ISA HDEZ

Cuando acudió aquella tarde a la invitación de Cecilia, no sospechaba que perturbaría su existencia de aquel modo, en el que no podía desistir de cavilar ni tildar esa imagen que está intacta en su aureola, sin lograr encubrirla, llegando al punto de aniquilarse, quedando sin fuerzas para restaurar su compostura, sabiendo que no gozaba de solución posible para su mal. La tarde se presentaba tranquila como era usual en una merienda de tantas como hacían en casa de su amiga, y, ella era una invitada más. Al entrar en la estancia saludó a los presentes; él, le prensó la mano con más intensidad de lo habitual y, ello hizo que Mara enfocara a los ojos con fijeza, quedando paralizada al notarse correspondida en esa mirada clavada en su cara, que la hizo temblar de inmediato y quedó embelesada sin soltar la mano, como si fuera un imán que allí mismo la embulló. Él, era un apuesto personaje que enloquecía a las mozas y, solo lo conocía de oídas; compañero de estudios de Cecilia. También había sido invitado, y en la presentación debió embaucar a Mara, porque atrapada por sus ojos ya no pudo dejar de mirarlo. La atracción era evidente, y, Cecilia trató de dislocar la tertulia con música disco y baile para distraer a los invitados. Mara aún no ha despertado, y sigue tratando de liberarse de la magia de los ojos del amigo de Cecilia, indagando en ellos el hechizo de su encantamiento alegórico.

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