ISA HDEZ

Venía de muy lejos cansado de atravesar su universo a donde un día levantó velas y sin dejar ninguna señal de su partida se esfumó. Ella al verlo asomar por el camino se ocultó en la casa creyendo que se trataba de un aparecido o, de que ya su pensamiento se había trastornado sin remedio. Sus ojos menguados por el llanto apenas si veían, pero el destello de su imagen la encandiló y no paró de dar vuelta alrededor de la mesa cuando él entró en la casa y ella oyó su voz. La realidad que estaba viviendo Raiza era superior a lo que era capaz de soportar; lo había dado por muerto y ahora estaba allí delante y la miraba como siempre lo hacía antes de partir, cuando la vida era sencilla y alegre y, el canto del colorín era suficiente para hacerla reír o llorar pero sin el sufrimiento que avivó en su ser tras la huida de su amado, al que esperó cada día y cada noche asomar por el camino de su morada. No escuchaba lo qué le coreaba entre susurros amorosos con los que la envolvía en sus brazos cuando la pudo alcanzar, y entre besos y sollozos la quería calmar y revelar su marcha dolorosa, a otros mundos donde ansiaba hacer fortuna para depararle un mundo mejor. Deseaba superar la miserable vida que le ofrecía en estas tierras, pero tuvo que regresar porque la fortuna no era nada sin ella y él también moría de dolor. Ella no entendía enmienda alguna y rezagada lo miraba con tristeza, como si de un extraño se tratara.

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