QUISPIAM

Capítulo 11: La mujer infiel.

Y allí estaba de nuevo, habiendo recuperado mi memoria y contemplando como Sonia volvía a estar a punto de entregarse a Fran, aquel maldito modelo que, con la connivencia de Sonia, había finiquitado nuestra relación.

Pero ahora era distinto, no sentía ni el dolor ni el malestar que otras veces había sentido ante la misma situación, solo sentía decepción e ira, una creciente ira hacia la que había sido mi pareja y hacia aquel sujeto al que en mala hora habíamos incluido en nuestros juegos.  Ahora era consciente que nuestra relación había muerto aquella noche, durante aquella tormenta, en la ladera de aquella montaña que no había conseguido arrebatarme la vida sino darme una segunda oportunidad.

-No sabes lo mucho que te he echado de menos estas semanas –dijo Fran dirigiendo sus manos a sus pechos, acariciándolos por encima del sujetador- me has estado evitando desde nuestro último encuentro…

-Las manos quietas… -dijo apartando sus manos con poca convicción- y con razón ¿no crees? David estaba en el hospital, en un momento crítico de su vida y mi lugar estaba allí, con él…

Cínica, falsa, hipócrita… todos esos adjetivos pasaron por mi mente mientras, con los puños cerrados y mi rostro crispado, seguía atento a lo que pasaba dentro de la estancia curioso por saber hasta dónde iba a ser capaz esta vez de llegar Sonia y tratar de descubrir algo más de sus engaños.

-David… claro… -dijo él con condescendencia- yo creo que lo que te pasó fue que te entró miedo… te gustó demasiado lo que ocurrió la última vez… y tenías miedo de estar cerca de mí, volver a caer en la tentación…

-Claro que me gustó y lo sabes pero tampoco te pases, no seas tan engreído… -dijo ella apartando la mirada algo avergonzada- y ya te dije que aquello nunca debió producirse… luego vienen los remordimientos como me pasó la primera vez…

-Pero se produjo… Sonia, no tienes nada de lo que avergonzarte ni arrepentirte… -dijo él cogiéndola por el mentón y encarando su rostro al de él- no hiciste daño a nadie… David nunca se enteró de nada… como no tiene por qué enterarse ahora…

-Eso no lo sabemos… -dijo ella apartando su cara ante su intento de besarla- Marta cree que quizás estuvo aquí… se suponía que debía estar a cientos de kilómetros de donde apareció él y el coche destrozado…

-Eso no significa nada… -dijo Fran acariciando la mejilla de Sonia que se dejó hacer- podría haber muchas explicaciones para eso…

-Puede ser pero ella está convencida que hay gato encerrado, algo la desconcierta y por eso ha estado sonsacándole para ver si recuerda algo… -dijo retirando su rostro- pero, de momento, no parece recordar nada…

-Pues entonces problema resuelto ¿no? –Contestó él sonriendo- es como si nunca le hubieras puesto los cuernos… una nueva oportunidad para empezar de cero… si es que es eso lo que queréis, claro…

-¿Qué quieres decir? –preguntó ella con curiosidad.

-Quiero decir que dudo que, al menos tú, puedas reanudar tu vida sin esos juegos que os llevabais entre manos –dijo con sorna- te gustaban demasiado como para renunciar a ellos… y David, por lo que me contabas, lo hacía igual o más que tú… y es cuestión de tiempo que volváis a las andadas…

-No va a pasar nunca más –dijo tratando de aparentar firmeza- tú lo has dicho, una nueva oportunidad donde no pienso cometer, no debemos cometer los errores del pasado…

-Si tú lo dices… -le respondió con ironía Fran.

-Sí, lo digo –replicó ella con vehemencia.

-Pero mírate… sola en tu casa conmigo, ambos semidesnudos… estás deseando que te toque, que te acaricie, que te folle… -lo dijo mirándola fijamente y acariciando la piel desnuda de su brazo, de su codo hasta su hombro, de nuevo sin ser rechazado.

-Esto no significa… no quiere decir… -balbuceó Sonia evidentemente nerviosa.

-Sí y lo sabes –la interrumpió él- lo veo en tu mirada, lo noto en tu cuerpo… estás necesitada de sexo… ¿cuándo fue la última vez que lo hiciste, que follaste?

-Contigo… -dijo ella con un hilo de voz.

-¿Esa fue la última vez? –Preguntó atónito- ¿llevas más de un mes sin follar?

Ella asintió y él sonrió, como si aquello jugara a su favor, le acercara más a su propósito de volver a gozar del cuerpo de Sonia.

-Es mucho tiempo para una mujer como tú–solo dijo él- ¿Tú y David no habéis intentado nada?

-Sí pero no hemos podido… no ha podido… -volvió a tartamudear Sonia.

-Jajaja –rió él con ganas- ya veo… o sea que al cornudo ahora ni se le levanta…

-No hables así de él –dijo ella recobrando parte de su entereza y golpeándole el brazo- ha pasado por mucho y necesita tiempo para recuperarse…

-Vale, vale –dijo él sujetando su brazo y evitando que siguiera golpeándolo- no volveré a llamarlo cornudo pese a que lo sea jajaja… aunque no sé si tú podrás aguantar mucho en este estado…

-Ni lo intentes –le avisó ella tratando de evitar que volviera a tocarla.

-No voy a hacer nada que no quieras –la tranquilizó Fran- solo quiero quitarte los pantalones que están chorreando… como sigas con ellos puestos vas a pillar una pulmonía…

Allí oculto, espectador de lujo de aquella escena tan surrealista, al menos para mí, notaba como el enfado crecía y crecía en mi interior. No entendía el comportamiento de la que había sido mi novia, defendiéndome de boca, negándose a sus avances de palabra mientras todos sus gestos, todo su comportamiento clamaba todo lo contrario, toda ella pedía más, necesitaba más.

La mano de él bajo hasta su cintura y desabrochó el pantalón, bajó la cremallera del tejano y, con la ayuda de Sonia que alzó su culo de la mesa, él bajó el pantalón hasta sus tobillos. Se agachó para quitarle los zapatos y los calcetines, luego procedió con los pantalones y desde aquella posición, observó su cuerpo cubierto únicamente por el sujetador y una braguita.

-Eres preciosa –afirmó él mientras su mano acariciaba su tobillo y empezaba a subir de forma lenta, siguiendo la forma de su pierna, acariciándola con suavidad, con parsimonia, con total placidez.

-Fran… -protestó de forma débil Sonia que, por su rictus, daba claramente a entender que le gustaba aquella caricia que estaba recibiendo.

Él calló y siguió recorriendo su pierna de forma ascendente, hasta alcanzar su muslo un poco más arriba de su rodilla, peligrosamente cerca de su entrepierna pero no avanzando más.

Era evidente que estaba jugando con ella, llevándola hasta donde quería. Y yo tenía claro que aquello iba a volver a suceder, que Fran iba a follarse otra vez a Sonia y que ella estaba deseando que ocurriera aunque lo negase. La cuestión era ¿paraba aquello antes que fuera a más o bien esperaba, seguía espiándolos tratando de averiguar algo más? Respiré hondo, calmando algo el intenso cabreo que me llenaba y opté por la segunda opción. Por mucho que me jodiera quería saber más, si Sonia me había ocultado algo más.

Fran apartó la mano de su muslo y ella lo miró confundida, desconcertada… como si en el fondo le pidiera, casi le exigiera explicaciones de porque lo había hecho; en ese momento solo recibió la sonrisa victoriosa de él al ser consciente que ya era suya, que solo era cuestión de tiempo que claudicara.

-Deberías quitarte esto también –dijo alargando la mano y rozando su sujetador- también está mojado…

-Claro… -replicó Sonia- tú lo quieres es verme las tetas…

-No voy a negar eso… -dijo él divertido- sabes que me encantan, que me fascinan… pero creo que ya hay suficiente confianza entre los dos y que he hecho algo más que mirar tus tetas ¿o tengo que recordarte lo que hicimos la última vez que estuve en tu casa?

-No me lo voy a quitar… -contestó ella tratando de nuevo de  mostrarse firme.

-Pues entonces tendré que quitártelo yo… -le amenazó un jovial Fran.

Ella intentó oponerse pero Fran, más fuerte y más corpulento que ella, la abrazó por la cintura con una de sus manos, atrayéndola hacía él que se colocó entre sus piernas ahora abiertas, pugnando con la otra mano con el cierre del sujetador que no tardó en saltar, cayendo la prenda al suelo y liberando sus pechos que quedaron a la vista de él que los devoró con su mirada.

-Al final te has salido con la tuya… -dijo una sonrojada Sonia que, pese a ello, se delataba de nuevo no haciendo nada por cubrirse sus pechos. Estaba claro que disfrutaba viendo el efecto que sus senos causaban en él.

-Aún no… -contestó Fran acercando su cara a su pecho y, al igual que aquella vez, besando cada porción de piel, lamiendo cada milímetro de su seno, chupando el pezón que se endureció bajo los efectos de su lengua juguetona.

Sonia entrecerró sus ojos, dejándose llevar por el cúmulo de sensaciones que le provocaban la hábil lengua de su compañero de trabajo, posando una mano sobre su cabeza, acariciando su cabello y alentándolo a seguir con lo que hacía. Si aún tenía alguna duda que ella deseaba aquello, ver como se rendía ante su quehacer, como lo disfrutaba… no, ya no tenía dudas. Sonia estaba entregada y Fran lo sabía, sabía que era suya y que iba a follársela de nuevo como y cuando quisiera.

La mano libre de él, viéndola entregada, se posó sobre el pecho libre, atacándola doblemente, subiendo su excitación hasta límites inaguantables para ella que era plenamente consciente que ya iba a ser incapaz de detener los avances de su amante. ¿Pero acaso, en algún momento, había querido realmente parar aquello? ¿No volver a caer en las redes de Fran? Lo dudaba…

-No sabes lo que he echado de menos esto… -dijo él entre lamida y lamida a sus tetas.

-No pares… sigue… -le rogó Sonia quien, como había adivinado, ya estaba totalmente entregada.

Y a la misma conclusión llegó Fran que, abandonando su pecho, hizo que su mano bajara por su vientre hasta alcanzar el borde de la braguita, jugando brevemente con ella, colándose dentro, recreándose con el corto vello de su pubis hasta alcanzar su rajita que acarició en toda su extensión.

-Oh dios… -gimió ella contoneándose de puro placer.

Aquello fue el preludio de sus dedos jugando con sus labios, abriéndolos para colarse en su interior, penetrándola con dos de sus largos dedos oscuros que empezaron a follarla sin compasión, con su pulgar frotando con avidez el botón del placer y su boca hundida en su pecho que no había abandonado en ningún momento.

Sonia se agitaba sobre la mesa, entregada al gozo que Fran le estaba dando, asimilando como podía el cúmulo de sensaciones que le llegaban de su sexo y de sus pechos, gimiendo como una perra en celo y apretando con fuerza la cabeza de él contra su pecho mientras su otra mano buscaba alcanzar el culo del negro que tanto placer le estaba dando y que tanto había añorado.

No tardó en colarse dentro de la única prenda que conservaba el modelo, acariciando su nalga desnuda y bajando de forma lenta pero inexorable el slip que no tardó en caer a sus pies, haciendo saltar como un resorte el pollón que Fran se gastaba.

Y mientras él seguía a lo suyo, masturbando con frenesí el coño de Sonia y devorando sus dos pechos de forma alternativa, ella dándose cuenta que su miembro había quedado al descubierto, coló su mano entre sus dos cuerpos, cogiendo su polla, rodeándola con su pequeña mano.

No tardó en empezar a moverse, recorriendo su tronco lo que podía en esa posición, pajeándolo y devolviéndole así parte del placer que ella recibía. Pero Fran era un amante experimentado y Sonia una mujer falta de sexo, así que fue ella la que gritando se corrió como una loca, abandonando su polla y abrazándose por completo a él, agitándose entre sus brazos mientras éste no dejaba de martillear su sexo con sus poderosos dedos.

Y yo mirando todo aquello, viendo como Sonia había claudicado, se había sometido, cedido de nuevo ante su compañero de trabajo, casi estando seguro que aquello no había acabado y que solo era el principio de lo que Fran tenía pensado para ella. Respiré profundo de nuevo, tratando de calmarme, procurando no estallar, no todavía… Ira, solo sentía ira y, en menor grado, una creciente sensación de alivio.  Alivio por haber  sido capaz de recuperar mi memoria, de haber descubierto la doble vida de Sonia antes que hubiera sellado mi destino al de ella.

Sobre la mesa, Sonia empezó a recobrarse del orgasmo mientras aun sentía en su interior los dedos de Fran, que seguían penetrándola pero ahora de forma más pausada. Él se inclinó y la besó, un beso que ella correspondió enlazando sus manos tras su nuca, atrayendo su rostro al suyo para hacer más profundo e intenso ese beso.

Pero Fran quería otra cosa, necesitaba otra cosa. Tras unos minutos besándose de forma apasionada, cogiéndola por la cintura, la bajó de la mesa hasta dejarla de pie delante de él. No necesitaron palabras para entenderse. Él, con sus manos en los hombros de ella, la empujó hacia abajo y ella, de forma dócil y sumisa obedeció, descendiendo hasta arrodillarse.

Sonia sujetó con su mano ese oscuro objeto del deseo y empezó a recorrer la larga extensión de carne del modelo, apenas pudiendo rodearla con su pequeña mano. Allí arrodillada, mirándolo en aquella postura tan sumisa y con una cara de vicio que daba miedo, con las manos de él sujetando su cabeza, Sonia abrió su boca, boca que tragó y lamió el gordo glande de Fran.

Un gemido salió de su garganta y echó la cabeza atrás al sentir el contacto de su lengua empezar a lamer su miembro, cumpliendo su sueño de tener a aquella belleza allí entregada y chupándole la polla, casi la única cosa que debía quedar por hacerle a Sonia.

Ella, sujetando su miembro por la base, empezó a lamer todo el tronco de la larga polla, lubricándola, empapándose con su sabor, con su olor, preparándola para lo que estaba por venir. Fran, impaciente, empujó su cadera buscando entrar en su boca y Sonia, totalmente doblegada y subyugada, la abrió al contacto con su glande y empezó a tragar aquella carne negra.

Poco a poco, milímetro a milímetro, fue engullendo la verga de Fran hasta casi la mitad, lo máximo que era capaz de meter en su boca. Una vez ambos comprobaron donde estaba el límite, empezó el baile de los dos. Ella tragando lo que podía, lamiendo con su lengua el miembro cada vez que entraba y salía. Él sujetando su cabeza, bufando de placer con la mamada que Sonia le estaba dando y moviendo levemente su pelvis buscando hundir aún más su polla en su garganta, romper sus límites, un nuevo reto por conseguir.

Fran, viendo la entrega de Sonia, quiso ir un paso más allá y empezó a moverse con algo de brusquedad, sujetando con firmeza su cabeza y tomando las riendas de la felación, follándose literalmente su boca. Y ella, sumisa de nuevo, afianzó sus manos en sus poderosos glúteos mientras él la usaba para su propio placer, sintiéndose poderoso ante su entrega.

En la habitación se mezcló el sonido del viento, del agua, los truenos y el que hacía el entrar y salir de la verga de su boca que a duras penas aguantaba el ritmo de la penetración de Fran, pero tampoco hacía nada para pedirle que parara o que fuera más gentil con ella o yo que sé. Nada. Solo era una muñeca para su uso y disfrute.

Su tortura duró varios minutos, los que tardó Fran en estar al borde del orgasmo, dando síntomas inequívocos de ello al moverse con mayor frenesí, con mayor ansiedad. Sonia, por primera vez, me pareció que le imploraba con la mirada, supuse que para que no se corriera dentro de su boca cosa que yo sabía que no le gustaba.

Pero Fran hizo oídos sordos y, con un último empujón, clavó su polla todo lo que pudo dentro de su garganta y, por su rictus de placer, empezó a descargar dentro de su boca. Sonia hacía esfuerzos ímprobos por tragar todo lo que su polla derramaba en su interior, no consiguiéndolo, tosiendo y escupiendo para evitar ahogarse, viendo como de las comisuras de sus labios empezaban a rezumar restos de su corrida que caían sobre sus pechos desnudos.

Fran se apiadó de ella y sacó su miembro de su boca, empezando Sonia a dejar escapar por ella una cantidad asombrosa de semen que había sido incapaz de tragar, que caía a borbotones sobre su piel desnuda mientras ella boqueaba tratando de coger aire.

Él agitó su miembro, excitado ante la visión de Sonia arrodillada y bañada con su propia leche, aun respirando con dificultad y agitando de esa manera sus pechos, encendiendo todavía más el deseo de él que aún no tenía suficiente, aun quería más, aún necesitaba más. Y buena prueba de ello era que su miembro seguía sin dar señales de perder dureza.

Sonia alzó la cabeza, lo miró con un brillo en sus ojos que para nada delataba que estuviera enfadada por lo que había hecho, se levantó y pegó su cuerpo al de él, volviendo a fundirse ambos en un intenso beso mientras ella sujetaba de nuevo su polla, acariciándola, evitando que perdiera dureza.

Sonia, la que no quería aquello, la que decía que aquello no podía volver a repetirse, la que decía que no quería volver a engañarme, la que decía que me quería y que no me merecía que me engañara de esa manera. Esa Sonia fue la que se apartó de Fran, esa Sonia fue la que se bajó con dificultad sus braguitas empapadas, esa Sonia fue la que se subió de nuevo a la mesa, tumbándose y abriendo las piernas.

-Fóllame… -le pidió- lo necesito…

Fran, victorioso, se acercó a ella que, tumbada, miraba expectante como aquella monstruosidad se aproximaba a su sexo, como recorría toda la extensión de su rajita, como se bañaba en sus fluidos, como rozaba la entrada de su gruta, como la abría y como, finalmente, traspasaba la entrada y culminaba una nueva infidelidad, si todo lo anterior no lo había sido ya…

-Sí, sí, sí… -salió de su boca mientras la polla de Fran se adentraba en su interior, sin parar, buscando enterrar su miembro por completo como ya debía haber hecho la otra vez.

Los dos gimieron cuando los testículos de Fran chocaron contra el periné de Sonia, indicando que por fin toda aquella enormidad estaba clavada dentro de ella, que respiraba con dificultad y tenía sus ojos cerrados, embargada por la infinidad de sensaciones que la acometían en cada una de las terminaciones nerviosas que recorrían su cuerpo en ese instante.

Era increíble que Sonia hubiera sido capaz de meterse todo aquello en su interior pero así había sido. Por mucho que ya no sintiera nada por ella, que no lo había sentido desde el momento en que me desperté de mi estado de coma, no pude dejar de pensar en el dolor que esa mujer había causado a mi otro yo, él que había muerto en aquella cuneta de aquella montaña.

Y de nuevo, por extraño que parezca, volví a acordarme de Sandra. Sandra… esa mujer que no sabía si era real o no pero que, estaba seguro, que ella habría sido incapaz de hacerme algo así, que nunca me hubiera traicionado así, que nunca me hubiera provocado semejante dolor como el que me había hecho Sonia.

Sobre la mesa del salón, con sus manos alzadas sujetándose como podía al borde de la mesa y sus piernas enlazadas tras la cintura de Fran, con la mirada perdida, gimiendo como una posesa, sus pechos sacudiéndose de forma frenética, Sonia recibía la fuertes estocadas que le propinaba un Fran desatado, un Fran que apoyando sus manos a los costados de su cuerpo desnudo, la taladraba sin compasión, a un ritmo brutal, salvaje, un ritmo que hacía temer por la integridad de la mesa sobre lo que todo ocurría.

Ya tenía bastante de aquello, no necesitaba ver más. ¿Para qué? Ya había confirmado, por dos veces, una al recobrar la memoria y otra en vivo y en directo, que Sonia me había engañado, que me había sido infiel, que me había traicionado. Y sabido por su propia boca que eso ya había ocurrido en otra ocasión, que Fran no era el primero en ponerme los cuernos.

Era hora de poner fin a aquello, de acabar lo que había empezado aquella noche de tormenta que por poco acaba con mi vida pero que no había sido así, y que ahora, con otra tormenta de nuevo, tenía una nueva oportunidad de cerrar aquel capítulo de mi vida para empezar uno nuevo. Pero ahora bien lejos de toda aquella gente. De Sonia, de Fran, de Marta, de Miriam, de Manu…

Pero la cosa era ¿cómo iba a hacerlo? ¿Interrumpirlos en plena faena y decirle que lo nuestro estaba acabado? ¿Aprovechar que estaba ofuscado follándose a Sonia y darle su merecido a Fran por lo hecho? ¿O bien repetir lo hecho, esconderme como un cobarde y escapar cual ladrón, de mi propia casa, cuando el campo estuviera libre? Tenía una decisión que tomar y debía hacerlo ya…

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