JUAN LUIS HENARES

 

Entró a su casa después de caminar un largo rato por el Malecón, con la mirada fija en ese bello horizonte en donde el cielo se funde con el mar. Tomó su documento a nombre de Adolfo Mena y observó en el espejo su rostro, ya sin la famosa barba y con el engominado peinado que reemplazaba a su larga cabellera. Luego de acomodar sus lentes y ajustar el nudo de la corbata, les dio un beso de despedida a sus hijos aún dormidos —sabía que posiblemente sería el último— y junto a su mujer se dirigió a la puerta de salida. La abrazó bajo la tenue llovizna de principios de noviembre, subió al coche y lleno de sueños partió rumbo a Bolivia y a nuevos mundos por liberar.

https://juanluishenaresescritor.wordpress.com/

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