MARGARITA SOTO

La habitación estaba tenuemente iluminada por el reloj, Laura se había despertado hacía unos minutos, pero no podía moverse. Una fuerza la retenía sobre el colchón y apenas podía respirar. Su corazón palpitaba cada vez más rápido y unas frías lágrimas se paseaban desde sus ojos hasta sus mejillas. La sombra gris permanecía erguida al lado de la puerta y a lo lejos podía escuchar como su hija la llamaba. Intentó gritar pero la voz se negó a salir.

La sombra se movió acercándose a ella y pudo ver el rostro carente de ojos, la nariz eran dos diminutos agujeros y la boca dos líneas finas de un rojo sanguinolento. La imagen flotó hacia ella hasta que sintió su frío aliento sobre su cara y muy a lo lejos le pareció oír de nuevo la voz de su pequeña hija.

Después llegó la oscuridad y el silencio. ©

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