SIX

-Jajajaja! Joder!! Casi nos pillan!! Jajaja!!- Soltó.

De repente, sentí el impulso de empujarla contra uno de los laterales del ascensor, Ana se apoyó con las manos mirando a la pared, y yo tiré de su vestido hacía arriba arrodillándome detrás de ella para hundir mi boca entre sus nalgas.

-OOoogh!!!- Gimió al sentir mi lengua alargarse y lamer su coño.

Me costaba llegar, tenía la cara hundida entre sus nalgas, Pero Ana alzó su culo facilitando que alcanzara mejor su jugos, y empecé a lamer con pasadas largas que llegaban de su coño hasta su culo.
-OOgh!! MMmmh!!!- Escuchaba desde arriba, ya no había risas, solo gemidos y resoplidos.

Me llené la boca de su sabor, estaba empapada y me estaba dejando la cara llena de ella. El coño de Ana me volvía loco, siempre fue muy escandalosa con sus flujos, pero cuando estaba tan cachonda, era una exageración. Y me encantaba.

Supongo que a una tía le gusta ver una polla bien dura, palpitando, con las venas hinchadas y apuntando hacia ella. A mí me ocurre lo mismo con un coño húmedo, cuanto más mojado mejor, cuanto más hinchado y caliente, más loco me vuelve. Y Ana era todo lo que yo podía desear de un coñito al punto de caramelo.

Y si ya a ese manjar lo acompaña una sinfonía de gemidos y resoplidos que te indican que tu lengua lo está haciendo bien.

Uffff…

Unas pocas lamidas más, y escuché el “Blinc!” del ascensor indicando que estaba ya en la planta de mi casa. Pero no hice caso, no tuve fuerzas para abandonar su coño y sacar mi boca de allí, y Ana no fue capaz de detenerme. Me tenía agarrada la cabeza por el pelo, aunque no hacía ningún tipo de fuerza, como si lo que sentía con mi lengua hubiera anulado su voluntad, y tan solo se dejara devorar entregada a los roces de mi lengua y los chupetones de mis labios.

-OOghh… SSshhh… MMmhhh…- Oía su voz rebotando en el ascensor.

Al rato, y suerte que nadie más llamó al ascensor, me levanté, y Ana me miró con la cara desencajada por el deseo y me abrazó para besarme.

Entre besos y lametones, salimos a trompicones del ascensor. Ana todavía tenía el vestidito por la cintura con el culo y el coño al aire, como si su vestido fuera ahora una camiseta. Parecía no importarle ir medio en pelotas, tan solo le importaba mi boca, clavándome su lengua mientras me besaba mientras yo buscaba frenéticamente mis llaves en el bolsillo.

Dichosas llaves!!

Ni siquiera había pensado en el riesgo de que me pudiera pillar mi vecino de enfrente!

Ana suspiraba, su lengua invadía mi boca, y sus traviesas manos empezaron a palpar el bulto de mis pantalones y a buscar el carro de la cremallera de manera frenética.

Hasta que consiguió bajarla.

Y yo seguía palpando dentro de mis pantalones en busca de las putas llaves!

Las encontré y las clavé en la cerradura de un golpe, girándolas y empujando la puerta casi con la espalda. Ana seguía enganchada a mi boca con una mano ya dentro de mi bragueta, estrujando mi polla. Le di una patada a la puerta para cerrarla, mientras Ana desabrochaba mi pantalón por completo.

Primero tiró del cinturón, luego empezó a tirar de ellos hacia abajo mientras me empujaba hacía el sofá.

Caí de espaldas en los cojines por no haber calculado bien la distancia hasta el sofá con los pantalones enrollados en los tobillos. Ana aprovechó el despiste para tirar de mis pantalones y desnudarme de cintura para abajo. Se arrodilló frente a mí, y se metió mi polla en la boca, empezando a succionar y mamar con las mismas ansias con las que hacía unos segundos me estaba besando.

-OOouuummhh!!- Gemí.

Ahora era yo el que empezó a jadear. Joder como chupaba! Me lamía la polla entera como si quisiera saborearla, como si de un caramelo alargado se tratase, y lo lamiera de arriba abajo para disfrutar de su dulce sabor. Y luego se la metió dentro de la boca succionando hasta el fondo. Se notaba que estaba borracha, me la comía totalmente desinhibida, con movimientos exagerados, llegando a metérsela muy a fondo. Tanto que un par de veces tuvo un reflejo de arcada, y yo me estremecí sintiendo el golpe al llegar a lo más profundo de su paladar.

-Uuuhh!! SSSsh!!!- Resoplé.

Sus movimientos eran torpes y exagerados, pero no de alguien que no supiera lo que hace, sino de alguien que no controla su ímpetu.

Y como la comía! Arriba y abajo, arriba y abajo, succionando con fuerza… ufff!!

-Uuuggh!!!- Gemí al sentir de nuevo su paladar cuando Ana exageró de nuevo su último movimiento de bajada.
-Cof! Cof! Cof!!- Comenzó a toser sacándose mi polla de la boca.

Pero a mi ese golpe en el paladar me produjo una enorme sensación de morbo. La agarré del pelo, estrujando su melena a la altura de la nuca y me agarré la polla, obligando a que me la comiera de nuevo. Empujando su cabeza a mi antojo.

Yo también estaba desinhibido por el alcohol, y enloquecido por aquella dosis de sexo.

Así que tampoco tenía muchos miramientos al empujarle su cabeza hacía mi polla obligándola a que se la tragara hasta el fondo buscando ese límite, quería sentir el final de su paladar de nuevo. Lo necesitaba.

La empujé hasta que Ana se puso tensa y tuvo otro de esos reflejos, entonces aflojé y ella continuó chupándomela a su ritmo unas cuantas veces más, para volverla a empujar hasta el fondo.

-Ooohh Joder!! Que boquita tienes!- Le solté fruto de la locura del momento.

Buscaba ese límite, me había obsesionado con él. No era yo, era el alcohol que me había embriagado y atontaba mi juicio enloquecido por el deseo. Me ponía muchísimo ver a Ana con mi polla hasta el fondo, sentir ese golpe en lo profundo de la garganta donde se ponía tensa. Era como si necesitara ver a Ana ahogándose con mi polla hundida hasta fondo.

Y Ana sorprendiéndome de nuevo, empezó a masturbarse, a gruñir mientras yo seguía empujando una y otra vez su cabeza.

No me lo podía creer, al parecer y debido a su embriaguez, al forzarla se excitaba aún más, y eso me enloquecía a mí hasta el siguiente nivel. El alcohol había potenciado nuestras perversiones, Ana se excitaba cuando se sentía poseída, humillada y forzada. Y de mí se apoderaba esa personalidad dominante, perversa y controladora que se crecía cuando humillaba de aquella manera a Ana. Y ella alimentaba ese monstruo mostrándose tan sumisa, tan excitada y entregada a aquel abuso.

Se podía decir que nos compenetrabamos, que el deseo de uno alimentaba el del otro, cada uno a su manera.

Le dejé respirar unos segundos, permitiendo que se sacara mi polla de la boca, y empezó a jadear recuperando el aliento mientras de sus labios goteaban chorretones de babas.

Volví a empujarla, y abrió su boca sabiendo lo que quería de ella, cerrando sus labios en torno a mi polla, y dejándose hacer. Volví a metérsela, obligándola a llegar a ese límite en el que sentía cerrarse su paladar bloqueándome con su lengua. Y ella tosió con mi polla hasta lo más hondo que aguantaba, y aflojé, haciendo que chupara de nuevo al ritmo que marcaba mi mano agarrada a su pelo. Obligándola a subir y bajar, subir y bajar, follándome su maravillosa boca.

-Trágatela! Trágatela hasta el fondo!- Soltaba borracho de morbo y lujuria mientras la empujaba.

Era alucinante como se dejaba hacer, y el morbo que me estaba dando verla. El alcohol y el deseo de ver como se tragaba mi polla me habían desinhibido lo suficiente como para no tener demasiadas contemplaciones con ella, y lo asombroso es que cuanto más la obligaba, Ana parecía disfrutarlo más, y mucho más rápido se masturbaba.

-Joddder!!- Solté estremeciéndome.

Seguí empujando su cabeza, y Ana aguantando el ritmo que le imponía. Babeando al tragarse mi polla sin que le diera tiempo a sorber su propia saliva.

Tiré de su pelo hacía arriba, haciendo que Ana me mirara, se le salió mi polla de la boca y se quedó mirándome con la boca abierta y los goterones de saliva resbalando por sus labios, con una cara de cachonda tremenda. Sorbió la saliva que pudo, pero no fue suficiente para recoger todas sus babas, y parte de ella desapareció barbilla abajo mientras notaba como su brazo vibraba al frotarse el coño desesperadamente.

-Y ahora zorra?? Te gusta que te obligue a comerme la polla??- Le dije sin soltarla del pelo con la rabia que me provocaba la situación.

Ana se cogió a mi mano, por lo visto le tiraba más fuerte de lo que deseaba del pelo, el alcohol me había descontrolado. Sin embargo, me seguía aguantando la mirada, hinchando su pecho y mirándome con una cara de morbo y vicio tremenda.

Asintió con la cabeza, sorbiendo de nuevo las babas que le colgaban de la boca. Y sonreí satisfecho.

-Vas a comprobar lo profunda que es tu garganta!- Le solté empujándola de nuevo hacía mi polla.

Ana abrió su boca y sin más remedio se la tragó. Volví a imponerle el ritmo, empujándola muy abajo, incluso en un par de ocasiones me cogió la polla por la base para frenar mi impulso, pero le aparté las manos empujando más su cabeza y aguantándole la polla en el fondo para castigarla. Ana tosía y hacía un sonido gutural cuando su garganta se rebelaba contra la intrusión de mi rabo.

En una de las ocasiones en las que tenía la polla hasta el fondo, La aguanté así, empujando para que no pudiera sacársela, ni recular ni un milímetro.

-Saca la lengua.- Solté.

Ana se resistió, no me hizo caso.

-Sacala!- Le ordené zarandeando su cabeza sin dejar que se sacara mi polla de la boca.

Gruño por el abuso, y tomó aire. Hasta que finalmente noté que algo caliente se extendía por el tronco de mi polla, y su boca quedó libre de la presión de su lengua. Dios que sensación más cálida y placentera en la base de mi polla de golpe! Parecía que su boca se había alargado y mi polla estuviera mucho más adentro!

-Ooh!! Si… Así… MMhhh!!- Susurré.

Moví su cabeza lentamente, haciendo que su boca se tragara mi polla de arriba abajo. Y a Ana le dio tiempo a mirarme de reojo ahora que no la trataba tan salvajemente.

-Saca… La lengua…- Volví a recriminarla cuando noté que la guardaba.

Y Ana obedeció, yo cerré mi puño en torno a su coleta, y empecé a empujarla lentamente para que mi polla fuera ganando terreno en su boca.

Cuando mi polla alcanzó una profundidad considerable, Ana se puso tensa. Había alcanzado un poquito más allá de medio tronco, notaba la punta de mi polla en el final de su boca, y Ana contrajo su lengua de nuevo para protegerse.

-SSSshh!! Mírame! Y saca la lengua…- Volví a ordenarle.

Ana volvió a alzar sus ojos, y noté como su lengua volvía a extenderse bajo mi polla, temblorosa. Me ofrecía un sinfín de sensaciones alucinantes, un cosquilleo se apoderaba de todo mi cuerpo al ver a Ana tan sumisa haciendo lo que le decía, sintiendo a la vez, su boca temblorosa en la punta de mi polla.

Muy lentamente, introduje un poco más a dentro mi polla, empujando su cabeza despacio. Y Ana hizo un gesto de arcada, poniéndose rígida, y apoyando su mano de golpe en una de mis piernas.

-SSssh!! Tranquila…-Susurré calmándola inmóvil.

Me miró aguantando la posición, babeando por las comisuras de su boca, entre sus labios y su lengua. Y se apoderó de mí un morbo tremendo al someterla de aquella manera.

Ahora recordandolo pediría perdón, pero en aquel momento de locura febril, no. Y si tuviera que volver a hacerlo, seguro que la sometía de la misma manera…

Quizás fue el alcohol, o las ganas de llevarla a un nuevo límite, pero me invadía ese calor tan dulce por dentro que te hace sentir poderoso, que te embriaga y alimenta a la bestia, emborrachandola de poder, y la empuja a hacer locuras.

Tras un par de segundos en esa posición, volví a empujar su cabeza unos milímetros más abajo, Ana se apoyaba en la base de mi polla ejerciendo presión para protegerse. Ya se había tragado más de la mitad de mi polla, llegando a su límite. Noté el calor de su garganta en la punta de mi polla, blanda y moviéndose para evitar la intrusión. Ofreciéndome un cosquilleo difícil de soportar en mí espina dorsal.

Y Ana volvió a hacer un gesto de rechazo entre una tos y una arcada ahogada por mi polla, totalmente tensa apoyada en mis piernas. Y vi que le corría una lagrimilla por la mejilla debido al esfuerzo.

-Mírate! Casi te la tragas entera…- Susurré mirándola a los ojos.

Me estaba portando como un cabronazo, pero incluso esa sensación alimentaba mi morbo. Me tenía cachondísimo. Desinhibido. Notaba mis mejillas ardiendo. Ana intentó tragar y noté como me aplastó la polla con su paladar, haciendo que me estremeciera de placer, y tosió de nuevo al no poder hacerlo.

Su garganta se revelaba.

La solté, y debido a la presión que ejercía con su mano en mi pierna, se sacó mi polla de un tirón hacía atrás, jadeando para recuperar el aliento, tosiendo, y soltando un montón de babas.

Cerró su boca, tragó lo que pudo y se limpió con el dorso de la mano, mirándome.

-Casi me… Coff! Coff! Ahogo!- Suspiró limpiándose de nuevo con el dorso de la mano, con los ojos vidriosos y enrojecidos.

Pero su tono era más propio de su borrachera y su excitación, que de estar enfadada.

-Y ahora? Te gusta comérmela?- Le solté con el desprecio de quien manda y es obedecido.

Ana no contestó, me cogió la polla y empezó a meneármela, estrujándola con una mano, la saliva que había dejado en mi polla hacía que sus dedos resbalaran, frotándomela. Estaba tan colorada como yo. Pero no me dio tiempo a admirarla demasiado, sin darme tiempo a reaccionar, sonrió, y se la metió de nuevo en la boca para chupármela, intentando metérsela profundamente ella sola.

-Ooh!! Mmh!! Ya veo!!- Solté entre gemidos.

Me di cuenta de que Ana había estado frotándose el coño todo el rato, metiéndose los dedos mientras yo la sometía. Ahora parecía más lanzada que antes, incluso ella misma intentaba alcanzar la profundidad a la que yo le había obligado a llegar.

Pero no lo conseguía, un gesto de rechazo la obligaba a parar, tosiendo en el último momento. Entonces, le puse una mano en la nuca, y la empujé hacía mi polla sin miramientos y Ana volvió a protegerse apoyando una mano en la base de mi polla y haciendo presión.

Me incorporé en el asiento sin dejar de presionar su cabeza contra mí, sintiendo mi polla muy adentro de su boca, y alargué una mano para azotarla, tenía el vestidito por la cintura, así que le di directamente en sus nalgas desnudas.

“Plaf!”

-Mmoogh!!!- Soltó

Oí su quejido entre mis piernas, y lo sentí en la punta de mi polla, y la vibración de aquel gruñido me estremeció.

Ana estaba atrapada entre ellas y mi mano. Con mi polla en la boca sin poder moverse, ni sacársela. Y Así la tuve unos segundos, hasta que le di otro azote.

“Plaf!”

-MMooghh!!!- Volvió a gruñir.
-Oohh!!- Solté sintiendo de nuevo su gruñido en mi polla.

“Plaf!”

-MMooghh!!!- Gruñó de nuevo llenando mi polla de sensaciones.
-Qué haces con esa mano entre las piernas… zorrita??- Me burlé de ella.

“Plaf!”

-MMooghh!!!- Gruñó otra vez.
-Te estas tocando??- Solté con el mismo tono de burla.

“Plaf!”
“Plaf!”
“Plaf!”

Ana gruñó con cada azote, aunque no le diera fuerte, eran más bien palmadas. Y yo me estremecía.

-Niña mala… muy mala!- Me volví a burlar.

Era alucinante, y el morbo que me daba era difícil de controlar. Sentía su boca vibrando, luchando por librarse de la intrusión de mi polla. Y cuando parecía que Ana no podía más, me tumbé hacía atrás y la solté.

Ana salió disparada hacía arriba, jadeando para recuperar el aliento. Veía su pecho subir y bajar rápidamente como si hubiera corrido una maratón. La miré y le hice una señal con un dedo para que se subiera encima de mí.

Ella me miró y sonrió, colorada, con las mejillas ardiendo, y la boca llena de babas. Luego gateó sobre el sofá hasta montarse encima de mí. Le cogí el vestidito y tiré de él hacía arriba, y Ana acabó quitándoselo como si se tratara de una camiseta, y luego echó sus manos hacia atrás, desabrochándose el sujetador, lanzándolo hacia atrás y mirándome muy cachonda, parecía que solo le importaba una cosa en ese momento.

Me la agarré y Ana se montó encima, dejando caer todo su peso y clavándosela de un golpe hasta lo más profundo de su coño.

-UUUgh!!!- Soltó abrazándose a mi cuello.

Me miró y empezó a mover sus caderas a la vez que se lanzó a comerme la boca.

Sabía a mi polla, tenía la boca y las mejillas llenas de babas, pero a aquellas alturas, me daba todo igual. Ana botaba, y mi polla se hundía en su coño hasta el fondo, ofreciéndome una sensación caliente y húmeda que hacía que la piel de todo mi cuerpo se erizara.

Le agarré de las tetas, se las comí estrujándoselas, volvimos a besarnos, mientras sus tetas ahora golpeaban mi pecho. Estaba demasiado borracho para pensar con claridad. Solo quería que siguiera metiéndosela, cabalgándome, y no abandonara por nada del mundo aquel húmedo beso.

Continuará…

Un comentario sobre “Asuntos de trabajo (80)

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