QUISPIAM

Capítulo 7: Sandra

Cuando desperté, lo hice bañado en sudor, con mi corazón palpitando a mil por hora y de nuevo aquel dolor inaguantable que martilleaba mi maltrecha cabeza. Había sido todo tan real que empezaba a dudar qué era fantasía y qué no lo era.

¿En serio Sonia, mi novia, había sido capaz de dejarse meter mano de aquella manera? ¿Tanto le atraía, tanto deseaba a Fran? ¿Y qué demonios era aquello que había pasado las semanas anteriores a mi accidente? ¿Habría tenido aquello algo que ver con mi pérdida de memoria? ¿O nada de aquello era cierto y todo era fruto de mi mente dañada? Me estaba volviendo loco con todo aquello, necesitaba recuperar mi memoria, reencontrarme a mí mismo.

Lo único que casi podía decir que era cierto de aquel sueño era que, aquella casa que se repetía sueño tras sueño, era la mía. Y también que, casi con toda seguridad, la escena que se había producido en aquel dormitorio de mi casa con Miriam de protagonista, se había producido tal como acababa de soñarla.

Había sido Juanjo el que se había follado a Miriam con Manu de espectador de lujo. Y eso planteaba la siguiente cuestión: ¿por qué me había mentido Marta? ¿Qué sacaba ella con hacerme creer que había sido yo el que había engañado a Sonia acostándome con su amiga? Comenzaba a desconfiar de todo y de todos.

Dudas y más dudas que no hacían más que empeorar mi estado físico y, sobre todo, anímico y mental. Ya no sabía qué creer y, lo que era peor, en quien confiar. La única persona en la que creía poder hacerlo era en Sandra… una Sandra con la que, como había predicho ella, había aparecido en mis sueños y de qué manera… a ver cómo la miraba yo a la cara ahora y cómo le contaba su aparición en él…

No tardó en hacer acto de presencia la enfermera de turno que inició todo el proceso habitual de cada mañana: desayuno, medicación, curas, higiene… todo previo paso del doctor que parecía muy satisfecho con la evolución general de mis heridas… tanto, que ya habló de darme el alta en unos días teniendo que volver al hospital solo para continuar la terapia con Sandra.

No supe como tomarme aquella noticia. Volver a casa suponía volver al escenario donde se sucedían mis sueños, al lugar donde, fuera lo que fuera, había ocurrido todo y eso me hacía temer que mis sueños ganaran en intensidad, si eso era posible. Pero, por otro lado, quizás era lo que necesitaba por muy dolorosa que pudiera ser la vuelta. Una medida de choque, brutal aunque efectiva, para recuperar de una vez por todas la memoria perdida y descubrir la verdad anhelada.

Lo que sí tenía claro y así se lo hice saber al doctor era que, de momento, nadie conociera la novedad, mantener esa noticia en secreto y que no le dijera nada a ¿mi prometida? ¿Mi novia? Ya no sabía qué era realmente Sonia para mí…

Casi coincidió la salida del doctor con la entrada de Sandra en la habitación, sonriente como siempre aunque era yo el que había cambiado mi forma de mirarla. Contemplé su andar cadencioso, como su melena pelirroja se movía al compás de sus pasos, como al sentarse apartaba aquel mechón rebelde que le caía sobre la cara, sujetándolo detrás de su oreja, como de forma mecánica se ajustaba sus gafas de pasta, hecho que ahora me parecía enormemente sexy.

Su bata no me pareció tan cerrada como otros días, como si fuera consciente de lo sucedido en el sueño y se sintiera más libre de mostrarse a mí, cosa totalmente imposible claro… debajo de la bata, la habitual blusa que ahora me hizo ser consciente del par de pechos más que generosos con que la naturaleza la había dotado y, más abajo, sus voluptuosos muslos que lucían juntos en aquella postura tan recatada que había adoptado para sentarse y que a mí me estaba poniendo a mil.

¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué ese cambio en la forma de ver a Sandra? ¿Por qué solo deseaba lanzarme y volver a sentir aquellos labios con que me había despertado del sueño?

-David ¿estás bien? –me preguntó Sandra escrutándome bajo aquellos ojos color miel, preciosos.

-Sí, sí… -dije apartando momentáneamente la mirada, sintiéndome culpable por mi forma de actuar- he pasado mala noche…

-¿Otro sueño? –Preguntó ella sacando la libreta de su bolsillo- No te preocupes, entre los dos desmadejaremos la fantasía para descubrir la realidad. ¿Empezó como siempre? ¿Con la tormenta?

-No, está vez el inicio fue distinto –dije yo concentrándome para recordar el sueño y tratando de apartar los pensamientos libidinosos sobre Sandra- Estaba nublado pero no llovía y, además, era aun de día. Volvía de algún viaje de trabajo con la intención de darle una sorpresa a Sonia y, bueno, algo más…

-Específica que quieres decir con algo más… -me pidió Sandra.

-Bueno, creo que iba a pedirle la mano… -dije algo nervioso- me metí en mi despacho y saqué del bolsillo una cajita con un anillo dentro…

-Vaya… -dijo anotando en la libreta- ¿pero estás seguro de ello? Puede que fuera una recreación mental, algo que te gustaría que pasara…

-Estoy bastante seguro de esa parte del sueño –dije con tranquilidad- estoy casi seguro que esa casa que sale sueño tras sueño es la mía y que llegué a ella antes de hora, pues también… lo del anillo, también estoy bastante seguro que es real pero bueno, creo que tiene fácil comprobación… debe continuar en el despacho de mi casa…

-Ya veo… -dijo mirándome fijamente- percibo que cada vez eres capaz de recordar más cosas y casi sin mi ayuda…

-Eso no es cierto –le dije con firmeza- contarte a ti mis sueños me ayuda en el proceso y, además, ahora también me ayudas de otras maneras…

-¿Qué otras maneras? –preguntó con curiosidad.

-Bueno, ayer apareciste en el sueño… como ya me habías avisado… -dije apartando la mirada.

-Suponía que eso iba a pasar –repiqueteó el bolígrafo contra la libreta antes de volver a preguntar- ¿en calidad de qué aparezco en el sueño?

-En calidad de doctora, por supuesto –me apresuré a aclarar. Por nada del mundo pensaba contarle la parte del beso y los toqueteos que hubo- me acompañaste y guiaste durante todo el sueño, dándome valor para continuar observando y, cuando ya estaba completamente superado, ayudándome a volver…

-Interesante… -solo dijo ella- continua, por favor… ¿qué sucedió en ese sueño?

-Como te dije, llegué antes a casa y no había nadie –empecé a relatar- me metí en el despacho, miré el anillo y me tumbé en el sofá donde me debí quedar dormido… me desperté cuando tú me llamaste…

Ahí pude observar como ella escribía de forma frenética y me pareció que algo preocupada por lo que acababa de contarle pero no dijo nada y yo continué hablando.

-Ahora sí que estaba la tormenta en todo su esplendor: lluvia, viento, truenos y relámpagos a mansalva –seguí contando- por lo visto, la luz se había ido y en el salón, donde estaban los demás, bebían y comían bajo el tenue resplandor de unas velas…

-¿Quién había allí? –Me interrumpió Sandra- necesito detalles…

-Sonia, Marta, Miriam, Manu, Juanjo y Fran –dije contestando a su pregunta.

-¿Y cómo sabes que eran ellos? Me refiero a Juanjo y Fran… -indagó ella.

-Ayer, antes de quedarme dormido, volví a hablar con Marta y le pedí que me mostrara una foto del tal Fran –le expliqué- necesitaba saber qué rostro tenía por si se presentaba y estaba solo… en la foto salían los dos, por eso los reconocí…

-Comprendo… -dijo ella volviendo a anotar- prosigue…

-La cosa es que iban todos un poco contentos y pasados con la bebida y alguien, no sé quién, propuso un juego para pasar el rato –seguí yo- consistía en ponerse en círculo y hacer girar una botella. El afortunado debía quitarse una prenda o tomar un trago… el resto te lo puedes imaginar… al principio todo fueron copas pero luego, por la desinhibición que les daba el alcohol y por temor a emborracharse más, empezaron a quitarse la ropa…

-Vaya… ¿y tú cómo te sentías viendo eso? –me preguntó.

-¿Tú qué crees? –Le dije- ver a mi novia, medio borracha y quitándose la ropa ante un tío que desea follársela… pues mal, muy mal…

-Un momento –me interrumpió ella- ¿qué quieres decir con que quiere follársela?

-Perdona, se me había olvidado contarte esa parte… -dije yo recordando que no le había contado lo que me había dicho Sonia la última vez que había estado allí- Sonia me contó ayer que, desde hace un tiempo, solíamos jugar a calentar a otros hombres para excitarnos más… por lo visto a mí me ponía verla provocándolos para luego follarla salvajemente…

-¿Y eso que tiene que ver con Fran? –me preguntó sin mirarme y anotando en la libreta.

-Por lo visto, él era una de nuestras víctimas –le aclaré- Sonia lo calentaba para excitarme a mí… aunque, según ella, bajo unas estrictas reglas que impedían que la cosa se desmadrara… nada de tocamientos a zonas sensibles como pechos y sexo…

-Comprendo… pero por tu tono no pareces muy convencido de eso –dijo mirándome de nuevo- y, aunque no se toquen zonas sensibles como tú dices, eso no implica que las dos partes no quieran ir a más… que deseen traspasar esos límites…

-Tienes razón –le confirmé- ella me aseguró que nunca había traspasado esos límites, que siempre había respetado las reglas del juego pero, según lo que vi, eso no era cierto y, bueno, hay otras cosas que siguen sin cuadrarme…

-Creo que será mejor que continúes con el sueño después de esta aclaración… -dijo animándome a seguir.

-Sí, tienes razón –dije dispuesto a seguir relatando el sueño- poco a poco se fueron quitando la ropa hasta quedar todos en ropa interior y entonces Marta propuso dar un paso más… en lugar de prendas, pruebas… Marta tocó la polla de Fran por encima de su slip haciendo notar a todos la polla que se gasta el tío, Juanjo masturbó a Miriam delante de Manu para deleite suyo, Sonia en su primer turno pasó de prueba y se quitó el sostén mostrando sus tetas y luego, para mi desgracia, le tocó a Fran que tenía que tocarle el pecho a una de las chicas…

-Y lo hizo con Sonia… -adivinó Sandra.

-Exacto –repliqué- y se dejó… ni una queja salió de su boca mientras aquel tío manoseaba sus tetas hasta que se hartó… por eso no sonaba convencido con lo de las normas… porque si lo que vi era real, Sonia se las saltó por todo lo alto…

-Debiste pasarlo mal viendo eso… -dijo Sandra.

-No te lo puedes ni imaginar… -dije apesadumbrado recordando aquellas aciagas sensaciones- creía que iba a darme algo, que se me iba a parar el corazón o algo peor… menos mal que estabas allí, dándome tu apoyo, siendo mi sostén… no podría haber aguantado todo aquello sin estar tú a mi lado…

-Me alegro que mi presencia te ayudara –dije sonriente- aun así, debió ser muy duro presenciar todo eso…

-Aún hay más… -contesté- la siguiente prueba le tocó de nuevo a Marta. Ahora debía reconocer a quién pertenecía cada polla… todos se desnudaron del todo y aparecieron sus miembros que, uno tras otro, Marta engulló en su boca adivinando a quién pertenecía cada una… a partir de ahí, la cosa ya se desmadró…

-¿En qué sentido? –indagó la doctora.

-Marta desechó enseguida la de Manu por pequeña y pasó a la de Juanjo de buen tamaño que chupó un buen rato… y luego, se fue a por el premio gordo de Fran de la que se hizo dueña y señora ante la atenta mirada de Sonia que no perdía detalle de aquella polla que tantas veces debía haber deseado, al notarla en los roces para calentar a Fran… y su amiga Miriam, envidiosa, se lanzó a por la de Juanjo, chupándosela ante la atenta mirada de su novio…

Sandra no dijo nada pero pude notar que su rostro había vuelto a encenderse. Aquella narración empezaba a pasarle factura y a excitarla, al igual que había pasado en el sueño y de la misma manera que hacía conmigo.

-Miriam no tardó en irse a la habitación cogida de la mano de Juanjo y Manu detrás, como mero espectador–seguí narrando- nosotros nos escondimos de nuevo y cuando ya no había peligro y salimos, vi lo mismo que en el anterior sueño…

-Solo que ahora era Juanjo el que follaba a Miriam mientras su novio miraba… -dijo con sorpresa Sandra- ¿te das cuenta de lo que eso significa?

-Creo que sí –contesté yo- que yo nunca fui infiel a Sonia, no al menos con Miriam tal como me había dicho Marta… lo que significa que Marta me había engañado…

-Cierto –dijo contenta de ver que había llegado a la misma conclusión que ella- ¿tienes alguna idea del por qué? ¿Encuentras algún motivo que lo justifique?

-Alguna idea tengo sí… -repliqué- pero eso viene un poco más adelante… cuando volvimos al salón, Marta seguía chupando la polla de Fran y éste, de nuevo, tocaba las tetas de mi novia mientras ella se dejaba hacer viendo el espectáculo. A partir de ahí, fue cuando ambos empezaron a presionarla para que se uniera a ellos, que probara su miembro, que se dejara llevar…

-¿Y cuál fue su reacción, su respuesta? –quiso saber Sandra.

-Negarse con la excusa que no podía hacerme eso –le contesté- no podía, no que no quería…

-Debió dolerte oírle decir eso…

-Ni te imaginas… -dije yo- pero también lo fue ver como la mano de él bajaba y acariciaba su culo por dentro de la braguita y que ella lo disfrutaba todo… pero al final, pareció darse cuenta de lo que hacía y consiguió separarse de sus manazas…

-Sentirías alivio ¿no? –Dijo Sandra- parece que Sonia, al menos en el sueño, tuvo la fuerza suficiente como para poner tierra de por medio…

-Duró poco –dije yo recordando lo que vino después- Marta seguía insistiendo, que se dejara llevar, que se dejara de juegos, que disfrutara, que yo no tenía por qué enterarme de nada ya que estaba lejos de viaje… ella se negaba, no quería engañarme… fue entonces cuando Marta le dijo que si lo que había pasado esa noche o las dos semanas anteriores no suponía un engaño hacia mí…

-Mmmm… -dijo Sandra frunciendo el ceño- y supongo que no tienes ni idea de lo que hablaban…

-Supones bien… -dije dejándome caer sobre la cama, cansado de volver a recordar todo aquello- nada de nada pero, por la forma en que hablaban, daban a entender que en más de una ocasión las cosas se le habían ido de las manos a Sonia y que, lo que fuera que había pasado en aquellas dos semanas, ellos pensaban que había supuesto un engaño hacia mí…

-Quizás yo te pueda ayudar con eso –dijo Sandra revisando sus notas- el otro día hablé con Sonia, forma parte de tu terapia para saber una directrices con las que guiarme sobre cómo era tu vida anterior… y le pedí que me detallara lo ocurrido durante el último mes, cualquier cosa por poco importante que fuera que pudiera haber ocasionado tu trauma…

-Supongo que sabes que, si de verdad Sonia me ha estado engañando, no iba a contártelo a ti… -le dije- ella no quería que te contara lo de nuestros juegos…

-Pero lo has hecho… ¿por qué? –preguntó curiosa.

-Sinceramente, ahora no sé de quién fiarme –le dije honestamente- tú eres la única persona en la que creo que puedo hacerlo… por eso te he contado la verdad…

-No toda… -me dijo escrutándome- pero ya llegaremos a eso… lo que quería decirte es que me comentó que dos fines de semana antes del suceso estuvo fuera, rodando un anuncio y no os visteis… y el último antes del accidente, tú ya estabas de viaje y ella salió de fiesta con sus amigas… ¿te ayuda en algo?

-No, nada de nada, pero algo es algo… -dije resignado- quizás pueda interrogar a Sonia o Marta al respecto… aunque no sé si lo que me dirán será cierto o no… tampoco estoy seguro que lo que te he contado sea verdad o no aunque lo parezca…

-Entiendo tu desazón pero estamos avanzando y mucho… -intentó animarme- recuerdas la tormenta, recuerdas a Fran, has recordado tu casa, has recordado la escena entre Miriam, Juanjo y Manu y has descubierto el engaño de Marta… son muchas cosas para los pocos días que llevamos…

-Puede que haya algo más –dije recordando el final del sueño- Marta me confesó que se había acostado con Fran y, cuando después de insistir a Sonia sin convencerla, ella abandonó la sala para irse a nuestro dormitorio, los dos vimos como follaban en el sofá de mi salón…

-¿Ves? Una cosa más… -dijo con optimismo- y quizás todo eso que has visto en tu sueño es una especie de fantasía tuya, como una prolongación de ese juego vuestro… al fin y al cabo, lo que vistes fue a Sonia calentando a Fran sin dejarlo ir a más…

-Puede ser –dije pensativo- quizás tengas razón y nunca haya pasado nada de eso…

-¿Y ahora me vas a contar qué es lo que me estás ocultando del sueño? –Dijo mirándome con firmeza- puedes contarme lo que quieras, creo que a estas alturas ya tenemos bastante confianza entre los dos ¿no?

Aparté la mirada incapaz de sostenerla, avergonzado al recordar lo sucedido y falto de valor para contárselo.

-David –dijo cogiendo mi cara con sus manos, con voz suave y tranquilizadora, fijando su mirada en la mía, forzándome a mirarla- cuéntame qué es lo que pasó que no quieres contarme…

-Me calenté viendo a aquellos dos follando –dije casi en un susurro- tú estabas a mi lado, excitada también… y nos besamos, nos acariciamos… y me gustó hacerlo…

Sandra se ruborizó al instante, noté como su respiración se agitaba y casi podía sentir el palpitar nervioso de su corazón. Pero continuaba con su rostro cerca del mío, sujetando mi cabeza y mirándome fijamente, no sabía si consciente de lo comprometido de la situación.

No lo pude evitar. El recuerdo había avivado mis deseos de volver a sentir sus labios, su boca, su aliento y eso fue lo que hice. Alargar mi rostro y besarla, cogiéndola por sorpresa. Mis labios pegados a los suyos, mi mano buscando su nuca para atraerla con fuerza hacia mí, haciendo más intenso el beso que ella me pareció que correspondía en un primer momento pero que enseguida rechazó, intentando apartarme de ella.

-Para David –dijo intentando liberarse- esto no está bien… soy tu doctora y tú mi paciente al que quiero ayudar pero no así… además, tienes novia y yo estoy casada…

Oír aquello fue como un mazazo para mí. ¿Qué coño había hecho? Por primera vez me di cuenta del anillo que lucía en su dedo y al que nunca había prestado atención. Joder, joder, joder…

-Tranquilo, David –dijo separándose de mí- estás confundido, tu mente es incapaz de interpretar lo que es real y lo que no, eso es todo…

-Lo siento, de verdad… -dije yo avergonzado de nuevo- no sé porque lo he hecho… perdóname, por favor… no quiero que dejes la terapia por esto… eres la única persona en la que confío…

Y me puse a llorar. Gruesas lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas, desconsolado solo de pensar que Sandra me pudiera abandonar por lo que había hecho. La única persona en la que podía confiar, que me escuchaba, que quería ayudarme y yo le había fallado de aquella manera.

-Por favor, David… -me rogó ella.

Pero yo no podía parar. Estaba roto completamente. Demasiadas emociones, dudas, descubrimientos, engaños, traiciones… ya no sabía qué era real y si alguna vez llegaría a saberlo. Mi cuerpo se agitaba fruto de mi llanto desconsolado y eso empezaba a pasar factura a mi maltrecho cuerpo, recorriendo el dolor cada centímetro de mí.

Y de pronto, un resquicio de esperanza me envolvió, un oasis de paz me embargó. Los brazos de Sandra me envolvieron y me pegaron a su pecho, notando en mi rostro la calidez y suavidad de su piel, apaciguándome con el latir acompasado de su corazón, sintiéndome tranquilo bajo su cobijo y protección.

Su mano acariciaba con ternura mi cabello mientras la otra sostenía mi cabeza contra su torso, sintiendo su aliento en mi coronilla donde apoyaba su mentón. Allí, encerrado bajo su abrazo protector, me sentí seguro, protegido y la calma volvió a mí.

No sé el rato que estuve así, en sus brazos pero sí sé que, cuando alcé mi rostro para mirar el suyo y me volví a encontrar con aquellos ojos… no pude evitar volver a sentir un deseo irrefrenable por lanzarme en busca de aquellos labios y besarla de nuevo. Fue un beso suave, tierno, lleno de cariño… un beso que esta vez, sí fue correspondido… un beso que enseguida fue a más…

Nuestros labios se buscaban con ansiedad, nuestras lenguas luchaban la una contra la otra mientras sus manos, que antes sostenían y acariciaban con ternura mi cabeza, ahora apretaban mi rostro contra el suyo para hacer más intenso el beso, más profundo.

Y las mías, que abrazaban antes su espalda, ahora caían a su parte delantera, abriendo los botones de su bata, los botones de su blusa, dejando al descubierto la piel pálida de su pecho, un sujetador blanco sencillo y cómodo que contenía como podía aquel par de tetas que poseía, donde no tardé en posar mis manos para deleite de ella, acariciándolas por encima de la prenda.

El beso se hizo más intenso, más húmedo, más caliente mientras mis manos, de un suave tirón, bajaron el sujetador y sus tetas salieron a relucir. Desde mi posición, contemplé sus grandes pechos de piel blanquecina, con unas amplias areolas de color rosadas coronadas por unos pezones que se presumían grandes y que ya empezaban a endurecerse fruto de la excitación.

Mis manos no tardaron en poseerlas, en hacerlas suyas. Sopesaron su firmeza, la delicadeza de su piel, recorrieron acariciando sus areolas rugosas y probaron la dureza de sus pezones que no tardaron en alzarse orgullosos, erguidos, excitados.

Fue Sandra la que dirigió mi rostro hacia abajo para que las probara, las degustara. Ni pude ni quise negarme. Mi boca besó la carne de su pecho hasta alcanzar aquella cúspide tan deseada que seguí con mi lengua en toda su extensión, lamiéndola con fruición hasta alcanzar la cumbre dura de su pezón que engullí, chupándolo y lamiéndolo como si me fuera la vida en ello.

Sandra seguía apretando mi cabeza pero ahora contra sus pechos, que yo alternaba en mi boca no dejando huérfano a ninguno de los dos, llenándome los oídos con los gemidos quedos que se escapaban de su boca y que me animaban a seguir por aquel camino.

En aquella posición, sentada en el filo de la cama y recostada sobre mi cuerpo, sus piernas quedaban al alcance de mis manos que, habiendo abandonado sus pechos encontraron un nuevo destino. Acaricié su pierna un poco más arriba de su rodilla, disfrutando de la tersura de su piel, buscando la parte interna y más íntima de su muslo para subir acariciándolo, notando como ella se movía inquieta pero abriéndose a mí, facilitándome el acceso a su centro de placer.

Mi boca disfrutaba de sus pechos, mis manos de sus muslos y ella de todo lo que le hacía. O al menos, eso creía yo. Porque cuando mi mano alcanzó la tela de su braguita, notó la humedad que la impregnaba, la calentura que exudaba, la tensión que vivía y, en ese momento, ella pareció despertar de su letargo, de su ensueño, de su dejarse hacer y antes que me diera cuenta, se había levantado de la cama y puesto distancia entre los dos.

-Esto ha sido un error… un grandísimo error… -dijo ruborizada pero aparentemente arrepentida de lo sucedido, colocándose el sujetador, abrochándose los botones de la blusa y de la bata, colocándose correctamente la falda- esto no puede volver a ocurrir…

-Pero… -intenté decir yo.

-No, David –me cortó de forma seca- tú tienes novia y yo estoy casada, eres mi paciente… ¿En qué estaba pensando? ¿Cómo he podido dejarme llevar para hacer esto?

Yo callé contemplando el debate interno que la asolaba, viendo como los remordimientos la carcomían y como el arrepentimiento ganaba la batalla al placer que acababa de sentir.

-Se acabó, David –dijo con seriedad- esto se nos ha ido de las manos y comprenderás que no puedo seguir con tu terapia… hablaré inmediatamente para que te designen a otro sicólogo que se haga cargo de ti…

-Pero yo no quiero a otro, te quiero a ti Sonia –le dije desesperado viendo que mis peores augurios empezaban a tomar forma- no me dejes así, ahora…

-Lo siento –dijo mientras cogía sus cosas y salía por la puerta, abandonándome en la mayor soledad que había sentido en mi vida. O, al menos, en la que podía recordar…

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