QUISPIAM

Capítulo 8: La recaída

La marcha de Sandra me dejó destrozado y sin ganas de nada ni de nadie. La había jodido y bien, dejándome llevar por mis impulsos basándome en lo que había sentido en el sueño, como si todo lo que allí sucedía tuviera que responder a la realidad y no a una mera fantasía.

La enfermera que me trajo la comida la recogió algunas horas después intacta, no tenía apetito ni ganas de nada. Allí tumbado, con los ojos cerrados, solo pensaba en porque había tenido que despertar después de aquel accidente, cuando lo único que me esperaba a mi regreso eran mentiras, engaños y dolor, mucho dolor.

Todo lo soñado no me invitaba a confiar en Sonia ni en Marta pues ya sabía a ciencia cierta que no podía hacerlo y los demás, ni me habían dado pie a intentarlo. La única, Sandra y la había perdido por no saber controlar mis impulsos y menos aún mis deseos.

Era tarde cuando se abrió la puerta de la habitación y escuché entrar a alguien, que se acercó a la cama y tocó mi mano. No sabía quién era ni falta que me hacía. No era Sandra así que no reprimí lo que me pedía mi mente y, de forma automática, aparté la mano alejándola de la suya. Por su suspiro de frustración adiviné quién era.

-David… -me llamó Sonia. No tenía ningunas ganas de hablar con ella y, menos, después de lo visto en el sueño y lo sucedido con Sandra, más lo segundo que lo primero.

Inmóvil sobre la cama, con los ojos cerrados e ignorando su presencia en la habitación, ella creyó que dormía y que lo sucedido había sido un gesto reflejo de mi cuerpo. Algo más aliviada, se sentó en la butaca a la espera que me despertara cuando en realidad yo no tenía ninguna intención de hacerlo…

-Hola –dijo Marta entrando en la habitación con su habitual desparpajo- ¿cómo va nuestro David?

-Está dormido –contestó Sonia en voz baja y acercándose a ella- ¿ha habido alguna novedad?

-Creo que no, más bien todo lo contrario –le comentó su amiga- por eso he venido lo antes posible… me ha dicho la enfermera que hoy no ha comido nada y lleva casi todo el día así…

-Joder… -noté la voz de Sonia sinceramente preocupada- pues parecía que iba todo bien… pensaba que pronto lo iban a mandar para casa…

-Y yo… -dijo Marta- pero no sé lo que le habrá pasado para dar ese paso atrás… ¿habrá recordado algo?

-Otra vez con lo mismo –dijo mi novia con hastío, bajando aún más el tono de su voz pero no lo suficiente como para que no la pudiera escuchar desde mi posición.

-Tú dirás lo que quieras pero David no debía estar donde se produjo el accidente –replicó  Marta.

-Hay muchas explicaciones para eso… -argumentó Sonia- quizás salió a primera hora de la mañana para llegar pronto y ver a su novia antes que se fuera a trabajar… sabes que él es así, un romántico empedernido…

-¿Y cómo explicas la falta de marcas de frenado? –siguió preguntando Marta.

-Se debió quedar dormido… es lo que ponía el informe del atestado que redactaron los agentes que acudieron al lugar –le recordó Sonia- y aunque no lo hubiera hecho, de poco le habría servido… recuerda la tormenta que había esa noche… por la mañana aun llovía bastante y el asfalto estaba muy mojado…

-No sé… a mí todo esto me huele muy raro –le dijo Marta- y creo que te equivocas al traer a Fran aquí… ¿no te das cuenta que tienes una oportunidad para comenzar de cero?

-Ha sido él el que lo ha recordado no yo… -dijo Sonia con desgana- ¿Crees que me ha hecho mucha gracia pedirle que venga? Pero se lo debo a David, haré lo que sea para que se recupere y vuelva a casa conmigo… lo necesito a mi lado…

-Tú sabrás lo que te haces… -sentenció su amiga- pero creo que estás jugando con fuego y te acabarás quemando…

Allí tumbado escuché como se abría la puerta de la habitación y el silencio volvió a reinar en su interior. Supuse que ambas debían haber salido al pasillo y me habían dejado solo, aun atónito por lo que acababa de escuchar.

¿Insinuaba Marta que mi accidente no había sido fortuito sino más bien un intento de suicidio? Un estremecimiento y un sudor frío recorrieron mi cuerpo. ¿Por qué haría yo algo así? ¿Qué se suponía que debía haber ocurrido para que yo tomara una decisión así? ¿Y por qué ambas parecían reacias, como lo había sido en su día Miriam, a meter a Fran en toda aquella historia?

No tuve mucho tiempo para disfrutar de mi momentánea tranquilidad, para seguir dándole vueltas a todo lo que de una forma u otra iba descubriendo ya que la puerta volvió a abrirse y alguien entró, yéndose a sentar en la butaca que había al lado de la cama. Supuse que debería ser Sonia por lo que continué haciéndome el dormido.

No sé en qué momento me quedé dormido de verdad, por suerte esta vez sin soñar nada. Cuando me desperté no sabía cuánto tiempo había transcurrido pero sí que estaba solo de nuevo, Sonia se debía de haber marchado cansada de esperar que me despertara.

Mejor así puesto que no tenía ningunas ganas de hablar con ella después de lo ocurrido, aun sin saber si era real o no. Hasta que no tuviera una mejor idea de lo que había ocurrido en mi pasado no podía encarar a mi novia ya que siempre se escudaría en mi pérdida de memoria y trataría, al igual que ya había intentado Marta, de manipularme para hacerme creer que lo que veía no era cierto y solo respondía a un desvarío de mi mente.

De nuevo la puerta interrumpió el curso de mis pensamientos y los pasos de alguien que entraba me hicieron sospechar de quien podía ser.

-¿David? –Preguntó la voz de Marta- ¿Estás despierto?

Dejó la bandeja con la cena en la mesita y se acercó a la cama, donde me tocó levemente tratando de despertarme pero conseguí disimular lo bastante bien como para que pensara que aún seguía dormido.

Estuvo un rato trasteando por la  habitación, revisando mis vendajes y vete tú a saber qué más ya que tenía los ojos cerrados. Solo esperaba que se fuera de una puñetera vez y me dejara tranquilo, solo quería sumirme en mis pensamientos y que nadie me molestara. Pero claro está, era Marta y eso no iba a pasar.

-¿David? –Volvió a la carga ella- despierta ya… no puedes continuar así, tienes que comer algo y bueno… necesito hablar contigo…

Pero sus palabras cayeron en saco roto, no recibiendo respuesta alguna.

-Mierda –dijo ella ofuscada- ¿Y ahora qué cojones hago?

Parecía contrariada. Había algo que la preocupaba y encontrarme en ese estado parecía haber alterado lo que traía en mente.

-David, David… -dijo agitándome ahora con mayor vigor- despierta ya…

-¿Qué haces? –Le espetó Sonia entrando por la puerta y salvándome in extremis de ser descubierto- ¿Estás loca o qué? Déjalo en paz… no ves que está dormido…

-No es normal que lleve tanto tiempo durmiendo –se excusó ella- además, no ha comido nada en todo el día, al menos desde el desayuno… y bueno, también quería hablar con él de algo importante…

-¿Tan importante como para zarandearlo así? –Dijo Sonia enfadada- ya he hablado con el doctor y me ha dicho que es normal que, en casos así, se produzcan esos largos tiempos de sueño, esa lasitud… piensa por todo lo que está pasando el pobre… debe ser agotador para él tanto física como, sobre todo, mentalmente…

-Pues yo no creo que sea nada normal –contestó ella- es mucha casualidad después de lo que ha pasado con Sandra…

Al oír su nombre casi di un respingo que echa por tierra todos mis esfuerzos de simular estar dormido pero, por fortuna, ninguna de las dos se percató de ello.

-¿Sandra? –Preguntó Sonia curiosa- ¿Qué pasa con ella?

-Ha solicitado que pasen el caso de David a otro doctor –informó Marta- y quiero saber qué ha pasado, cuando ella estaba tan interesada en el caso…

-¿Cómo? –Dijo Sonia sorprendida por la noticia- pues nadie me ha dicho nada…

-Aún no han asignado el caso –dijo Marta- por lo que sé, están tratando de convencerla para que continúe con él pero parece ser que su decisión es firme e irrevocable… por eso quería hablar con David… necesito saber qué ha ocurrido esta mañana en la sesión que han tenido de terapia para provocar su renuncia…

-Joder… -dijo Sonia dejándose caer sobre la butaca- con lo bien que iba todo…

-Seguro que ha recordado algo… -aseveró Marta- te dije que esto podía pasar, que era muy raro lo del accidente, cómo y dónde había sido… y tú no me hiciste caso y fuiste hablándole lo de vuestros juegos y de Fran…

-¿Y qué querías que hiciera? ¿Mentirle como tú? –Le dijo con desdén y hastío Sonia- mira que decirle que estaba liado con Miriam… aún no me puedo creer que fueras capaz de decirle eso… y eso no explica porque ha renunciado Sandra…

-Mira, lo de Miriam ya sabes por qué lo hice y ella estaba de acuerdo con ello… es más, me animó a hacerlo…-empezó a decir Marta- y sí explica lo de Sandra… ¿y si David ha empezado a recordar cosas y lo que le ha contado a Sandra no tiene nada que ver con lo que le has contado tú? Ella no puede trabajar en condiciones si una de las partes le miente deliberadamente…

Sonia calló, meditando sobre las palabras de su amiga, sopesando su razonamiento.

Yo casi ni respiraba tratando de no perder detalle de aquella conversación tan reveladora. Se confirmaba que Marta era una embustera, que me había mentido descaradamente con lo de Miriam aunque desconocía el motivo… Y Sonia, por lo visto, también le había mentido a Sandra, explicándole vete tú a saber qué de mi pasado… aunque en algo estaban totalmente equivocadas… nada de todo aquello tenía nada que ver con la renuncia de Sandra, cuyos motivos solo conocíamos ella y yo.

-¿Y qué hacemos? –preguntó una abatida Sonia. Se notaba que toda aquella situación la estaba superando.

-De momento nada –le dijo Marta- déjame primero que averigüe qué puñetas ha pasado y entonces decidiremos pero, te pido por favor, que dejes de contarle cosas a David… por lo que pueda ser…

-¿Y con Fran? –dijo Sonia recordando que había hablado con él para que viniera a verme.

-Haz lo que quieras con él, eso ahora no importa –le explicó Marta- ayer le enseñé una foto suya ante su insistencia por saber qué cara tenía… así que ahora ya da igual si viene o no…

-Vale… entonces casi mejor le digo que no venga… -le contestó Sonia- cuanto más lejos esté de mí, mejor…

-¿Acaso te arrepientes de lo que pasó esa noche? –le dijo con sarcasmo e ironía Marta.

-Sabes que sí –le confesó con amargura mi novia- perdí los papeles y nunca debió pasar lo que pasó…

-Y yo voy y me lo creo jajaja –rió Marta.

-Ríete lo que quieras pero es así –afirmó Sonia con profunda tristeza- por nada del mundo quiero poner en peligro lo que tengo con David…

Se hizo un silencio que ninguna de las dos interrumpió y yo solo podía pensar en qué debía haber pasado ese día, si sería lo que había visto en mi sueño o, quizás, algo mucho peor.

-Bueno, será mejor que me vaya… -dijo Marta- está claro que de aquí no voy a sacar nada hoy…

-Sí, yo también me voy que mañana trabajo –dijo a su vez Sonia que se acercó a mí, supuse que con la intención de darme un beso en la mejilla, pero con un ligero movimiento de cabeza conseguí evitar que lo hiciera para frustración suya.

Los pasos se alejaron y la puerta se cerró. De nuevo solo, muy solo. Y esta vez, casi de forma definitiva. Marta me había manipulado, Sonia había engañado a Sandra evidenciando que le importaba más protegerse de vete tú a saber qué que de mi salud y Sandra… pues había renunciado a seguir con mi terapia como había amenazado.

Y con esos pensamientos funestos pululando por mi cabeza caí en un profundo sueño…

Otra vez el salón de mi casa. Otra vez la maldita tormenta. Y cómo no, otra vez el maldito Fran. Lo vi cómo se ponía el slip y enfilaba el pasillo en busca de las habitaciones, en concreto la que ocupaba Sonia con el fin de cumplir su intento de hacerla suya, tal como le había dicho a Marta en el anterior sueño.

En el sofá alguien se movía, Marta supuse, y me acerqué hasta comprobar que así era. Estaba de espaldas, desnuda y tratando de dormir. Igual que la había visto en el primer sueño o fragmento de memoria recuperada. Casi estaba seguro que más lo segundo que lo primero.

Miré al interior del pasillo y Fran ya no estaba, debía haber entrado en el dormitorio y empezado su asedio contra mi novia. Dudé qué hacer pero no mucho, tampoco tuve mucha opción. La puerta del despacho se abrió y apareció Sandra para mi estupefacción, dejándome sorprendido y desconcertado ya que, después de lo ocurrido, no pensaba que volviera a aparecer en mis sueños.

Pero allí estaba, sonriéndome de forma amable, tierna, cariñosa… y sin su bata. Su blusa parecía más abierta que otras veces y su falda más corta que nunca. Volvió a mover aquel mechón de pelo rebelde, que siempre le caía sobre su rostro, de forma coqueta y sugerente y, con un gesto de su mano, me invitó a ir a su encuentro. Lo hice sin dudar, confiado, esperanzado, totalmente entregado a ella.

-Tenemos que avanzar –me dijo con una sonrisa mientras me cogía de la mano y me guiaba hasta la puerta del dormitorio donde estaban Fran y Sonia.

La puerta no estaba cerrada del todo, suficiente como para poder escuchar lo que sucedía dentro y, estratégicamente situado, ver parte de lo que ocurría en su interior.

-¿No puedes irte a dormir a otro lugar? –le preguntó Sonia.

-La otra cama está ocupada por ya sabes quién y haciendo ya sabes qué… -le dijo Fran con tranquilidad, como si fuera lo más normal del mundo pretender compartir cama con la parejas de otro- y el sofá está ocupado por Marta… ahí no cabemos los dos…

-Pues para follar bien qué cabíais los dos… -le dijo con sarcasmo mi novia- también puedes irte al despacho donde hay otro sofá…

-Prefiero hacerlo aquí… contigo… -le dijo Fran con voz melosa- no voy a hacer nada que tú no quieras…

-Pues entonces solo dormirás jajaja –dijo ella riendo- y lo digo en serio, las manos quietas que nos conocemos…

Desde mi posición pude ver como Fran se metía en nuestra cama, mi cama, con mi novia. ¿Tan inocente era ella que pensaba que él iba a cumplir su palabra y solo dormir junto a una Sonia medio desnuda?

-¿Te ha molestado que me follara a Marta? –le dijo una vez acostado, aun a cierta distancia de mi novia y boca arriba- sabes que podías haber sido tú la afortunada…

-¿Por qué iba a molestarme? –Le contestó Sonia también tumbada boca arriba- sois los dos solteros y libres de hacer lo que queráis… y sabes muy bien que entre nosotros eso no va a pasar, te lo he dicho muchas veces y creía que ya estaba claro…

-¿Otra vez el dichoso juego y sus estúpidas normas? –Dijo con desdén Fran- no entiendo porque te reprimes así… una sola palabra tuya y todo esto sería para ti…

Pude ver cómo, cuando decía esto, se tocaba su enorme paquete que de nuevo parecía abultado. Y como Sonia no podía evitar lanzar una fugaz mirada a su entrepierna.

-Sabes que no puedo ni debo–dijo Sonia. De nuevo no puedo… no que no quería.

-Algún día me cansaré que juegues conmigo de esta manera –le amenazó él- siempre provocándome, siempre calentándome, siempre incitándome, siempre dejándome con el calentón…

-Te avisé cómo funcionaba esto… y no recuerdo que te quejaras cada vez que me has metido mano delante de David o a sus espaldas… -le recordó Sonia.

-Y no me quejo –le replicó él- pero no te entiendo a ti… ¿por qué te niegas lo que tanto deseas?

-Ya lo sabes… por David… -volvió a decirle Sonia.

-Joder… a la mierda con David –dijo él frustrado- si yo tuviera una novia como tú no dejaría que nadie te pusiera la mano encima… te estaría follando todo el día hasta reventarte…

-Eso decís todos y luego, a la hora de la verdad, prefieres follarte a otra… -le recriminó Sonia.

-¿Lo dices por Marta? –Le dijo Fran- sabes perfectamente que ella es un segundo plato… el plato que quiero comerme eres tú… pero no me lo pones nada fácil… ¿qué querías que hiciera después de haberme dejado como me has dejado?

-No tenía que haberte permitido tocarme las tetas… -dijo molesta Sonia- he vuelto a perder los papeles y el control, no ha estado bien…

-Pues a mí me ha encantado –dijo sonriendo él y poniéndose de lado, mirando a mi novia- no como en el hotel el otro fin de semana, que solo me dejaste mirarlas…

Vaya, así que eso era. Sandra me había dicho que dos fines de semana antes del accidente Sonia había estado fuera trabajando y, por lo visto, Fran también había estado allí con ella y, por lo escuchado, habían compartido algo más que horas de trabajo…

Un apretón fuerte de mano por parte de Sandra consiguió apaciguarme algo y le devolví la mirada agradeciéndole el gesto. Ella me miraba con semblante tranquilo y yo me quedé embelesado contemplando su belleza… dios, ¡qué guapa era!

-Aquello tampoco debió haber pasado –se recriminó Sonia.

-Claro… -dijo él alargando su mano y posándola sobre el vientre desnudo de Sonia- pero bien que lo disfrutaste y me lo hiciste disfrutar a mí…

-Las manos quietas… -le dijo ella pero sin llegar a apartarla.

-Me encanta el tacto de tu piel, cielo – dijo él- no me cansaré nunca de tocarte y acariciarte…

-Te he dicho muchas veces que no me llames así –dijo ahora sí apartando su mano.

-Ya estamos otra vez… -dijo él alejándose levemente- seguro que al otro sí le dejas decirte este tipo de cosas como le dejaste hacer lo que a mí no me dejas…

¿De qué coño estaba hablando? ¿Qué otro tipo? ¿Qué había hecho ese tío que a Fran no le había permitido? Viendo mi nerviosismo, Sandra se acercó aún más a mí, abrazándome por detrás, sintiendo sus turgentes pechos pegados a mi espalda y sus manos rodeando mi vientre, a escasos centímetros de mi creciente erección, sintiendo su aliento junto a mi cara. Mi nerviosismo aumentó pero ahora por otros motivos….

-¿Otra vez con eso? –dijo ella ahora sí enfadada y levantándose de la cama- que te quede claro que entre tú y yo no hay nada ni lo habrá y, lo que haya pasado o no con otras personas, es solo de mi incumbencia…

-Ah ¿y de David no? –Dijo él con retintín- ¿entonces el cornudo no sabe nada de lo tuyo con ese?

-No se te ocurra volver a llamarlo así, ¿entendido? –dijo Sonia alterada- y no, no sabe nada y más vale que continúe siendo así, ¿te enteras?

-Por mí no lo sabrá –dijo él de forma irónica, medio recostado sobre la cama- como tampoco si quisieras disfrutar de nuevo con ésta…

De nuevo su mano en la entrepierna, tocándose su erección que ya era más que evidente y que no pasó desapercibida a Sonia que se recreó unos instantes mirándola.

-Está claro que aquí no voy a poder dormir –dijo Sonia dirigiéndose a la puerta.

Yo me asusté, pensando en que nos iba a descubrir pero, entre el abrazo más intenso de Sandra y Fran, que se levantó rápidamente de la cama deteniendo su avance, la cosa no fue a mayores.

-No te vayas, Sonia –le dijo él arrepentido de sus palabras- te prometo que me portaré bien y te dejaré dormir… perdóname, es que es superior a mí… no comprendo como dejaste que ese te follara y a mí no…

Esas palabras se clavaron como un puñal en mi corazón y, si no fuera porque Sandra me cogía, estoy seguro que me habría derrumbado al suelo ya que mis piernas dejaron de sostenerme. Las lágrimas empezaron a recorrer mis mejillas mientras Sandra me apartaba de la puerta, de nuevo al despacho. Dentro de la habitación, Sonia convencida por las palabras de Fran, volvía a meterse en la cama con él…

-No sabes si es real –dijo metiéndome en el despacho y cerrando la puerta tras ella- quizás sea todo una fantasía como yo lo estoy siendo por muy real que te parezca…

Sí. Quizás todo fuera una fantasía, algo totalmente irreal pero ya empezaban a ser demasiadas coincidencias, demasiados engaños, demasiadas cosas como para pasarlas por alto. El enfado empezó a crecer en mí, la ira a ganar terreno y Sandra la que tenía delante para hacérselo pagar.

De un empujón, la arrinconé contra la pared del despacho y me arrojé sobre sus labios, besándola con furia mientras mis manos volaban por su cuerpo tocando todo lo que podía: sus pechos, su culo, sus muslos… hasta que conseguí llegar a su entrepierna que encontré húmeda y caliente.

-Te gusta esto eh zorra… -le dije apretando sus labios carnosos y notando como engullían mis dedos y la tela de la braguita.

-No sabes el tiempo que llevaba esperando esto, cabrón… -me dijo con lascivia, interrumpiendo el morreo que desde el primer momento había correspondido- fóllame, David… fóllame de un maldita vez…

Mi mano agarró la tela de la braguita y de un tirón la arrancó, acercando los restos de la prenda a mi nariz donde disfruté del intenso olor de su coño, siendo observado por ella que parecía gustarle y mucho, disfrutando del efecto que aquello causaba en mí, ya que su mano hacía un rato estaba tocando la empalmada que había crecido bajo el pantalón.

Fue ella la que me desnudó de cintura para abajo, la que subió su pierna hasta mi cintura y la que, cogiendo mi erecta polla, la posó contra la entrada de su sexo.

-Métemela, por dios… -me suplicó- métemela de una puta vez….

Un solo empujón y mi polla la taladró sin compasión, arrancándole un hondo gemido mitad placer mitad dolor por la intensa y dura penetración. Allí, con su espalda apoyada contra la pared y su pierna enroscada a mi cintura, Sandra empezó a gemir como una loca con cada embestida mía.

Mis manos abrieron su blusa también de un tirón y sus tetas, aun cubiertas por un sujetador idéntico al del otro día, recibieron mis labios que besaron sus generosas carnes por encima de la prenda hasta que, harto de ella, bajé de un tirón haciéndolas sobresalir.

Mi boca se llenó con sus pechos que fueron lamidos, chupados y besados, sus pezones corrieron igual suerte después y Sandra no daba abasto a tanto placer como estaba recibiendo. Sus manos apretaban mi rostro contra sus pechos, buscando profundizar aún más la intensa comida de tetas que le estaba dando, mientras mi pelvis se movía de forma frenética penetrándola de forma salvaje, sin compasión, desatando toda mi contenida furia contra ella mientras en cada respiro de mis labios solo salían “toma puta” “toma zorra”

No duré mucho más. El polvo estaba siendo tan brutal, el coño de Sandra tan apretado, sus gemidos tan morbosos y excitantes, que empecé a correrme dentro de ella, llenándola con mi leche y provocándole un intensísimo orgasmo, se corrió de tal manera que quedó media desmadejada en mis brazos que apenas podían sostenerla.

Al final caímos los dos al suelo, abrazados y medio desnudos, con una cara de cansancio y de satisfacción a partes iguales. Me levanté y la dejé allí, recostada sobre la pared, viendo como la mezcla de nuestros fluidos resbalaban de su coñito abierto por mí, embadurnando sus muslos y el suelo.

Me senté en el sofá donde me recosté y cerré los ojos… solo un ratito me dije cansado como estaba por todo lo sucedido… una cabezadita…

-¡No! –Escuché gritar a Sandra- ¡no te duermas!

Me pareció oírla levantarse del suelo, llegar a mi lado y zarandearme con violencia, con dureza, casi como hizo Marta ese mismo día. Pero estaba tan cansado… solo quería dormir un rato… mis ojos continuaron cerrados mientras las palabras de Sandra cada vez me llegaban más lejanas, más apagadas… hasta que dejé de oírlas y me dejé vencer por el sueño…

 

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