidos secos, o contundentes, se trasmitían a través de la pared con mucha claridad.

Decidí darle unos minutos para salir, fuera quien fuera, no quería coincidir con nadie. Y me descubrí en silencio, e inmóvil, agudizando mi oído todo lo que podía imaginando que pasaba fuera. Cualquier sonido me ponía tenso. Una puerta a lo lejos, que de no estar en total silencio, nunca hubiera oído. Un ruido metálico lejano de algún compañero trabajando. Pero todo eran ruidos amortiguados por las paredes, todos muy lejanos, nada que indicara que alguien estuviera cerca.

Me estaba poniendo nervioso. Más de lo que ya estaba. Y aquellos nervios acabaron apagando mis ganas de sexo, y devolviéndome la cordura.

“Que coño estaba haciendo allí? Que esperaba? A Ana? Y cuando viniera que?? De verdad creía que iba a venir??”

Tenía unas ganas tremendas de verla, de agarrarla, de besarla, de follármela! Pero joder!! De verdad quería hacerlo allí en aquel lavabo??

“Dejémoslo para esta tarde… Mejor en mi casa…”, Pensé.

Y de repente me pareció oír unos tacones en el pasillo. No estaba seguro, Ya estaba paranoico.

Y volví a oírlos con total claridad. Unos tacones se acercaban, sería Ana? Ya no estaba seguro, la paranoia de que a todo dios le había dado por bajar a los lavabos se había apoderado de mí, no pensaba con claridad.

Pero era jodidamente raro que una chica usara aquellos lavabos de la planta baja, en el taller no habían chicas! Pero estaba clarísimo que eran el repiqueteo de unos tacones. Tenía que ser ella!

Y de repente la puerta se abrió despacio, sacándome de mi trance y dándome un susto de muerte.

Tardé medio segundo en darme cuenta de que era Ana entrando con cautela, ni siquiera había abierto la puerta del todo, abrió como quien mira adentro intentando descubrir si estaba ocupado.

Y en cuanto reaccioné, tiré de ella agarrándola por un brazo, y cerrando la puerta de un empujón con mi cuerpo en cuanto Ana la atravesó.

-Oscar! Esto es una puta locur…- Susurró.

Fue lo único que alcanzó a susurrar antes de que la empotrara contra la pared y comenzara a comerle la boca.

Oh, como había echado de menos su sabor. Ana inundó mi boca con su lengua y me demostró que también estaba hambrienta de besos.

No tardó en cogerme la cabeza por la nuca arqueando su espalda, e inclinando su cabeza para que su boca se pegara a la mía, y su lengua se hundiera con más facilidad en mi boca. Oh Dios! Que lengua!

Solo su lengua me la estaba poniendo otra vez durísima. Su sabor alimentaba de nuevo mi deseo de poseerla, el olor de su piel, el calor de su cuerpo… Mi cordura se esfumaba.

Así mis manos tiraron de su blusa hacía arriba, sacándosela de la cintura.

-Oscar… Esper…- Intentó decir Ana entre besos.

Pero mis manos iban solas, habían cobrado vida propia, y ahora acariciaban sus muslos, su piel, y trataban de tirar de su falda hacía arriba. Maldita falda! Su tela era lo suficientemente rígida para no dejarme desnudarla con facilidad. Demasiado larga para arremangarla!

-Osc… Para… Aquí Nnno…- Susurraba ella haciéndose la difícil.

Pero no dejaba de besarme, de responder a mis besos, y suspirar en mi oído. Y eso me ponía muchísimo.

Desistí de la pelea que tenía con su falda, ahora mis dedos jugaban con los botones de su blusa, abriéndola uno a uno mientras mi lengua se hundía en su boca. Y cuando la tuve totalmente desabrochada tiré de su pelo, obligándola a mirar hacia arriba, y hundí mi boca en su cuello, sin dejar que Ana pudiera moverse mucho entre la pared y yo.

La oía gemir, suspirar y resoplar. Ahora sus calientes tetas se hinchaban desesperadas casi en mi cuello, casi envolviéndome. Sabía que estaba tan cachonda como yo, e intentaba imaginarme lo mojada que estaría. Aun así ella seguía con sus quejidos y pucheros cada vez más ridículos y poco creíbles mientras mis manos ahora le estrujaban las tetas y yo le comía el cuello.

-Osc… Mmmh… Nos… Oohh… Van a pillar!- Supiraba desesperada haciéndose la estrecha.

Comencé de nuevo a darle piquitos en la boca, y Ana la abría, me lamía los labios, e intentaba morderme la lengua con las ganas de alguien muy lejos de querer dejarlo.

Jugué con ella con caricias, besos, mordiscos en el cuello, y todo lo que se me ocurría para que no se diera cuenta que mis manos, desabrochaban mi pantalón, y sacaban mi polla durísima, amenazando con la necesidad de querer clavársela.

-Vamos a tu casa luego…- Suspiró acelerada en mi boca. –Te dejaré hacerme lo que quieras…

Mi polla palpitó en mi mano, caliente y dura. Y Ana continuó cogida a mi cara, con sus besos húmedos y ajena a lo que le esperaba abajo.

-Oscar…- Empezó a susurrarme entre besos. –Para… Luego seguimos en tu casa.

Me hundió la lengua, y después de un tremendo beso sonrió y se me quedó mirando.

-Cállate!- Le solté con un susurro imperativo.

Y le empujé la cabeza hacia abajo. Ana me miró, miró a mi polla y volvió a mirarme. Vi cierta sorpresa en su cara, una mezcla rara entre no saber qué hacer, y dudar si hacerlo. Suspiró, y por un momento pensé que se negaría. Pero de repente se deslizó por la pared, bajando hasta quedar en cuclillas…

Continuará…

Un comentario sobre “Asuntos de trabajo (86)

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