QUISPIAM

Capítulo 5: La revelación de Sonia.

La angustia que sentía por dentro al ver aquello me dejó ya completamente paralizado y sin fuerza de voluntad, no entendía nada de aquel sueño mucho más confuso que el anterior. Sandra me había dicho que los sueños irían a más, que serían más complejos, que ganarían en intensidad pero aquello… era demasiado para mi maltrecha mente, para mi maltrecho cerebro.

-Mírala como disfruta… -dijo Marta a mi espalda mientras desabrochaba el cinturón, el pantalón y me desnudaba de cintura para abajo- cabrona con suerte…

Sentí su mano rodear mi polla completamente dura y solté un gemido de satisfacción al sentir tocar mi carne que palpitó al contacto con su piel cálida y suave. Empezó a mover su mano, de forma lenta y cadenciosa, disfrutando de la sensación de tocar mi verga en toda su extensión, ya no sé si por primera vez o qué, tal era la confusión que reinaba en mi mente.

-Dios, qué polla… -dijo susurrándome en el oído- si lo llego a saber…

Dentro de la habitación, la follada subía en intensidad. El choque de sus cuerpos cada vez era más violento, la cama no dejaba de crujir bajo la intensa batalla que mantenían los dos cuerpos unidos, con movimientos rítmicos y anhelantes. Los dos amantes se fundían sin la pretensión de ganar aquel combate, solo buscar el placer mutuo, alcanzar el éxtasis a la vez.

La leve luz de la tormenta dejaba intuir sus cuerpos sudados por la frenética cópula que mantenían y los gemidos, suspiros e incluso gritos resonaban por la habitación, impregnando el ambiente con la sonoridad y la fragancia tan característicos de una pareja dando rienda suelta a su pasión, acrecentando aún más mi excitación que, unido a las caricias de Marta sobre mi miembro endurecido, me tenían totalmente fuera de mí, totalmente entregado.

¿Había algo más extraño que ser masturbado por una amiga de tu novia mientras te veías a ti mismo, a escasos metros, follándote a otra de sus amigas? Pues así me encontraba yo. Desorientado, desubicado y completamente fuera de lugar. Y terriblemente excitado. A ver cómo coño le explicaba esto a Sandra…

-Menudo polvo le estás metiendo… -volvió a hablar Marta. Por lo visto, ni en sueños era capaz de callar- lo que daría por estar en su lugar…

Ni contesté ni me moví, todo aquello me superaba. Su mano se movía con agilidad por el tronco de mi polla, haciéndome una paja en toda regla mientras continuaba mirando como mi otro yo seguía martilleando sin compasión contra el coño de Miriam que gozaba de lo lindo encima de la cama. Y con la mirada fija, observando a alguien que había dentro de la habitación. ¿Pero quién?

-¿Ves cómo es solo sexo, nada de amor? –Siguió ella hablando- solo le das lo que su novio no puede darle… y a él no parece importarle mucho… más bien lo contrario…

Con la mano libre, empujó levemente la puerta dejándola completamente abierta, pudiendo ahora ver sin problemas todo su interior. Si todo aquello ya era extraño, surrealista y difícil de entender para alguien como yo que había perdido la memoria, lo que vi ante mí subió un escalón el grado de confusión.

Y es que, la persona que estaba allí dentro de la habitación, completamente desnudo y viendo a Miriam y a mí follando sin compasión, sin tregua, era Manu.

-Ella lo quiere mucho pero tiene sus necesidades… -continuó hablando Marta mientras no dejaba de masturbarme con una mano y jugando con mis huevos con la otra- ¿tú crees que con esa pollita puede satisfacer a una mujer como Miriam?

En la butaca, a escasa distancia de la cama, contemplando embobado como su novia era follada por otro hombre, su amigo, yo, él se masturbaba frenéticamente con dos dedos. En efecto, su miembro no era gran cosa y menos, en comparación con el corpachón que tenía, acentuando aún más la pequeñez de su polla.

-Ella necesita una buena polla, una polla como la tuya para sentirse llena… -dijo Marta masturbándome cada vez con mayor vigor, mayor agilidad, haciéndome retorcer de placer con su buen hacer- ¿ves su cara de satisfacción? ¿Crees que con él ella puede sentir algo así?

La visión era hipnótica, no podía dejar de mirar todo lo que ocurría allí dentro. Si antes había sentido angustia, malestar o cualquier sensación de mal cuerpo o rechazo, ahora solo sentía excitación y unas ganas irrefrenables de correrme, de liberar la tensión descargando mi simiente de una maldita vez. ¿Cuándo debía ser la última vez que me había corrido? Imposible saberlo…

-¿Te gusta cómo la follo, cornudo? –Me oí decir en la cama mirando a Manu- que coño más estrechito tiene tu chica… se nota que le faltaba una buena polla que la hiciera gozar y no eso que tienes tú entre las piernas…

Miriam rió y miró divertida a su novio que, en lugar de sentirse ofendido por el comentario, arreció la velocidad de su paja.

-Parece que le gusta que le llamen cornudo… -dijo Marta ya volando sobre mi polla- joder, qué dura la tienes, cabrón…

Un quejido sonó en la habitación y contemplé como Manu, no pudiendo más, se corría llenando su abdomen esculpido a base de gimnasio con su leche mientras su novia, extasiada ante aquella imagen y las furibundas penetraciones que mi otro yo le daba, se corría de igual manera entre gritos de pura éxtasis.

-Mira cornudo… mira como lleno de leche a tu chica… -dije yo o aquel otro yo que se estaba follando a Miriam.

Y con un largo bufido y una última penetración brutal, empezó a eyacular dentro del coño de ella, llenándola con su semen en tal cantidad que no tardó en empezar a rebosar de su coño enrojecido tras el arduo polvo que acababa de disfrutar.

-Córrete, cielo… -dijo Marta arreciando la paja- hazlo por mí…

Y me dejé ir, soltando toda la tensión que aquel sueño me había provocado, corriéndome de forma copiosa como había hecho mi otro yo en el coño de Miriam, mientras Marta no dejaba de mover su mano sobre mi palpitante polla, vaciándola, sacándome hasta la última gota…

Y me desperté. Lo hice con una mezcla de sentimientos. Desconcierto por el sueño, extraño a más no poder, no entendiendo nada de lo vivido e incapaz de saber qué de todo aquello era real o fantasía. Pero por otro lado, en cierta manera relajado. Como si aquella paja soñada hubiera conseguido tranquilizarme de alguna manera, hacerme sentir relajado.

-Joder David… -oí que decía una voz extrañamente cercana- qué manera de correrte…

Y para mi asombro y estupefacción, me encontré desnudo de cintura para abajo y la mano de Marta rodeando mi polla que empezaba a perder algo de brío después de correrse, su cara sonriente mirando alternativamente mi rostro y la polla que acababa de masturbar, y los restos de mi corrida sobre una toalla que estratégicamente había colocado Marta para evitar manchar la cama y los vendajes que cubrían mis maltrechas costillas.

Mierda. Aquello sí que no había sido un sueño, la jodida Marta había aprovechado para hacerme una paja mientras dormía…

-¿Pero qué haces? –le dije mientras intentaba apartar su mano de mi miembro y cubrirme.

Un sentimiento de inseguridad y un profundo nerviosismo me embargó. Marta, siempre Marta. Presente tanto en mis sueños y fantasías como en la realidad. ¿A qué se debía esa fijación? Me desconcertaban las sensaciones que aquella mujer provocaba en mí, tan diferentes a las que levantaba la que se suponía que era mi novia. O sea, ninguna.

-Echarte una mano… literalmente… -dijo divertida con la situación- habíamos quedado para hablar ¿recuerdas? Pero estabas dormido, vete tú a saber soñando qué y con quién porque menuda empalmada tenías y… bueno, he creído que te vendría bien un poco de ayuda para liberar un poco de tensión y presión ahí abajo… jajaja…

-Joder Marta… te has pasado tres pueblos… -le dije molesto- no puedes ir tocándome la polla cada vez que te dé la gana… que tengo novia, joder… y encima, tu mejor amiga…

-Lo sé –dijo perdiendo la sonrisa y apartándose de mí- aunque no creo que eso estuviera así por ella ¿verdad?

Qué contestar a eso, me había pillado de lleno y no podía asegurar que no hubiera hablado mientras soñaba, así que no valía la pena intentar negarlo.

-No pasa nada –dijo ella recogiendo sus cosas e intentando quitarle importancia al ver mi rostro de angustia- si la culpa es mía por hablar demasiado… con lo buena que está, ¿con quién ibas a soñar sino?

Marta empezó a recorrer la distancia que la separaba de la puerta de la habitación, sin despedirse siquiera y me pareció que triste o decepcionada y, aunque sabía que me iba a arrepentir de ello más pronto que tarde, no pude dejarla ir así.

-Marta –la llamé haciendo que ella se girara- tú también salías en el sueño…

Ella sonrió de nuevo, feliz con mis palabras y, apoyada en el marco de la puerta me contestó:

-Gracias guapo, espero que en él te lo pasaras tan bien conmigo como yo me lo he pasado contigo… mañana hablamos, tenemos una conversación pendiente…

Y se fue, dejándome allí tumbado en aquella cama y pensando si había hecho bien en hacerle aquella confesión. Bueno, eso y dándole vueltas al sueño del que acababa de despertar. ¿Habría tenido algo que ver el trabajo que me había hecho en mis partes Marta para afectar al sueño, haciendo que ella tomara parte de él? No lo sabía y solo esperaba que Sandra pudiera aclararme aquella duda y las muchas otras que aquel sueño me había provocado.

No sé en qué momento me quedé dormido de nuevo pero, esta vez, tuve un sueño tranquilo y reparador, sin visiones ni recuerdos alterados, lo que fue de agradecer. Cuando me desperté por la mañana, después de desayunar y que me asearan, que pasara de nuevo aquel doctor que repasó los vendajes de mis costillas y de mi pierna, que chequeara de nuevo mis reflejos por si se había producido algún cambio en mi estado general, me quedé de nuevo solo, a la espera de Sandra que no tardó en llegar.

-Buenos días, David –dijo entrando por la puerta con una sonrisa radiante- ¿Qué tal has pasado la noche? ¿Algún sueño o recuerdo nuevo?

-Hola Sandra –contesté- sueño sí… en cuanto a los recuerdos, no estoy tan seguro…

-Vaya, esto se pone interesante –dijo sentándose en la butaca que acercó al borde de la cama- empieza a hablar y, recuerda, sinceridad y detalles…

-Antes de explicarte lo del sueño, quiero decirte que ayer vinieron Miriam y su novio Manu a verme –le expliqué- no sé si eso tuvo algo que ver con lo que soñé después…

-Puede ser… todo es posible con la mente humana… pero para eso estamos aquí, para desentrañar entre los dos lo que es real y lo que no, descubrir esos fragmentos de tu pasado… ¿pasó algo con ellos? –me preguntó.

-La verdad es que no, aparte de algún comentario por parte de ella que no sé si llevaba un doble sentido –le dije- pero claro, como no la conozco no sé si es su forma de expresarse…

-Entiendo y con su pareja, Manu, ¿qué tal? –indagó ella.

-Incómodo, la verdad –confesé- esa incertidumbre que podía haberme acostado con su novia, me puso nervioso y me hizo sentir culpable… ¿te lo puedes imaginar? Culpable por algo que no sé si he hecho…es que parece una buena persona…

-Bien, sigue –dijo anotando en aquella libreta que había sacado del bolsillo de su bata.

-Pues empezó como siempre, con la dichosa tormenta –empecé a contarle lo que había soñado- la única diferencia, es que ahora encontré más ropa desperdigada por el suelo, ropa de mujer…

-Miriam… -adelantó Sandra.

-En efecto –corroboré yo- avancé como la otra noche hasta llegar al sofá y allí estaba Marta de nuevo, desnuda y durmiendo… pero esta vez no la toqué, unos ruidos provenientes del pasillo llamaron mi atención y, siguiendo tus consejos, me dejé llevar y fui en busca del origen de aquellos sonidos…

-¿Lo encontraste? –preguntó animándome a seguir hablando.

-Vaya sí lo hice… -dije no sabiendo muy bien como contar lo que venía a continuación- provenía del interior de una habitación, eran gemidos de dos personas follando…

-Veo que esto se vuelve a animar… –dijo ella con una sonrisa algo nerviosa- supongo que ahora es cuando aparece Miriam en escena…

-Aciertas de nuevo –dije yo- estaba desnuda en la cama siendo penetrada desde atrás por un hombre al que no podía ver el rostro pero que luego descubrí que era yo…

-Curioso… te observabas a ti mismo como si fueras una tercera persona… -dijo ella sorprendida- no es muy habitual…

-Pues la cosa va a más… -le dije algo nervioso- porque mientras me miraba follándome a Miriam, apareció Marta por la espalda y empezó a masturbarme al comprobar cómo se me había puesto de dura al ver aquello…

Sandra agachó la cabeza y anotó algo en la libreta mientras no me pasaba desapercibido que su tez había cogido algo de color. ¿Se excitaba al escuchar mis sueños?

-Marta, mientras me masturbaba, hacía comentarios sobre lo mucho que disfrutaba Miriam, de lo necesitaba que estaba, que Manu no le daba lo que ella necesitaba –seguí narrando lo que había soñado- y yo sentía una mezcla de excitación y traición por lo que estaba viendo…

-¿Traición a Manu o a Sonia? –preguntó Sandra.

-A Manu –contesté sinceramente- ni Sonia ni Fran, antes que preguntes, salieron a colación en este sueño… y la traición a Manu solo duró hasta que Marta, empujando la puerta, me mostró que él estaba dentro de la habitación, masturbándose mientras me follaba a su chica…

-Ohhh –solo atinó a decir Sandra- eso sí que no me lo esperaba…

-Ni yo –reconocí- a partir de ahí te puedes hacer una idea de lo que ocurrió… en la habitación yo follándome a Miriam ante la atenta mirada de su novio, que se masturbaba y recibía casi con agrado comentarios de mi parte sobre él, llamándole cornudo y cosas así… y por otro lado, yo en el quicio de la puerta siendo masturbado por Marta… la cosa continuó así hasta que nos corrimos los cuatro… o tres… o yo qué sé… mis dos yo, Miriam y Manu…

Sandra ahora no anotaba, solo daba golpecitos con el bolígrafo sobre la libreta. Parecía ensimismada en algo que rondaba por su cabeza.

-¿Hay algo más que me quieras contar? –dijo despertando de su letargo y mirándome con atención.

Dudé. No sabía si contarle lo que había sucedido con Marta mientras soñaba, si aquello podía haber afectado o alterado el sueño de alguna manera.

-Sí, hay algo más… -dije tomando una decisión- pero tienes que prometerme que esto no saldrá de aquí y que no tomarás ninguna represalia por lo que voy a contarte…

-Ya te dije que no puedo contar nada de lo que hablamos entre tú y yo… -me recordó.

-Lo sé pero, sin embargo, luego tuviste una charla con Marta diciéndole que no me contara más cosas… -le repliqué yo.

-Así que esto tiene que ver con ella… -dijo atando cabos- vale, de acuerdo…

-No sé si lo que hizo tuvo alguna afectación con el sueño pero… -dudé mirándola- cuando me desperté, ella acababa de hacerme una paja mientras dormía…

La cara que puso Sandra era un poema, una mezcla entre enfado y sorpresa por mi revelación, pero consiguió recomponerse enseguida, volviendo a coger el bolígrafo y anotando lo que fuera en su libreta.

-Eso lo cambia todo… -dijo ella- por eso tu doble presencia en el sueño, su presencia en él masturbándote… ahora solo nos queda averiguar qué de cierto hay en la escena que ocurre dentro de la habitación, si todo lo que pasó allí dentro era real o no…

-¿Y cómo averiguarlo? –pregunté con ansiedad.

-Cada vez que sueñes, los fragmentos de memoria serán cada vez mayores, relegando las fantasías –dijo Sandra- en resumen, que cada vez todo será más un recuerdo y menos parte de tu imaginación…

-Joder… -dije yo algo preocupado- ¿y este proceso cuánto puede durar?

-Es difícil de predecir… días, semanas, meses…

Menuda mierda. Me dejé caer sobre la cama, suspirando de resignación ante el panorama que tenía por delante. Si aquello podía durar tanto tiempo, quizás era mejor no recordar nada y empezar desde cero, olvidarme de mi pasado.

-¿Sabes algo de Fran? –me preguntó Sandra.

-Solo que Sonia iba a hablar con él para pedirle que venga pero, de momento, no ha venido… ni tampoco ella… -le contesté- supongo que estará trabajando y vendrá esta tarde… aunque me pareció que ni a ella ni a Miriam les hacía especial gracia que viniera…

-¿Y eso? –volvió a preguntar Sandra.

-No lo sé, una percepción mía… -repliqué yo recordando lo ocurrido el día anterior.

-A veces las percepciones o sensaciones son señales inconscientes que nos envía el cerebro, revelando algo que nuestra mente pretende que ignoremos o trata de ocultar –dijo ella anotando de nuevo- eso que dices puede ser indicador de algo importante pero aún es pronto para saberlo…

-Pronto… pues a mí no me lo parece… -dije desesperanzado.

-Lo comprendo pero debes ser paciente –intentó darme ánimos- vas por buen camino y tengo la sensación que, más pronto de lo que crees, estarás plenamente recuperado…

-Eso espero… -dije yo- no sé si podré aguantar mucho tiempo el desasosiego que estas visiones me producen…

Sandra no dijo nada, se levantó de la butaca y se acercó a mí, cogiéndome la mano, sonriéndome con calidez y apaciguando algo mi nerviosismo, mi desánimo, esa ansiedad que me corroía por todo lo que estaba viviendo.

-¿Se puede? –Dijo Sonia apareciendo por la puerta- uy perdón… no sabía que estabais reunidos…

-Tranquila –dijo Sandra- yo ya me iba… lo dejo a tu cargo… -dijo yendo hacia la puerta, tocando levemente su hombro y saliendo por la puerta.

-Hola David ¿cómo estás? –preguntó ella sentándose en el filo de la cama y cogiendo mi mano que, de nuevo, tuve que reprimir apartar de la suya.

-Pues aquí estoy, sin recordar nada me temo –contesté yo- ¿Y tú? ¿Qué tal llevas tu trabajo de modelo?

-Cómo sabes…

-Me lo dijo Manu ayer –le aclaré- me dijo que así fue como nos conocimos, coincidiendo en nuestros trabajos…

-Ah vale… -dijo Sonia- bien, como siempre… he conseguido hablar con Fran…

-¿Ah sí? ¿Y qué te ha dicho? –pregunté con curiosidad.

-Que mirará de pasarse aunque no me ha dicho cuando… -me respondió Sonia.

-De acuerdo. Creo que teníamos una charla pendiente tú y yo… -le recordé.

-Lo sé –dijo moviéndose inquieta sobre la cama- y cuanto antes la tengamos mejor… pero recuerda, me gustaría que esto quedara entre tú y yo, que no se lo expliques ni a Sandra ni a nadie si es posible…

-De acuerdo –le dije sin saber muy bien si podría mantener mi palabra- dime que es eso que quieres decirme y que te cuesta tanto…

-Lo primero que quiero que sepas es que los dos nos queremos y mucho… -empezó a decir- y que no pienses que lo que voy a contarte se debe a que estábamos mal o teníamos alguna clase de problema entre nosotros…

-Me estás empezando a asustar –dije algo nervioso por las vueltas que le estaba dando a lo que iba a decirme.

-No lo pretendo –dijo sonriendo algo nerviosa- solo quería aclararte ese punto para que no pensaras cosas raras… lo que quería decirte es que, desde un tiempo atrás, los dos hemos estado… como decirlo… practicando juegos algo morbosos y exhibicionistas…

-¿Y eso qué es? –pregunté no entendiendo de qué estaba hablando.

-A ti te excita verme provocando a otros hombres –me dijo mirándome fijamente- nada del otro mundo, roces, algún toqueteo… cosas así… te gusta ver cómo provoco a otro, ver como lo caliento y a mí, hacerlo para ti…

En mi cara se debió reflejar la estupefacción y sorpresa que sus palabras habían provocado en mí a tenor de su expresión preocupada y sus movimientos inquietos.

-¿Significa eso que te acostabas con otros hombres? –pregunté empezando a cabrearme al no saber hasta dónde llegaba el alcance de esos juegos.

-¡No! –Negó con rapidez- se trataba de calentar al personal para luego, los dos, follar imaginando el calentón que le habíamos provocado a la víctima de turno… pero nunca, repito, nunca hasta llegar a eso… tenemos unas normas, unas reglas ¿sabes? Nada de besos, ni tocar zonas como pechos o sexo… eso es solo para ti…

Miré a Sonia que esperaba que dijera o manifestara algo pero no sabía muy bien el qué. Me podía haber esperado muchas cosas pero, lo que me acababa de contar, me había cogido completamente por sorpresa.

-¿No dices nada? –me preguntó ella algo ansiosa.

-No sé qué decir, la verdad –dije tratando de entender lo que acababa de escuchar- ¿Cuánto tiempo llevábamos haciendo eso?

-Entiendo que debe sonarte raro y, más, en tu estado pero debo contártelo si quieres entender qué papel juega Fran en nuestra vida –me dijo ella sacando a colación aquel extraño que era Fran para mí- y todo esto se remonta a, quizás, un año atrás…

-Mucho tiempo… -solo atiné a decir con ansiedad- ¿y qué pinta Fran en este juego o como quieras llamarlo?

-Pues que es una de nuestras victimas –me dijo Sonia- como te dije, él trabaja conmigo y llevo algún tiempo provocándole y calentándole para ti… porque a ti te excita que lo haga, que juegue con él y luego le dejé con la miel en los labios…

Resoplé mientras me pasaba la mano por mi cabeza, nervioso y algo asustado por el cariz que estaba tomando todo aquello. Cada vez estaba más convencido que mi anterior yo era una clase de depravado sexual. Cada nueva revelación así lo atestiguaba. Utilizaba a mi novia como calientabraguetas para excitarme mientras yo le ponía los cuernos con su mejor amiga. Joder, joder, joder…

-¿Y cuánto tiempo y hasta donde hemos llegado con nuestros juegos con Fran? ¿O con los demás? –pregunté no estando seguro si quería saber la respuesta. No sabía ni creía estar preparado para escuchar aquello.

-Varios meses –me confesó- y llegar hasta donde dejan nuestras normas… le he dejado tocarme mientras bailamos pero nunca los pechos y menos mi sexo… el culo sí, en eso estabas de acuerdo en acceder… ha sentido mis pechos en su torso, mi sexo pegado al suyo y mi rostro casi tocando el suyo pero nunca hemos traspasado el límite, siempre he acatado las reglas de nuestro juego…

Tragué saliva, nervioso. Ahora podía entender porque en mi sueño Marta había insinuado que Fran había intentado acostarse con Sonia. Si yo tuviera a una mujer como ella, provocándome de esa manera, estaría desesperado por hacerla mía, por poseerla.

-¿Y nunca ha intentado ir más allá? –pregunté no creyéndome que, ante tales provocaciones, él se hubiera mantenido impasible, no intentado ir más allá.

-Claro que lo ha hecho… como todos los anteriores con los que hemos jugado a excitarlos… -dijo con firmeza- pero siempre los he mantenido a raya… y él, en cierta manera, sabe mis límites y que nunca voy a dejarle ir más allá, que nunca voy a engañarte con él…

-¿En serio? –Pregunté incrédulo ante sus palabras- ¿nunca has tenido la tentación de dejarte llevar? No puedo creerme que con todos esos roces, tocamientos, nunca te hayas sentido tan excitada como para dejar de lado esas normas y entregarte al placer…

-Te equivocas –me dijo ella con firmeza y mirándome fijamente- claro que me he excitado, no soy de piedra… pero de eso se trata el juego… a mí me excitan los tocamientos, los roces, el saber que me desean y, cuando no puedo más, vuelvo a tus brazos donde te explico con pelos y señales, si no lo has visto con tus propios ojos, lo sucedido… calentándote, excitándote… y después disfrutando del mejor sexo que hemos tenido nunca los dos…

Madre mía. No conocía a ese tal Fran pero ya me caía mal sin haberlo visto nunca o, al menos, recordarlo. Saber que ese hombre había puesto las manos sobre el cuerpo de mi novia, que se había excitado con sus provocaciones, aunque fuera con mi consentimiento… no, definitivamente no me gustaba ese tío…

-Sabía que no lo ibas a entender… -dijo Sonia viendo mi cara- no debería haberte dicho nada…

-No, no… -dije intentando tranquilizarla- has hecho bien, Sonia. Si hubiera tenido un recuerdo suelto de ti siendo sobado por quién sea… ¿Qué crees que hubiera pensado de ti? No, has hecho bien… aunque no puedo negar que me cuesta creer que yo accediera a algo así… pero claro, tampoco sé quién era ni qué me gustaba antes de todo esto… quizás para mi otro yo eso era algo normal… qué sé yo…

-No te creas que a mí me fue fácil asimilar esa faceta tuya –me reconoció Sonia- y nos llevó tiempo hasta lo que te he contado, lo de dejarme tocar por otro hombre… al principio solo era hacer topless en la playa, vestir provocativamente para sentir el deseo de los otros hombres…

-Pero eres modelo… -dije recordando su trabajo.

-Sí pero una cosa es el trabajo y otra mi vida privada –me contestó ella- en el trabajo todo son profesionales y, aunque les guste lo que ven, nadie osaría intentar nada a riesgo de perder su empleo…

-Excepto Fran… -dije con un tono seco, recordándole que él trabajaba con ella y evidenciando lo poco que me gustaba todo aquello que me estaba contando.

-No, eso no es así –me replicó Sonia- siempre que hemos jugado ha sido fuera, en tiempo de ocio, nunca en el trabajo… nos jugamos demasiado…

-Entiendo… -dije aunque no era así. En mi cabeza no me cabía la idea que, para disfrutar de un mejor sexo con aquella espectacular mujer, debía verla antes en brazos de otros hombres. Quizás, cuando recobrara los recuerdos, entendería algo de aquello pero, en ese instante, se me hacía difícil comprenderlo.

-David ¿estás enfadado? –me preguntó Sonia.

-No… solo desconcertado y algo abrumado por lo que me acabas de contar –le fui completamente sincero- creo que voy a necesitar algo de tiempo para asimilarlo. Esto que me acabas de contar y me imagino que lo mucho que voy a ir descubriendo… estoy superado, la verdad…

-Lo entiendo –me dijo ella cogiéndome la mano que ahora no pude ni quise evitar apartar. Ella puso un semblante apenado por ese gesto pero no dijo nada, solo se levantó de la cama dispuesta a irse.

-Creo que será mejor que me vaya… tienes mucho en lo que pensar… -me dijo Sonia- pero quiero que sepas que, pase lo que pase, yo te quiero…

No contesté. ¿Cómo decirle que la quería si seguía siendo una extraña para mí? una extraña que dejaba meterse mano por cualquiera con mi consentimiento, para calentarme… ¿pero quien me decía que aquello era cierto? Ya no sabía qué creer ni a quién…

Sonia se fue, dejándome solo, sumido en mis pensamientos y provocándome otra nuevo dolor de cabeza que iba en aumento. Y lo peor estaba por venir. Porque algo me decía que esa noche, en cuanto me durmiera, Sonia iba a aparecer en mis sueños… y no estaba seguro si me iba a gustar lo que iba a ver en él, lo que iba a descubrir…

Un comentario sobre “Fragmentos (5)

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