Mª DEL CARMEN MÚRTULA

Hoy te voy a contar a lo que se dedica esta gente en sus tiempos libres.

Si te acercas por el club cualquier tarde, puedes disfrutar de la vitalidad del ambiente que en él se respira. La mayoría de las actividades están llevadas por adultos que gratuitamente ofrecen su tiempo libre para ir construyendo esta nueva sociedad. Niños, jóvenes y adultos, acuden al terminar sus ocupaciones cotidianas a este centro. Tertulias, juegos, audiciones musicales, talleres de tea­tro, artesanía, primeros auxilios clínicos, aprendizaje de idiomas, informática, gimnasia, bailes regionales… toda actividad cultural es válida para completar los intereses de chicos y mayores. Los mo­nitores se ofrecen voluntarios para atender la demanda según sus conocimientos, y así, poco a poco, la gente se encuentra satisfecha ocupando sus horas de ocio en actividades que les interesa y a la vez amplían su formación.

He estado con el grupo que lleva el mantenimiento del jardín. Ellos mismos se llaman los ecologistas. El monitor es Pedro, un joven de unos veintitantos años que según estoy observando tiene una manera muy peculiar de tratar la naturaleza, ¿cómo te diría? Es como quien protege algo suyo, que lo considera muy valioso, frágil e indefenso.

Estaban preparando una acampada para el próximo fin de se­mana

—¿Qué tema os parece interesante para esta primera salida del curso?

—A mí me gustaría que comentáramos cómo podemos prácti­camente implicarnos con la Naturaleza desde nuestra realidad de ha­bitantes de una ciudad, pues a veces me da la impresión de que, sólo nos acordamos de ella cuando estamos en el campo y desde nuestro vivir diario, en un ambiente de asfalto, no sé qué podemos hacer.

—Sí, es interesante pensar que somos colaboradores del desa­rrollo de la Naturaleza, todos y cada uno, estemos donde estemos, aunque a veces nos ponemos en contra y no la dejamos crecer; por eso me parece que es un buen tema para discutir y ayudarnos a tomar postura ante nuestra realidad de ciudadanos urbanos.

—A mí me impresionaron mucho los últimos incendios fo­restales de este verano, quizás porque nunca había presenciado ninguno y a veces las noticias lejanas te impactan poco, pero el haber visto un bosque en llamas, me impulsa a buscar la manera de reparar los destrozos provocados por el hombre.

—Yo también quiero apoyar esa sugerencia de ver nuestro papel positivo ante la frágil Naturaleza. Cuando me paro a mirar más allá de las obras humanas, un sentido de respeto y admira­ción corre por todo mi ser y no soy capaz de destruir ni a una hormiga.

—Muy bien. ¿Qué os parece si vamos dando forma a todo esto? Lo importante es trabajar con una actitud colectiva de agra­decimiento y mediadores por cuanto se nos da gratuitamente en los bienes naturales, y al finalizar esta experiencia ya intentare­mos llegar a conclusiones prácticas que lleven a cada uno a tomar una postura personal ante nuestra responsabilidad como colabo­radores en el sostenimiento del desarrollo de la Naturaleza.

—¿Puedo traer a un amigo?

—¡Por supuesto! Ya sabéis que estas acampadas están abiertas a todos los que quieran participar, siempre que se comprometan a respetar la dinámica del grupo y sean amantes de la Naturaleza. Pues no se tratan de simples excursiones sino de un medio para ir conociendo la ecología y esto no a todo el mundo le interesa.

—Yo creo que no habrá ningún problema con este compañe­ro de clase, pues ya le he hablado varias veces del tema y está muy interesado, ya que es un chiflado de los animales.

—En ese caso, sea bienvenido. Tú mismo te encargas de darle las instrucciones necesarias para que venga equipado adecuada­mente. Y ahora vamos a preparas el programa. Estaremos dos días completos fuera. Saldremos el viernes por la tarde y volvere­mos el domingo ya puesto el sol. Esta vez iremos a la montaña. ¿Qué os parece Sierra-hermosa?

—¡Fantástico!

—¡Es una buena idea!

—¡Magnífico!

—¡Fenomenal!

—¡Presiento que lo vamos a pasar en grande!

—Ya veréis que sí. Esto, como en todo, saldrá bien si todos ponemos de nuestra parte para que así sea.

—He oído decir que nos acompaña Marta.

—Así es. Esta vez viene Marta con nosotros.

— ¡Qué bien!

—Bueno, bueno, vamos a organizarnos. Aquí tenéis la lista de los distintos equipos. Formad grupos de tres o cuatro y apunta­ros a uno de ellos.

—¿Qué te parece toda esta gente? —me comentó cuando les dejó organizándose

Todo es interesante. ¿Puedo preguntar?

—¡Adelante!

¿Cuánto tiempo tenéis trabajando en este taller de ecología?

—Este es el quinto año y se nota, pues algunos estamos desde el principio y ya hemos adquirido un buen ritmo en la dinámica participativa y en la fluidez de comunicación. Pero, sobre todo, tenemos bastante logrado nuestras relaciones interpersonales y esto ayuda a agilizar la planificación y facilita mucho el llegar a un rápido consenso en las determinaciones que se toman.

¿Cinco años?

—Sí, ¿por qué te asombras?

¿Tú eres siempre el monitor?

—¡Ah, ya! Yo empecé colaborando con Andrés, cuando sólo era un crio, pero él es de los que enseguida raparte tareas de res­ponsabilidad y aquí me dejó con esta buena gente, en cuanto crecí un poco le sustituí. La verdad es que no me va mal, pues disfruto mucho cuando los veo tan entusiasmados intentando todos par­ticipar para colaborar en el conocimiento de la Naturaleza. Todo esto garantiza un trabajo rico por la diversidad de aportaciones, pudiendo llegar a tratar cualquier tema con profundidad.

—¿Qué, ya os habéis apuntado todos? ¿A ver? Vamos a repa­sar las responsabilidades de cada equipo, por si acaso hay algún olvidadizo y nos juega una mala pasada:

  • El equipo de cocina, sabéis que tenéis que recoger las aportaciones de todos para luego encargaros de darnos de comer.
  • El de instalación, que no se olviden de las herramientas necesarias.
  • El de economía, ya quedaremos para contratar el autobús y luego se os dirá a cómo sale el viaje.
  • Los primeros auxilios, que se pongan al habla con Marta. ¡Qué suerte habéis tenido esta vez! ¿Eh?
  • Los de la animación festiva, esperamos que nos prepa­ren una buena velada.

» Eso es todo. Os recuerdo que además de los objetos per­sonales de aseo y ropa para dos días, no olvidéis los utensilios propios de nuestras salidas ecológicas.

—Y las ideas que cada uno quiera compartir en los ratos de juegos de campaña.

—¡Cómo se nota a lo que se has apuntado! ¿Verdad?

—¡Uh… Uh… Uh…!

—Bueno, bueno, luego no digáis que somos unas sosas y abu­rridas. Si todos traéis ideas, nosotras os buscaremos un hueco para que debutéis.

—Muy bien Loles, eso se llama saber dar a todos, la oportuni­dad de participar y compartir los talentos. Y si no hay más damos por terminado este encuentro.

  • Me hubiera gustado tener la oportunidad de acompañarlos, pero nadie me invitó y no quise hacerme la entrometida. A la vuelta le preguntaré a Marta como ha ido.
  • _____________________________________________________________

 

Como tenía previsto, el lunes fui a visitar a Marta al anochecer y le pregunté por la acampada.

¿Qué tal os ha ido este fin de semana?

—Muy bien, pero de esto siempre vuelve una rendida, aunque vale la pena pues se disfruta mucho viendo el entusiasmo de los jóvenes.

Y ¿qué queréis con todo esto? Pues pienso que es algo más que pasarlo bien ¿no?

—Por supuesto, todas estas salidas tienen un objetivo educa­tivo. Pretendemos ofrecer otra alternativa a los jóvenes tan ma­leables y vulnerables en esta sociedad de adultos que en muchas ocasiones los manipulan buscándolos sólo como producto de sus intereses de consumo.

Y ¿qué tiene que ver eso con la Ecología?

—Esto, como todas las actividades del club, son medios que ofrecemos para conducirlos por un camino que les lleve a desa­rrollar su personalidad y a adquirir defensas frente a las atraccio­nes que les acosan por otros cauces. Por eso nos interesamos en ayudarles a interiorizar los acontecimientos cotidianos. Las cosas pequeñas que pasan desapercibidas, los detalles concretos que se nos escapan y que pueden ser interesantes tenerlos en cuenta, todo esto va creando en ellos criterios firmes, para tomar decisio­nes libres y responsables. En concreto, hablando de la acampada, les ayudamos a observar el brote de un arbusto, el posarse de un insecto, el sonido de la naturaleza, el salir de las estrellas, las constelaciones, el amanecer… una hoja, una nube… todo ayuda a cultivar una actitud de acogida armónica de los bienes que nos proporciona la Naturaleza, y con ello se va desarrollando una rica sensibilidad y un recio espíritu que les lleva a amar la vida de toda la existencia creada, frente a la superficialidad y el egocentrismo de la sociedad que nos bombardea con su demanda de placer y consumo. El respeto de la Naturaleza es una buena vía para respetar la belleza de las cosas y aprender a usarlas sin abusar de ellas.

¿Y los jóvenes le gusta?

—Pues sí. Como todas las actividades son voluntarias, se apuntan a lo que más les atrae y desde allí se encuentran a gusto. En las acampadas, toman los apuntes de sus descubrimientos, de sus interrogantes, y en el tiempo de la puesta en común exponen sus datos, con lo que todos se enriquecen escuchando la aporta­ción de cada uno. Al final de la jornada, se palpa la satisfacción de haber adquirido nuevos conocimientos con la participación de todos. La Naturaleza es uno de los mejores campos educativos, se enseña y se aprende con facilidad e interés y nos hace cons­ciente del valor específico de cada ser. Esto es interesante porque muchas veces no usamos la capacidad de percibir lo que el hábi­tat nos ofrece, embaucados en nuestro entorno urbano de asfalto y máquinas. Por eso el fin de estas salidas es el ir despertando en ellos la conciencia de que el mundo es más amplio que su círculo cotidiano y no podemos ignorar que todo es útil y nece­sario, y nunca permitirnos el despreciarlo o destruirlo. Con esto descubren su responsabilidad ante la polución, los desperdicios, los gases tóxicos, el peligro de los incendios forestales… en fin todo lo que está a su alcance que puede llevar al deterioro de la biosfera o de cualquier otra parte del desarrollo de la naturaleza que tan inconscientemente maltratamos. A veces pienso que, si alguien nos viera desde otro planeta, no comprendería cómo se­res inteligentes tratan de destruir algo tan vital para ellos mismos.

¿Sentís la problema del destrucción ecológica?

—A nivel local no mucho, el tema se sitúa como una toma de conciencia a nivel planetario. Creemos que a un ciudadano eco­lógico le debe interesar la higiene ambiental, el respeto a los seres vivos y su desarrollo, la protección de todo lo que genera vida, pero también tiene que ser consciente de la justa distribución de los recursos de la naturaleza, que es uno de los temas más olvida­dos en los países industrializados.

¿Son muchos los ecologistas en este país?

—Hay gente inquieta por la sostenibilidad ecológica y se aso­cian para tener voz ante la sociedad, pero nosotros queremos ir más allá. En el fondo de nuestro proyecto educativo lo que pretendemos es ayudar a las futuras generaciones a ser personas capaces de sentir amor, interés e ilusión por la vida que les rodea. Esto no cuadra mucho dentro de una sociedad que se empeña en hacer de ellos robots, donde todas sus capacidades se reducen a tener en sí un almacén de datos y una formación puramente tec­nológica. Esto está bien para las máquinas, pero en mi opinión, las personas somos algo más. ¿No te parece?

¡Por supuesto! También quería que me contaras que es eso de los programas comarcales.

—¡Ah! es otra proyección de estos cursos. Durante las va­caciones estivales los jóvenes participan en los intercambios de desarrollo ecológico comarcales.

¡Explícame esto!

—Pues verás. Puesto que nuestros jóvenes suelen vivir en la ciudad y tienen poco contacto con la naturaleza, en verano marchan a pueblos y aldeas donde conviven con sus habitantes, enriqueciéndose mutuamente con la experiencia. Allí participan, junto con lo específico de cada lugar, de talleres diversos que les hace tomar conciencia del ahorro ecológico, reciclaje y cuidado del medio ambiente, en fin, programas sencillos que les despierta su responsabilidad personal y colectiva ante el respeto y colabo­ración del mantenimiento de la naturaleza. Todo esto, les enseña a valorar las riquezas de otras personas que no viven como ellos y también les hace madurar en las relaciones humanas a nivel más amplio.

  • ¡Qué interesante!

—Sí que lo es. Esto es una manera creativa de ir fomentando entre ellos un nuevo estilo de colaboración, complementariedad y de desarrollo no sólo físico sino también relacional. Con ello se van preparando para ser ciudadanos abiertos a intereses humanos con una mira más amplia que la del comercio de la ciudad. Desde ahí pueden romper barreras y diferencias, reconociendo y agrade­ciendo los valores de las distintas realidades. ¿No te parece?

¡Claro, claro!

—Otro programa vacacional son los cursos de voluntariado. En ellos los jóvenes se van preparando para ser futuros monito­res de las nuevas generaciones.

¡Me maravilla la dedicación que tenéis!

—¿Sabes que los jóvenes están contentos de tenerte como profesora?

¿Sí? ¿Ellos lo dicen?

—Sí. Ayer lo comentaron en el campamento. El hecho de te­ner que relacionarse con una persona extranjera está suponiendo para tus alumnos una experiencia positiva, pues se sitúan ante otro nivel relacional que, a la vez de ser novedosa, ofrece la rique­za de lo internacional.

¡Oh! Yo estar contenta. No, nunca pensé en eso.

—Perdonad que interrumpa —dijo Doña María—, la cena está en la mesa. ¡No, no! No tienes ninguna excusa, he puesto tres platos y no me puedes hacer el feo de marcharte.

Pero… yo no quiero molestar.

—¡Por supuesto que no molestas! ¡Es un placer compartir la cena con los vecinos!

¡Mu… muchas gracias!

  • —Venga, pasad que se enfría.

 

 

 

 Relato sacado de la novela “S.H. El Señor de la Historia”

http://minovela.home.blog

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