QUISPIAM 

Capítulo 12: Un nuevo inicio.

-¡¡Cabrón de mierda!!

Ese fue el grito que salió de mi boca, mientras mi puño se estampaba contra la mejilla de Fran al tiempo que le hacía perder el equilibrio por la sorpresa de lo inesperado y lo concentrado que estaba en follarse a Sonia.

-¡¡David!!

Ese grito salió de la boca de Sonia, sorprendida por mi presencia allí y tratando inútilmente de recomponerse y ocultar su desnudez, con un innecesario pudor teniendo en cuenta lo visto.

-¡¡Hijo de puta!!

Ese grito furioso salió de la garganta de Fran, mientras conseguía recuperarse tanto de la sorpresa como del golpe en tiempo record, cortando mi segundo de gloria al haber conseguido golpearle devolviéndome el golpe casi al instante, derribándome al suelo del mazazo que me dio en la cara.

Hice ademán de levantarme mientras veía aquella mole de carne negra venir a mi encuentro y su puño estrellarse contra mi cara, haciéndome caer de nuevo al suelo de donde ya no fui capaz de levantarme. Un golpe tras otro se sucedieron sobre mi maltrecho cuerpo. Tanto mi rostro como mi pecho recibieron su ira mientras escuchaba de fondo las súplicas de Sonia.

-Para por dios… no ves que lo vas a matar como sigas así…

-Que se joda –respondió airado Fran sin dejar de golpearme- que se habrá creído el puto cornudo…

-Que pares joder… y no lo llames así… -le pidió ella intentando sujetarlo y apartarlo de mí.

-¿Y cómo quieres que lo llame? –Dijo él parando momentáneamente  de golpearme- es un cornudo con todas las letras… te recuerdo que nos ha pillado follando a los dos… si eso no lo convierte en un cornudo, ya me dirás tú…

Vi como Sonia agachaba la cabeza avergonzada y aflojaba su presión sobre el brazo de Fran, que se giró de nuevo y me propinó una patada en mis costillas que me dolió horrores…menos mal que iba descalzo y el daño era menor que si no…

-Fran joder… -volvió a decir Sonia al ver cómo me golpeaba de nuevo- que pares de una puta vez…

Fran pareció que ya había descargado su ira y se apartó levemente, permitiendo que Sonia se acercara a mi posición y se interesara por mi estado.

-David ¿estás bien? –preguntó preocupada.

Aparté su mano de un manotazo y me incorporé como pude, adolorido a más no poder, mirándolos con odio a los dos.

-Ni se te ocurra volver a tocarme, puta –le recriminé- no sé cómo me has podido hacer esto…

-David… yo…

-David qué… ¿que no es lo que parece, que es todo un malentendido? –Le espeté- te recuerdo que te he pillado insertada en su polla y gritando de placer…

Ella volvió a callar y apartó la mirada mientras una sonrisa aparecía en el rostro de Fran al que, al parecer, le divertía todo aquello.

-¿No dices nada? –Le dije a Sonia- no hace falta, no tienes excusa para lo que has hecho… sabes, he recordado todo. Aquella noche, en que volví para pedirte la mano, encontrándome con vuestra particular fiestecita y a ti follándote al gilipollas este…

-Oye tío, sin faltar que te vuelvo a partir la cara… -me amenazó Fran acercándose peligrosamente a mí.

-Hazlo… -dije ofreciendo mi rostro- eres un auténtico gilipollas y no sé qué ha visto Sonia para dejarse engatusar por ti… porque aparte de una polla grande no tienes nada más que ofrecer, no vales nada…

-Te la estás jugando… -dijo él cerrando su puño y a punto de soltarlo de nuevo contra mi dolorida cara.

-¿A qué esperas? –Le animé- ¿acaso no te atreves? ¿No eres lo suficiente hombre como para pegar a un pobre cornudo como yo?

-Sonia –le pidió a ella- dile que se calle o no respondo de mí…

-Jajaja –reí con ganas- escudándote detrás de una mujer… así que eres esa clase de hombre… ¿y por esto has roto nuestra relación? ¿Por disfrutar de un rato de una polla grande obviando tu orgullo y tus principios? Chica, para eso podías haberte comprado un consolador…

-Quieres callarte ya… -me pidió Sonia- te recuerdo que fuiste tú quien empezó con este juego, el que quería que fuera calentando al personal para que tú te excitaras…

-Teníamos unas normas… unas normas que tú misma pusiste… -le recordé a mi vez- unas normas que tú misma decidiste saltarte e incumplirlas a tu conveniencia…

-¿Y qué querías que hiciera? –Me gritó Sonia- no soy de piedra y tú siempre querías más y más… nunca tenías bastante. Ya me lo avisó Marta, que no ibas a parar hasta verme follando con otro hombre… pues bien, ya lo has conseguido…

-O sea, que encima es culpa mía –dije estupefacto- lo que me faltaba por oír… la puta de mi novia decide tirarse todo lo que se mueve y la culpa es mía…

-A mí no me llames puta –me dijo crispada- y sí, tú eres el causante de todo esto… estábamos bien, no necesitábamos nada de todo esto pero no, tú no tenías suficiente, querías probar cosas nuevas, cosas cada vez más atrevidas y arriesgadas… yo solo quería una relación estable, un chico que me quisiera por como soy y no por mi físico, alguien con quien compartir mis alegrías y mis penas… y sí, hice todo esto para satisfacerte, para cumplir tus fantasías…

-Es que no me lo puedo creer… -dije atónito- has sido tú la que has roto las normas y actuado por su cuenta, engañándome para tenerme en la inopia. Has sido tú la que siempre has podido parar esto y no has querido hacerlo. Tú la que se sentía atraída por este y, aun así, volvías una y otra vez a provocarlo, a jugar con él… con que solo me lo hubieras dicho… pero no, mejor lo meto en mi habitación de hotel, me muestro casi desnuda ante él y después le hago una paja… me voy de fiesta con él, le dejo meterme mano a base de bien y, cuando no puedo más, me tiro al primero que pasa para, según tus extraños principios, no incumplir alguna de tus estúpidas normas…

Sonia calló momentáneamente al descubrir que, aparte de haberla pillado follando con Fran, también conocía todas sus demás faltas.

-Mira, sé que me meto donde no me llaman pero creo que estás exagerando todo –intervino de nuevo Fran- esto ha sido y es solo sexo, nada más… y serias un necio si tiraras por la borda años de relación por un par de polvos… yo no quiero casarme ni ser novio de Sonia, solo follármela de vez en cuando… míralo como una oportunidad para dar un paso más en vuestro juego y en vuestra relación, ser una pareja abierta, con libertad de disfrutar con otras personas sin complejos… ¿acaso no te gustaría follarte a Miriam o, sobretodo, a Marta?

-¿Pero qué coño estás diciendo? –Le dije- no has tenido bastante con romper lo nuestro que ahora quieres darme consejos… y vaya consejos… que me folle a otras para que tú puedas seguir beneficiándote a mi chica…

-Pues a mí no me parece tan mala idea… -se sumó Sonia- a mí no me importaría que te follaras a Marta… y ella, me da que estaría encantada de hacerlo contigo…

-¿Pero os habéis vuelto locos los dos? –les recriminé mientras mi desconcierto no dejaba de aumentar a límites difíciles de alcanzar- no me voy a tirar a nadie… tú y yo hemos acabado, roto… quiero que te vayas de esta casa pero ya… no quiero volver a verte nunca más y, en cuanto a ti, en cuando salgáis de aquí me voy a comisaría y te denuncio por agresión… pruebas no me faltan…

-Será gilipollas…

Fue lo último que escuché antes de notar el puño de Fran chocar contra mi cara y caer inconsciente al suelo.

No sé cuánto tiempo estuve sin sentido pero sí recuerdo que cuando desperté, desorientado y confuso, me encontraba sentado en una de las butacas de mi dormitorio, desnudo y atado. Me agité tratando de desatarme pero fue inútil…  el dolor que emanaba de cada fibra de mi cuerpo por los golpes recibidos me hizo desistir. Quise gritar pero me di cuenta que algo cubría mi boca impidiendo que pudiera hacerlo.

-¿Ya estás despierto? –me preguntó una voz que identifiqué como la de Sonia- lo siento, pero no nos has dejado otra alternativa… no entrabas en razón…

Gesticulé,  me removí, sintiendo como la ira volvía a encenderme, a darme nuevos bríos que el intenso dolor se ocupó de apagar… era inútil, ni podía moverme ni podía hablar. Estaba a su completa merced.

-No tengas miedo… -intentó calmarme Sonia- no vamos a hacerte daño, no vamos a hacerte nada malo… solo quería hablar sin que me insultaras y sin que faltaras el respeto a Fran…

Dejé de moverme, sabiendo que no tenía otra opción pero mirándola fijamente, que viera mis ojos inyectados en odio, odio hacia ella y a lo que me había hecho, a lo que me estaba haciendo. Si ella quería hablar, que hablara. Eso no quería decir que fuera a escucharla o que fuera a hacerme cambiar de opinión.

-Eso está mejor –dijo Sonia viendo que parecía comprender que no tenía alternativa- y ahora escucha con atención porque la que va a hablar soy yo…

Escuché los pasos de Sonia y, al poco, apareció detrás de mí, apoyando sus pechos contra mi hombro y con su rostro bien cerca del mío.

-Como recordarás y ya te he dicho antes, cuando te empeñaste en empezar este juego, yo me opuse –empezó ella- no quería hacerlo, tú y yo ya estábamos bien así… ¿para qué estropear algo que funcionaba? Pero no cejaste en tu empeño y, al final, decidí complacerte básicamente para que te callaras…

Las manos de Sonia, que descansaban en mi espalda, se movieron hasta rodear mi pecho, abrazándome y sintiendo aún más la presión de sus tetas por mi espalda.

-Al principio fueron cosas inocentes pero, como siempre, nunca te conformabas, nunca era suficiente  y querías más y más –prosiguió ella- pero la cuestión es que a mi empezó a gustarme jugar y, aunque seguía mostrando reticencias, lo acababa disfrutando al igual que tú… dejarme sobar por otros para luego follar los dos como lo hacíamos… dios, me pongo cachonda solo de recordarlo…

Sus manos descendieron y alcanzaron mi polla, flácida e inerte, tocándola, acariciándola, sobándola. Y para mi sorpresa e indignación, haciendo que cobrara vigor. Estaba claro que mi cuerpo iba por libre, lejos de mis pensamientos de rechazo hacia ella. Por lo visto, al recuperar mi memoria se había roto el bloqueo que aquella misma tarde me había impedido follarme a Sonia.

-La única pega del juego eran las normas que nos habíamos impuesto… bueno, más bien yo al ser reticente al principio de todo esto –continuó Sonia- cada paso que dábamos, que avanzábamos, más me costaba reprimirme y no traspasar esos límites, esas normas… yo te quiero, más que a nada en el mundo David… pero notar como otros tíos te tocan, notar según qué pollas junto a mí… era cuestión de tiempo perder el control, romper límites, romper con las normas y las reglas que nos habíamos impuesto…

Su mano rodeó mi polla, que ya se alzaba a media asta, recorriéndola con suavidad en toda su extensión, masturbándome con extrema lentitud.

-Lo único que conseguía mantenerme firme era, a parte del inmenso amor que siento por ti, la promesa de lo que estaba por venir –dijo Sonia- Marta, conocedora en todo momento de lo que hacíamos, me había dicho que a no tardar mucho íbamos a dar el paso definitivo y follar con otras personas, convertirnos en una pareja liberal… no te puedes ni imaginar lo que me excitaba el recrear la escena… tú follando con Marta y yo con Fran, viéndonos mutuamente, excitándonos recíprocamente al vernos con otras personas…

Ya su mano cogía velocidad y se movía con soltura a lo largo del tronco de mi polla erguida y dura, haciendo inútil cualquier intento por mi parte para que aquello dejara de excitarme. Me sentía completamente impotente, allí sentado y sin poder hacer nada, en sus manos y sin conocer qué es lo que pretendía, qué buscaba con aquella caricia de aquella mano que tan bien conocía.

-Yo te quiero David y quiero que las cosas sean como antes –siguió hablando Sonia- como antes que perdiera los papeles e hiciera lo que no debía haber hecho pero que, inevitablemente, ibas a pedirme hacer en algún momento… porque sabes que, tarde o temprano, ibas a querer más de nuevo y esto hubiera acabado ocurriendo antes o después… nomás que de mutuo acuerdo…

La paja ya era frenética y, mientras no hablaba, su lengua lamía el lóbulo de mi oreja y mi cuello, haciendo más insoportable el resistir aquella cruel tortura a la que me estaba sometiendo.

-Quiero que sepas que yo estoy dispuesta a ello –continuó relatando- es más, me excita el pensar verte con otra, con Marta, con Miriam… además que creo que es lo justo, que te tires a otras para compensar mi falta, para que me puedas perdonar el dolor que te he hecho y así empezar de cero con nuestra nueva relación, una relación abierta donde los dos seamos libres de acostarnos con otras personas… siempre que tú quieras claro…

Su mano abandonó mi polla y Sonia se desplazó hasta quedar justo enfrente de mí, mirándome fijamente, mostrándome su cuerpo que continuaba desnudo. No sabía que es lo que pretendía pero no me gustaba el cariz que estaba tomando aquello.

-Quiero que sepas que respetaré tu decisión, sea cual sea –dijo con voz algo insegura, vacilante- aunque sea la de dejarme y romper con lo nuestro… pero quiero, necesito que seas franco contigo mismo y que, después de lo que va a ocurrir, reconozcas que eso era lo que querías para nosotros, para nuestro futuro…

Definitivamente aquello no me gustaba. Algo tenía en mente Sonia y, fuera lo que fuera, poco podía hacer  para evitar que ocurriera.

-Te quiero aunque te pueda costar creerlo y esto lo hago por los dos, por arreglar lo nuestro, para darnos una segunda oportunidad–me dijo acercándose a mí y besándome en la mejilla, para luego ir y sentarse en la cama junto al cabecero.

Yo no entendía nada pero no iba a tardar en salir de dudas. La puerta de la habitación se abrió y unos pasos se acercaron a mi posición. Fran pensé. Viene a partirme la cara de forma definitiva, quizás con la intención de hacerme perder de nuevo la memoria.

Pero no, me equivoqué de cabo a rabo. Fran no apareció sino dos mujeres y completamente desnudas: Miriam y Marta. Ahora empezaba a comprender lo que tenía en mente Sonia. Ella se había acostado con dos hombres distintos, ahora yo iba a hacerlo con dos mujeres distintas. Aunque claro, la situación era completamente diferente. Yo lo iba a hacer amarrado a una silla y sin tener ni voz ni voto en aquella decisión.

-Por fin vas a ser mío… -dijo con voz melosa Marta, pasando su mano por todo mi pecho hasta llegar a escasos centímetros de mi verga tiesa- no sabes las ganas que tenía que esto ocurriera…

Miriam, sin decir nada, fue directamente a mi polla que rodeó con su mano y empezó a acariciar con suavidad, queriendo reconocer aquella verga que en poco rato la estaría haciendo disfrutar de placer. Y por su sonrisa traviesa, lo que veía y tocaba era de su agrado.

-¿Te gusta? –Le preguntó Sonia viendo su rostro- ya te dije que no te defraudaría…

-Me encanta –contestó ella- ahora hay que ver como la utiliza…

-Serás guarra… -dijo riendo Marta.

Miriam solo sonrió y aceleró los movimientos de su mano, pajeándome a buen ritmo mientras yo trataba inútilmente de oponerme a aquello que se estaba haciendo en contra de mi voluntad. Pero claro, mi mente iba por un lado y mi polla por otra y mi erección daba a entender que sí quería aquello.

Sin dejar de mover su mano a lo largo de mi polla, Miriam se arrodilló ante mí colocándose entre mis piernas abiertas y acercando su boca a mi miembro. Un primer lengüetazo de su lengua en mi glande me hizo estremecer, cuando su lengua rodeó toda la punta de mi polla y la succionó creí que iba explotar del placer que sentí y cuando noté sus labios envolver mi verga y como ésta entraba casi en su totalidad en su boca supe que estaba perdido.

Desde el principio impuso un ritmo elevado a la felación que me estaba practicando, subiendo y bajando su cabeza con rapidez haciéndome enloquecer sintiendo la calidez de su boca, el ligero roce de sus dientes y la humedad de su lengua jugando con mi polla cada vez que entraba en su boca.

Y por si no tuviera bastante con tamaña excitación, Marta quiso darle un plus a la situación colocándose detrás de Miriam y empezando a acariciar su espalda, su culo y, finalmente, su coño desde atrás. Al final, acabó arrodillándose tras ella y hundió su rostro en el sexo de su amiga que, para suerte mía, aligeró un poco el ataque a mi miembro dándome un respiro.

En la cama, Sonia parecía disfrutar también de lo que estaba viendo porque, con sus piernas abiertas, su mano jugaba con su sexo acariciando sus labios de forma lenta y parsimoniosa.

-No puedo más… -dijo Miriam alzándose de golpe- cómo me habéis puesto cabrones…

Allí sentado, sin posibilidad de escapatoria, vi como una desatada Miriam se sentaba a horcajadas aprisionando mi polla entre nuestros cuerpos desnudos, inclinándose levemente para pasar sus pechos por mi cara. Intenté apartar mi rostro pero ella lo sujetó y me refregó sus pechos por mi faz, notando en mis mejillas sus endurecidos pitones.

-Acércate cariño –oí como decía Miriam- quiero que veas como me follo a un hombre de verdad…

Y ante mi estupefacción, vi aparecer a Manu completamente desnudo, sentándose en la cama bien lejos de Sonia y lo más cerca posible de donde estábamos Miriam y yo, con su polla en la mano y dispuesto a disfrutar del espectáculo que su pareja estaba dispuesta a ofrecerle.

Si antes ya sentía rechazo por lo que estaba sucediendo, ahora esa sensación aumentó en intensidad. El tener allí a mi compañero de trabajo y supuesto amigo, masturbándose mientras su novia iba a follarme me incomodaba sobremanera pero no podía hacer nada para evitarlo.

Miriam alzó su cuerpo para colocar mi polla junto a su entrada y se dejó caer empalándose de una sola vez en mi miembro tieso. Con mi polla en su interior y una cara de satisfacción total, Miriam empezó a moverse cabalgando con furor, follándome sin piedad y yo solo deseando que aquello acabara de una maldita vez, poner fin a aquella situación dantesca.

Una mezcla de sensaciones se entremezclaban en mi interior. Por un lado, el innegable placer que me proporcionaba tener a semejante mujer cabalgándome sin freno y totalmente desatada. Por otro, el creciente dolor que me recorría por dentro con cada certera clavada de una entregada Miriam, secuelas de la brutal paliza que me había dado el cabrón de Fran. Y por último y no por ello menos importante, odio. Un odio exacerbado y creciente contra una Sonia que, ajena a todo, seguía masturbándose contemplando la escena.

¿Por qué me estaba haciendo eso Sonia? ¿Ese era el amor del que presumía? ¿Acaso creía que siendo utilizado como un objeto sexual por sus amigas iba a cambiar algo entre nosotros?

Marta, que desde que habíamos empezado a follar, se había dedicado a acariciar la espalda de Miriam desde su hombro hasta su culo y toquetear sutilmente sus pechos, quiso ir un paso más allá y, después de comprobar como Sonia estaba concentrada en el paja que se estaba haciendo, bajó mi mordaza liberando mi boca ante el estupor de Miriam que se dio cuenta de la acción de su amiga.

No sabía qué pretendía con aquello pero pronto lo descubrí. Con su mano en mi nuca, empujó mi cabeza apretándola contra los pechos de su amiga que recibió con júbilo aquel nuevo estímulo mientras a mí me costaba respirar por la fuerza que ejercía contra el cuerpo de Miriam. Ella, ante aquel placentero roce, aumentó más si cabe el ritmo de su cabalgada, volviéndose salvaje y haciéndome adivinar que Miriam no iba a aguantar mucho más.

El que sí se dio cuenta de todo fue su novio, Manu, cuya mano volaba sobre su polla pequeña, excitado viendo como su pareja disfrutaba usándome a su antojo. No tardé en ver como de ella salían unos chorretones que atestiguaban que acaba de correrse viendo a Miriam entregada a otro hombre.

Como presumía, Miriam no tardó en gritar que se corría, sacudiéndose encima de mí al sentir el placer recorrer su cuerpo entero, uniendo su grito al de Sonia que también alcanzaba el suyo en la cama donde había estado masturbándose todo el rato que había durado aquello.

Miriam, respirando agitadamente y con rostro satisfecho por el orgasmo alcanzado, miró de refilón a Sonia para comprobar que no había visto nada y se apresuró en cubrir de nuevo mi boca para que nada delatara lo que acababa de ocurrir.

Miriam, cuando por fin se bajó de encima de mí y se acercó a Manu, al que besó en la boca con pasión, fue para hacer algo que me dejó atónito, tumbarse en la cama con las piernas abiertas invitando a su pareja que lamiera su coño abierto y húmedo con la corrida que otro hombre le había provocado. Y más me sorprendió la entrega de él, que no dudó en colarse entre sus piernas y cumplir sus deseos con auténtica devoción.

-Me toca… -dijo una alegre Marta- espero que me hagas pasar un buen rato como el que acabas de hacer pasar a Miriam…

Yo no dije nada, tampoco es que pudiera. Su mano pequeña acarició mi polla, estimulándola, preparándola para el siguiente asalto. Aunque no le hacía falta, aún seguía bien dura y erguida, lista para probar el coñito de Marta. Pero ella se hacía de rogar, pajeándome lentamente primero, luego probando mi polla con parsimonia, como si no tuviera prisa en hacer aquello que Sonia le debía haber pedido que hiciera que era follarme.

-¿Vas a follártelo o qué? –al final le espetó Sonia por lo vista cansada de sus juegos y preliminares.

-Veras… es que me da cosa… -dijo con voz inocente Marta- pensaba que podía hacerlo pero, ahora… no sé… contigo delante como que no puedo…

-No me jodas… -soltó Sonia- ¿desde cuando tienes esos remilgos para follar delante de otros?

-Mujer, es que una cosa es con unos desconocidos y otra con tu novio y delante de ti… -dijo compungida.

-¿Y ahora qué? –dijo Sonia.

-Si sales… -dijo ella- creo que quizás si podría… o al menos, intentarlo…

-Lo que hay que escuchar… -dijo ella molesta- vale, me voy… pero más vale que cumplas tu parte…

-Gracias Sonia –dijo Marta agradecida- mientras puedes acabar lo que habías empezado con Fran…

-Mmmm… –dijo pensativa- quizás no sea tan mala idea… acabo de correrme pero aún sigo cachonda…

-Diviértete… -le dijo Marta y esperando que ella saliera de la habitación.

En cuanto se cerró la puerta, delatando que Sonia había abandonado la estancia, vi cómo se transfiguraba el rostro de Marta.

-Menuda cabrona estás hecha… -le dijo Miriam- vaya bola le has metido…

-¿Qué quieres? –le dijo mientras veía como ella se plantaba ante mí- con el tiempo que llevo esperando para follarme a David, no pensaba hacerlo de esta manera…

Marta se inclinó y deshizo la mordaza que tapaba mi boca.

-Espero que me hagas disfrutar tanto o más que a ella… -me dijo de forma lasciva- ahora te voy a soltar, me vas a follar como dios manda y luego… bueno, vosotros ya os espabilareis con vuestras historias… pero tienes que prometerme que vas a portarte bien…

¿Qué decir a eso? Era la primera oportunidad que se me presentaba para poder escapar de allí y no pensaba desaprovecharla.

-Te lo prometo –le dije aparentando toda la sinceridad del mundo- me portaré bien, muy bien…

-Así me gusta… -dijo sonriendo pícaramente, acercándose y empezando a desatarme- ya verás lo bien que lo vamos a pasar tú y yo…

Una vez libre de las ataduras, Marta se inclinó para besarme y yo correspondí ese beso, ganando tiempo mientras pugnaba por levantarme de la silla y comprobar si mi adolorido cuerpo respondía y estaba listo para la huida. Lo estaba.

Aparté levemente a Marta de mí, que me miraba con el deseo reflejado en sus ojos, y sin previo aviso la empujé con toda mi fuerza contra la cama cayendo sobre los cuerpos sorprendidos de Miriam y Manu que seguían a lo suyo. Sin más dilación, me apresuré a coger mi ropa que estaba en el suelo de la habitación y me vestí con prisas desmedidas mientras no apartaba la vista de aquellos tres que me miraban sorprendidos y no entendiendo nada. ¿De verdad se sorprendían que aquello sucediera? ¿Acaso esperaban otra cosa, otra reacción ante lo que me habían hecho?

-David… -empezó a decir Marta pero no la dejé continuar.

-Ni David ni hostias –le dije dejando aflorar toda la rabia contenida- te he mentido sí y volvería a hacerlo mil veces si fuera necesario… si pensabas que iba a dejar pasar la oportunidad de largarme de aquí, estabas muy equivocada… no sé qué pensabais que iba a ocurrir pero, si creíais que me ibais a hacer cambiar de parecer utilizándome como un puñetero consolador, estabais muy equivocadas…

Mis ojos brillaban de odio y ninguno de los tres se atrevió a moverse de la cama, acabando yo de vestirme, de recoger mis cosas y alcanzar la puerta para salir de aquel maldito dormitorio.

-Espero no volver a veros jamás… -dije antes de salir y cerrar la puerta tras de mí.

Caminé con rapidez en dirección al salón, buscando la puerta para escapar de mi propia casa, ayudado por la adrenalina que destilaba mi cuerpo que mitigaba algo el dolor por los golpes recibidos, de la humillación a la que me habían sometido. Aunque claro, el mayor dolor era el mental… ¿quién era esa Sonia y cómo me podía haber hecho algo así? Me parecía increíble cómo podía haber cambiado tanto mi novia…

Pero claro, antes de salir, aún me esperaba una última sorpresa. Y esa era encontrarme a Fran sentado en el sofá y con Sonia encima de él, cabalgándole con pasión desatada, mientras él tenía su rostro hundido en los pechos de ella. No me lo podía creer que hubiera sido capaz de cumplir su palabra. Dejarme atado en la habitación para ser usado por sus amigas mientras volvía al salón a acabar lo que mi intromisión había dejado a medias.

-Espero que para ti haya válido la pena –dije con voz suficientemente alta para que me escuchara Sonia.

El ajetreo en el sofá paró en el acto y los dos se giraron hacia donde estaba yo, en la entrada del salón, espectador de lujo de lo que allí ocurría. Fran inmóvil, Sonia tratando de cubrirse los pechos, al parecer sin ser consciente que seguía empalada en la polla negra de él.

-David ¿Qué….? –empezó a decir ella palideciendo ante mi presencia.

-¡Cállate de una puta vez! –Le grité expulsando parte de la rabia contenida mientras permanecía allí de pie en la entrada del salón- te vuelvo a repetir lo que te dije antes. Quiero que te vayas de esta casa pero ya… no quiero volver a verte ni saber nada más de ti… ojalá nunca te hubiera conocido… y en cuanto a ti, felicidades… has conseguido lo que querías, ya eres libre de follarte cuando quieras a esta puta… toda tuya, gilipollas de mierda…

-Maldito imbécil… -dijo Fran quitándose a Sonia de encima de él y viniendo como una exhalación en mi busca, casi cogiéndome por sorpresa… casi…

Su puño voló buscando mi cara de nuevo pero pudiendo esquivar a última hora el golpe, que casi llegué a sentir en mi rostro. La mala fortuna hizo que su puño se estrellara contra la pared que había detrás de mí, destrozando su mano con el fuerte impacto y gritando por el dolor, desequilibrándose al fallar el golpe.

Dicen que las oportunidades hay que aprovecharlas cuando se presentan y el destino me había puesto una ante mis ojos, una que no podía dejar pasar. Mientras él trastabillaba, mi mano sujetó su cabeza y la estampó contra la cercana puerta de cristal que cerraba el salón, rompiéndose ésta en mil pedazos. El aullido de dolor que se escapó de su garganta fue estremecedor. Pero yo solo pude sonreír de satisfacción al saberme vencedor de aquel encuentro, de aquella batalla, de haberme cobrado el desagravio por la anterior paliza sufrida.

Renqueante, tomé el camino a la puerta de la casa, ante la mirada horrorizada y temerosa de Sonia, acompañado con la música celestial que suponían para mí  los alaridos de un Fran que se agitaba en el suelo, cubierto por su propia sangre que emanaba con profusión de las heridas abiertas por los numerosos cristales clavados en su rostro. Salí de allí dando un portazo y dejando atrás, de una vez por todas y de forma definitiva, aquella vida para siempre.

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