SIX

De vez en cuando nos parábamos para besarnos, y volver a magrearnos, riendo como adolescentes. Sobre todo ella que parecía hacerle gracia cualquier cosa. Y se reía con esa risa nerviosa y graciosa que proporciona el alcohol, y que a mí me indicaba que Ana estaba preparada para cualquier cosa. Y eso, me ponía muy tontorrón, me daba ideas, me invitaba a imaginar.

Estaba borracho de morbo.

En una de esas paradas, la giré por la cintura y la abracé desde atrás, caminando a trompicones mientras le besaba el cuello. A Ana, parecía divertirle, sonreía y torcía su cuello para facilitar que le besara. Y los besos y lametones, hacían que su sonrisa desapareciera unos segundos, para transformar su cara en una mueca de morbo y deseo que duraba unos segundos, en los que incluso cerraba los ojos, y abría mucho su boca formando una O que luego disimulaba intentando lamerme o besarme.

Y de repente, me paré, miré alrededor, asegurándome de que en la calle no había nadie que nos viera, y bajé una de mis manos por su estomago hacía abajo. Ana estaba entretenida recibiendo mis besos cuando mi mano pasó su falda, entre sus muslos, y mis dedos se metieron entre sus piernas y subieron hasta tocar su coño.

-Uuh! Que… hacesssh…- Soltó Ana sorprendida y medio atontada.
-Estas empapada.- Susurré cerca de su oído.

Yo ya me había asegurado de que no había nadie en la calle, nadie que nos viera. Aun así Ana miró alrededor, buscando la tranquilidad de no encontrar a ningún mirón. Pero algo me decía que a esas alturas, ya le daba lo mismo su hubiera visto a alguien.

Suspiró, cerró sus ojos lentamente un momento, y volvió a coger aire hinchando sus tetas. Como me puso ver como su pecho subía estando yo con mi cabeza encima de su hombro!

Y luego los vi bajar lentamente de nuevo, mientras Ana se mordía los labios, y dejaba escapar el aire de sus pulmones por la nariz muy despacio.

Luego me miró sonriendo con una sonrisa torcida, e intentó lamerme la boca alargando su lengua de forma lasciva.

Me volvía loco verla tan cachonda, tan desinhibida. Y no sabía que la tenía así, si la borrachera que llevaba, o lo caliente que estaba.

Y es que ahora, de pie como estábamos, era mucho más sencillo acceder a su coño. De momento, tan solo había jugado con mis dedos entre sus labios, haciendo pasadas lentas y acariciándoselo de un extremo a otro, hundiendo un poco mis dedos en el centro, y poniendo especial atención en la parte alta donde su clítoris se asomaba hinchado y firme. Me gustaba notarlo tan duro y resbaladizo. Y cada vez que lo rozaba, Ana cerraba sus ojos conteniendo el aliento, y al terminar, me miraba con más hambre.

Y de repente, hundí uno de mis dedos en el centro, como si lo clavara en gelatina húmeda y ardiendo.

-AAah…- Gimió levantando uno de sus brazos para acariciarme la cara.
-El conejo de la suerte…- Empecé a canturrear susurrándole al oído. –…Ha salido esta mañana…

Me miraba sonrojada a centímetros de mi cara, dándome pequeños besos muy húmedos, alargando su lengua para rozar mis labios, o mordiéndoselos. Mientras mi dedo seguía hundiéndose en su mojadísimo coño.

-No… Mmmhh… Te riasss… de mí.- Susurró como pudo mientras mis dedos seguían jugando con ella.

Aquel susurro sonó a vergüenza, a humillación, y alimentó a la bestía que tenía dentro calentando todo mi cuerpo.

-No me rio… Quizás juguemos algún día a ese jueguecito…- Contesté con cierto tono burlón mientras seguía masturbándola.
-Oohhh… Mmhhh!!- Gimió.

Ana abría su boca e inflaba su pecho al notar como mis dedos se clavaban lentamente entre sus piernas allí, en medio de la calle.

-Estás preciosa cuando te pones tan colorada…- Susurré.

Y empecé a murmurar el tono de la cancioncilla de nuevo.

-Nnn… Nno te burles de mí…- Susurró como pudo entre suspiros mientras mi dedo entraba y salía lentamente de su coño.
-Me burlaré, si quiero.- Solté abrazándola con fuerza para apretarla contra mí mientras hundía mi dedo todo lo que pude.

Ana no dijo nada, solo abrió su boca y suspiró, poniéndose tremendamente colorada. Luego empezó a apretar su culo contra mí, buscando rozarse contra mi polla, que volvía a estar empalmadísima. Miré a lo lejos, y sonreí, nadie en la calle. Perfecto.

-Me ha encantado tu historia…- Susurré volviendo a mover mi dedo.
-En… En seri… Ooohh!!- Ana hizo un pequeño respingo cuando mi dedo debió tocar algún punto muy sensible.
-Si! Y creo que ya se porque te mojaste tanto la primera vez que te metiste una polla en la boca…- Susurré con segundas intenciones.
-Aasshhh… Mmhhh!! Por… por qué?- Dijo como pudo con una vocecilla muy aguda.

Sonreí.

-Porque te sentiste obligada…- Susurré.
-Ssi??- Preguntó derritiéndose entre mis brazos.
-Si… No podías quedar mal frente a tus amigos…- Le susurraba al oído mientras seguía metiéndole mano entre las piernas. –Tenías que comérsela a aquel chaval… Que lastima no haber sido yo… Porque yo te hubiera follado la boca!

Ana empezó a morderse los labios con una cara de gata en celo tremenda, desde atrás veía como su pecho se hinchaba de manera escandalosa, y su culo se pegaba más a mi polla arqueando su espalda.

-…Me estoy imaginando lo inocente que eras…- Continué mientras mis dedos aceleraban. –Y se me pone durísima pensando en lo que te hubiera hecho entonces… Tan inocente…

Mi dedo empezó a moverse más deprisa y Ana a suspirar. De repente me cogió la mano.

-Ooogh!! Commo que?- Preguntó como pudo.

Sonreí.

-Imagínatelo…- Susurré en su oido.
-Para… Mmmhh… Para!- Susurró abriendo sus ojos y mirándome. –Llévame a tu casa o voy a cometer una locura aquí mismo…

Sonreí sacando mi mano de su coño, y me llevé los dedos a la boca sin dejar de abrazarla. Su oferta era tentadora, muy tentadora. Y más cuando el sabor de su coño inundó mi boca. Era delicioso, tenía los dedos empapados y llenos de ella, y los chupé de manera exagerada para que me viera.

Ana resoplaba entre mis brazos, hinchando su pecho de manera exagerada, mirándome y mordiéndose la boca, como si esperara que le pidiera hacer cualquier cosa.

La miré, pero no llegué a contestarle, porque de hacerlo me la hubiera follado allí mismo. Ana insistía en que estaba dispuesta a hacer una locura en la calle, y no sabía lo cerca que estaba yo de aceptar su locura y dejarme llevar.

Tiró de nuevo de su vestido hacía abajo, y me besó. Esta vez un beso corto, pero muy húmedo. Y luego la cogí de la cintura pensando que en mi casa podría abusar de su estado con total libertad.

Sonreí y continuamos andando, sin dejar de sonreír y meternos mano. Yo agarrándola del culo continuamente y estrujándoselo, y ella haciendo lo mismo con más delicadeza, o agarrándose a mi brazo para clavarme sus tetas de manera descarada.

Llegamos bastante rápido a mi portal, sin más tonterías. Ana se mordía los labios mientras yo buscaba mis llaves y las metía en el portal de mi escalera. Al entrar, tiré de ella hacía mí, agarrándola por una mano, y la abracé cuando se giró. Besándola. Y ella me devolvió el beso abrazándose a mi cuello. Me metió la lengua, torció su cabeza, y nos devoramos la boca allí mismo, amparados por fin en la intimidad del portal de mi casa sin que nadie nos viera. Se notó que necesitábamos aquel beso desde hacía mucho rato.

Fuimos dando algún que otro traspié, buscando la puerta del ascensor sin despegarnos el uno del otro, hasta que Ana dio de espaldas con la pared justo al lado del ascensor, y allí nos quedamos besándonos y metiéndonos mano.

Estábamos tan sumergidos el uno en el otro que ninguno reparó en llamar al puto ascensor. Mis manos volaban por su cuerpo, estrujando sus tetas, o deslizándose hacia abajo para agarrar sus nalgas. Ana me devoraba la boca con pasión, demostrándome lo cachonda que estaba, se agarraba a mi cuello con una mano, y estrujaba mi culo con la otra. Tirando de mí hacía ella, como si se quisiera sentir atrapada contra la pared. Y yo me pegué a ella para que sintiera lo dura que tenía mi polla.

Entre aquella locura de beso, tiré de su vestidito hacía arriba, lo justo para poder tocar sus nalgas desnudas y estrujarlas, haciendo que Ana quedara apoyada en la pared tan solo con sus hombros.

Comenzó a besarme con más ganas, más alocadamente, lamiendo mis labios, y mirándome como si delirara de deseo.

Una de mis manos, se deslizó hacía la parte de delante, entre Ana y yo. Y antes de que llegara a su coño, Ana abrió sus piernas para facilitar que la tocara. Invitándome.

Ya no había disimulos, ni miradas por si nos pillaba alguien, nos habíamos olvidado del mundo. Y no necesité que me dijera nada. Mis dedos se deslizaron sobre los labios de su coño empapados y resbaladizos, y empecé a frotarlo con ansias, notando entre las yemas de mis dedos la bolita dura de su clítoris resbalando de un dedo a otro.

-Ooh!! Mmmhh!!!- Empezó a ahogar ella unos gemidos en mi boca.

En aquel delirio, Ana llevó sus manos a la cremallera de mi pantalón, y empezó a juguetear con ella hasta que logró bajarla y meter sus manos dentro. Por fin sentí sus manos frías cogérmela, y sentí alivio. Tiró de mi polla hacía afuera, mientras su lengua, caliente y húmeda me inundaba la boca.

Empezó a pajearme allí mismo, sin ni siquiera preocuparse si alguien podía pillarnos, o vernos desde la calle por los ventanales del portal.

Estábamos borrachos, y demasiado excitados para pensar en el resto del mundo. Yo solo la tenía a ella en la cabeza… En mis dos cerebros, aunque ahora solo me dominaba uno. Y a ella parecía pasarle lo mismo. Demasiado tiempo conteniendo sensaciones.

Por suerte, el ascensor está lo suficientemente al fondo como para que alguien desde la calle repare con facilidad en el interior, y afortunadamente en ese momento en la portería no había nadie. Pero nos podían pillar en cualquier momento, o incluso oírnos. Porque nuestros resoplidos y murmullos resonaban en el portal con un ruido atronador y claramente delatador.

Eran aproximadamente las cuatro de la tarde, y la escalera estaba bañada aun por la luz del día, la típica penumbra del interior de un piso mal iluminado, pero con la suficiente luz como para saber lo que estábamos haciendo con un simple vistazo asomándote al interior.

Estaba fuera de mí. Ana me pajeaba, mientras yo seguía frotando su clítoris, y ambos nos comíamos la boca con locura.

Ana, de vez en cuando necesitaba tomar aire, y se separaba de mi boca para hinchar su pecho varias veces mientras me miraba con una cara de vicio tremenda.

De repente, se dio la vuelta, y sin dejar de mirarme, se subió el vestido hasta la cintura. No me lo tuvo que pedir, me agarré la polla y se la clavé en el coño de un golpe.

-AAaah!!!- Sonó como un estruendo cargado de eco en la portería.

El eco de aquel único gemido rebotó en las paredes, y sonó como un trueno que rompió el silencio. Pero yo ya no podía parar, y temiendo que siguiera gimiendo le tapé la boca y la empotré contra la pared para embestirla sin miramientos.

-MMh!! Mmh!! Mmh!! Mmh!!- Gemía tras mi mano.

Aun así sus murmullos sonaban atronadores en el silencio. Pero no había vuelta atrás. Ni siquiera habíamos llegado a abrir el ascensor.

Era una puta locura! Mi casa estaba tan solo a unos pasos, y estábamos follando en el portal!

Pero ya no aguanté más, amparado por una ligera intimidad que se podía romper en cualquier momento.

Me ponía muchísimo estar clavándosela allí. Cualquiera podía pillarnos, cualquier vecino que bajara a comprar, a algún recado, o volviera a casa del curro me podía pillar con Ana en aquel momento. O incluso cualquiera de la calle si se asomaba lo suficiente.

Joder!!

Ana estaba empapadísima, al parecer el riesgo y la tensión sexual acumulada en el restaurante la tenían al límite. Y se le notaba.

-MMh!! Mmh!! Mmh!! Mmh!!- Seguía murmurando con la boca tapada.

Me miraba de reojo amordazada con mi propia mano como si me suplicara que se la hundiera con más fuerza y más rápido. Mis embestidas parecían aliviarla de sus ansias de polla. Estaba entregadísima.

Quizás tan desinhibida por el alcohol se había atrevido a semejante locura. O quizás era por mí. Porque de nuevo la estaba obligando a hacer una locura.

Y en ese estado febril, quise creerme aquello, me ponía muchísimo pensar que Ana se estaba dejando follar en el portal de mi casa porque yo la obligaba a hacerlo. No sabía por qué, pero aquella idea bombardeaba mi mente y me la ponía durísima.

Porque una cosa era hacer estas tonterías en otro país, o lejos de tu entorno, y otra muy diferente era hacerlo a las puertas de tu casa, donde cualquier conocido te podía pillar. Era una locura, pero no podía parar, la embestía como una bestia en celo por detrás, con una mano empujando su cadera contra la pared, y la otra tapándole la boca.

Y de repente, sentimos el ruido del ascensor a nuestro lado. Ana dio un pequeño salto y me miró alarmada apartándose mi mano de la boca.

-Joder!! Viene alguien!!- Soltó nerviosa mirándome con los ojos como platos.

Yo también reaccioné como un resorte, y me aparté de ella. Y mi polla salió de su coño brillando, mientras Ana se giraba y me miraba alarmada, y yo me la guardaba a toda prisa en el pantalón.

Tiré de ella con la intención de cruzar hasta las escaleras, pero no nos iba a dar tiempo a llegar y quien fuera no pillaría, así que pensé que sería mejor disimular frente al ascensor, colocándonos al lado, como si lo estuviéramos esperando.

Mi ascensor es de esos que tienen una puerta deslizante por dentro que no te deja abrir la puerta batiente desde fuera hasta que la de dentro no está abierta, y gracias a eso, ese tiempo nos salvó de ser descubiertos.

Todo pasó en unos segundos.

Ana tiró de su vestido hacía abajo, muy nerviosa, casi se lo arranca mirándome con los ojos como platos. Luego se puso frente a mí, tapando la tremenda erección que se me notaba, Y yo aproveché para subirme la cremallera oculto tras ella. Mientras, la puerta del ascensor se abría como a cámara lenta. Y no es que la abrieran despacio, es que recuerdo la escena así, como si hubieran detenido el tiempo unos segundos y ralentizado todo.

Y salió una de mis vecinas con un carro de la compra y unas bolsas de plástico en la otra mano

Suerte de lo ocupada que estaba mi vecina con las cosas que llevaba, que hacían que sus movimientos fueran torpes, dejando las bolsas y empujando de aquel carro, para luego coger de nuevo las bolsas y mirarnos.

-Buenas tardes!- Nos saludó al vernos, sonriendo.
-Buenas tardes!- Contestó Ana con la mejor de sus sonrisas dando un pasito hacía atrás para dejarle pasar.

Ese pasito hizo que su culo pegara contra mi polla, y noté como se apretó hacía mí, y se restregó disimuladamente al ayudar a aquella vecina a abrir la puerta del ascensor.

Sonreí disimulando, sin moverme, tan solo agarrando aquella puerta por encima de Ana, para que no se cerrara. El corazón me iba a mil por hora, y me daba la impresión que el repiqueteo en mi pecho se oía en toda la escalera.

No nos movimos hasta que la vecina enfiló el pasillo de la portería empujando su carro y apañándose para llevar aquellas bolsas. Tan solo giramos nuestras cabezas, sonriéndole a aquella señora mientras se alejaba pasito a pasito.

Me dio la impresión de que era la señora más lenta del mundo, una puta tortuga la hubiera adelantado con las patas atadas, y caminando hacia atrás.

Dios! Que suplicio!

Y cuando enfiló la rampa que quedaba frente al ascensor, dejándonos el espacio justo para pasar y meternos dentro. Lo hicimos volando, y toqué nervioso varias veces el botón del último piso. Donde estaba mi casa.

Nada más cerrarse el ascensor, Ana empezó a reírse, me miraba con cara de no creerse lo que acababa de pasar, y se partía la caja. Yo solo sonreía como un tonto, incapaz de asimilar lo ocurrido.

Continuará…

Un comentario sobre “Asuntos de trabajo (79)

  1. Faltó muy poco para que esta buena señora los descubra….si bien en este caso es diferente, en general beber en exceso es contraproducente a la lógica y la razón….de todos modos, tienen a su favor que son jóvenes….eso casi, casi, los justifica….

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