MOISÉS ESTÉVEZ
Sentado en mi carcomido banco…
Por la regularidad con la que lo visito podría tomarme la licencia de
apropiármelo, figuradamente al menos. Son cuantiosos los ratos desde que
llegué los que paso sentado en él y con quien comparto sueños y reflexiones,
también dudas, dudas sobre quién soy, que estoy haciendo aquí y qué me tiene
deparado el destino.
Miradas anónimas,
almas vacías e impías.
Noches calladas y sombrías
huérfanas, derraman lágrimas,
aguardando la luz del día.
Tengo un nuevo amanecer,
tesoro al que no renunciaré.
No sé cómo pero lo conseguiré…
Echando la vista atrás, no me cabe la menor duda de que el abandono
de mi antigua zona de confort fue un acierto. En mi particular huída hacia un
territorio más arriesgado, la experiencia me hizo soltar bastante lastre,
superando multitud de prejuicios al instante, venciendo tabúes, saliendo por fin
del maldito armario, y ahora, sentado en mi carcomido banco, navego en un
mar de incertidumbre…

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