SIX

Ana tenía los labios hinchados, irritados de tanto besar y chupármela, pero deliciosos. Estaba colorada, ida entre lo embriagada que estaba por el vino, y el deseo de follar y sentirse penetrada. Me gustaba verla así, tan entregada a lo que sentía, me daba mucho morbo.

Era puro sexo. Como si no existiera nada más en el mundo, y se entregara a una sola cosa, sentir mi polla dentro de ella.

Me miraba gruñendo, mordiéndose los labios sin parar de botar. Había llegado a tal excitación, al estar tanto rato reteniendo sus emociones, que ahora se sentía libre al cabalgar sobre mi polla y daba rienda suelta a todo.

Como me ponía verla así!

Con un pequeño empujón hacía un lado, la dejé caer con suavidad hacía los cojines del sofá. Abrazándola y rodando, hasta tumbarme sobre ella. Me abrió las piernas y se la volví a hundir, besándola de nuevo.

-OOOOoogh!!!- Gimió al sentirse llena de nuevo.

Se abrazó a mí con demasiada ternura, cogiendo mi cuello y mi cara para besarme. Estaba dilatadísima, empapada, parecía que la estuviera hundiendo en gelatina deliciosamente caliente.

De repente se quedó unos maravillosos segundos mirándome mientras la penetraba sin parar, sintiendo como mi polla entraba en su lubricado y caliente coño, hundiéndose hasta el fondo, y retirándose sin llegar a salir para volver a entrar de nuevo hasta su máxima profundidad.

Ana abría su boca cuando mis caderas la golpeaban al llegar al fondo, como un gesto que la delataba al sentirse totalmente llena, y entonces contenía el aliento, para soltar un gemido liberador al retirarme. Me ponía mucho ese sonido, y buscaba una y otra vez hacer el mismo movimiento para provocárselo.

La veía botar debajo de mí en el sofá, preciosa, desmaquillada, y sonrojada, con un millón de gotitas de saliva y sudor por las mejillas y la frente, con el maquillaje desfigurado, me miraba como si la estuviera matando de placer.

-Oogh!! Ooogh!! Oogh!! Ooogh!!- Repetía.

Era una Diosa sexual, una montaña rusa de sensaciones, tan pronto la estaba sometiendo, mirándome con cierta rebeldía o sumisión, o pasaba a mirarme con ternura y deseo.

Era como pasar de follar a hacer el amor continuamente.

La besé, la bese de nuevo porque necesitaba hacerlo. Y Ana recibió mi boca con gusto alargando su lengua antes de que mis labios la tocaran. Me volvía loco esa manera de recibir mis besos. Y me encantaba penetrarla, notando como mi polla la llenaba mientras mi boca la devoraba, y se dejaba hacer con esas ansias que proporciona el placer cuando te atrapa.

Estuvimos haciendo el amor unos deliciosos y dulces minutos, el ritmo había cambiado. Ahora sus jadeos eran dulces, desgarradoramente dulces. No como los alaridos de hacía un rato. Y me enamoré de ella un poco más, dejándome llevar en aquella espiral de sensaciones.

Hasta que Ana me abrazó con fuerza, arañando mi espalda. Y se le empezó a entrecortar la respiración, y sus gemidos se volvieron más agudos.

La miré, sus gemidos se convirtieron en jadeos, en una respiración entrecortada entre grititos agudos. Se acercaba a su orgasmo.

-Ugh!! Uugh!! SSShh!!! UUgh!! Uugh!! Uugh!! SSShhh!!- Jadeaba.

Y yo empecé a sentir un calor que me envolvía, una sensación extraña que ya conocía, y que Ana provocaba. Volvió a controlarme ese fantasma. Ese animal que surge cuando Ana me lleva al límite.

Sus gemidos agudos lo llamaban, llamaban a ese cabronazo que llevo dentro. Sus jadeos me estaban poniendo tremendamente cachondo, y me nublaron el juicio, mi polla palpitaba, me dolía de lo dura que estaba, hinchándose al máximo.

De repente, quise verla explotando, me imaginé su orgasmo, sus gritos, sintiendo como su coño se estremecía con mi polla partiéndola en dos. Y la cogí por el cuello, alzándome, y empecé a acelerar, gruñendo.

-UUh!!! Oogh!! Oogh!!! Oogh!!- Soltó al sorprenderse con el cambio de ritmo, Abriendo mucho sus ojos.

Tras unas embestidas, la empujé de lado sin demasiados miramientos, haciendo que rodara, hasta que cayó del sofá. Había vuelto ese hijo de puta que llevo dentro.

Me controlaba.

Ana quedó a cuatro patas en el suelo. Y me tiré sobre ella, abrazándola desde atrás, y agarrándola de nuevo por el cuello.

Gritó y forcejeó, pero yo aproveché mi superioridad. Estaba lanzado, había dejado de tratarla con ternura. Era mía, y la iba a hacer mía.

La cogí sin contemplaciones, tiré de ella, y acabé empotrándola en el sofá, con sus rodillas en el suelo, y el pecho sobre el asiento. Aplastando su cara contra los cojines con una mano, y agarrándome la polla con la otra.

Pasé la punta entre sus nalgas, más por lo embriagado de alcohol y deseo que estaba, que por otra cosa. Y Ana me miró con la boca abierta por el deseo y los ojos alarmados creyendo que iba a encularla.

Pero no se atrevió a detenerme.

En aquellos momentos de locura, su miedo me dio mucho morbo y me la puso aún más dura. Restregué la punta de mi polla por su culito un par de veces, iba a hacerlo. Y Ana cogió aire asustada, preparándose para lo que se le venía encima.

Que morbo me daba aquello!

Se puso tensa, mirándome y arrugando sus cejas con miedo. Aunque no se resistía, era mía. Podía hacer con ella lo que quisiera. Así era, y Ana lo sabía.

Pero sabía que le dolía, me lo había dicho, aun así, la sola idea de clavársela en el culo me encendía. Y Ana me miraba como si me suplicara clemencia, pero a la vez lo deseara.

Dudé.

Empujé la punta de mi polla en el agujerito de su culo, y Ana torció su rostro abriendo mucho su boca, y volvió a ponerse tensa.

“Eres un hijo de puta!” me oí decir en mi cabeza.

Respiré, jadeé mejor dicho… Si quisiera, solo tenía que dejar caer mi peso, y mi polla se clavaría hasta el fondo en su culo.

Pero en un momento de lucidez no quise abusar.

Bajé la punta de mi polla hasta su coño y se la hundí de un golpe. Gruñendo como un energúmeno.

-OOooffff… OOoohh!!!- Soltó Ana sintiéndose llena de nuevo.

Arqueó su espalda al sentir como mi polla le entraba y la llenaba, pero le puse una mano en la cabeza y la empujé contra los cojines para evitar que se levantara, empezando a bombear profundamente y con fuerza.

Mi polla, se le hundía con mucha facilidad desde atrás, mucho más adentro ahora, sintiendo lo mojadísima que estaba. Ana gritaba de gusto como si la partiera por la mitad, y yo empecé a bombear sin miramientos.

“Plaf!”
“Plaf!”
“Plaf!”

La azoté mientras la follaba. Había enloquecido, ya no era yo el que dominaba la situación, sino ese cabronazo que aparecía cuando lo llamaba el sexo.

Ana permanecía con su cara aplastada contra el sofá bajo mi mano, sometida por mí, y gritaba o se mordía los labios con furia, mientras sus nalgas empezaban a ponerse coloradas.

Cada vez gritaba de manera más aguda, y con cada azote el gritito era más chillón, y jadeaba más desesperada. Gruñendo cuando mi polla tocaba fondo, y chillando cuando mi mano la azotaba. Parecía haber enloquecido.

Y aquellos gritos y chillidos alimentaban a la bestia que yo llevaba dentro, haciéndola salir y gozar sometiendo a Ana de manera delirante y febril, empotrándola con más furia y dándole cachetes más seguidos.

“Plaf!”

-Aah!! Oogh!! Oogh!! Ooogh! Oogh!!- Gritaba.

“Plaf!”

-Aah!! Oogh!! Oogh!! Ooogh! Oogh!!

“Plaf!”

Y me volvía loco.

Había perdido el norte. Por supuesto que quería que gozara, que se corriera. Estaba deseándolo. No hay nada que me ponga más que ver a una tía alcanzando su orgasmo, sobre todo si lo provoco yo. Pero en aquel momento, solo escuchaba mi voz interior.

“Toma zorra!”, “Toma polla!”, “disfrútala puta!”, me repetía a mí mismo.

Ni siquiera sabía porque era tan hijo de puta, pero estaba empotrándola y follándola como nunca. Sin remordimientos, ni contemplaciones. Libre.

Hasta que noté que le temblaban las piernas tanto, que sus nalgas empezaron a vibrar. Y me tiré sobre ella, agarrándola del cuello y clavando mi boca en su oído.

-Vas a correrte zorra!- Le susurré fruto del delirio pegado a su pelo.
-SSssiiigghh!!!- Gruñó desesperada como con un sollozo lleno de rabia.

Su grito sonó como si la estuvieran matando de placer. Y sentí un escalofrío.

-Hazlo!- Dije entre dientes bombeando como un loco. –Hazlo!! Córrete Zorra!! Vamos!!

Apenas sentía las paredes de su coño, solo sentía una calidez húmeda, y esa sensación me envolvía, no sabría decir que era mejor, si hundírsela, o sacársela. Era una sinfonía de sexo.

-Uugh!! ÑÑññggghhh!!!- Gruñía frotándose contra el sofá por la brutalidad de mis embestidas.

Estaba fuera de mí. Mi autocontrol se había esfumado con el alcohol y lo borracho que estaba de ella, de sus flujos y su embriagador coño.

Cuánto daño hizo aquella botella de vino joder!

Sin ningún tipo de control, y fruto de aquel delirante polvo, me había acercado de manera acelerada a ese punto en el que sabes que si continuas, no habría vuelta atrás. Pero Ana estaba a punto de correrse, y no podía parar, no quería hacerlo. Quería verla estallar.

Vi cómo empezó a estrujar sus manos intentando agarrar los cojines del sofá, Yo metí una mano bajo ella, buscando su clítoris, quería que explotara y quería sentirlo ya. Necesitaba que se corriera porque se me acababa el tiempo.

Lo encontré, no me costó mucho porque estaba hinchado, y en cuanto tiré de sus labios para acariciarlo, lo noté duro, escurriéndose resbaladizo entre mis dedos cuando empecé a frotárselo frenéticamente.

Ana no aguantó más, cerró sus puños y gruñó.

-UUuuuggggghhhh!!! OOOOOooooogghhh!!!!- Gritó explotando.

Y yo me sentí orgulloso, sintiendo como su coño palpitaba y se estremecía y sus caderas empezaron a bailar incontroladas ofreciéndome una vibración que me daba un placer difícil de controlar.

Y libre. Libre porque hacía rato que me retenía, que notaba que iba a explotar pero no podía hacerlo porque quería que ella llegara.

Pero había pasado el umbral, ese punto de no retorno en el que la cordura desaparece. Estaba demasiado embriagado para saber lo que hacía. No podía parar. La idea de correrme dentro de ella me resultó de repente tan atractiva y llena de morbo que me dejé llevar.

Y sentir su coño, estremeciéndose todavía por su orgasmo, no ayudaba a no cometer aquella locura.

“A la mierda!” pensé.

“Te voy a llenar zorra!”, me dije.

Una parte de mí me gritaba alarmada, repitiendo “Que estás haciendo??”

Pero cada embestida me volvía loco, y cada vez que notaba el roce de su coño, caliente y mojado, temblando y envolviendo mi polla, incrementaba ese deseo y me hacía imposible parar.

“No lo hagas! Una embestida más y para!”, me decía una vocecilla apagada en mi cabeza.

Y se la hundía de nuevo en su cálido coño, ignorándome.

“Joder!! No puedo parar!! No ahora!! Voy a dejarte llena de leche!!”, Me gruñía otra voz, mientras la embestía agarrado a sus caderas.

-Ooommh!!- Gemí bombeando haciendo caso omiso de todas mis alarmas.

“No pares! No se te ocurra parar, esta guarra se merece una buena corrida!!”. Me escuché desde lo más profundo animándome.

-GRrrrrrhhh!!!- Gruñí como una bestia bombeando.

“Que haces!! Contrólate!! No puedes hacerlo!!”, Me dijo otra vocecilla entrando en pánico casi en el límite.

Pero yo ya no era yo, era una máquina de follar, un ser adicto al placer.

Y cada vez que la penetraba, cada vez que mi polla se hundía hasta el fondo, la idea de llenarla, de correrme dentro de su coño, me parecía más deliciosa y alucinante.

“Aquí esta! Voy a llenarte! Es lo que querías!!” Me decía mi mente mientras resoplaba entre dientes.

Lo necesitaba.

Mi polla se hinchaba con esa idea, mi cuerpo me lo pedía.

“Para! Para!! PARAA!!” Escuché gritar dentro de mí.

-Grrrrhh!!- Gruñí como un animal salvaje detrás de ella acelerando.

No podía parar!

Aceleré enloquecido mientras Ana gritaba descontrolada sintiendo aún su orgasmo. Temblando por mis embestidas, que le provocaban grititos agudos.

Me agarré a sus caderas con fuerza, llegando a clavarle mis dedos.

“Ya! Ya! Ya! Yaaaññh!!! No! No, no, no! No! Ooogghh!!”, grité en mi cabeza.

Y exploté.

-OOoooOOOGGH!!!!!- Solté clavándosela hasta el fondo.

Sentí palpitar mi polla en su interior, descargando, y llenando su coño de una calidez indescriptible. Era increíble notar su coño alrededor de mi polla mientras descargaba, tan caliente, y con mi polla tan adentro. Hacía tanto que no me corría dentro de una chica que me estremecí de placer, apenas podía moverme, solo sentir como palpitaba mi polla descargando dentro de ella, y ofreciéndome un placer incontrolable mientras mi polla palpitaba soltando chorros clavada hasta el fondo.

-Uuufff…. Sssshhh…- Jadeé entregándome.

Sentí como el coño de Ana aun palpitaba, y me envolvía dando la sensación de que succionaba mi polla. Me quedé sin aliento, empecé a temblar agarrado a sus caderas, y no tuve más remedio que tumbarme sobre ella, sintiendo aún como mi polla con cada espasmo se hinchaba y descargaba un nuevo chorro dentro de ella. Llenándola.

Ana me miró con los ojos muy abiertos, y al notar lo que pasaba, alargó una de sus manos e inclinó su cabeza para besarme de manera muy húmeda, con mucha lengua, como si me quisiera agradecer aquello con ternura y besos.

Y que beso.

Sus labios temblaban jadeándome en la boca entre nuestros labios, junto con su cuerpo debajo de mí, mientras su lengua llenaba mi boca y yo la chupaba. Que delicia, que bien sabía su boca cuando aún sentía la caída libre de mi orgasmo.

Y cada ligero movimiento que hacía su coño envolviendo mi polla, me provocaba un nuevo espasmo, llenándome de sensaciones eléctricas como si me estuvieran electrocutando de placer.

Ana me miraba de reojo, y yo no tenía ni fuerzas para moverme, ni apartarme. Fue un polvo tan intenso que mi polla empezó a deshincharse cuando acabó su función. Aun dentro de Ana, noté como perdía fuerzas, tan agotada como yo.

Aquel polvo. Ana, me había proporcionado un orgasmo increíble. Jamás imaginé correrme dentro de ella a pelo. Había sido muy intenso. O quizás todo lo había provocado la borrachera que llevábamos. No lo sé.

Me costó un mundo moverme, apenas tenía fuerzas para apartarme de encima de ella y dejar de aplastarla. Se la saqué despacio, notándola aun algo endurecida pero sin la firmeza de hacía unos segundos. Y sonó un ruidito viscoso acompañado de una sensación mojada entre mis piernas.

Me incorporé como pude, sin levantarme del suelo, arrodillado como estaba tras ella, estaba derrotado. El mundo se me venía encima.

Ana se giró como pudo, también parecía exhausta. Me vio sudando, jadeando, sin aliento, y sin fuerzas para levantarme. Se dejó caer deslizándose por los cojines hasta que se sentó frente a mí, abrazándome.

-Ha sido alucinante…- Susurró buscando mi boca.

Me besó, y me dejé besar. Pero en esos momentos Ana me sobraba. No quería romper la magia de aquel momento, pero estaba sufriendo un sofoco, ardiendo. Y me faltaba el aire, mareándome. Todo me daba vueltas.

Ella me miraba sonriendo satisfecha, feliz y juguetona, acariciándome la cabeza y besándome, dándome pequeños piquitos muy húmedos.

-Ne… Necesito sentarme…- Susurré. –O mejor tumbarme…

Ana sonrió con cariño, me pasó la mano por el pelo como si me quisiera peinar hacía atrás, y me dio otro piquito.

-Voy a limpiarme…- Susurró jadeando también.

También respiraba como si hubiera corrido mil kilómetros, pero su sonrisa lo iluminaba todo. Estaba preciosa recién follada, con el rímel corrido en forma de lágrimas por sus mejillas dejando unos surcos negros, y la cara sonrojada. Miles de perlitas de sudor bañaban su piel por todas partes, y los labios hinchados y brillantes llenos de restos de saliva.

Se levantó como pudo, mientras yo hacía un esfuerzo titánico para alzarme y tirarme en el sofá.

Y aunque me sabía mal, agradecí que se fuera. No la hubiera soportado sobre mí. No con aquel calor repentino.

-Uy! Jajaja!!- Soltó al dar un traspié tropezándose con algo de camino al baño.

Aquel quejido llamó mi atención y la miré, la vi agarrada a una de las sillas, riendo. Había pisado su propio vestido, mareada como estaba, iba dando tumbos. Y me fijé que por sus muslos corrían unos goterones largos y blancos, resbalando en busca del suelo. Era mi corrida, que salía de su coño. Y sonreí.

Sonreí satisfecho, lleno de orgullo, pero recuerdo que no me dio morbo, ni siquiera me excité. No podía, ya no. Había sobrepasado mi límite.

Me fijé que Ana tenía el culo colorado. Sonreí de nuevo mientras la habitación se me venía encima, el orgasmo había sido tan intenso que me había quedado algo sordo. Y en cuanto Ana desapareció tras la puerta del baño empezaron a venirme los remordimientos.

“Joder! Porque me había corrido dentro de ella!”

Me llevé las manos a la cara, frotándomela para espabilarme y encontrar un hilo de realidad en aquel sueño.

Todo me daba vueltas.

Mi cabeza aceleraba, me bombardeaba con miles de pensamientos a la vez y una extraña sensación de nervios y mal rollo se apoderaban de mí de repente.

“Joder y si te ha mentido?”
“Toma la píldora”
“Te fias?”
“Y si todo esto estaba preparado?”
“has caído como un imbécil!”
“Ana, el jefe, tú…”
“te ha cazado…”
“Gilipollas!”
“qué coño hago ahora!”
“Serás imbécil…”
“Soy imbécil!”
“Que cojones he hecho!”
“Idiota!”
“Idiota!”
“Idiota!”
“Idiota!”
…
…

Y me entró el pánico.

“Y ahora qué?? Que hago??”

Me volví a pasar la mano por la cara, intentando convencerme de que aquello era normal, de que no pasaría nada.

“Que podría pasar??”

Y volví a entrar en esa espiral de pánico.

“Y si te ha mentido?”
“Y si la has dejado embarazada?”
“Joder! Joder! Joder!!
“Pero que has hecho!!”
“por un puto polvo!!”
“Jodeeeeer!!”

Y entonces, sonó la puerta del baño, y antes de darme cuenta, Ana se estaba deslizando sobre mí, tumbándose en el sofá conmigo, e interrumpiendo todos aquellos pensamientos, mientras desaparecía el mal rollo.

Me volvió a besar, y sentí alivio, sus besos me atrapaban en aquel sueño húmedo, haciendo que me olvidara de todo.

“A quien cojones le importaba la realidad! Que mierda importaba el resto!!”
“A la mierda todo!!”
“lo volvería a hacer”
“Lo volvería a hacer, y me la follaría mil veces”

Dejó de besarme y se recostó sobre mí, con su cara apoyada en mi pecho.

-No quiero que acabe este finde…- Soltó sorprendiéndome su voz mimosa en el silencio.

Sonreí.

-Siempre habrá otro finde…- Dije.

Ana sonrió y empezó a jugar con sus deditos en mi hombro.

-Y luego otro, y otro, y otro…- Continué bromeando.

Ana levantó su cara y me miró iluminada.

-En serio quieres seguir con esto?- Preguntó.

Se me pusieron los pelos de punta, no solo por la pregunta, sino por la manera que tenía de mirarme.

“En serio quería seguir con esto??” Me pregunté en silencio a mí mismo.

Sonreí buscando una respuesta.

-Por qué no?- solté al final. –Los dos nos lo pasamos bien, y no hacemos nada malo! No?

Ana suspiró sonriendo. Y yo sentí tranquilidad, era verdad. Yo quería seguir con lo que fuera que tuviéramos. No lo quería perder por nada del mundo.

Volvió a recostar su cabeza en mi pecho, y se quedó un rato acariciándome. Jugando con sus deditos sobre mi piel. Era muy agradable tenerla así, mimosa sobre mí. Y la verdad es que no me apetecía nada más en ese momento.

De repente, miró mi muñeca, extrañada.

-Que te ha pasado aquí?- Preguntó acariciándome suavemente con los dedos una herida que se veía en mi brazo.

Era un pequeño moratón con rasguños que formaban un pequeño círculo mal hecho.

Sonreí.

-Alguien me mordió el otro día.- Solté despacio.

Ana se alzó y me miró asombrada.

-Te lo he hecho yo??- Soltó sin creérselo.
-No… Una chica con la que he estado follando todo el fin de semana…- Empecé a explicar bromeando y sonriendo. –No veas como grita la muy zorra… Uff!
-No… en serio… te lo he hecho yo??- insistió ignorando mi broma.
-…Te lo puedes creer?? Es una autentica fiera…- Continué con la broma.
-Oscar… en serio…- Insistió.
-…Y como la chupa… Ufff…- Resoplé.

Me dio un manotazo cariñoso en el pecho.

-…Y muerde y todo!- Insistí. –Y me pega!
-Que idiota eres!- Soltó riendo.
-Te he dicho que esa chica hace unas mamadas alucinantes??- Dije continuando con la broma.

Y los dos sonreímos y nos volvimos a quedar en silencio. Mientras Ana seguía mirando alucinada a mi muñeca, acariciándola con mucho cuidado. Miraba mi herida como si no se creyera que me pudiera haber hecho tanto daño.

-Lo siento! No recuerdo ni cuando…- Empezó a decir.
-No pasa nada Ana, ni siquiera me duele!- Mentí.

Me dolía horrores, cada vez que giraba mi mano. Era una herida de guerra que me hacía sonreír cada vez que sentía una punzada, porque recordaba perfectamente cuando me había mordido. Y precisamente ese recuerdo, hacía que me gustara que me doliera. Es extraño, lo sé, pero a veces las cosas son así.

Ana me miraba aun asombrada y avergonzada.

-Además…-Continué. –Así cada vez que lo mire me acordaré de este finde… y de cómo gritabas… y mordías!! Jajaja!
-Que gilipollas eres.- Soltó sonriendo.
-No, en serio…- Le dije cambiando de tono de golpe, a un tono mucho más serio. –Pienso llevarte a ese límite todas las veces que pueda…

Ana me miró en silencio, y se mordió los labios. Su mirada me lo dijo todo, extraña y cargada de deseo.

Nos quedamos en silencio unos minutos, Ana mirando mi herida, y yo mirando al techo.

-Esto es como cuando tenía mi gata…- Empecé a contarle, bromeando de nuevo. –Y jugaba con ella. Acababa lleno de arañazos y algún mordisco. Solo que ahora la gata es mucho más grande… Y peligrosa…

Ana abrió su boca sorprendida, haciéndose la ofendida, pero sabiendo que era todo una broma.

-…Y no veas como muerde cuando se la metes por el culo!- Solté para ver como reaccionaba.
-Eres…!- Soltó haciéndose la indignada.

Y empezó a soltarme manotazos tontos haciendo pucheros.

Bromeamos un rato más, y estuvimos haciéndonos arrumacos y carantoñas con algún que otro beso. Seguíamos afectados por el vino de la comida. Pero ahora en lugar de estar mareados, nos chafó y nos produjo un tremendo sueño difícil de soportar. Así que no recuerdo en que momento caímos dormidos, Abrazados el uno sobre el otro en el sofá.

Continuará…

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