ECONOMISTA

Eché una ojeada rápida por encima del hombro de mi cuñada por si alguien nos pudiera pillar, pero a la hora que era y en el sitio que estábamos me di cuenta de que estábamos seguros de que nadie nos iba a ver. Yo seguía con la mano plantada en una de sus nalgas, pero era mas que nada para mantener el equilibrio, también es verdad que no la había retirado e incluso había apretado un par de veces sobándola su enorme trasero.

Carlota seguía con su mano jugando en mi entrepierna y ahora había apoyado la cabeza contra mi cuerpo, por lo que yo seguía aplastado con poco margen de maniobra. No sabía muy bien que es lo que estaba sucediendo, pero entre el baile con Dolores, la conversación que había tenido en la barra con el desconocido hablando de Carlota y la paja la noche anterior con Toni comentando sus fotos me había pillado un buen calentón.

No me atrevía a hacer nada, no quería ser el que pudiera dar el paso y que luego Carlota pudiera recriminármelo, así que esperé que fuera ella la que tomara la iniciativa. Yo no sé si estaba borracha o se lo hacía el caso es que cuando empezó a desabrocharme el pantalón me dijo.

– ¿Te parezco atractiva?, ¿porqué no le gusto a nadie?, dijo como una niña mimada.

Y acto seguido metió la mano dentro del pantalón para agarrarme la polla, sentí sus dedos directamente en mi miembro y por fin separó un poco los cuerpos para poder maniobrar. Yo la correspondí subiendo la mano que no tenía en su culo para ponerla en sus tetas. Quería tocárselas, estrujárselas, manosearlas hasta dejarla bien sobada.

Aquellas tetazas habían sido fuente de miles de pajas y ahora las tenia a mi disposición para jugar con ellas a mi antojo.

No pensaba en las consecuencias de nuestros actos, joder era la hermana mayor de mi mujer y estaba dejando que me pajeara mientras la sobaba las tetas y el culo. Con el movimiento de su brazo se le movían los pechos, lo que me daba mas morbo todavía. Apenas me cabían en la mano, eran mas grande de lo que había pensado aunque mas blanditas también. Estaban calientes y los pezones cada vez se le iban poniendo mas y mas duros.

Quería quitarla el sujetador para poder sentirlas bien, pero no sabía como hacerlo, no podía meter la mano por debajo, así que la única solución era bajarla los tirantes, pero cuando lo intenté ella me retiró la mano volviendo a colocar el tirante en su sitio. No se iba a dejar desnudar en medio de los jardines.

Estaba tan concentrado en manosearla el culo y las tetas y disfrutar aquel tacto que ni me di cuenta de lo que estaba pasando ahí debajo. Solo sé que estaba muy excitado, entonces Carlota me dijo.

– ¿Estás bien?, ¿te pasa algo?

Yo no comprendía la pregunta, pero cuando miré hacia abajo me di cuenta a lo que se refería. Mi pene apenas había pasado a estar minimamente hinchado, estaba lejos de tener una erección y Carlota meneaba un pingajo intentando que se me pusiera dura.

No supe ni que responder, me sentí avergonzado, abochornado y ella me lo vió en la cara. Pero lo peor fue cuando de repente comenzó a reírse, pero no un poco, un risa estúpida de estas que no puedes controlar y que me puso de muy mala hostia. No había visto así a Carlota en mi vida, me soltó la polla para poner las dos manos en mis hombros y seguir a carcajada limpia.

– ¿Pero que estamos haciendo, jajajajajaja?, dijo.

Yo cuanto mas se reía mas enfadado me ponía, no sabía si era un enfado conmigo mismo o con ella, o con la situación en general por no haber estado a la altura. La sensación era idéntica a cuando vas perdiendo en cualquier juego y estás enrabietado y el rival decide que ya no quiere seguir jugando. Te deja un vacío interior y una sensación de impotencia que solo puedes canalizarlo con un tremendo enfado. Me di cuenta de que aquello era el final, pero eso no podía terminar así, no con Carlota riéndose a mi puta cara. Otra vez no.

Era el remate a un fin de semana para olvidar con mi cuñada.

– ¿De que te ríes?, pregunté yo.
– No, nada, déjalo, dijo ella intentando separarse de mi.

Pero yo no la dejé, la rodee con el brazo por la cintura para pegarla contra mi.

– ¿Que haces?, dijo ella mirándome extrañada.
– Quiero que me digas porqué te has reído así, tiene que ser por algo…
– Da igual David, me he acordado de una cosa, pero ahora no viene al caso…
– Pues claro que viene al caso, quiero que me lo digas…
– ¿Para que…?, déjalo estar…no tiene importancia…
– ¿Ahora no te atreves a decírmelo?…no es muy de tu estilo…que lo sueltas todo con muy mala hostia…
– ¿De verdad quieres que te lo diga?
– Si, dime porque te has reído así…
– Bueno, pues es por una cosa que decía Gonzalo…ya está, era por eso, me he acordado…
– ¿Una cosa que decía Gonzalo?, que decía ese de mi…
– Que da igual David, déjalo, dijo intentando separarse otra de vez de mi.
– Que quiero que me lo digas…no te voy a soltar si no lo haces…
– ¡¡Pues decía que eras un pichafloja!!, valeee???, eso querías saber pues ya lo he dicho…en casa te llamaba muchas veces el pichafloja, y se la escapó otra pequeña risa que intentó taparse llevándose la mano a la boca.

Entonces algo despertó en mi. Aquella humillación era lo que mi polla estaba esperando para ponerse dura inmediatamente. Cada mente funciona de manera distinta, seguro que algunos con aquello la hubieran mandado a la mierda directamente, pero a mi me provocó el efecto contrario. Me provocó una erección como si me hubiera tomado una pastillita azul.

Carlota intentó separarse de nuevo.

– Oyes lo siento, no quería…suéltame, dijo dándome una palmada en el hombro.
– No, espera, dije volviéndola a atraer hacia mi.

– David, vale ya…
– Por favor, dije cogiéndola la mano y poniéndosela otra vez en mi polla.

Se quedó sorprendida de lo rápido que se me había puesto dura, pero Carlota ahora quería poner algo de cordura y terminar lo que fuera que estaba pasando entre nosotros en aquellos jardines. Yo bajé mis manos para ponérselas otra vez sobre su culo y se lo apreté con ganas.

– David, nooooo, dijo Carlota empuñando mi erección sin soltármela.
– Mmmmmmmmmmm, me pones mucho, dije acariciando su culo.
– ¿Que hacesss?, dijo comenzando a meneármela otra vez.

Ahora fui yo el que me lancé a besar su cuello, intenté buscar su boca, pero ella me la retiró, no quería besarme. Era la última linea que Carlota no estaba dispuesta a traspasar, podía agarrarme la polla, pero veía mal besarse con el marido de su hermana. Era de locos.

Entonces se la escapó un pequeño gemido mientras la comía el cuello y le manoseaba con fuerza el culo. Aquello me encendió mas, había hecho gemir a la zorra de Carlota.

– ¿Ya no soy tan pichafloja, eh?

Ella con los ojos cerrados en una muesca de placer, medio sonrió y me siguió el juego, se había dado cuenta de que eso era lo que me excitaba.

– Pues claro que si, sigues siendo un pichafloja, me dijo gimoteando.
– Mmmmmmmmmmmmmmm…

Subí las manos para juntar sus enormes pechos y agaché la cabeza intentando meterla entre ellos, Carlota apenas me lo permitió, pero pude pasar la lengua baboseándolos un poco. Ella seguía con su paja, a un ritmo perfecto, no muy rápido, pero tampoco despacio. Tenía que avanzar un poco mas, pero ella no me dejaba hacer casi nada. O pensaba algo rápido o me iba a correr como un idiota mas pronto que tarde.

– Mmmmmmmmmmmmm, me encanta como lo haces, mmmmmmmmmmmmm, estás buenísima, dije intentando subir su autoestima volviendo a cogerla por los glúteos.
– ¿Te gusto?, ¿te parezco guapa?
– Si, me gustas muchoooo, mmmmmmmmmmmmmmmmmm…
– David, mmmmmmmmmmmm…para…esto está muy mal…
– No por favor, no pares, solo un poco mas, llámame lo que quieras, pichafloja, cornudo…lo que quieras…
– ¿También te gusta que te llamen cornudo?…
– Si, me encanta, no solo me gusta que me lo llamen, también lo soy, mmmmmmmmmm…
– Mmmmmmmmmm…Claudia…?, no te creo…
– Siiiiiiiii, a tu hermana la encanta follar con otros tíos delante de mi…me ha hecho cornudo muchas veces…
– Eso no me lo creo…
– ¿Porqué te crees que íbamos tanto a Madrid?, nos veíamos allí con un cabronazo que se la follaba delante de mi en el hotel…nos encantaba hacerlo…
– ¿Es en serio?
– Joder y tan en serio, dime que soy un cornudo, dije empezando a subir su vestido poco a poco.

Por fin Carlota se dejó hacer, no sé si estaba muy excitada o sorprendida ante la confidencia que la había hecho fruto de mi calentón, el caso es que se dejó subir el vestido desde los pies hasta arriba. Planté las manos directamente en sus enormes nalgas. Me sorprendió mucho que Carlota llevara un tanga que se vería ridículo metidos entre aquellos glúteos.

– Cornudo, jajajaja, eres un cornudo, jajajajaja…
– ¡¡No te rías!!
– Lo siento, jajajaja, no sé que me pasa, lo siento de verdad, jajajajajaja.
– Que no te rías joder, dije clavando los dedos en su culo.
– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, despacio…jajajajajaja, pichafloja, cornudo, jajajajajajaja…
– ¡¡Que no te rías puta!!

Entonces me separé del árbol y cogiéndola por la cintura la empujé contra él y me puse detrás haciendo que Carlota quedara de espaldas a mi. Me pegué a su culo y no la dejé margen de maniobra. Tenía su culazo delante de mi y por fin lo pude ver cubierto tan solo por un pequeño tanguita que se perdía entre aquellas dos masas de carne. Era mas grande de lo que pensaba, pero también estaba muy duro, un culazo macizo que acaricié con las dos manos unos segundos antes de que ella se quejara.

– ¿Que haces?, protestó Carlota.
– Cállate joder, cállate ya de una vez, ¿tu que crees que voy a hacer?, voy a follarte, no es lo que querías que te follara?, pues ahora te la voy a meter, dije cogiéndome la polla y poniéndola entre sus piernas.

Ni yo mismo era consciente de la dificultad de lo que pretendía, entre lo irregular del terreno, el largo vestido que tenía que sujetar con una mano, el tanga, lo enorme de su culo y mi polla que no es que fuera muy grande precisamente enseguida me di cuenta de que no iba a ser una tarea fácil. Y aunque Carlota tampoco me ayudaba, por lo menos no ofrecía resistencia y me dejaba hacer, sin duda alguna con muchas ganas de sentirme dentro de ella.

Me faltaban manos, o sujetaba el vestido, o apartaba el tanguita o guiaba mi polla para buscar la entrada de su coño, de momento me conformé con meter la mano y acariciarla el coño por encima del tanguita. Carlota volvió a gemir y movió las cinturas al sentirme. Como pude aparté su ropa interior para meterla un dedo dentro.

Recuerdo que pensé, “no sé como acabará esto, pero por lo menos ella ya me ha pajeado y yo la he metido los dedos en el coño”.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhh, gimió mas alto Carlota, lo que me animó a meterla otro dedo.

Apenas estuve unos segundos masturbándola, no era eso lo que pretendía. Quería follármela.

Me pegué a ella intentando poner la polla entre sus nalgas, con una mano sujetaba el vestido y con la otra le apartaba el tanguita y guiaba la polla hacia su interior. Siempre había tenido la teoría de que para follarse un culo tan gordo no vale cualquier polla, hay demasiado espacio hasta llegar a tu objetivo, antes tienes que apartar las masas de carne y si no tienes una polla larga, como era mi caso, apenas puedes meterla, al menos en una postura como esa, de pies y desde atrás.

En un primer intento apenas llegué a rozar con la polla en su coño, no me llegaba, además el tanguita hacía mucha presión y volvía constantemente a su lugar original, con la otra mano no podía soltar el vestido sino se le caía hacia abajo.

– No puedo, ayúdame…

Pero Carlota no hacía nada, se creía que con sacar su culazo mas hacia atrás estaba todo resuelto.

– Así no puedo, apártate tú el tanguita joder…

Carlota pasó los brazos hacia atrás y metiéndolos por los laterales se bajó el tanguita hasta dejarlo a medio muslo. Eso era mejor idea de lo que había pensado yo. Estaba tan obcecado en metérsela que no había ni pensado en bajárselo. Un problema menos.

Pero todavía me seguía pareciendo muy difícil la misión.

Al segundo intento me encontré vía libre, tuve que pegar mi cuerpo todo lo que pude contra ella, apartando sus glúteos con mi antebrazo y luchando por intentar metérsela, le estaba rozando con el capullo los labios. Ella volvió a gemir al sentirme tan cerca. Con un golpe de cadera se la pude meter unos centímetros, pero cuando intenté pegarle una embestida se me salió de dentro.

– Ahhhhhhhhhhhhhh, vamosssssssssss, ummmmmmmmmmmm, mmmmmmmmmmmm, vamossss, dijo Carlota animándome a que siguiera.

Aquello estaba siendo ridículo, si, esa era la palabra, un ridículo con mayúsculas es lo que estaba haciendo con la hermana de mi mujer, primero ni se me ponía dura, luego me había empalmado cuando me llamó pichafloja, mas tarde le había confesado que Claudia me había hecho un cornudo y ahora era incapaz de metérsela porque no la tenía lo suficientemente larga.

Si hubiéramos estado en la habitación de un hotel o en otro sitió habría cambiado la postura, bien poniéndome encima de ella en un misionero o haciendo que se sentara sobre mi, pero de pies, en aquellos jardines contra el árbol era lo único que podíamos hacer.

Mi única preocupación era metérsela a Carlota. Ya me daba igual si la estábamos cagando, las futuras consecuencias, o si pasaba alguien y nos pillaba. Me daba todo igual, solo quería meter mi polla dentro de ella.

Intenté atacar desde un poco mas abajo flexionando las rodillas y apuntando con mi picha lo mas vertical posible, así conseguí clavársela prácticamente a la primera haciendo que Carlota se sintiera llena y se la escapara un suspiro de placer, pero cuando intenté embestirla se me volvió a salir.

Mi cuñada cada vez estaba mas impaciente deseando ser follada lo que a mi a la vez me ponía mas nervioso si cabe. Al menos había encontrado la manera de podérsela meter mas o menos con facilidad. Otra vez me agaché un poco y subiendo las caderas se la volví a clavar. Esta vez no iba a dejarla escapar.

Comencé un movimiento de vaivén, si poderla sacar, intentando que el cuerpo de Carlota se quedara pegado al mío lo mas posible, así no hacía el típico mete saca sino que era una follada acompasada, los dos cuerpos a la vez delante y atrás y cuando llegaba a su fin el movimiento hacía un golpe final de cadera haciendo que el culazo de mi cuñada temblara con la embestida y provocándola un gemido grave en su voz.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh AHHHHHHHHHHHHHHHHGGGGGGGGGGHHHHHH!!!

No podía hacer otra cosa, tenía las dos manos ocupadas, una rodeando ahora la cintura de ella para atraerla contra mi y la otra la pasé hacia delante poniéndola sobre su coño para que no se me saliera la polla.

Ahora si, me la estaba follando. Estaba dentro de ella y no iba a parar hasta correrme.

Tampoco es que fuera a durar mucho, una vez que comprobé que en esa postura no se me salía de dentro pude subir una mano para agarrarla las tetas y luego pegué la boca contra su hombro desnudo mordiéndoselo suavemente.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhh sigueeeeeeeee, sigueeeeeeeeeee, dijo Carlota empezando a disfrutar del polvo que la estaba pegando.

Pero yo ya estaba terminando, ni tan siquiera la avisé, manoseando sus tetazas y con la boca en su hombro me dejé ir. Estaba disfrutando tanto con aquello que preferí no cambiar nada, seguíamos con el movimiento junto delante y atrás hasta que no pude mas. Me temblaron las piernas y gimoteé dejando caer un poco de babilla encima de ella, que estaba tan concentrada que ni se dió cuenta de que estaba empezando a vaciar los huevos dentro de su coño.

Apreté mas su cuerpo contra el mío, no quería que mientras me corría se me saliera la polla, se lo tenia que echar todo dentro. Quería dejar mi lefada en las entrañas de mi cuñada Carlota, que se acordara bien que un día me corrí dentro de ella.

Cuando terminé seguíamos con el movimiento de vaivén, pero mi polla no tardó en perder la erección y se salió enseguida haciendo que un hilo de semen comenzara a gotearla del coño.

– No te pares ahora, dijo Carlota echando la mano hacia atrás buscando mi polla, pero se encontró con su entrepierna empapada por mi corrida y comprendió lo que había pasado.

Yo seguía gimoteando en su hombro con la mano sobre sus pechos y Carlota se apoyó en el árbol y suspiró resignada.

– Lo siento, no he podido evitarlo…tu no has terminad…¿quieres que te haga algo?
– Aparta joder, dijo Carlota echándome a un lado y comenzando a colocarse el tanguita entre sus glúteos.

Se bajó la falda y salió de allí como pudo dando tumbos. Intenté ayudarla, pero de un manotazo ella me apartó las manos.

– No me toques imbécil…

Y se perdió por el camino de vuelta a las habitaciones del hotel. Si hubiera tenido un cigarrillo me lo hubiera fumado en ese momento. Y eso que no fumo. Me sentía bien, la noche era súper agradable y no se oía ningún ruido. Estaba en la gloria, disfrutando de una sensación de euforia desmedida mientras me subía los pantalones. Me acababa de follar a mi cuñada Carlota.

¡¡¡¿¿¿Me acababa de follar a mi cuñada Carlota???!!!

A saber de que pie se levantaba ésta al día siguiente. Solo de pensar en todas las posibilidades que se podían dar me entró un sudor frío. De golpe me cambió el estado de ánimo, solo quería hacer un agujero y meterme debajo de la tierra. Conociendo a mi cuñada podía arruinarme la vida en las próximas horas.

Un comentario sobre “Cornudo (121)

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