QUISPIAM

Capítulo 6: Conociendo a Fran

No sé el tiempo que estuve pensando en todo lo que había pasado y lo que había descubierto ese día cuando apareció de nuevo la inagotable Marta, aquella enfermera que ocupaba ya hasta mis sueños.

-Hola campeón –dijo con alegría- que buena cara pareces tener hoy…

Lo dijo entrando con la bandeja de la cena que preparó para que pudiera dar buena cuenta de ella. Mientras lo hacía, como era ya inevitable en ella, hablaba sin parar sobre cosas del hospital y de su trabajo, no haciendo en ningún momento referencia ni a nosotros ni a mi pérdida de memoria.

La verdad, lo agradecí. Cenar mientras ella contaba anécdotas que no tenían nada que ver conmigo, que me hacían sonreír con su habitual desparpajo y provocaban aligerar la tensión mental de mi cabeza fue un alivio que agradecí interviniendo en la conversación para alegría de ella.

Pero ella tenía otras obligaciones que cumplir y enseguida tuvo que despedirse de mí, quedando en que volvería al cabo de una hora o así para despedirse y charlar un poco de lo que había quedado pendiente el otro día.

-Oye Marta… ¿puedo pedirte un favor? –Le pregunté antes que se fuera- ¿tienes alguna foto de Fran? Me ha dicho Sonia que se iba a pasar por aquí y me gustaría ponerle cara por si se presenta y estoy solo…

-¿Fran? ¿Y qué pinta él aquí? –preguntó curiosa.

-Ha salido su nombre en la terapia y Sandra cree que puede ser bueno que se pase y, quizás, me ayude a recuperar la memoria –le expliqué.

Marta no se mostraba muy convencida con aquello y parecía dudar sobre qué hacer.

-Sonia ya me ha explicado hoy lo nuestro… -dije no sé muy bien porqué. Quizás no sabía nada de nuestros juegos.

-¿Te ha contado lo de vuestros juegos? –me dijo sorprendida. Pues al final iba a resultar que sí sabía de qué iba la cosa- ¿Y cómo te lo has tomado?

-Pues que quieres que te diga… -dije dudando qué contarle- supongo que aún estoy asimilándolo… ha sido chocante, la verdad…

-Me lo imagino –dijo ella pensativa- bueno, si Sonia está conforme y te ha explicado vuestros juegos no voy a ser yo quien le lleve la contraria… aunque no creo que sea una buena idea…

Sacó su móvil y se puso a buscar hasta que encontró lo que buscaba.

-Este es –me dijo pasándome el móvil y enseñándome una foto donde salían varias personas- saqué esta foto una noche que salimos todos juntos… como ves, salen Sonia, Miriam, Manu y, por supuesto, tú…

Miré la foto con mayor atención. Aparte de la visión que tuve en el sueño, donde me reconocí, era la primera vez que me veía a mí mismo aunque fuera en foto. Ahora que lo pensaba, nadie me había mostrado una imagen mía y ni tan siquiera me había visto en un espejo. Tuve que reconocer que era atractivo. Alto, pelo castaño claro, ojos verdes y un cuerpo bien formado y cuidado. Viéndome, pude entender que aquellas mujeres se sintieran atraídas hacía mí y ya no me vi inferior en comparación con Sonia.

-Ya te dije que estabas muy bueno… -dijo Marta siendo consciente de mi mirada.

-¿Por eso me hiciste una paja ayer? –Le pregunté- porque te gusto…

-Siempre me has gustado, David –me reconoció- pero para ti solo era la amiga ligera de cascos de tu novia, la que se tiraba a cualquier tío que se le pusiera por delante… por eso me imagino que elegiste a Miriam y no a mí para echar una cana al aire…

-¿Quiere eso decir que, de haberte elegido, te hubieras acostado conmigo y traicionado a tu amiga? –quise saber.

-Por supuesto –afirmó con rotundidad- y más sabiendo a lo que jugabais los dos… era cuestión de tiempo que vuestras fantasías os llevaran a querer veros follando con otras personas y, si yo podía ser la afortunada, no iba a dejar pasar la oportunidad…

-¿Insinúas que lo mío con Miriam era algo consentido por Sonia? –pregunté ante sus palabras.

-Que yo sepa no –me aseguró- supongo que no quisiste esperar a que Sonia estuviera preparada para eso y decidiste disfrutar por adelantado de vuestra recién descubierta faceta sexual…

-¿Y Sonia? Ella… -indagué buscando averiguar si ella también había decidido experimentar por su lado.

-Si has hablado con Sonia, sabrás lo de vuestros juegos con Fran –me dijo sin contestar a mi pregunta- sabrás que ella lo ha estado calentando durante meses y que eso, por mucho que quieras, acaba pasando factura… si me preguntas si se ha acostado con él, te digo que no… que quiera hacerlo, rotundamente sí…

Yo tragué saliva, nervioso ante su brutal y descarnada sinceridad. ¿Tan lejos habían llegado aquellos juegos que mi novia deseaba acostarse con otro hombre? ¿Tanto me excitaban aquellas situaciones que estaba dispuesto a ver a mi novia en brazos de otro? ¿O acaso solo era una forma de tener la libertad de poderme acostar con otras mujeres con la connivencia de ella?

-Tranquilo, David –intentó calmarme Marta- que quiera hacerlo no significa que lo vaya a hacer… mírame a mí, yo quiero acostarme contigo y, sin embargo, lo máximo que he conseguido ha sido hacerte una paja… y para ello, has tenido que perder la memoria…

-Pero menuda paja… -le dije guiñándole un ojo e intentando aligerar un poco el ambiente algo incómodo y tenso en el que nos habíamos sumergido.

-¿A qué las hago bien? –Respondió ella agradeciendo el gesto- ya sabes… cuando quieras repetir, no tienes nada más que decirlo que esta se presta voluntaria… -dijo sacudiendo su mano haciendo el gesto típico de masturbar a alguien.

-Te tomo la palabra –le dije siguiendo la broma aunque no tenía la más mínima intención de hacerlo y algo me decía que ella era plenamente consciente de ello- ¿Y estos dos quiénes son? –dije señalando la foto donde salían dos personas a las que no conocía, ambos hombres.

-Este –dijo señalando a un tío enorme, puro músculo y con la cabeza rapada- es Juanjo… amigo de Fran y compañero de gimnasio, trabaja en uno… aunque creo que salta a la vista viéndole…

La verdad es que el tío, a pesar de ser yo alto, me sacaba un palmo y su cuerpo, musculado a base de bien, llamaba la atención. Sin ser guapo, resultaba atractivo a su manera.

-Y el que está a su lado y junto a Sonia es Fran… -dijo señalándome el último integrante de la foto.

La verdad es que nunca me hubiera imaginado a Fran con ese aspecto y di gracias por haber tomado la decisión de ver antes una foto suya. Era el más alto de los cuatro, debía rondar el 1,90. Su cuerpo era atlético, se notaba que se cuidaba y acudía de forma asidua al gimnasio aunque su musculatura no era tan exagerada como la de Juanjo. Su rostro era agraciado, de finas proporciones, donde destacaban unos ojos de un extraño tono claro y unos labios gruesos. Pero lo que más llamaba la atención de él era, sin duda, el color de su piel. Porque Fran era negro.

-¿Te suenan de algo? –me preguntó Marta.

Yo negué mientras no dejaba de observar como Fran rodeaba con su brazo el hombro de Sonia mientras ella se dejaba hacer con naturalidad. No me extrañaba que trabajara, como ellas, de modelo. El tío tenía una belleza exótica que debía abrirle muchas puertas y ganarse el favor de no pocas féminas.

-¿A qué es guapo? –dijo Marta mirando lo mismo que yo- y encima, con lo que tiene allí abajo…

-¿Cómo, a qué te refieres? –pregunté sorprendido.

-Su polla… -dijo Marta- la tiene enorme…

Contemplé alternativamente a Marta y la foto, asimilando todo lo que estaba descubriendo en los últimos momentos y no pudiendo evitar preguntar lo que sus palabras me habían hecho pensar.

-¿Y tú cómo lo sabes? –dije de forma inocente aunque creo que ya me imaginaba la respuesta.

-Porque me he acostado con él –me dijo con toda la tranquilidad del mundo- es la más grande que he visto nunca… la cara de envidia que pusieron Sonia y Miriam cuando se lo conté…

Lo que me suponía. ¿Y por qué no iba a hacerlo si ella estaba soltera y sin ninguna atadura para poder acostarse con quien quisiera? Eso sí, no había podido evitar el presumir ante sus dos amigas, sobre todo de Sonia de la que sabía a qué estaba jugando con él, dándole un motivo más para dar el paso definitivo y dejarse de juegos. Empezaba a dudar si confiar en Marta había sido una buena idea…

Le devolví el móvil que ella guardó en su bolsillo y se me quedó mirando, como evaluando mi estado y si había hecho bien en enseñarme la foto y decirme lo que me había dicho.

-He hablado de más, ¿no? –dijo deduciendo y observándome con detenimiento.

-No, no, en absoluto… es que son demasiadas cosas… -dije yo excusándola- demasiadas revelaciones para un solo día…

Y aun me faltaba la noche que, mucho me temía, lo que iba a soñar seguro que no iba a apaciguar mi ánimo. Ella sonrió comprensiva y me cogió la mano, con afecto que no dudaba que debía sentir hacía mí, aunque empezaba a cuestionarme cuáles eran sus intenciones reales con todas aquellas revelaciones. Ya me había advertido Sandra que no sabíamos si Marta me había contado la verdad… quizás solo me estaba contando lo que a ella le interesaba que supiera…

-Creo que será mejor que te deje descansar… -dijo Marta- ya nos veremos mañana…

-Sí –dije yo- hasta mañana Marta.

Ella se fue a seguir haciendo su trabajo y ya con la tranquilidad de saber que no iba a volver esa noche, me tumbé en la cama pensando en todo lo averiguado ese día o, al menos, lo que creía haber averiguado. Sonia y yo jugábamos provocando a terceras personas para excitarnos y tener unos polvos de campeonato. Pero claro, si cuando te dedicas a provocar, lo haces con un modelo atractivo y con una polla de escándalo… pues estás jugando con fuego.

Y si a eso le sumamos que su amiga ya se ha acostado con él y solo habla maravillas de sus dotes en la cama, pues el riego de quemarte sube exponencialmente. La cuestión era ¿habría sido capaz Sonia de mantenerse firme y no caer en la tentación?

Con estos pensamientos en mente, caí dormido contra mi propia voluntad, que se resistía a caer en brazos de Morfeo temiendo lo que pudiera descubrir en aquel sueño, ver qué fragmentos de memoria acudían esta vez a mí.

El sueño esta vez surgió de una forma inesperada. Estaba de nuevo en aquel piso que, no sé por qué, ahora casi estaba seguro que era mi casa, donde vivía. Y esta vez, yo era el protagonista absoluto del sueño, era el que se movía por él, sintiendo y notando como si aquello fuera completamente real.

No había tormenta aunque tampoco hacía sol, lo que era una novedad. El salón estaba impoluto y no había ni rastro de restos de comida ni bebida y menos de ropa desperdigada por el suelo, lo que en el fondo fue un alivio para mí. Entré en el piso con una maleta y avancé hasta la primera puerta que había a la izquierda del pasillo, un despacho. La dejé en el suelo y me senté en un sofá que allí había.

No sabía por qué pero me sentía muy feliz. Del bolsillo de mi chaqueta saqué una pequeña caja que abrí y contemplé un anillo con un buen diamante en la parte central. Un cosquilleo de emoción me recorrió y supe que aquella joya era para Sonia, que pensaba pedirle la mano y que estaba anhelante por estar delante de ella, ver su cara de sorpresa cuando me arrodillara y le pidiera que se casara conmigo. Supe que había hablado varias veces con ella de dar ese paso, de formalizar nuestra relación y que mi presencia allí, de vuelta a casa antes de hora, formaba parte de la sorpresa que pensaba darle.

La casa estaba en silencio, no había nadie más. Me recosté en el sofá con aquella caja en la mano, acariciando aquel anillo con el que pensaba comprometerme con mi novia de por vida. Y por un instante, todo se volvió negro.

-David –oí que decía una voz- abre los ojos…

Lo hice. No sabía qué había pasado, parecía como si me hubiera dormido en el mismo sueño y que alguien me hubiera devuelto a la realidad de aquella fantasía. Confuso, busqué a la dueña de aquella voz y, para mi sorpresa, vi a una risueña Sandra que me miraba acuclillada junto al sofá.

-Ya te dije que, tarde o temprano, formaría parte de tus sueños, que ibas a soñar conmigo… -me dijo con aquella voz sosegada que ella tenía.

Aturdido y desconcertado, me levanté del sofá y me di cuenta que, de nuevo, la tormenta arreciaba en el exterior y todo estaba como en penumbra. Un desasosiego me recorrió por dentro y supe que aquello no había hecho más que empezar, que las cosas a partir de ese momento solo irían a peor.

-Será mejor que salgamos –dijo Sandra dándome la mano, tomando las riendas de la situación ante mi pasividad- creo que ellos están fuera, en el salón…

Me dejé guiar por ella, siguiéndola por el pasillo hasta el umbral de la sala, contemplando desde la oscuridad como, en efecto, había gente allí dentro. Sonia, Marta, Miriam, Manu, Juanjo y, cómo no, Fran. Bebían, comían, bromeaban, reían mientras la lluvia golpeaba con fuerza los cristales, el viento ululaba con violencia y los truenos y relámpagos se sucedían sin cesar.

Unas velas situadas estratégicamente me hicieron comprender que la luz debía haberse ido y por eso no tenían ni música ni la televisión encendida. Una voz, que no pude identificar, propuso jugar a algo. Propuesta que fue enseguida aceptada por todos con alegría.

No tardaron en estar sentados todos en el suelo, haciendo un círculo y con una botella en medio, que empezó a girar y girar, apuntando cada vez a un personaje distinto, haciendo que éste eligiera entre quitarse una prenda o dar un trago que, por fuerza, los empujaba a sentirse más desinhibidos y algo borrachos.

Yo solo tenía ojos para Sonia, sentada junto a Fran, viendo como éste aprovechaba cada momento para susurrarle cosas al oído, cosas que provocaban la sonrisa cómplice de mi novia. Al igual que intentaba otear siempre que podía dentro del escote de ella, como también aprovechaba para rozarse con Sonia a la menor oportunidad. Y todo con la aprobación y complacencia de ella.

Sandra en todo momento me cogía de la mano, transmitiendo con ese sencillo gesto su intención de darme ánimos y valor para contemplar cómo, ronda a ronda, giro a giro de la botella, con los seis ya bastante bebidos, por no decir borrachos, las prendas empezaron a desaparecer de sus cuerpos.

Vi desaparecer los tejanos de Sonia, sus zapatos, sus calcetines, la camiseta que llevaba, quedando únicamente en ropa interior para deleite de un Fran que solo conservaba un bóxer donde se marcaba un buen bulto y que no perdía detalle de la anatomía de mi chica. Ni ella de la de él.

-Vamos a tener que poner reglas nuevas –dijo la voz de Marta, haciéndome ver que se estaba quitando su sujetador y que solo conservaba un escueto tanga que apenas cubría nada- a partir de ahora, en lugar de prendas propondremos pruebas…

Y para mi sorpresa y mi creciente nerviosismo, todos aceptaron. Incluso Sonia. ¿Acaso era por el alcohol? ¿O acaso era por algo más simple? Quizás era porque quería hacerlo, deseaba hacerlo… Y si era así ¿Por qué? ¿Solo como un juego o buscaba algo más?

-Tranquilo David –me dijo Sandra con calma, casi en un susurro- es solo un sueño…

¿Cómo estar tranquilo viendo lo que estaba viendo? La primera prueba le tocó a Marta que tenía que tocarle la polla a uno de los chicos. No dudó y se fue directa a Fran, al que tocó sin miramientos delante de los morros de Sonia que vio a la perfección y con deleite como aquello crecía y crecía hasta asomar el glande por encima de la tela de su bóxer.

El siguiente turno le tocó a Juanjo que debía tocar el coño de alguna de las chicas. Para mi sorpresa, se dirigió a Miriam, que lo recibió con sus piernas abiertas y con sus tetas aun cubiertas por el sujetador. La manaza de aquel tío se coló por dentro de su ropa interior y enseguida comenzó a gemir de forma escandalosa. Y todo, delante de las narices de Manu, al que se le notaba excitado con todo aquello.

Después le tocó a Sonia, para sobresalto mío. De nuevo, tocar una polla. Pero ella declinó la prueba quitándose el sujetador, para alivio mío y decepción de Fran que pensaba que sería el elegido. Pero la alegría me duró poco. El siguiente turno era de Fran y le dijeron que tenía que tocarle las tetas a una de las chicas. Antes de que sucediera ya sabía yo cuál iba a ser su elección, quien iba a ser la elegida.

No tardó en dirigir sus manos a las tetas de mi novia, comprobando como de esa manera rompía una de aquellas reglas que ella me había dicho que nunca había traspasado, sopesando su firmeza, la suavidad de su piel, su tersura, sintiendo como sus pezones se endurecían bajo sus caricias.

Cuando acabó con ellas, sus dos pitones apuntaban al cielo y sus mejillas lucían sonrosadas, sus braguitas me parecieron ver que estaban húmedas y mi corazón hacía rato que había dejado de latir.

La siguiente prueba le tocó de nuevo a Marta, a la que le propusieron que tenía que adivinar de quién era cada polla. Contemplé anonadado como los tres hombres se situaban de pie, el uno al lado del otro, se bajaban sus bóxer y sus pollas salían a relucir.

La de Manu, simplemente ridícula en comparación con las otras dos, tal como la recordaba del otro sueño. La de Juanjo, grande y gorda, rondando los 17 o 18 centímetros. Más o menos como la mía. Y la de Fran, simplemente enorme. Empalmada gracias a las caricias de Marta y al toqueteo al que había sometido a Sonia, su polla se alzaba orgullosa y totalmente henchida, superando los 20 centímetros ampliamente, siendo devorada por la vista de mi novia que no perdía detalle de ella. Hasta creí adivinar que se mordía el labio ante aquella visión.

Marta, solo tocándola, adivinó la de Manu y la abandonó al instante. La de Juanjo, aunque sabía a quién pertenecía, se prodigó más con ella tocándola y finalmente metiéndosela en la boca hasta donde era capaz, que era bastante. Al final, adivinó a quien pertenecía y, aunque no era necesario, repitió la operación con Fran, que agarró su cabeza y empezó a moverse entrando y saliendo de su boca, follándose literalmente su cavidad bucal.

La angustia, la ansiedad, la inquietud apenas me dejaba seguir viendo aquello, temiendo que la cosa fuera a más, que Sonia se dejara ir y cometiera una locura, si no lo había sido ya dejarse tocar las tetas por aquel sujeto. Pero la que lo hizo fue Miriam que, alentada por Manu, se arrodilló ante Juanjo y siguió la mamada que Marta había iniciado. Y para acabar de rematarme, fue Manu el que quitó el sujetador de su chica, dejando sus tetas al alcance de Juanjo que no dudó en cubrirlas con aquellas manazas que poseía.

Por suerte y alivio mío, Sonia se mantenía aparte de todo aquello. Mirando, sí… pero no participando. Contemplaba absorta el pollón de Fran y como su amiga trataba de engullir aquel pedazo de carne que era imposible poder tragar. Su mirada encendida me demostró lo caliente que estaba, sus pechos se agitaban nerviosos al igual que sus muslos que se frotaban el uno contra el otro, buscando apagar el fuego que la recorría.

-¿Quieres? –Le ofreció Marta a su amiga, sabiendo que estaba deseando hacerlo, tentándola- te aseguro que está rica… muy rica…

-Sabes que no puedo –dijo ella negándose, mirando la polla que le ofrecían, viendo la cara de deseo de Fran que anhelaba que accediera.

-David no está aquí –siguió tentándola Marta- no tiene por qué enterarse…

-No puedo, no debo… –volvió a repetir. No que no quería. El no negarse tajantemente, el no cortar aquello en seco no hacía más que acrecentar mi malestar y el temor a cómo podía acabar aquello.

Marta volvió a meterse la polla en la boca y reanudar la mamada que había interrumpido. Mientras, Fran aprovechó para alargar su mano y de nuevo tocar el pecho de Sonia que no dijo nada, no opuso resistencia a aquel toqueteo que ahora no entraba dentro de ningún juego, provocando un nuevo ataque a mi maltrecho corazón y que aumentara mi congoja.

Al lado, Miriam se levantaba, cogía de la mano a Juanjo y ambos se perdían pasillo adentro en busca de una habitación para culminar lo que allí habían iniciado. Y Manu, cual perrito faldero, detrás de ellos. Al verlos venir hacia nosotros, retrocedimos y volvimos a meternos dentro del despacho para que no nos descubrieran.

Allí dentro, nervioso y angustiado a más no poder al no saber qué podía estar haciendo Sonia con aquellos dos, no veía el momento de volver a salir, volver a ejercer de espía en mi propia casa.

-Tranquilo David… -me dijo Sandra que en ningún momento había abandonado mi mano- recuerda que es solo un sueño… respira hondo…

Lo hice y pareció funcionar, al menos un poco. Por primera vez, mientras intentaba calmarme, me fije en Sandra. Vestía como siempre, un conjunto de falda y blusa con la sempiterna bata encima, con la diferencia que esta vez parecía que la abertura de la misma parecía mayor y conseguía vislumbrar parte de un generoso escote al que hasta ese momento nunca había prestado atención.

-Creo que ya podemos salir… -dijo ella arrastrándome de nuevo al pasillo.

Nada más salir, escuchamos los gemidos provenientes de la habitación que quedaba justo enfrente. Un simple vistazo a su interior y volví a revivir la escena de mi último sueño, aunque esta vez era Juanjo el que acometía con todo contra Miriam mientras Manu se masturbaba viendo cómo se follaban a su novia.

Y de nuevo, volví a tener la absoluta certeza de que eso era lo que había ocurrido. El amante de Miriam era Juanjo, no yo. La pregunta estaba clara ¿por qué me había mentido Marta? ¿Y con qué intención lo hizo?

Sandra volvió a tirar de mí, alejándome de aquella habitación donde ya sabía lo que había ocurrido, llevándome hasta el salón donde, la última vez que había estado allí, Marta mamaba la polla de Fran mientras éste tocaba un pecho de mi novia sin oposición.

En los escasos minutos que habíamos estado fuera, la escena había cambiado. Mientras Marta seguía arrodillada intentando engullir el miembro enorme de Fran, él había alzado a Sonia y acariciaba con mayor soltura sus pechos, amasándolos con anhelo, dejándose hacer ella y con un rictus de placer en su rostro que delataba lo mucho que aquello le estaba gustando.

Una de sus manazas, para mi total frustración, pasó a su espalda que recorrió de forma descendente hasta alcanzar su culo, colándose dentro de su braguita y tocándolo directamente, piel contra piel, de nuevo sin objeción alguna.

-No… no… -dijo ella apartando la mano de su culo y alejándose de él- para… esto no puede volver a repetirse… ha ido demasiado lejos de nuevo…

-Vamos, Sonia… -le rogó Fran- si lo estás deseando…

-Eso es, tía –le dijo Marta interrumpiendo la felación- ¿hasta cuándo vas a seguir negando lo evidente? Te mueres de ganas de probar esta polla…

-Esa no es la cuestión… -dijo ella alterada- no quiero engañar a David…

-¿Acaso tengo que recordarte lo ocurrido hace dos semanas? –le dijo Marta- ¿Y lo que sucedió la semana pasada?

-Soy consciente de lo ocurrido y no me siento especialmente orgullosa–dijo Sonia recobrando parte de su firmeza, de su seguridad, cubriendo sus pechos desnudos con la camiseta que Fran se había quitado, que le quedaba como si fuera una camisola de dormir- por eso esto no puede volver a suceder…

-Sabes que, si quisieras, todo esto sería para ti –dijo Fran mostrándole su verga en todo su esplendor- estoy deseando follarte y tú que lo haga… ¿hasta cuándo vas a seguir haciéndome sufrir, haciéndote sufrir? Déjate llevar, cielo…

-Te he dicho que no me llames así –dijo ella molesta- así solo me llama David… y si tantas ganas tienes de follar, ahí tienes a Marta que seguro que no se va a negar… tampoco será la primera vez que te la tires…

-Ni la última si sigues jugando a ese estúpido juego vuestro… -dijo con sorna Marta- te agarras a unas normas estúpidas que te saltas cada vez que te conviene… ¿acaso todo lo que has hecho, lo que has estado haciendo hasta hace un momento no es engañar a David? Eres una cínica y una hipócrita, Sonia… a David ya hace tiempo que le fallaste, así que déjate de tonterías y disfruta, nena…

-No –dijo de nuevo con rotundidad- eso no va a volver a ocurrir… yo quiero a David y no pienso jugarme nuestra relación por un calentón…

-Él no tiene por qué enterarse… -insistió Fran- está fuera, lejos de aquí, durmiendo en un hotel de mala muerte… y tú aquí, con la polla más grande que has visto en tu vida, dispuesta a darte el mayor placer que hayas sentido nunca… te haré pasar la mejor noche de tu vida, cielo…

-Que no me llames así –dijo enfadada- y si tantas ganas tienes de darle placer a alguien, ahí está Marta…

Un leve tirón me apartó de allí, arrastrándome Sandra de nuevo al despacho, evitando que una enojada Sonia nos descubriera cuando abandonó el salón molesta, para alivio mío. Pero un mar de dudas me asaltaban. Sonia me había dicho que nunca había traspasado aquellas normas que nos habíamos impuesto pero, en aquel sueño, ella se había dejado tocar los pechos sin reparo alguno.

Y, por si fuera poco, habían hecho mención a algo que había ocurrido los dos fines de semana anteriores. Algo que, para ellos, suponía un engaño hacia mí en toda regla y que ella no había negado. ¿Pero el qué? Tampoco era capaz de recordar qué había sucedido aquellas semanas anteriores a mi pérdida de memoria…

Escuchamos una puerta cerrarse con fuerza al final del pasillo, supuse que el dormitorio principal, y fue entonces cuando con un “vamos” Sandra me invitó a volver a salir camino del salón.

Al asomarnos, vimos como Marta estaba tumbada en el sofá y bien abierta de piernas, mientras Fran, con una rodilla en el sofá y el otro pie apoyado en el suelo, golpeaba su enorme polla negra contra el sexo de ella, que gemía extasiada y le apremiaba a penetrarla.

-Vamos cabrón… fóllame de una puta vez… -le conminó- si ella no quiere polla, yo sí la quiero…

-Lo sé de sobras, zorra… -dijo él disfrutando de las vistas- no veo el momento de ensartarla con mi polla y no pararé hasta conseguirlo…

-Y ella de que lo hagas… -dijo ella mientras se retorcía de placer- ya falta menos para que te la puedas tirar y, de paso, yo a David… qué ganas le tengo, por dios… anda, dame como tú sabes…

Fran apoyó el glande junto a su orificio y empujó levemente, traspasando su entrada y gimiendo ella de puro goce.

-Joder sí… -dijo ella contrayéndose de gusto- métemela toda cabrón…

-Ya sabes que no entra toda –dijo él con suficiencia- demasiada carne para ti, nena…

Él siguió empujando hasta meterla tres cuartas partes de su miembro, por lo visto lo máximo que ella capaz de meter dentro de su coñito. Enseguida empezó a moverse, primero de forma lenta para ir luego subiendo el ritmo hasta estar a los pocos minutos follándola con intensidad.

Marta gritaba sin cesar mientras Fran percutía sin descanso contra la menuda enfermera, que vio como él alzaba su pierna para abrirla aún más y darle con todo. Ella no tardó en alcanzar su primer orgasmo pero él no cejó de penetrarla en ningún momento, siguió arremetiendo contra ella mientras una de sus manazas cubría uno de sus pechos en su totalidad.

No daba crédito a lo que estaba viendo y, a pesar de la animadversión que el modelo me producía, no pude evitar empalmarme viendo aquella escena más propia de una película porno.

-Veo que te gusta lo que ves –me dijo Sandra despertándome de mi estupefacción.

Cuando me giré a mirarla, vi que se había desabrochado la bata, pudiendo ver por primera vez la blusa que ocultaba, pudiendo apreciar por la liviana tela que poseía unos grandes pechos, más que los de mi novia, y que en ellos se marcaban unos pezones gruesos, duros y erectos. En su rostro arrebolado, en sus ojos lujuriosos, pude percibir que a ella también le había encendido todo aquello, que estaba tremendamente excitada ante lo que habíamos visto.

Por primera vez la vi como mujer, por primera vez la deseé… a Sandra, a mi sicóloga… y ella a mí, al menos en aquel sueño, en mi sueño…

En el sofá, la pareja seguí dando rienda suelta a su pasión, follando como animales, encendiéndome con sus gritos, sus gemidos, sus palabras soeces, alentándome a dar un paso más, a dejarme ir…

Di dos pasos y Sandra quedó apoyada contra la pared del pasillo, sin escapatoria. Acerqué mis labios hasta casi rozar los suyos, notando la calidez de su boca, sintiendo su aliento en mi rostro, notando su ansiedad creciente porque lo hiciera…

Mi cuerpo completamente pegado al suyo, no dejándole espacio para que se escapara de mí, apreciando los grandes pechos contra mi torso, clavándome sus pezones tiesos y duros, casi notando la calidez de su sexo a través de su falda y ella mi polla erecta clavada contra su pubis, con mis manos en su cintura casi rozando aquel culo portentoso del que ahora era plenamente consciente…

-Me corro… -gimió Fran en el sofá y ambos nos giramos para ver como sacaba aquel trozo de carne negra del interior de una exhausta Marta que había perdido la cuenta de los orgasmos que había tenido. Vimos como su mano agarraba aquel mástil oscuro y de ella brotaban borbotones de semen blanco que volaban al cuerpo inerte de la enfermera, impregnándola con su simiente. Su cara, sus tetas, su vientre, su pubis… parecía no acabar nunca de brotar semen de su polla.

Cuando, por fin, acabó de correrse, se acercó y besó en los labios a una Marta que apenas se inmutó, agotada, satisfecha.

-¿Ya te vas? –preguntó ella casi en un susurro.

-Sí –contestó él poniéndose en pie y colocándose el bóxer- voy a buscar a Sonia…

-¿A follártela? –dijo ella con una sonrisa.

-A intentarlo al menos –dijo con suficiencia- a ver si se ha calentado escuchándote gritar a ti…

-Suerte campeón… -dijo ella dándole una palmada en su culo.

De nuevo Sandra me arrastró de vuelta al despacho, mientras las pisadas de un decidido Fran recorrían el pasillo hasta la habitación del fondo, la habitación de mi casa donde debía dormir una casi desnuda Sonia.

Mi corazón pareció pararse otra vez, mis pulmones dejar de coger aire y todo empezó a dar vueltas a mi alrededor. Si antes había sentido alivio al ver como mi novia se resistía al doble frente de su amiga y su compañero de trabajo para que diera rienda suelta a las ganas de follar que tenía, ahora volvía a sentir las dudas sobre si ella iba a ser capaz de resistir tanta provocación… o si quería hacerlo…

Porque todo parecía indicar que ya algo había pasado en las semanas anteriores y, si eso era cierto, ¿quién me decía que no podía volver a pasar? Y más después de lo que acababa de suceder entre ellos dos en el salón. Los dos casi desnudos, en la misma habitación, en la misma cama…

-Creo que es hora de que despiertes –dijo la voz de Sandra antes de notar como unía sus labios a los míos, besándome de forma tierna y cariñosa, apaciguándome, calmándome, haciéndome volver al mundo de los vivos mientras su imagen iba poco a poco difuminándose y diluyéndose en el mundo de los sueños…

2 comentarios sobre “Fragmentos (6)

  1. Guauuuuu….esto se está poniendo muy caldeado, es fantástico como los sueños de David son tan eróticos y como su psicóloga Sandra se está metiendo a formar parte de sus deseos, por ahora oníricos, pero seguramente estos se irán expandiendo más hasta llegar a la realidad.

    Le gusta a 1 persona

Responder a Juan Carlos Gonzalez Cancelar respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s