JUAN CARLOS LÓPEZ BRAVO

 

– ¿Me puedes prestar a tu novia? —dijo interrumpiendo la conversación de la pareja.

– ¿Qué has dicho? —dijo él con voz chulesca, dando golpecitos a su cigarro para que cayera la ceniza al suelo.

– ¿Qué si me puedes prestar a tu novia? —dijo aún más alto, intentado estar por encima de la música.

– No me hagas reír —le contestó poniéndole la mano en el hombro— ¿tú que te crees? ¿qué soy una agencia de alquiler? Déjanos en paz, chaval.

– De acuerdo —él que había hecho las preguntas se movió de nuevo a su izquierda y tomó un cubalibre que tenía a medias encima de la barra del bar.

En ese momento sonaba Nacha Pop, “… Lucha de gigantes, convierte… El aire en gas natural…”, debía ser así porque ahí dejaban fumar, pensó, la música estaba demasiado alta, y si lo sumabas al barrullo de la gente, (el bar estaba lleno), la atmosfera era un poco claustrofóbica. Dio otro trago a su cubata, y empezó a contar mentalmente… uno… dos… y…

– ¿Para qué quieres que te la preste? —oyó a su espalda, se dio la vuelta, y ahí estaba nuevamente el tipo. Sonrió.

– Necesito una novia, solo un par de horas…

– ¿Un par de horas…?

– Sí, como mucho tres.

– ¿Y para qué? —su novia estaba a su derecha sin hablar, con cara de circunstancias.

– Nada sexual, no vayas a pensar mal.

– Ja ja, nada sexual, eres muy gracioso.

– Vienen mis padres de Valladolid, les recojo en el AVE, ceno con ellos, y les llevo al aeropuerto, se van a Nueva York de viaje, les he dicho que tengo novia, pero la realidad es que no la tengo, y me quieren quitar mi asignación mensual.

– ¿Y por qué te iban a quitar tu asignación mensual?

– Piensan que soy gay, son muy conservadores.

– ¿Y lo eres? —dijo riéndose con desprecio.

– ¿Tú que crees? —le preguntó sonriendo.

– Qué sí.

– Bueno, eso ahora no es relevante, lo relevante es que me puedas prestar a tu novia.

– ¿Y por qué la mía? Aquí hay muchas más chicas… —dijo mirando a su alrededor, el bar estaba lleno de mujeres.

– Es la única pelirroja… —. Tenía el pelo cobrizo y liso, con los pómulos llenos de pequitas y una nariz pequeña y respingona, todo rematado con unos enormes ojos verdes, desde que había empezado la conversación miraba al suelo y no había levantado en ningún momento la cabeza—, les he dicho que era pelirroja, sonaba más convincente.

– Sabes lo que te digo —dijo él, apoyando nuevamente su mano en su hombro, el aliento le olía fatal a tabaco y alcohol— ¡que te pires!

– Quinientos euros —dijo, sin más.

Se volvió a dar la vuelta, mirándole.

– ¡Quinientos pavos! … tiene que ser una buena asignación.

– Muy buena, somos familia de dinero.

– ¿Y tú cómo te ganas la vida?

– Pues, ya te lo he dicho, manteniendo mi asignación —dijo mirando el reloj—. No tengo mucho tiempo… ¿sí o no?

Él se calló, mirando a su novia.

– ¿Qué opinas? —le preguntó.

– Lo que tú digas —dijo ella simplemente.

– Vale, mil euros, pero los quiero ahora.

Se sacó la cartera, sacó dos billetes de la cartera y se los dio, estaban nuevecitos, morados, de quinientos euros.

– Nunca los había visto —dijo él mirando los billetes, comprobando que no eran falsos, no lo parecían.

-¿Nos vamos? —le preguntó a ella acercándole la mano, ella se la cogió-. En tres horas volvemos.

– Ya déjala en su casa, estoy esperando a unos colegas, ella ya se iba —dijo sin tan siquiera mirarla a los ojos.

Salieron de la mano del local, y comenzaron a andar por la calle.

– Gracias —dijo ella.

– Menudo gilipollas —dijo él—, no he podido evitar oír vuestra conversación.

– Le estaba dejando —dijo ella mirándole. Era verdaderamente guapa, tenía un ojo morado—, mejor dicho, le estaba intentando dejar, llevo así más de un año.

– Ese cabrón te pega ¿no?

– Sí.

– Este mundo está lleno de mal nacidos, con perdón, y cada día más —dijo él sacando el teléfono móvil y marcando un número—, hola, soy Rodrigo, entrar en el bar, un tipo alto, con barba, cazadora negra de cuero, está en la barra de la derecha, lleva dos billetes robados de quinientos euros… sí… gracias.

– ¿Eres policía?

– Antidrogas, estaba de servicio en el bar, iba a haber una transacción importante ahí dentro, pero nos descubrieron y la abortaron, me estaba terminando el cubata, y no pude evitar oíros.

– Entonces, nos vamos a buscar a tus padres y a cenar ¿no?

– Casi mejor cenamos y ya te presento a mis padres otro día.

–  De acuerdo—. Siguieron andando de la mano, ella giró la cabeza y le dio un beso en la mejilla, al final iba tener razón su madre con eso del Ángel de la Guarda.

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2 comentarios sobre “Me puedes prestar a tu novia

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