ALBERTO MORENO

(Versus Agustina de los Aragones)

 

¿Has meao?

La pregunta rebotó con acritud en el techo del dormitorio.

La pieza estaba a oscuras.

Vicente no contestó de inmediato.

Justo se acostaba en ese momento,  tenìa  los pies todavía fuera de la cama.

La mujer, se había retirado antes a descansar, seguía todavía despierta, ojo avizor.

En la oscuridad de la pieza, se oia respirar, a Virtudes, acompasada, a Vicente, con cierto ahogo.

¡Si, he meao!,contestó el hombre, a la vez que cogia el edredón por el filo y se tapaba.

La mujer, acostada de canto le daba la espalda, su cabeza reposaba en la almohada, a un palmo de las estampas de vírgenes que ocupaban su mesita de noche.

¡Ya sabes, si no, luego te lo haces en la cama y hay que lavar el colchón!.

La estocada culmino  la faena del dia.

Vicente, estuvo repeliendo reproches mañana y tarde. Sabia que el remate vendria al final del dia.

Asi andaban las cosas entre aquellos enamorados después de compartir cuarenta años la vida en pareja.

La escaramuza se extinguio.

Alguien empezó a roncar, minutos después era un dùo.

La mañana sorprendio a Virtudes en la misma posición ,de canto, tendida sobre un lateral de su cuerpo, dando la espalda a Vicente. Parecia una tabla de pino plagada  de correosos nudos.

Se vistió, se lavo someramente la cara en el lavabo, se coloco unas horquillas en el pelo, volvió al dormitorio, tiro con cierta brusquedad de la persiana y la luz de la mañana inundo la alcoba.

Serian las siete,

Vicente se revolvió medio dormido intentando evitar los rayos de luz y Virtudes inauguro el nuevo dia con otra estocada. ¡Levantate, que llegaras tarde!

 

 

El hombre era peon de albañil.

Después de tomar de pie, un tazón de café en la cocina, sin decir un siquiera ¡Hasta luego!, salio a la calle. Se encamino al bar de la plaza, siempre hacia lo mismo. Alli pedia un aguardiente seco, encendía un cigarro y hacia tiempo, hasta las ocho y media que empezaba la jornada.

Antes de salir, Virtudes le informo con tono desabrido lo que habría de comer.

¡Voy a guisar potaje de habichuelas con hinojos!, ¡Voy a matar al gallo para que lleve carne!, ¡Luego ire a ver al “Pollero!, a ver si me vende otro!, ¡Este ,esta  viejo y las gallinas no lo respetan!.

No hubo mas.

La obra, donde trabajaba Vicente era una reforma  y la dueña no quería ruidos hasta las nueve, por eso se demoro en el bar.

Se pidió otra copa.

No habían tenido hijos, Virtudes sufrio un aborto el primer año de casados y los médicos dijeron que seria difícil. Puede que fuera el principio del carácter agrio que Virtudes comenzó a desarrollar.

Las habichuelas con hinojos estaban listas a las dos, Vicente tenia una hora de intermedio.

Se sentaron a la mesa.

¡Quieres cebolla o rabanillas?, Era Virtudes, mas amable de lo normal.

¡Cebolla!, contesto el hombre.

¡Mi hermana quiere venir unos días, esta rara!.

¿Cuándo viene?, pregunto Vicente.

¡Mañana!, contesto Virtudes. ¡Desde que enviudó no levanta cabeza!, ¡Tampoco es para tanto!, añadió.¡Con lo a gusto que se esta sin aguantar a nadie!. Esto lo dijo en un pronto, luego pareciô arrepentirse.

¿Te pongo mas?, ¡el hinojo le ha dado a las habichuelas un regusto que parecen otra cosa!.

Vicente, inclinado con la cuchara sobre el plato, y con  la boca llena, solo pudo  asentir con la cabeza.

¡Si, ponme otro cucharon!, dijo cuando pudo hablar.

La comida termino sin mas. El dia no trajo mas sobresaltos.

A la mañana siguiente, en el autobús de las once llego Ofelia. Virtudes había ido a esperarla, traia una maleta grande.

Las dos hermanas se dirigieron a la casa.¡¿Qué traes ahí?, ¡parece que vienes con el ajuar!.

Ofelia aclaro que venia a quedarse, en su casa se sentía muy sola viuda, podría echarte una mano, le dijo.

Virtudes no contesto, pocos pasos después le confirmo que estaba de acuerdo. Las dos mujeres entraron en la casa. Virtudes le llevo al dormitorio que le había preparado.

¡La ventana da a la calle,ves a la gente y tienes luz todo el dia!.

Ofelia tendría cuatro o cinco años menos que Virtudes, el  òvalo redondo de su cara y sus mejillas sonrosadas le daba un aspecto de mujer bonachona y tranquila.

En la cocina, las dos mujeres traficaban con  sus  confidencias, Ofelia echaba de menos a Lucas, su difunto. Su única hija, casada,había establecido su vida en la capital, venia de higos a brevas, tenia su vida en otra galaxia. Virtudes, escuchaba mas que añadir detalles de su vida, hizo una o dos referencia a Vicente de poca importancia.

¿Qué quieres comer?, ¡Vicente viene a las dos, tiene una hora!.

¡Lo que te venga bien!, contesto Ofelia.

La comida transcurrio en armonía. Vicente le pregunto a Ofelia por sus cosas, la mujer hizo un breve relato, volvió a repetir que se sentía sola y echaba de menos a Lucas.

¡Vosotros, estais juntos y eso lo apreciareis!, la comida fue un alivio para Vicente.

La tarde no trajo novedades. Mientras Ofelia abria la maleta y colocaba sus cosas Virtudes fue a ver al pollero.

Volvio con un precioso gallo que solto en el corral. Las gallinas miraron al nuevo inquilino y cacarearon satisfechas.

El galan, miro a sus nuevas compañeras y cogiendo aire solto dos kirikis,proclamándose asi  jefe.

Virtudes y Ofelia no pudieron evitar una sonrisa,.

Era la primera de Virtudes en mucho tiempo.

Antes de la cena, Virtudes le propuso a Vicente que se fuera al bar y se bebería algo, mientras ellas preparaban la comida.

¡Mi gott!, Vicente no daba crédito a sus oídos.

Habia mantel y los platos de la vajilla estaban desplegados, Vicente seguía asombrado.

Sobre las once y media, se retiraron a dormir.

En la cama, en un desliz, la rodilla de Vicente rozo sin querer el culo de Virtudes. Esta no tenia el camisón y se había acostado en posición plana.

La luz apagada, no permitia ver los rostros, pero la respiración de ambos parecio activarse.

¡Vicente, en un reflejo condicionado dijo entrecortado:

¡He meao!.

¡Que tonto eres, no es eso!.

Cinco años después, hicieron el amor como en los viejos tiempos.

Santa Ofelia de Barrioburros de arriba había hecho el milagro.

-fin- agosto 20 19

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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