SIX

Ana siguió explicando.

-Aquel juego se transformó en la excusa para quedar por la tarde y que los chicos intentaran a toda costa que les hiciéramos una paja.- Continuó. -… No vayas a pensar que accedíamos, no siempre acababa la cosa así. Lo más normal es que ellos se hicieran una paja delante de nosotras, y luego mentíamos diciendo que lo habíamos hecho… Solo lo logró uno de ellos con una de mis amigas, porque aquel día estaba muy pasada de alcohol y muy cachonda. Lo sé porque nosotras nos lo contábamos todo. Pero claro, Los chicos lo contaban de otra manera, y siempre mentían exagerando lo que en realidad pasaba. Por lo que aquel estúpido juego se convirtió en ver quien llegaba más lejos… Si es que todos sois iguales! Jajaja!
-Joder!- Solté asombrado.
-Tampoco te creas que jugábamos cada tarde! Jajajaja!
-Menos mal!! Jajaja!- Me reí.
-Solo cuando surgía. Recuerdo que estábamos excitadísimas con aquella posibilidad, eran las primeras veces que se nos planteaban aquellas cosas, y encima a todas juntas. Lo hablábamos, y era todo como un quiero y no quiero, porque no nos atrevíamos, pero estábamos deseando que llegara la tarde y jugar. Al final lo hablamos y cada una eligió al chico que más le gustaba y quedamos de acuerdo en que si hacíamos pruebas, nos las impondríamos entre nosotras solo con el chico que nos gustaba. Una especie de trato…
-Un acuerdo entre chicas para hacer travesuras! Jajaja! Me parto!- Me reía.
-Si, algo así! Jajaja! Al principio éramos cuatro chicos y tres chicas, pero uno de ellos se picó con otro por celos, y acabó por no venir. Y mucho mejor! Porque no le gustaba a ninguna! Jajajaja!
-Jajajaja! Que cabronas!! Jajaja!!- Bromeé.
-Si! Jajajaja!- Se reía Ana. –Y la cosa no acabó bien.
-Uy.
-Sí, hasta se pegaron y todo!- Soltó como si le acabara de venir el recuerdo a la mente.

Me la quedé mirando unos segundos y sonreí.

-Bueno Ana… Me estas contando toda tu infancia o que! Jajajaja!!

Ana se quedó mirándome.

-Es verdad! Me he liado!! Jajaja!

Y los dos nos reímos hasta que ella me miró y cogió aire.

-Un día en el cumpleaños del chico que me gustaba a mí, en su casa, una de mis amigas propuso de jugar al “Conejo de la suerte”.
-Vaya!- Solté sonriendo.
-No recuerdo donde habían ido sus padres, pero estábamos solos en la casa, celebrando su cumpleaños, y empezamos a jugar… Al principio bien, todo muy en plan tontorrón… Que si dale un beso aqui, que si tócale allá, y todo eso. Todas respetábamos el trato, y cada vez que nos tocaba imponer pruebas, proponíamos cosas para realizar con el chico que le gustaba a cada una… Pero a medida que el alcohol empezó a correr… la cosa empezó a complicarse….
-Son muy malas las mezclas!- Solté
-Si! Y antes nos lo bebíamos todo! Jajaja!
-Jajajaja!
-Aquel día bebimos mucho!! Y entonces… las pruebas fueron subiendo de nivel… Allí no teníamos el pasillo, pero si la habitación de mi chico. Así que al que le tocaba pringar, se iba allí y hacía la prueba.
-Se me ocurren mil cosas ahora mismo!- Solté.

Ana sonrió.

-Porque eres un pervertido. Jajajaja! No! Nosotras éramos muy tontas entonces, y no pasábamos de “enséñale las tetas” o “enséñame la polla”. Hasta que me tocó a mí, y ya había consumido el beso y había dado mil tragos esquivando pruebas que no quería hacer. Y mi amiga, la que imponía las pruebas dijo que no podía esquivar más pruebas bebiendo, que tenía que hacer la prueba. Todos le dieron la razón y se pusieron a regañarme porque ellos habían hecho ya sus pruebas y solo faltaba yo…

Me recompuse en el asiento y sonreí, y Ana también al mirarme.

-…No tuve más remedio que decirles que lo haría, y mi amiga empezó a decir que le tenía que hacer un buen regalo de cumpleaños a mi chico…
-Jajaja!- Me reí.
-…Empecé a ponerme nerviosa, pero como estaba ya muy borracha, me lo tomé a broma todo. Y mi amiga se acercó a mi oído para susurrarme la prueba…
-Y?- Dije en la pausa dramática que se había tomado Ana.

Ana sonrió, le gustaba hacerse de rogar.

-…Me dijo que le tenía que hacer una mamada, chuparle la polla vamos. Yo me reí, más por lo borracha que estaba que por otra cosa, y le dije que se fuera a la mierda. Entonces mi amiga lo repitió en voz alta, y todos empezaron a vitorearlo y a reírse. Decían algo así como “Chúpasela! Chúpasela!” todo el rato. Como estábamos de cachondeo me lo tomé todo a broma, me reía de todo, y los mande a la mierda, y entre risas al final mi amiga me dijo que vale, que entonces solo se la tenía que menear, que le hiciera una paja. Yo accedí a ir a la habitación con esa condición. Total, estaba tan borracha que pensé que así me los quitaba de encima… Recuerdo que cuando llegué a la habitación me tiré en la cama por hacer el tonto, riéndome de todo. Y cuando lo vi sin pantalones me empecé a descojonar…
-Continua! Ahora no te pares!- La regañé.
-…Tenía la polla durísima. La primera vez que veía una polla desnuda con tanta luz! Y me la quedé mirando. Se había acercado tanto a la cama que me quedaba muy cerca de la cara… Y era la primera vez que tenía una polla tan cerca!
-Y qué hiciste?
-Te vas a reír, pero sentí que quería probarla, que quería saber lo que se sentía si me la metía en la boca…

Ana me miró, sonriendo tímidamente como si le diera vergüenza continuar. Pero a mí su historia me estaba dando mucho morbo, imaginarme a una Ana totalmente borracha e inocente a punto de chupar su primera polla, y esa sensación de que se estaba confesando conmigo me ponía mucho.

-Se la chupaste?- Pregunté impaciente.
-Joder que sí! Jajajaja! No sé si fue porque me lo habían pedido en la prueba, o por lo borracha que estaba. Pero recuerdo que me atraía mucho la idea de chuparla, de sentirla en la boca… La verdad es que no sabía muy bien lo que hacía… Así que la agarré, y me la metí en la boca.

Ana se quedó callada, asimilando si había hecho bien en contarme todo aquello, o quizás examinando mi reacción mientras asumía su historia.

-Y qué? Que sentiste?- Pregunté curioso.

Ana abrió su boca para seguir contando, dudó, y luego se decidió a seguir.

-Fue extraño… Al principio me dio un poco de asco, pero no sé por qué no podía parar. Recuerdo que no me creía que lo estuviera haciendo, todas las veces que habíamos bromeado con aquello entre las amigas, y por fin estaba chupando una polla. No me lo creía!

Ana parecía estar a gusto confesándome aquello. El puntillo de alcohol que tenía se había transformado ahora en desinhibición, y hacía que se le soltara la lengua.

-Y como acabó todo?- Pregunté con la esperanza de que me contara más sobre aquella mamada.
-Buff… Aquel gilipollas lo tenía todo preparado. Le dije que me avisara, y por suerte lo hizo. Tenía un paquete de pañuelos en su habitación y se limpió. Por lo visto había convencido a mi amiga para que me propusiera aquella prueba. Pero lo peor no fue eso. Lo peor es que al día siguiente el hijo de puta se lo contó a todo el instituto y me convertí en la chupapollas para su clase y todo el instituto.
-Qué hijo de puta…

Con razón Ana estaba acostumbrada a aquellos rumores, y a que la llamaran de todo. No sé por qué me compadecí de ella. No había cambiado mucho. La empresa parecía un reflejo de sus años de juventud. Aunque ahora la llamaban, “La putita del jefe”, y para que engañarnos… No es que no se hubiera ganado la fama…

-Lo malo es que con aquella fama se me empezaron a acercar un montón de chicos…- Continuó. -Y ya sabes… algunos hicieron correr el rumor de que también se la había chupado a ellos, cuando ni siquiera los conocía. Los hijos de puta!
-Joder! Vaya suerte tienes! Jajajaja!
-Ya ves! Jajajaja!
-Y tu amiga?
-A todas las mandé a la puta mierda! Nunca volvimos a salir.
-Si, yo hubiera hecho lo mismo.

Ana empezó a jugar con su vasito de chupito, moviéndolo de sitio, o rozando el borde del cristal. Parecía perdida en sus pensamientos, como si al recordar su pasado también le hubieran invadido recuerdos incomodos. Y aquello no me interesaba.

-Pero…- Le dije llamando su atención haciéndome el interesante.
-Que?
-Te gustó?- Pregunté mirándola con una sonrisa.

Arrugó sus cejas como si no me entendiera.

-Te tuvo que gustar lo de tener una polla en la boca si has ido repitiendo, viciosilla…- Bromeé.

Ana sonrió, y su cara cambió de nuevo, poniendo esa carita de vicio juguetón que ponía a veces. Volvíamos a jugar al tira y afloja, y eso era bueno.

-No fue gran cosa…- suspiró. -el apenas duró un momento… Estábamos los dos muy nerviosos. Jajajaja! Si le hubieras visto la cara!
-Seguramente también sería la primera vez que se la chupaban… Y me lo estoy imaginado… -un pibón como tu, comiéndosela. No me extraña que durara poco! Sería el día más feliz de su puta vida! Jajajaja!!
-Jajajaja!!
-Pedazo regalo de cumpleaños!! Jajajaja
-Pues si!! Jajajaja!

Y nos reímos los dos un buen rato.

Perfecto, Ana seguía atontada por el alcohol, y la prefería con el cachondeo que llevábamos, a que cayera en una espiral de melancolía. Que debido a su estado, podía ser el final del día.

-Aunque no es lo que te he preguntado…- Insistí.

Ana se acercó mucho a mí, tanto que creí que me iba a besar, pero no lo hizo, se quedó a centímetros de mi cara, mirando mis labios de reojo.

-Sé lo que me has preguntado…- Susurró acechando como una gata.
-Y?- Me hice el valiente.
-Fue la primera vez que mojé las bragas de verdad…- Susurró.

Ana hizo un gesto coqueto, abandonando aquella proximidad al recostarse contra la silla, alzó su pecho con orgullo, dejándome ver su escote que miré descaradamente. Luego le miré a los ojos, y cogí el vasito de chupito y lo levanté hacía ella.

-Esa es mi chica!- Dije con orgullo.

Ana abrió su boquita sonriendo para tocarse los labios con la puntita de la lengua. Y cogió su vaso y lo alzó hacía el mío.

Chocamos las bebidas, y de un trago nos bebimos aquel orujo de hierbas que nos calentó de golpe como si nos hubieran echado brasas en la garganta.

-Joder!! Si que esta fuerte!- Dije.

Mientras Ana hacía gestos con la boca para encontrar algún tipo de alivio.

Su confesión, aquel susurro, me había puesto los pelos de punta y la polla durísima. Cuando la volví a mirar, se estaba mordiendo los labios, mirándome y sabiendo que sus juegos y siseos habían causado el efecto que quería en mí. Que ahora la miraba con más deseo si eso era posible. Ana jugaba sus cartas, y lo hacía de maravilla, sabía ser femenina cuando quería, e insinuarse con todas sus encantos si lo deseaba. Sabía que estaba cachonda, debía estar ardiendo. Y sonreí al mirarla pensando en eso.

Ana me devolvió la sonrisa, y luego infló su pecho a la vez que barría el local con la mirada asegurándose de que todos siguieran a lo suyo y nadie se había percatado de nada.

Y tras quedar satisfecha al ver que nadie reparaba en nosotros, tomó aire de nuevo y volvió a mirarme.

-Y ahora mismo… me gustaría tener la tuya en la boca… Sobre todo ahora que sé que eso te vuelve loco…- Susurró.

Aquel susurro me puso los pelos de punta, Ana usó todas sus armas de mujer en aquel comentario, su postura, la manera de inflar su pecho, de pasarse la lengua por los labios… Hizo que pareciera toda una declaración de intenciones y a la vez sonó como si me retara allí mismo.

Y luego sonrió observándome…

No supe que decirle, ni cómo reaccionar, así que me la quedé mirando como un tonto, sonriendo mientras mi cabeza me bombardeaba con imágenes y sensaciones de sus mamadas anteriores.

Mi cuerpo destilaba una sensación cálida y acida de nervios, que me inundaban por completo, y mis piernas empezaron a temblar, provocando que uno de mis pies empezara a repiquetear contra el suelo como si así disimulara los nervios.

-Entonces… Te gusta como las hago ahora?- Soltó de repente sin abandonar ese tono juguetón e imponente que había adquirido.

Su tono de voz me sacó de mis fantasías, y pude volver a centrarme en ella. Ana estaba ganando terreno y no podía permitir que tomara el control.

Sonreí de nuevo y tomé aire para ganar tiempo. La miré de arriba abajo, mirando sus tetas, y luego sus labios, para acabar mirándola a los ojos.

-Tu boquita me ha hecho las mejores mamadas que recuerdo…- Susurré sin dejar de mirarle a los ojos. –Eres alucinante…
-Venga ya, no seas pelotero!- Soltó, y se echó a reír.

Me la quedé mirando, como si sus palabras me hubieran sentado un poco mal. Ana se quedó callada, luego volvió a apoyarse en la mesa con sus codos, y me miró.

-En serio?- Soltó asombrada.

Guardé silencio haciéndome el ofendido.

-Cómo cuál? Cual recuerdas?- Susurró con mucha curiosidad.

Tomé Aire. Luego sonreí.

-La primera vez que te até… En Paris… de rodillas…- Susurré haciendo una pausa para dejar pasar unos segundos y mirar la reacción de Ana, que me miraba como si intentara recordar a la vez que crecía su curiosidad. -…, fue la primera vez que fuiste mía de verdad… Además… Si no me engañaste. Fue la primera vez que te lo tragaste… todo… Y no sabes cómo me puso eso!

Ana abrió su boca como si hubiera desvelado un profundo secreto suyo, y empezó a ponerse colorada. Pero no le dejé margen a que reaccionara y continué.

-Otra en la ducha, despacio… Dios… Aquella vez si que me tuviste en el puto cielo… con que ganas se te veía aquel día… Me encantan las mamadas lentas… Joder me acuerdo y me estoy poniendo cardiaco!- Susurré acercándome un poco a ella, no me interesaba que nadie más escuchara nada.

Ana suspiró con una sonrisa, orgullosa de sus dotes como feladora, y vi como tímidamente, su lengua empezaba a jugar sobre sus labios, mientras sus ojos intentaban ver más allá del perfil de la mesa, entre mis piernas.

-Y aquella en los baños de aquel bar… Dios que morbo! O la despedida de Paris en el aeropuerto…- Volví a quedarme en silencio un segundo haciendo como que pensaba. –O la vez en la cervecería de al lado de mi casa, con aquellas dos pendientes de nosotros… O este fin de semana… Joder! Me han gustado todas!

Y me encogí de hombros mientras Ana reía.

-Que exagerado! Jajajaja!- Soltó tapándose la boca colorada como un tomate.
-O como cuando te da por hacerme sufrir sabiendo que ya no puedo más, pero lo alargas… y sinceramente no sé cómo lo haces, pero me llevas al límite!- Exageré suspirando para hacerle ver que deseaba que me la comiera.
-Jajajaja!- Empezó a reírse.

Y volví a notarle esa libertad que da el alcohol, desinhibiéndole de cualquier vergüenza. Y me hizo un gesto lascivo con la lengua, que me dejaba muy claro que Ana estaba muy caliente.

-No bromeo… Tienes una boca alucinante. Y me la han chupado unas cuantas veces para conocer la diferencia.- Solté con orgullo, como si estuviera explicándole una ventaja de mi currículum.

Ni siquiera supe porque solté aquello con tanto orgullo. Temiendo que Ana se sintiera comparada con otras. Pero no, en lugar de eso, me sorprendió inflando mucho su pecho y volviendo a apoyarse en la mesa con los codos, haciendo que sus tetas quedaran entre sus brazos, y me ofrecieran una visión tremenda de su escote.

Me miró con una miradita cargada de intenciones, e intentó ver más allá del borde de la mesa buscando ver el bulto de mi pantalón. Y yo sonreí, notando como palpitaba mi polla entre mis piernas, hinchada e inundándome de calor por todo el cuerpo.

Continuará…

Un comentario sobre “Asuntos de trabajo (76)

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