SIX

Me dio un vuelco el corazón, las palpitaciones se dispararon, y mi polla casi rompe el pantalón.

“Joder!” Pensé.

Aquello no lo esperaba! Mi mano bajó al pantalón de nuevo, y me la estrujé, mientras Ana miraba de reojo hacía mi mano con deseo.

Acababa de notar como una gotita de líquido preseminal había salido de la punta de mi polla de pura excitación. Debió ser un goterón largo, porque enseguida empecé a sentir la humedad caliente que me proporcionaba en la punta de mi polla.

Ufff…

Estaba excitadísimo, tanto como para cometer aquella locura allí mismo, pero no lo suficientemente borracho como para que mi sentido común no me alertara de semejante locura. Miré alrededor, ya nadie reparaba en nosotros, de hecho, ni me había dado cuenta que ya no quedaban trabajadores, y solo estábamos nosotros, el ludópata, la camarera, y otra mesa ocupada por unos que no había visto antes, con unas cervezas y unas tapas.

“Joder!” Volví a decirme para mi mismo.

“Joder! Joder!” Me repetía.

El corazón me iba a mil, creí que se me saldría por la boca, y miraba alrededor como alguien que va a cometer una travesura.

Me lo estaba pensando! Hasta el momento había logrado controlar la situación y mi excitación, pero estaba a punto de perder los papeles, y perder el control.

“Joder!”

Miré a Ana y me miraba hambrienta, hinchando su pecho al máximo, mientras se mordía la boca. Sus piernas ya estaban totalmente abiertas, como si le importara una mierda que alguien nos viera. Mientras, la punta de mis dedos volvían a entrar tímidamente entre sus labios.

-Oscar…- Susurró Ana haciendo que la mirara. –Vamos a tu casa, o fóllame aquí mismo!

Sonaba desesperada, muy cachonda. Totalmente entregada.

Y mi cordura, la poca que me quedaba, me rescató.

-Voy a pedir la cuenta.- Le dije mirándola a los ojos.

Ana sonrió, como alguien a quien le hubieran dicho que se había acabado el esperar por hacer algo que ansiaba desde hacía mucho. Su pecho iba arriba y abajo como enloquecido por el ritmo de su respiración.

Me giré hacía la camarera, sacando mi mano de entre las piernas de Ana, pero no me dio tiempo a llamarla. Ana agarró mi muñeca y tiró de ella sin que hubiera podido sacarla de debajo de la mesa.

Miré a Ana.

-Nno… No pares… Por favor…- Suplicó.

Sonreí de nuevo. No me lo podía creer.

Metí de nuevo la mano bajo su falda, y Ana abrió sus piernas para recibir mis dedos. Torcí todo lo que pude mi muñeca, y le clavé los dedos lo poco que pude. Ana se levantó ligeramente de la silla al notarlos, como si le quemaran, y vi como cerró sus puños encima de la mesa. Era la primera vez que se los clavaba tan adentro. Y vi como ahogaba un gemido cerrando sus labios con fuerza.

-MMMMññhh…

Comencé a moverlos dentro de ella, y a Ana empezaron a temblarle los labios.
Estaba empapadísima.

Mientras la masturbaba, miré de reojo a ver si todo iba bien, primero a la mesa de las tapas, ninguno reparaba en nosotros, estaban por sus cosas, bebiendo y riéndose de gilipolleces que se contaban. El de la máquina tragaperras seguía peleándose con los botones, de espaldas a nosotros, y la camarera ni siquiera apartaba la vista del reality del televisor.

Perfecto.

Cuando volví a mirar a Ana, me estaba mirando fijamente, concentrada en lo que mis dedos le hacían sentir.

-En qué quedamos… Nos vamos o nos quedamos?- Pregunté burlándome descaradamente de ella.
-Nno… lo sse!- Soltó entre suspiros.

Sonreí.

-Así que eres mía? Mi… Puto juguete?- Le pregunté sin abandonar ese tono de burla.

Soltó un pequeño resoplido antes de contestar, que de haber habido alguien cerca, le hubiera alertado de lo que estaba pasando debajo de la mesa.

-SSi!- Susurró como pudo.

Ana se revolvía en la silla, luchando para no dejarse llevar, mientras intentaba aparentar normalidad. Pero apenas lo lograba.

-Y obedecerás todo lo que te diga?- insistí.
-Si! Lo… Haré lo que quieras!- A Ana le temblaban los labios al hablar.

Sonreí de nuevo.

-Pues se me ocurre algo…- Susurré mientras le hundía los dedos un poco más.

Ana se agarró a la mesa, abrió la boca sin emitir ningún sonido, y me miró con una mirada entre el miedo y el deseo. Sonreí mirando a sus ojos de manera perversa, y noté que en ella crecía su miedo, con esa mezcla de no saber qué le iba a pedir, y a la vez deseando que le impusiera cualquier locura.

Resoplaba.

-A partir de ahora… no usaras bragas, a no ser que me pidas permiso.- Le dije mirándola a los ojos y moviendo mis dedos dentro de ella.
-Uuhh…- Emitió.
-SSshh! Que te van a oír…- La regañé.

Ana puso una carita lastimera frunciendo el ceño.

-Me has entendido?- Pregunté.
-SSshh… Si.- Soltó escondiendo un gemido.
-Y que harás?

Le hablaba de manera autoritaria, se me había subido a la cabeza, y si quería que me portara como su dueño, lo haría. Ella frunció de nuevo sus cejas, y volvió a mirarme con esa miradita lastimera y sumisa.

-No… Nn… Mmmh… No me pondré braguitas cuando… Ufff… venga a verte.- Consiguió decir entre suspiros.

Mis dedos estaban empapados, entraban y salían de ella haciendo la bicicleta lentamente para no llamar la atención, procurando que en cada vaivén le diera con las yemas en el clítoris al entrar y salir.

-Eso no es lo que te he dicho.- Solté sin abandonar ese tono autoritario.

Ana me miró extrañada, pero algún punto sensible de su coño hizo que cerrara los ojos un segundo y volviera a mirarme.

-Escúchame bien. No vas a usar bragas sin mi permiso, ni aquí, ni en tu casa, ni en ningún sitio…- Empecé a decirle como si le impusiera una sentencia. -…Quiero que cuando tengas la necesidad de usarlas, te acuerdes de mí, de que no puedes hacerlo, porque no te lo permito… Y cuando te sientas desnuda, estés con quien estés… Sabrás que lo estas porque me perteneces. Y recordarás de quien eres.

Saqué la mano de su coño, y le agarré la mandíbula para obligarla a mirarme.

-Me has entendido ahora?- Solté con autoridad como si la regañara zarandeando un poco su barbilla.

Ana me miró totalmente sorprendida, colorada por lo excitada que estaba, y sin saber exactamente que decirme. Su pecho se hinchaba y deshinchaba profundamente, subiendo y bajando de manera exagerada.

-Ssi.- Contestó al final con un hilo de voz.

Inmediatamente supe que mi último gesto, zarandeándola, había llamado la atención del bar, probablemente alguien nos estaría mirando, o quizás todos.

Pero Ana solo me miraba a mí, como si los demás no existieran. Aquel tímido “Si”, la cambió, ahora me miraba como si yo fuera un gigante, intentando recuperar el aliento como si hubiera corrido una maratón.

Y yo también había cambiado, el vino y el último chupito se me había subido a la cabeza y me había dado valor y gallardía, ahora tenía el control absoluto de la situación, mi polla seguía palpitando en mis pantalones, pero ya no me temblaban las manos, ni sentía ese nerviosismo.

Ana me miraba como si esperara alguna instrucción, alguna orden, respirando nerviosa. Abrió un par de veces sus labios como si fuera a decir algo, pero luego se lo pensó mejor. Y al final optó por coger su copa de vino y luego la mía, junto lo que quedaba de ambas copas, y de un trago se lo bebió todo.

Ya no había ni una gota de alcohol en la mesa.

Miré al local, con la idea de ver si alguien nos seguía mirando, y descubrí a uno de la mesa de al lado pendiente de nosotros. Pero en cuanto crucé su mirada con la mía dejó de mirarnos.

-Voy al baño, Ahora vengo.- Solté.

Ana me miraba mordiéndose los labios, pero parecía no querer decir nada, su mirada era sumisa, como si tuviera miedo a hacer o decir nada.

Me coloqué la polla lo mejor que pude antes de levantarme para disimular la empalmada que llevaba, y al levantarme vi como Ana clavó sus ojos en mi paquete. Sonreí. Por suerte yo estaba de cara a los lavabos y no tenía que girarme para demostrarle a todo el bar lo dura que la tenía.

Dejé a Ana a solas, y vi de reojo que se acomodaba en la silla bajándose de nuevo el vestidito. Estaba loco por ella, estaba clarísimo. Pero no sé qué sentía, porque era una atracción puramente sexual. Que la alimentaba el morbo y el deseo, no solo de follármela, sino de dominarla. Sentía la necesidad de hacerla mía, y cuando se mostraba tan sumisa, era como si me inyectaran adrenalina. Lejos de eso, no sabía que era Ana para mí.

En el baño, me saqué la polla y la sentí caliente y dura al estrujarla en mi mano. Necesité meneármela un par de veces, y sentí alivio. Tenía la punta empapada de un líquido transparente y viscoso. Era liquido preseminal, Ana conseguía excitarme muchísimo. Tanto, que yo mismo me empapaba. Y aunque estaba meándome desde hacía rato, me costó hacerlo por la empalmada que llevaba.

Cuando acabé, me limpié y me la guardé, y agradecí mucho el hecho de mear porque relajó mi polla dándome un pequeño descanso.

Estaba eufórico, no solo el vino me había dado ese puntillo, sino que cuando conseguía doblegar a Ana, llevarla a ese estado en el que podía pedirle cualquier cosa, me sentía poderoso, y ese poder me emborrachaba más que cualquier alcohol.

Salí del baño, y me encontré la misma estampa, nada nuevo había cambiado, y al llegar a la mesa de Ana, me miró y sonrió.

-Creo que no tenía que haber bebido tanto… Jajaja!- Soltó ella riéndose sin sentido.

La besé, un pico largo, pero no llegué a sentarme.

-Vamos… Pagaremos en la barra.- Le dije.

Ana se levantó y la agarré de la mano tirando de ella en dirección a la barra de aquel bar.

Una vez allí me di cuenta de que Ana llamó mucho la atención del tío de la máquina tragaperras, que no paraba de mirarla de arriba abajo disimulando mientras seguía dándole a los botones.

A mí me dio un no sé qué, y agarré a Ana de una nalga y tiré de ella hacía mí, besándonos. Como si quisiera dejar claro que Ana era Mía.

Ella me sonrió después de ese beso. Y se quedó pegada a mí.

-Que… Qué pasa?- Me preguntó con cuidado, como si no quisiera ofenderme.
-Nada… que a mí también me ha tenido que subir el vino…

Y los dos nos reímos. Tras eso, le hice una señal a la camarera de que quería pagarle. Y la señora nos sonrió, como si se alegrara de ver a una pareja manoseándose y dándose cariño. Luego se dio la vuelta para coger el datafono, ya que yo le había enseñado la tarjeta.

-Bueno, no… Espere!- Le dije de repente.

La señora volvió a sonreírme. Y yo me giré hacía Ana estrujándole la nalga para apretarla contra mí. Notó mi polla, que se había vuelto a endurecer desde el momento en el que besé a Ana.

-Otro chupito?- Le dije a Ana.
-Pfff… Vale! Jajaja!- soltó risueña.
-Póngame dos chupitos más.- Le dije al final a la señora mientras con el dedo señalaba hacia la estantería que tenía en la pared llena de botellas.

Era cierto que no tenían gran cosa, supongo que al fin y al cabo eran un bar de menús para obreros. Señalé una botella de Jack Daniels, y miré a Ana.

-Jack Daniels?- Le pregunté a Ana mirándola a los ojos.

Ana arrugó su naricilla, y puso cara de asco.

-No me gusta el whisky a solas!- Se quejó con un puchero.
-Vodka?- Pregunté sabiendo que lo habíamos bebido alguna vez.

Ana sonrió asintiendo. Y yo me giré hacía la señora para señalarle la botella de Absolut. La señora me miró con cara divertida, como si se riera de lo borracha que iba Ana, pero disimulando para no ofendernos. Me extendió la maquinita de crédito, y puse mi pin. Luego puso dos vasitos en la mesa, y los llenó de líquido transparente.

Ana cogió su vasito y me miró.

-Deberíamos dejar de beber tanto.- Soltó Ana con una sonrisa tontorrona.
-Por? Un día es un día…
-Porque creo que llevo borracha desde ayer!- Soltó con una carcajada.

Me reí con ella.

-Estamos celebrándolo.- Le dije.
-Y que celebramos?
-Que me lo paso genial jugando contigo!- Susurré.

Ana chocó su vasito contra el mío, y ambos nos los bebimos de un trago, con un movimiento de cabeza.

Luego Ana me miró arrugando las cejas mientras sentía como el líquido le quemaba al bajar por su garganta. Yo me aguanté, tampoco era para tanto, lo malo era que a mi el vozka solo no me gusta nada.

Creo que ella no pilló lo que le dije para el brindis hasta después de bebérselo.

-Eres un… Da igual!- Soltó claramente borracha.

Y los dos nos reímos de nuevo.

-Vámonos.- Solté.

Y Ana no se lo pensó dos veces y me agarró de la mano para cruzar la puerta.

Al salir de aquel sitio, Ana dio de nuevo otro traspié, y se agarró a mí, estallando en risas.

-Joder! Que pedo llevo! Jajajaja!- Soltó.

O se estaba haciendo la tonta, o realmente todo lo que bebimos le había afectado más que a mí. Porque yo estaba algo mareado, pero no tanto.

La agarré del culo y se lo estrujé, atrayéndola hacía mí. Y volví a besarla.

Ana abrió su boca y alargó su lengua para recibirme. Como me encantaba que recibiera así mis besos!

Y en un abrazo muy íntimo, nos fundimos el uno con el otro, sin que nos importara estar en medio de la calle.

Mis manos subían y bajaban por su espalda, y cada vez iban más abajo, estrujando sus nalgas. Y Ana empezó a emitir unos gemiditos tímidos en mi boca, que me empezaron a poner cardiaco.

Cuando acabamos de enrollarnos allí en medio, fui consciente de que todavía seguíamos enfrente de aquel bar. La agarré por el culo y tiré de Ana hacia mi casa. Ella se agarró a mi cintura, y ambos empezamos a caminar acurrucados el uno en el otro.

Continuará…

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