ISA HDEZ

Mientras bailábamos en la terraza de nuestro hotel, donde celebrábamos nuestro aniversario, al ver las estrellas fugaces me susurró al oído:

—Pide un deseo.

—¡Quererte hasta que me muera!

—Me emocionas.

—Te lo digo con el alma.

—Ya lo sé.

Fue bonito el momento, único, emotivo, siempre permanecerá en la memoria como si fuera un sueño. Continuó el baile y el amor durante largo tiempo, pero los sueños que se hacen realidad también acaban y, la princesa vive del recuerdo.

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