ECONOMISTA

Todavía no sabía muy bien como me había metido en aquel lío, dejándome engatusar por toda la familia y ahora teniendo que aguantar a la persona mas insoportable que conozco, pero el caso es que allí estaba viajando con ella.

Mi cuñada Carlota.

Es la mayor de los 3 Álvarez, 46 años y recién separada del necio de Gonzalo. Estaba empezando a rehacer su vida, se había preparado un lujoso piso con todas las comodidades, pero seguía con el mismo carácter agrio de siempre. A mi físicamente me da mucho morbo y era una de mis musas pajilleras, que sea la hermana de mi mujer hace que me excite mas todavía, es verdad que en los últimos años se ha estropeado un poco, engordando quizás mas de la cuenta.

Rubia, media melena y ojos claros, igual que Claudia, aunque algo mas alta que mi mujer, estaría sobre el 1,65. De brazos regordetes lo que mas destaca en ella son sus enormes tetazas, fuentes de innumerables pajas, unas tetas grandes y casi desproporcionadas que a pesar de los años mantenían una firmeza considerable, los muslos también un poco anchos y el culo siempre lo ha tenido grande, pero últimamente lo había aumentado todavía un más, si cabe.

Casi nunca la había visto sonreír, salvo algunas veces jugando con los sobrinos, pero con un carácter muy serio, incluso mas que Claudia, menos social con la gente por así decirlo. Decía las cosas se manera rotunda y tajante y siempre se hacía lo que ella quería. No estaba acostumbrada a que la dijeran que no.

Eso si, una cosa no quita la otra, es una trabajadora incansable, en la empresa Álvarez era sin duda el pilar fundamental, estaba metida en temas de administración, en recursos humanos, nóminas, en una pequeña oficina en la que ya tenía 6 personas trabajando para ella. Supongo que trabajar tanto era para olvidar que su vida amorosa había resultado ser un completo fracaso.

Casada con Gonzalo no habían tenido hijos, no sabemos si porqué no quisieron o porque no pudieron, mi cuñado siempre la fue apartando de sus amistadas para hacerla muy dependiente de él y el caso es que ahora se encontraba mas sola que nunca desde que la engañó con Cristina y Carlota finalmente decidió divorciarse. Lo de Cristina realmente fue la gota que colmó el vaso, ya que mi cuñado la había engañado muchas veces, a parte de ser un putero reconocido y sin duda alguna Carlota no era tonta y sabía de las andanzas de él, lo que pasa es que siempre lo había dejado pasar hasta lo de Cristina que fue tan escandaloso y la dejó en tal evidencia que ya no pudo perdonárselo.

Apenas cruzamos un par de frases en todo el camino, llegamos a las jornadas de empresarios de Salamanca, metí el coche en el parking del hotel y subimos a las habitaciones, que estaban contiguas.

– Vamos a descansar un poco que a las 17:00 empiezan las primeras conferencias, dijo ella.

En cuanto entramos a la habitación me llamaron a la puerta, fui a abrir y era Carlota con cara de pocos amigos.

– ¿Que pasa?, dije yo.
– Yo aquí no duermo, huele a tabaco la habitación que tira para atrás, voy a bajar ahora mismo a la recepción.
– Pues la mía está bien, no pasa nada Carlota si quieres te la cambio y ya está.

Pero Carlota avanzaba hacia los ascensores para bajar a la planta baja. Me tenía que haber quedado en la habitación y lo resolviera ella, al fin y al cabo ya es mayorcita, pero al final decidí acompañarla.

De muy malos modos le dijo a la recepcionista que la habitación olía a tabaco y que ella no iba a dormir allí.

– Pues verá, es que ahora tenemos el hotel completo, tenemos unas jornadas empresariales…
– Si, ya lo sé, por eso hemos venido, pero no me está dando una solución.
– Lo único que podemos hacer es le llamo a una chica de la limpieza y que vuelva a limpiar su habitación y la deje bien ventilada.
– ¿Y ahora no puedo descansar un rato, no?
– Siento mucho las molestias, intentamos ser muy cuidadosos con esos detalles….
– Si, ya lo veo, ya…
– Mira Carlota, si quieres te pones en mi habitación y yo me cambio a la tuya, de verdad que no me importa, dije yo interviniendo ya que empezaba a llegar gente a la recepción y no quería que vieran el numerito de mi cuñada.

Carlota se me quedó mirando y luego la recepcionista, como esperando la respuesta de ella. Sin despedirse se dió media vuelta.

– Pienso poner una reclamación y una reseña negativa en internet, dijo mientras se iba.

En el ascensor me cayó incluso una pequeña bronca, como si fuera un niño pequeño.

. Así no se solucionan las cosas, la solución la tienen que poner ellos y no nosotros, me dijo.
– Bueno Carlota, no pasa nada, ventilo un poco la habitación y a mi no me importa, de verdad.
– Haz lo que quieras…

Finalmente nos cambiamos la habitación, cuando entré en la que tenía Carlota a mi realmente no me olía a tabaco en absoluto y pensé que como puede haber gente que vaya así por la vida. La pobre chica de recepción con una educación exquisita no sabía que mas decir o hacer, pero mi cuñada no atendía a razones.

Al poco salí y llamé con la mano a la habitación de Carlota.

.- Ya es la hora, dije yo.
– Vete bajando, que tampoco tenemos porque ir juntos a todos sitios, me dijo abriendo un poco la puerta para luego cerrármela en las narices.

Me quedé unos segundos tratando de reaccionar ante lo que había pasado y encogiéndome de hombros me bajé yo solo. Entré en la sala donde se iban a dar las charlas, llevaba la acreditación al cuello y vi que había unas sillas colocadas, pero estaban sin numeración así que te podías sentar donde quisieras. Se habían juntado algún grupo de personas que hablaban, pero no pude meterme en ninguna conversación, así que me senté esperando que empezaran las charlas.

Al poco apareció Carlota, la hice una seña con la mano para que me viera, pero una de dos, o no me vió o pasó de mi, el caso es que sentó sola en uno de los laterales y yo me levanté para ponerme con ella. Lo veía absurdo haber ido juntos y luego estar cada uno sentado en un lado.

– Te estaba llamando con la mano…
– Pues no te he visto.

Había bajado con el mismo vestido veraniego que llevaba durante el viaje y que sin saber porqué me estaba empezando a dar morbo. Le disimulaba muy bien las caderas, pero realzaba sus enormes pechos, además se había puesto unas gafas de color azul que le daban un aire mas intelectual y luego cruzó las piernas haciendo que el largo vestido se enredara en ellas.

Intenté ser discreto, pero la vista se me fue un par de veces a su animado escote, en los descansos salíamos fuera y me gustaba como se le bamboleaban los pechos al mínimo movimiento que hacía. Yo creo que hasta una vez me pilló mirando sus tetas. Estaban hinchadas y llenas de venas y esa noche decidí que tenía que masturbarme con ellas.

Se me acercó una chica de unos 40 años, también llevaba la acreditación al cuello, por lo que era una de las empresarias.

– Hola, eres David, ¿de zapatos Álvarez?
– Si, soy yo.
– Que tal encantada, soy Dolores, y después me dió dos besos.
– Bueno, ella es mi cuñada Carlota, ella sí es una Álvarez original, dije yo.

Carlota estiró la mano a modo de presentación impidiendo que la chica se acercara a darle dos besos.

– Solo quería saludarte, a mi marido le encantan vuestros zapatos, son los que usa de siempre, la verdad es que son muy bonitos, de unos años para acá cada vez mas, además que no han perdido calidad…
– Bueno, eso intentamos…queremos dar buena calidad intentando que no suban mucho los precios, pero no es fácil, cada vez hay mas competencia.
– Si, me imagino.
– ¿Y tu a que te dedicas, Dolores?
– Pues he montado un pequeño negocio, de impresiones en 3D, hacemos un poco de todo, camisetas, tazas, cojines, la verdad es que de momento me va muy bien…

Me enseñó su pagina online y me pareció que hacía cosas muy chulas.

– Que bonitas, luego si tengo un rato, te encargo unas cosas con el nombre de las peques, seguro que las encanta…

Estuve hablando un rato con ella, la verdad es que era una chica muy agradable y físicamente no estaba nada mal, ni tan siquiera me di cuenta cuando desapareció mi cuñada Carlota que se fue sin despedirse. Dolores era morena y según me dijo estaba casada, pero no tenía hijos, media altura y de cuerpo normal, pero tenía una gran melena súper rizada que era lo que mas llamaba la atención en ella, aparte de una boca carnosa con la dentadura perfecta.

Nos despedimos cuando empezaba la siguiente charla, pasé a la sala y me senté junto a Carlota que me soltó.

– ¿Ya has terminado de ligar?

Me quedé tan sorprendido con su pregunta que creo que hasta me puse rojo de la vergüenza. Además justo el conferenciante empezaba a hablar y no la quise o no la supe contestar. Cuando terminaron las charlas yo solo tenía ganas de darme una ducha para bajar a cenar al hotel y subirme a dormir, pero Carlota tenía otros planes.

– Me han dicho que han abierto un japonés muy bueno, ya he reservado, no me apetece cenar en el buffet del hotel…

Por la cara que puse ella se dió cuenta que no me gustaba para nada la idea, además que sabe que no soy muy amante de la comida japonesa. Pero todavía tenía que darme la puntilla.

– Tranquilo hombre, que ya pago yo…no te preocupes…te invito…

Esa mujer era una fuente inagotable de todo tipo de recursos para dejarme en evidencia. Me pregunté como podía llevar tanto veneno dentro y la facilidad con la que encontraba las frases para hacer daño. Es que además la salía con naturalidad.

Después de ducharme estuve un rato hablando por teléfono con Claudia y le dije que todo iba bien y que su hermana me iba a invitar a cenar fuera del hotel.

– Oyes David, gracias por lo que estás haciendo, te lo agradezco mucho…
– Esto me lo vas a tener que recompensar, dije yo.
– Jajajajaja, está bien, ya pensaremos en algo…
– Bueno anda, te dejo, que está tocando tu hermana en la puerta.

Salí de la habitación y Carlota me lanzó otro de sus dardos.

– Vamos, que tardas mas en arreglarte que las mujeres…
– ¿Está muy lejos el restaurante?
– No, muy lejos no, pero no quiero ir andando que llevo tacones…si no quieres coger el coche ya pago yo el taxi…

Carlota se había cambiado por completo, se había puesto unos pantalones de vestir azul marinos no muy ajustados que intentaban disimular sus caderas y en la parte de arriba una camiseta blanca junto con una cazadora vaquera. Sabía como ponerse la ropa para tapar lo mas posible los defectos y realzar las mejores partes.

Para cenar prácticamente fue ella la que pidió, eligiendo unos menús degustación para dos personas. Yo elegí mi coca cola y poco mas. Como decía no soy muy amante de la comida japonesa, aparte de que no sé coger los puñeteros palillos, en los que Carlota era una experta.

– Si no sabes coger los palillos, ¿porqué no me has dicho nada cuando la he dicho a la camarera que se llevara los cubiertos que no nos hacían falta?
– Es que ni me has dado tiempo a decir nada, a parte de que bueno, pues lo quería intentar lo de comer con los palillos.

Cuando regresó la camarera Carlota le dijo.

– Traenos un tenedor, que es que él no sabe comer con esto…
– Nunca ha sabido como se cogen estas cosas…a ver como las coges tu…
– Mira, ves, no es tan difícil, tienes que hacer presión con estos dedos de tal forma que quede así…

Intenté copiar lo que hacía Carlota, pero no me salía, aunque parecía que estaba cerca, pero ella me desanimó a seguir intentándolo.

– Bahhh, déjalo, mira ahí tienes el tenedor…

Al final la cena no estuvo tan mal como había pensado y como dijo Carlota me invitó a la misma, cuando salimos del restaurante hacía una noche bastante agradable y las terrazas estaban bastante animadas.

– Gracias por la cena, ¿te apetece quedarte a tomar una copa?, esta vez te invito yo…
– Si, porqué no…

Nos sentamos en una mesa, a pesar de los años que conocía a Carlota nunca había llegado a alcanzar una confianza con ella como por ejemplo si que tenía con Marina y me era difícil hablar de cualquier tema. Estuvimos comentando un poco lo de las jornadas empresariales, el horario del día siguiente y poco más. Luego cada uno cogió su móvil y así estuvimos un rato.

Nos volvimos andando al hotel, dando un paseo tranquilo y al llegar a las habitaciones nos despedimos hasta el día siguiente. Me metí en la cama con el ordenador y luego abrí el Skype desde mi otra cuenta personal, me apetecía guarrear un poco con Toni al que pillé de casualidad.

– Que tal David, que tal?, estás solo, no?
– Si, bueno estoy en Salamanca, he venido el fin de semana con Carlota, mi cuñada, tenemos unas jornadas de empresarios…mañana tenemos varias conferencias…y encima aguantar a la hermana de mi mujer, menudo coñazo, menos mal que solo me queda mañana…
– Mmmmmmmmmmm, ¿y que tal con ella?, te sigues pajeando con la hermana de tu mujer?
– Si, muchas veces, pues regular, es muy borde la cabrona, ¡¡menudo carácter tiene!!
– Esas son las que dan mas morbo…
– Ya te digo, me gustaría pararla los pies, alguna vez, cerrarla la boca…
– Métela la polla en la boca para que se calle…
– Jajajajajajaja
– Jajajajajaja.
– Hoy llevaba un vestido que no veas, como se la movían las tetas…menudo escote!!!
– Ummmmmmmmmm, la has hecho alguna foto?
– No, no he podido, te apetece ver unas fotos de ella y las comentamos?
– Si, ¿porque no?

Abrí la carpeta donde tenia las fotos que les iba haciendo a mis cuñadas, fotos del verano, de alguna reunión, de bodas familiares, las que eran un poco buenas me las guardaba aparte en la carpeta para algún día pajearme con mis cuñadas.

Empecé con un par de fotos de la última casa rural donde Carlota lucía un bikini blanco y un pareo, estaba sentada con Claudia.

– Mmmmmmmmmmmmmm, joder que foto mas buena…tu cuñada no está tan buena como Claudia, aunque es muy guapa también, pero tiene algo que me da bastante morbo y esas tetazas, joder, menudas tetas tiene, escribió Toni.

En cuanto se puso a hablar así de Carlota me saqué la polla, luego fuimos comentando las fotos que iba poniendo una a una.

– ¿Quieres ver como me corro con tu cuñada?, dijo Toni empezando a hacerme una video llamada.

Bajé el volumen del ordenador, al fin y al cabo Carlota estaba al lado y podía escucharme y luego acepté. Toni se estaba masajeando su pollón y me dió mucho morbo que la tuviera así por las fotos de Carlota. No me acostumbraba al tamaño de su miembro y eso que se lo había visto muchas veces, todavía tenía la esperanza de que Claudia quisiera quedar alguna vez con él.

Me gustaría ver a mi pequeña mujer empalada en semejante monstruo.

– ¿Que es lo que te gustaría hacer con ella?, lo que mas te gustaría, dijo Toni pajeándose ante la cam.
– Sin ninguna duda, tumbarme en el suelo y que se sentara en mi cara, que me plante el culazo en la cara y luego comerla el coño, que se frotara contra mi hasta que se corriera…
– Mmmmmmmmmmmmm, que cornudo eres…eso solo lo diría un cornudo…¿y no te gustaría que te follara el culo?, que se pusiera un arnés de los de Claudia y te follara bien…
– Joder siiiiiiiiiiiiiiii, mmmmmmmmmmmmmmmmmmmm…eso también…
– Te insultaría, te llamaría putita y te lo haría mucho mas duro que Claudia, te correrías sin tocarte…
– Joderrrrrrrrrr, dije masturbándome mas rápido.
– Yo me correría en sus tetas, como debe ser, me correría tan fuerte que la salpicaría en la cara, en esa cara de zorra que tiene tu cuñada Carlota, pero tu como eres un cornudo te correrías patéticamente en el suelo mientras te folla el culo sujetándote por las caderas…como una putita…
– Ahhhhhhhhhhhhhhh, me voy a correr…ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
– Yo también…ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…toma zorra………..ahhhhhhhhhhh Carlotaaaaaaaaa…

Y Toni descargó una de sus tremendas corridas llenando la pantalla de mi ordenador de goterones blancos que escurrían hacia abajo a la vez que yo también llegaba al orgasmo viéndole y mirando una foto de las tetas de Carlota en el pasado verano.

Me encantó aquella corrida, no había sido una paja mas con mi cuñada, había sido especial sabiendo que tenía a Carlota en la habitación de al lado y me corrí con bastante intensidad. Luego me despedí de Toni y me metí en la cama, tenía que descansar para la jornada del día siguiente.

Al menos la princesa se dignó a bajar a desayunar con el resto de los mortales en el buffet del hotel, como no sabía muy bien que hacer me preparé y me quedé sentado en la cama en silencio esperando a escuchar la puerta de su habitación. Si la llamaba mal, me podía decir que ya eramos mayorcitos y que me bajara yo solo a desayunar, si me iba sin ella me iba decir que que bien la esperaba, así que en cuanto oí la puerta de su habitación salí a la vez.

– Buenos días, ¿que tal has descansado?
– Buenos días, regular, el colchón eran demasiado blando, me duele todo, dijo quejándose como siempre.

Luego reanudamos las jornadas empresariales, entre charla y charla salíamos a descansar unos 10 minutos y al final de hablar varias veces con Dolores hicimos buenas migas, incluso la hice un pedido de camisetas y tazas para Claudia y las niñas.

– ¿Quieres una taza con tu nombre?, le dije a Carlota.
– No, eso es una tontería, dijo secamente.

Era evidente que a mi cuñada la molestaba muy mucho que hablara con aquella morena, no sabía si era porque pensaba que podía engañar a Claudia o estaba celosa como una niña pequeña porque no la hacía caso, pero como veía que esto la molestaba yo hablaba todavía mas con ella, incluso alguna vez iba yo a buscarla. Era una chica muy simpática y extrovertida, todo lo contrario que Carlota.

A mediodía me dijo que había reservado para salir a comer otra vez, que no iba a comer en el buffet del hotel, así que de nuevo me tocó acompañarla a otro restaurante que había leído que estaba bien y otra vez pagó ella, aunque no se si ese dinero era suyo personal o lo estaba metiendo a gastos de la empresa y no me dijo nada. El caso es que me hacía quedar mal como si fuera ella la que me estaba invitando constantemente.

– Esta tarde nos vamos para casa, cuando termine la última charla, me dijo Carlota.
– Nooooo, después hay una cena y creo que iban a hacer una pequeña fiesta, a ver si encima nos vamos a perder lo mejor.
– No me apetece quedarme a esa estúpida fiesta.
– Por lo menos nos quedamos a la cena, estaría feo irnos así…total, ya que estamos aquí no perdemos nada, mañana domingo salimos tranquilamente por la mañana y a la hora de comer ya estamos en casa…
– Lo que tu digas, como has traído el coche me tocará quedarme, dijo como si la estuviera obligando.

Por fin terminaron las charlas, ya solo quedaba una cena que habían preparado en el hotel para los empresarios y luego una pequeña fiesta para el que quisiera ir, a la que también estábamos invitados a un par de copas. Había pasado solo un día y medio desde el viernes, pero para mi había sido como un mes con mi cuñada Carlota, siempre tenía que tener cuidado con lo que hacía o decía para que no se enfadara. Era peor que una cría de 5 años.

Por lo menos se puso bien guapa para la cena, con un vestido medio veraniego escotado de tirantes y largo hasta los pies, parecido al del primer día, pero de color negro, con unos zapatos de cuña y yo me puse una camisa y americana, sin corbata, íbamos arreglados, pero informales.

Entramos en el comedor, habían dispuesto varias mesas y cada uno se podía sentar donde quisiera, eran mesas para 6 u 8 personas.

– Menuda organización, dijo protestando de nuevo mi cuñada.

Me encontré a Dolores en el comedor.

– ¿Que tal, donde os vais a sentar?, me dijo de manera amable.
– Pues no sé, estamos mirando, parece que te puedes poner donde quieras.
– No os he visto esta mañana en la comida.
– Hemos ido a la ciudad, aprovechando que estamos aquí nos hemos pegado una buena comilona.
– Habéis hecho muy bien…

Al final nos pusimos en una mesa los tres, por lo que al menos pude fastidiar la cena a mi cuñada, que no abrió la boca, además de pasar una velada muy agradable con Dolores.

– Oyes, te tienes que quedar a la fiesta, nos tomamos una copa, me dijo.

Yo la verdad es que estaba bastante desentrenado, pero en la universidad era bastante guapo y tenía éxito con las mujeres y es que parecía que Dolores estaba flirteando conmigo, o eso me parecía, quizás solo eran imaginaciones mías, ella estaba casada como yo. Lo que me pasaba es que no estaba acostumbrado a que una mujer me tratara tan amable como ella, a excepción de Marina. Pasaba demasiado tiempo con las Álvarez.

La que no quería ir de fiesta era Carlota, que me dijo que se subía a la habitación, que yo hiciera lo que me diera la gana. Cada vez estaba mas enfadada por mi tonteo con Dolores, con la que yo no tenía pensado hacer nada, por supuesto, pero con tal de fastidiar a mi cuñada me mostraba con ella extremadamente educado y amable, a parte de pasármelo muy bien.

– Venga anímate, que sino le digo a Claudia que no has querido quedarte en lo mejor, no va a ser todo trabajar, intenté convencerla.
– Venga que si, si que se viene, dijo Dolores tirando un poco de mi cuñada por el brazo de un modo cariñoso.
– ¡¡Que pesados!!, vamos, dijo Carlota dejándose arrastrar un poco.

En la sala de fiestas del hotel estaban casi todos los empresarios que habían estado en las jornadas informativas.

– ¿Que queréis tomar?, dije yo.
– No hace falta que me pidas nada, ya soy mayorcita, dijo Carlota cogiendo una silla alta para sentarse junto a la barra.

Dolores y yo nos quedamos mirándonos y luego pedimos para nosotros.

– Después salimos a bailar, me encanta, me dijo.
– Pufffff, yo hace siglos que no salgo de fiesta, estoy oxidado, dije yo.
– No tienes pinta de estar oxidado, ahora lo comprobaremos, contestó Dolores con una mirada pícara.

Carlota puso cara de mala hostia y le pegó un trago a la copa. Cada vez que Dolores hacía una media broma veía como se quedaba con ganas de saltar hacia ella y agarrarla por los pelos. Yo estaba disfrutando con todo aquello, vengándome por el fin de semana que la insoportable de mi cuñada me había dado.

Salimos a bailar dejando a Carlota sola en la barra y no tardó en acercarse un señor de unos 50 años para hablar con ella, yo mientras bailaba con Dolores no quitaba ojo a Carlota que no tardó en despachar con viento fresco a aquel tío que se había atrevido a hablar con ella.

– A ver si se va tu cuñada y nos deja solos, me dijo Dolores.

Yo me quedé mirándola y ahora si, su cara picarona y de bromas parecía haberse transformado. No eran imaginaciones mías, aquella morena me estaba tirando los tejos y aunque estábamos bailando separados se movía de maravilla y mi polla reaccionó bajo los pantalones.

– ¿Y para que quieres que nos deje solos?
– Tu que crees, me has caído muy bien, dijo levantando las cejas en un gesto que parecía evidente.

No quise contestar, yo estaba a gusto con el tonteo que nos traíamos, desde luego que no iba a hacer nada con Dolores, pero de repente me estaba entrando calor.

– ¿Nos tomamos otra copa?
– Vete tu a pedirlas, yo me quedo bailando, me dijo Dolores.

Me acerqué yo solo a la barra, pero por otro lateral, no donde estaba Carlota que seguía sola en la barra mirando hacia donde estábamos nosotros. Entonce no lo ví venir, pero cuando estaba de espaldas pidiendo se me acercó el señor de 50 años que había estado hablando antes con mi cuñada. Era evidente que en la cena se había pasado con el alcohol y ahora llevaba una copa en la mano, le noté el aliento a alcohol a kilómetros.

– Hola, perdona.
– Si?
– Nada solo quería saludarte, soy Jacinto.
– Encantado, yo David.
– Perdona la indiscreción, verás, es que te he visto estos días con la rubia aquella, dijo mirando hacia Carlota.
– Si.
– ¿Puedo preguntarte de que os conocéis?
– Ehhhhhh bueno, digamos que trabajamos en la misma empresa.
– No te ofendas ehhhh, pero está muy buena, aunque es una borde cuidado, me dijo.
– Si, buenoo, no es muy amable que digamos.
– He ido a invitarla a una copa y poco menos que me ha llamado borracho, que apestaba y que no la tocara un pelo o algo así me ha dicho.
– Vaya, lo siento…
– Tienes suerte de tener una compañera de trabajo así, ya me gustaría a mi ver esas tetas todos los días…
– Bueno visto así…
– No me digas que no tiene buenas tetas, joder está tremenda, ¿no te pone?, me dijo.

Me extrañaba que aquel tío que no conocía de nada viniera a hablarme de Carlota y me dijera este tipo de cosas, entonces no tardé en darme cuenta que lo único que buscaba era morbosear un poco hablando de Carlota y luego subirse a la habitación a hacerse una paja. Estaba siendo bastante directo, a parte de soez y vulgar, pero que aquel desconocido me hablara así de mi cuñada empezó a darme bastante morbo.

No tardé en empalmarme de nuevo, entre el tonteo de Dolores y ahora esto me estaba cogiendo un buen calentón sin haberlo pretendido.

– Si, está bien…
– Solo bien, venga no me jodas, está para empotrársela, oyes, te molesta si te pregunto si te la has follado?
– No, claro que no, solo somos compañeros de trabajo.
– Joder, pues yo si pudiera me la hubiera tirado, sabes si está casada?
– Separada…
– Mmmmmmmmmmmmmmm, perfecto…me gustaría intentar hablar con ella otra vez, sabes como podría entrarle para caerle mejor?, no sé…que la gusta…
– En eso no puedo ayudarte…
– Vaya que pena, al final me voy a tener que conformar solo con mirar esas tetazas, ¡¡son impresionantes!!…
– Si, si las tiene grandes…
– Grandes, no, ¡¡son enormes!! y es muy guapa, no me creo que no te ponga esa rubia…
– Bueno, algo si me pone, pero no puedo hacer nada, aunque ella quisiera, estoy casado…
– Y que joder, yo también estoy casado y haría de todo con ella, me dijo.

La conversación se estaba poniendo interesante, me gustaba mucho morbosear con aquel desconocido hablando de mi cuñada.

– ¿Y que te gustaría hacer con ella?, le pregunté.
– Estaría horas tocando y chupando esas tetas…y luego ese pedazo de pandero que tiene, porque eso no es un culo, es un pandero bien gordo, como a mi me gustan, se lo estaría azotando hasta hacerla sangrar mientras me la follo a cuatro patas.

La polla me palpitó bajo los pantalones y el desconocido no dejaba de hablar de Carlota, sin duda alguna él también lucía una considerable erección bajo los pantalones.

– Me encantaría meter la cara en esos glúteos, que me hiciera chuparla el ojete…apartarla así la carne del culo y meter la cara dentro, sabes lo que te digo, no?…
– Joder si…

Cuando estábamos en lo mejor de la conversación apareció Dolores para interrumpirnos.

– Bueno, vienes con esas copas o no?
– Si, si ya voy, bueno ha sido un placer, hasta otra, dije despidiéndome de aquel tipo que sin duda alguna esa noche se iba a pajear con Carlota.

Una hora mas tarde y otra copa mas ya tenía una sudada importante de tanto bailar y dar saltos, uno no estaba acostumbrado y en la sala cada vez hacía mas calor. Dolores se me seguía insinuando y yo la seguía el juego, la que no había cambiado la postura era Carlota que seguía sin moverse en el mismo sitio donde la había dejado. Después de tanto tiempo consideré que al menos tenía que ir a hablar con ella, aunque fuera solo para ver que tal estaba.

Una de las veces que Dolores se fue al baño aproveché y me acerqué a la barra para hablar con Carlota, que me recibió con los brazos abiertos.

– ¡¡Se te tenía que caer la cara de vergüenza!!
– ¿Como dices?
– Tu, tranquilo, sigue a la tuyo, no te importa ni que esté yo delante para tontear con esa guarra…¿ya habéis quedado para veros luego en la habitación?
– Pero se puede saber que tonterías estás diciendo Carlota?, es que estás borracha o que?…

Desde luego que mi cuñada no parecía encontrarse en muy buen estado, eso a pesar de que no es que la hubiera visto beber mucho como para que me dijera aquellas impertinencias que no venían a cuento.

– ¡¡Eres como todos!!, aprovechas la mínima, a saber lo que estarías haciendo ahora si no estuviera yo aquí…
– Mira, vamos a dejarlo, porque es que no sé de que vas…y a mi no me metas en el mismo saco que…
– ¿Que quien…?, dilo…de Gonzalo, quieres decir, verdad?
– Pues si, ya que lo dices, si, a mi no me compares con él, yo en la vida he engañado a Claudia, a mi no me compares con ese…con ese putero!!!, que te engañaba cada vez que veía una falda, dije yo enfadado.

Sin saber como me había enredado en una discusión absurda con mi cuñada que no me llevaba a ningún lado.

– O sea, que sabías lo que hacía y no dijiste nada…
– Ahora tengo yo la culpa?, tu también sabías lo que Gonzalo hacía, no me digas que no, lo que pasa es que preferías hacer como que no te enterabas de nada…así vivías mejor…

Justo en ese momento apareció Dolores que se dió cuenta de lo que estaba pasando.

– ¿Está todo bien chicos?
– La que faltaba, la guarra ésta, tu no te acerques a mi cuñado, dijo Carlota desafiándola con el dedo.
– ¿Pero que coños dice esta tía?, respondió Dolores.

Antes de que se montara un numerito decidí apartar a Dolores.

– No la hagas caso, por favor, no sabe ni lo que dice…
– Me ha llamado guarra, ¿pero ésta de que va?
– Está mal, se ha separado hace poco del marido, por favor no sé lo tengas en cuenta…
– No deberías defenderla, lo que ha hecho está mal…
– No, no la defiendo…pero no quiero que vaya a mas, no sé que la pasa, pero nunca había visto así a mi cuñada…
– Mira mejor me voy…
– No, quédate, lo estábamos pasando muy bien, deja que me encargue de ella…

– Que se vaya, déjala ir, dijo Carlota.
– No tengo que aguantar esto, me voy, dijo Dolores que se marchó de la fiesta sin tan siquiera despedirse de mi.

No es que fuera a hacer nada con ella, pero me lo estaba pasando muy bien y Carlota me había arruinado la noche. Lo que faltaba para rematar el fin de semana. Me giré para recriminarle su actitud.

– No sé a que viene esto que has hecho…de verdad que no lo entiendo…

La cara de Carlota era un poema, parecía estar a punto de llorar, preferí no ensañarme con ella y ser amable, aunque no se lo mereciera.

– No me gusta verte así, tenes que pasar página Carlota, olvida ya el pasado, eres joven, guapa, tienes buen trabajo y…
-¡¡Y un culo que no me cabe en el taburete!!, dijo intentado bajar.

Tuve que sujetarla por el brazo para que no se cayera.

– Me encuentro muy mal, ayúdame a bajar…
– ¿Pero que te pasa?, has bebido tanto?
– No, pero no estoy muy acostumbrada y me ha sentado muy mal…no sé si es la música, el calor o que…ayúdame a salir de aquí…

Apoyándose en mi salimos de la sala como buenamente pudimos, en vez de dirigirme hacia las habitaciones me metí en unos jardines que tenía el hotel para que Carlota pudiera andar un poco y que se despajara con el aire de aquella noche otoñal.

– ¿Pero que haces?, ¿donde estamos?, me dijo cuando se dió cuenta que no íbamos a las habitaciones.
– A ver si se te pasa un poco…
– Joder, pensé que íbamos a la habitación, ¡¡mierda, no puedo aguantarme mas!!
– ¿Que te pasa?
– ¡Que me estoy meando y no puedo mas!, dijo metiéndose por un pequeño camino que parecía mas apartado.

Luego había unos arbustos junto con dos grandes arboles donde parecía que daba menos la luz, Carlota dejó el camino y se metió allí pisando el césped.

– ¿Pero que haces?
– Tu vigila, que no venga nadie, dijo Carlota agachándose junto al árbol.

No me lo podía creer. De repente mi cuñada se bajó las bragas poniéndose de cuclillas a dos metros de mi. Su enorme culo apareció ante mis narices y un enorme chorro de pis salió potente rompiendo el ruido de la noche. La pija de Carlota parecía de los mas vulgar en esa postura.

– ¡No mires joder!
– Que no estoy mirando, dije girándome.

Ella había echado las manos hacía atrás y se agarraba como podía en el árbol. mas grande del jardín. Yo vigilaba que no viniera nadie sujetándola el bolso.

– Dame papel, me dijo ella.
– No tengo…
– En el bolso, en mi bolso hay pañuelos…

Me acerqué donde estaba Carlota rebuscando en su bolso, saqué un paquete de pañuelos y luego la di uno. Se limpió y lo dejó allí tirado, cuando intentó incorporarse no podía y tuve que ayudarla agarrándola por el brazo. Menudo numerito, Carlota intentándose subir las bragas con una mano y yo junto a ella sosteniéndola también el bolso. Era para verlo.

Entonces Carlota perdió el equilibrio y tuve que sujetarla con fuerza para que no cayera encima del pis, nos giramos sobre el árbol y de repente me encontré des espaldas al tronco y con el voluminoso cuerpo de mi cuñada contra mi mientras sus pesadas tetazas me aplastaban el pecho, tuve que agarrarme donde pude y una mano fue a parar a su inmenso culo.

No sé ni como sucedió o si ella interpretó que la estaba metiendo mano, pero de repente me encontré a Carlota besuqueándome el cuello.

– Menuda borrachera llevamos, dijo Carlota intentando justificar lo que sucedía.

Luego bajó la mano y poniéndomela sobre el paquete me frotó con ella. ¡¡¡No podía creerlo!!!, en aquellos jardines oscuros y apartados mi cuñada Carlota me estaba empezando a pajear por encima del pantalón…

3 comentarios sobre “Cornudo (120)

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