ELIZABETH GARCÉS FERRER

Deja que te diga algo: pienso en ti día y noche. Segura estoy que te sorprenderá saber algo así, tal vez te resulte hasta estúpido pero es la realidad. No deseo que salgas de mi vida, quiero retenerte con todas mis fuerzas y es algo que guardo celosamente, nadie lo sabe porque me tomarían por loca después de todo lo que paso entre tú y yo. Es mi secreto y a nadie la importa, ni siquiera a ti.

Llegaste a mi vida sin avisar, de golpe. Acabaste con años de soledad y un montón de decepciones. Parecías un caballero pero con el tiempo todo se vino abajo y yo me sentía perpleja porque las reacciones que veía en ti me daban hasta miedo.

Recuerdo que todo iba bien, estabas alegre y conversando muy animado pero de manera brusca te volvías sombrío, taciturno y violento. Tus iras desencadenaban disputas que duraban días y todo se producía por detalles insignificantes. Me insultabas, me humillabas con palabras hirientes y hasta temía que pudieras golpearme.

Me quedaba en un rincón, llena de pánico y te observaba, sin decir nada, para evitar que todo fuera a peor. Ma daba la impresión de tener ante mí a una bestia salvaje que desplegaba toda su crueldad. Por momento eras un monstruo y tu voz, aumentada, recorría todo el apartamento mientras que me tratabas como a un ser inferior.

En medio de tu ira yo analizaba tu rostro y nunca encontré humanidad ni buenos sentimientos, en tu violencia te convertías en mi peor enemigo y entre nosotros no existía amor. Todo podía durar horas y hasta días, cuando tu tempestad interior amainaba eras el hombre maravilloso que consiguió enamorarme.

Yo ignoraba lo que ocurrí. Llegue, incluso, a culpabilizarme por no saber llevar a buen puerto nuestra relación. Si, estaba convencida de ser la responsable de tanto desastre. Pensaba que tu cólera encontraba su explicación en mi actitud equivocada.

Nuestra relación resultó ser para mí como una eterna visita a la consulta de un psicólogo, me autoanalizaba convencida que la del problema era yo, no podía ser tú. Las dudas se agolpaban, me caía en pedazos y por fin no obtenía la menor respuesta. Yo no sabía si quería salvar lo nuestro o salvarme yo. Mi confusión era terrible.

La providencia hizo que uno de tus amigos me explicara lo que ocurría, tal vez me vio desorientada. Me dijo que sufrías de bipolaridad, un trastorno basado en bruscos cambios anímicos que la persona que lo sufre no puede controlar. Comprendí que nada de lo que ocurría era culpa mía, un alivio a medias.

Recuerdo que estabas bien unos días, me parecía que todo era normal hasta que se reproducía el cambio no deseado. La violencia verbal a la que me sometías y que me destruía a gran velocidad, me hacía sentir como una basura.

Te odiaba entonces y te odio ahora mismo, es imposible el no odiarte si me destruiste pero me pregunto: ¿se puede odiar y amar al mismo tiempo a una persona?. La lógica, que siempre tiene su parte en la historia de cada ser humano, dirá que es totalmente imposible. La lógica casi siempre triunfa pero, es terrible cuando no consigue salir victoriosa de esas historias que por ser horribles son absurdas.

Amarte me parece irreal y hasta puede que me reduzca a la estupidez y, sin embargo, no puedo evitarlo ya que hay dos hombres en tu interior y es lo que no comprendo o, tal vez si, tu personalidad está dividida debido a la bipolaridad: ¡ maldita bipolaridad !.

No puedo estar sin ti, no puedo estar contigo. El dilema es inmenso pero no por eso renuncio a quererte, es mi libertad. Muchas veces he querido enviarte un SMS para que respondieras pero jamás lo hice ante el temor de que tu “otro” yo volviera a mí vida. A ti no te temo, a él sí.

Mucha frustración en esta espera infinita, una espera que no me lleva a nada y lo sé muy bien. Seguramente que ya me has olvidado pero deseo verte después de tantos años sin saber de ti, me pregunto si sigues igual aunque a lo mejor un poco más canoso. La bipolaridad seguirá siendo tu fiel compañera y terminarás tu vida junto a ella.

Ignoras los sentimientos que guardo, es algo que no comparto con el mundo exterior, me pertenece por entero. Es la posesión más bella que existe: el control de lo que encierra el corazón. En el jardín de la imaginación eres el hombre maravilloso que conocí y no el que nacía con las crisis

Nunca fui una mujer enamoradiza y sin embargo a ti te amé en seguida. Huía de ti pero regresaba. Explico nuestra relación como la pasión de los días de lucidez y la desilusión la mayor parte del tiempo.

Me trataste bien, hecho contraproducente pues me refiero a ti, el hombre violento. Me ayudaste cuando se presentaba algún problema en mi trabajo, me diste consejos que me hicieron salir adelante. Nuestros momentos fueron únicos, la mezcla de emociones era perfecta y dejaba de pensar en el “ otro” que vendría a destruir lo hermoso.

En realidad te amo a ti y odio a ese que te habita en la negrura y que sale a la luz cuando le da la gana. Sale porque desea destruir, desea acabar con lo positivo que has logrado construir. Le perteneces, es inevitable, y nunca será de otra manera.

No olvides, cariño mío, que mi amor eres tú, a pesar del “otro”.

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