ECONOMISTA

A mediados de septiembre empezó otra vez el colegio de las niñas, para los que seáis padres me entendereis, eran unos días movidos en casa, por un lado preparar el material escolar, la ropa, luego estaba Claudia acoplándose a su nuevo puesto de directora de instituto que le daba mucho trabajo. Apenas teníamos tiempo para pensar en otra cosa.

Lo malo es que por la tarde había reunión del Ampa (asociación de madres y padres) en el colegio de las niñas, Claudia me dijo que fuera con ella mientras las peques se quedaban en un aula de juegos que habían preparado, a mi no es que me hiciera especial ilusión ir a esas reuniones, pero tampoco tenía ninguna excusa para no ir. La primera noticia que nos encontramos era la dimisión del que había sido presidente del Ampa muchos años, un tal Germán, un tío bastante peculiar, sobre 46-48 años, ingeniero, bien vestido, alto, delgado, con unas gafas finas que le daban un aire de buena persona y sobre todo educado, muy educado. Tenía 5 hijos, dos de los cuales eran mayores y ya habían dejado el colegio para ir al instituto, alegó que llevaba tiempo de presidente en el Ampa y era mejor que otro se ocupara el puesto.

Lo contrapuesto a Germán era su mujer Natalia, una rubia natural que no podía ser mas pija, para la edad que tenía, también sobre 48, estaba bastante buena, pero era realmente insoportable cada vez que abría la boca, estaba claro quien llevaba los pantalones en casa.

En principio nadie quería asumir la presidencia del Ampa, por lo menos no había voluntarios y enseguida todas las miradas se dirigieron a mi mujer.

– Oyes Claudia, ¿porqué no te pones tu?, le dijeron.
– Uffff, no, quita, que ahora tengo mucho trabajo en el instituto.
– No te preocupes, tampoco hay que hacer mucho, yo te podría ayudar al principio, dijo cortésmente Germán.
– Pues alguien se tiene que poner, porque mi marido lo deja si o si este año, dijo Natalia con su tono repelente de voz.

Esta frase desencadenó el típico tumulto de gente hablando todos a la vez los unos con los otros. Al final Claudia levantó la mano.

– Si nadie quiere, me pongo yo…pero solo si nadie quiere, si hay algún o alguna voluntaria sin problemas, pero me tienes que ayudar eh, le dijo Claudia a Germán.
– Por supuesto…

Después de que Claudia asumiera el puesto de presidenta el Ampa estuvieron discutiendo otros asuntos, antes de irnos para casa. Total, dos horas de interminable reunión. Antes de salir del aula se le pudo escuchar por última vez a la repelente de Natalia.

“Que aprenda ella sola, que a ti nadie te enseñó”, le regañaba a su marido en privado mientras salían, pero con un tono de voz alto para que se enteraran todos.

Cuando volvíamos en el coche íbamos hablando de lo que había pasado en la reunión, Claudia no estaba muy convencida de haber acertado al coger el cargo.

– No tenía que haberme puesto, me va a quitar mucho tiempo…
– No te preocupes, yo te ayudo.
– Ya, siempre dices lo mismo y luego lo tengo que hacer todo yo sola…
– Bueno, tienes a Germán, que se ha ofrecido a ayudarte, jejejejeje.
– Si, la verdad es que es muy agradable…
– Si, igual que su mujer…
– Calla, calla, menuda bruja, le tiene al pobre cohibido.

“Mas o menos como tu a mi”, pensé yo.

– Es una impresentable total, la verdad es que no pegan nada de nada, él tan bueno y educado y ella una pija que se cree la reina del mundo, nos mira a todos por encima del hombro, contesté.

Cuando se acostaron las niñas y mientras preparaba la cena estuve pensando en lo que había pasado durante el día, me acordé de la reunión y especialmente de Germán. Empecé a darle vueltas a una idea, que sabía que Claudia me iba a rechazar de primeras, pero tenía que vendérselo bien para que mi mujer al menos pensara en ello.

Después de cenar estábamos en el sofá viendo la tele y le pregunté a Claudia.

– ¿Que te parece Germán?
– Que, que me parece de que…
– Así en general, no sé, ¿que piensas de él?
– Pues se le ve el típico señor educado, muy correcto, no sé, amable, es de los que parece que no ha infringido una norma en su vida, jajajaja…lo peor de él es su mujer…

Claudia vió la cara que puse yo, me conocía muy bien.

– ¿Que estás pensando?
– No sé, a lo mejor, podríamos fantasear un poco con él, dije dándola una patadita cariñosa en el muslo.
– ¿Con Germán?
– Si, no me digas que no te da morbo, no está nada mal y podrías tontear un poco con él, aunque fuera solo por fastidiar a la idiota de su mujer…
– Ya estás con tus ideas…
– No me digas que no…
– ¿Y donde quieres que tontee con él?, allí en el aula del Ampa, en el colegio de tus hijas, que siempre tiene la puerta abierta de par de par…

Me parecía increíble, por las palabras de Claudia y como las dijo no solo no se negaba a hacerlo, sino que ya empezaba a plantearse la posibilidad de jugar con Germán, incluso yo diría que ella ya lo había pensado antes de que yo se lo dijera. Enseguida me derrumbó el castillo de naipes.

– Olvídate, ese tío no haría nada de nada por el miedo que le tiene a su mujer…y yo tampoco quiero…
– Tanto como miedo…
– Bueno, miedo, respeto, llámalo como quieras…
– ¿Pero lo intentarías?
– ¿Pero que quieres que intente?, ligar con él?..
– Si…
– ¡¡Que no lo voy a hacer!!, es absurda la idea…olvídalo…te lo digo en serio…y menos con un conocido, que no, que no…en el colegio de las niñas…no te pongas pesado…
– ¿No te gustaría aunque fuera solo por fastidiar a su mujer?, ¿o es que no confías en tus dotes de seducción?
– Pues con Germán no, ya te digo que es imposible que él haga nada…
– ¿Y que tenemos que perder?, es solo un juego…puedes tontear con él, intentarlo, que no entra al juego, pues no pasa nada, podemos fantasear con ello, como con Don Pedro…y si entra al juego…pues ya lo sabes, por mi parte lo que quieras sin problema…
– ¿No te importaría que me acostara con ese tío?
– Ya sabes la respuesta…para que lo preguntas…
– ¡¡Que cornudo eres!!, no tienes límite, te pasas el día fantaseando que me follan toda clase de tíos, verdad?, ¿quien mas has pensado que me folla?, dijo Claudia acercándose a mi y poniéndome una pierna sobre mis muslos.
– Pues no sé…
– Ahora eso no me vale, venga, ¿en que piensas cuando te haces las pajas?
– En que follas con otros…
– Eso ya lo sé cornudo, pero quien exactamente, seguro que tienes unos cuantos en mente…
– Si…pero me da vergüenza decirlo…
– Vaya ahora te da vergüenza, venga dime nombres…¿en Toni?
– Si, por ejemplo, dije yo mientras Claudia me frotaba la polla con el muslo.
– ¿Y quien mas?, vamos, mmmmmmmmmmmm, ya la tienes bien dura cornudo…
– No sé, Don Pedro…
– Ummmmmm, ¿te haces pajas pensando que me folla el viejo?
– Siii, siiiiiiiiiii, ummmmmmmmmmmmmmmmmmmmm…
– ¿Quien mas?, dijo Claudia en un tono que denotaba que estaba excitada.
– Víctor…todavía me acuerdo todo lo que te hacía, como te follaba, como se la chupabas…
– Mmmmmmmmmmmmmmmm, yo también me acuerdo, le echo mucho de menos, venga dime quien mas, dijo Claudia cogiéndome una mano para que la llevara a su entrepierna.
– El taxista de Madrid también…
– Ummmmmmmm, ¿ese cerdo sudoroso también te pone que me folle?
– Siiiii, me pone mucho, puffffffffffff, estás mojadísima, dije apartando las braguitas de mi mujer para meterla un dedo en su coñito.
– ¿Tienes su teléfono todavía, no?
– Ummmmmmmmmm, si, si lo tengo…
– Bueno, quien sabe, quizás la próxima vez que vayamos a Madrid, le podamos llamar, ¿donde preferirías que me follara, en el hotel o en el taxi?
– En el taxi, sería mucho mas guarro, en un descampado, por ahí, ¿te lo imaginas?
– Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm, ¡¡que cornudo eres!!, te encantaría mirar como follo con ese cerdo…
– Si, me encantaría…
– ¿Quien mas te imaginas que me folla?
– Mmmmmmm, no sé Germán también…
– ¿Ya pensabas en él antes o es a partir de ahora?
– No, no pensaba en él, pero sería un buen candidato, me encantaría ver como pierde la compostura mientras te folla…siempre tan correcto…dime por favor que te estás planteando hacer algo con él, por favor
– Ahora no vale, ya estoy muy caliente…
– Ummmmmmmmmmmmmmmm, me encanta tenerte así.

Claudia subió los dos pies en el sofá y recostada en el respaldo se abrió de piernas, yo seguía apartando su tanguita mientras me la follaba con dos dedos.

– ¿Tendrá buena polla?, dije yo.
– Ummmmmmmmmm, no sé…
– Seguro que si, seguro que tiene una polla mas grande y mas dura que la mía…
– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh, eso no es muy difícil, cornudo…
– Tiene que follarse muy bien a la guarra de su mujercita, 5 veces la ha preñado, esos no se han puesto un condón en su vida…
– Mmmmmmmmmmmmmmmmmmm…¡¡quítame las braguitas!!, ¡¡quítamelas!!

Me puse de frente a ella e hice lo que me pedía, me quedé de rodillas ante el impresionante coño de Claudia, que estaba abierto, hinchado y goteando.

– ¿Quieres que te lo coma?
– Noooooo, sigueeeeee como estabas…fóllame con los dedos…
– ¿Subo a por una polla de goma?
– Sigueeeee con los dedos joder, fóllame con los dedos…

Metí un tercer dedo en el coño de mi mujer que entró con mucha facilidad de lo mojada que estaba y empecé a follármela rápido con la mano.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, sigue hablandoooo, dime cosassssssssss, ¿quien mas te gustaría que me follara?, dímelo cornudo…en quien mas te pajeas…
– En operarios de la fábrica también, fantaseo con eso también, vas vestida allí con una faldita muy pija y te follan entre 4 o 5 entre las máquinas, te hacen de todo, incluso Sebas se pajea también mirando…
– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, joderrrrrrrrr, eres mas degenerado de lo que pensaba, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, méteme otro dedo, voy a correrme, ¡¡¡voy a correrme!!!

Metí un cuarto dedo en su coño y empujé fuerte y rápido haciendo que a Claudia se le escaparan unos cuantos gemidos, que ella intentaba ahogar para no despertar a las niñas. Entonces en el estado en el que Claudia estaba y dentro de ese juego me atreví a decir el último nombre que me faltaba.

– Todavía hay otro mas que me imagino que te folla…
– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, dime quien esssssssssssssss, dímelo…ahhhhhhhhhhhh
– ¡¡Gonzalo!!, ¡¡también imagino que te folla Gonzalo!!

Entonces Claudia tensó las caderas echándolas hacia delante y se quedó parada, por unos instantes pensé que la había fastidiado diciendo su nombre, me miró conteniendo la respiración y agarrándome el ante brazo. Antes de que ella reaccionara me acerqué a su cuello y le dí un beso.

– ¿No te acuerdas como te hizo el dedo en el bar hasta que te corriste?…

Mi mujer se dejó caer exhalando una respiración muy profunda, su cuerpo comenzó a temblar violentamente y mientras seguía agarrada a mi brazo se corrió.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, me corroooooooooooooooooooooooooooooooo, me corroooooooooooooooooooooooo!!!!! ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…

Cuando terminó me apartó la mano, parecía que estaba enfadada y cogió las braguitas del suelo para ponérselas con prisa.

– Pareces idiota, casi lo estropeas todo al final, ¿para que has tenido que nombrar a Gonzalo?
– No lo sé, perdona Claudia, solo era un juego…no creí que…pero al final te has corrido…
– Me he corrido porque estaba ya a punto, no porque dijeras su nombre…casi lo jodes todo, ¿pero tu es que no tienes límites?
– Lo siento, de verdad pensé que…era solo un juego, una fantasía Claudia, no te enfades…
– ¡Cállate anda, no digas nada!, dijo cogiendo el mando para ponerse a ver la tele sin volver a hablarme.

Me quedé con una erección importante bajo los pantalones, pero con el cabreo repentino que se había cogido Claudia cualquiera decía nada. Tampoco creo que fuera para ponerse así, no se si lo hizo porque realmente se enfadó o para dejarme en ese estado toda la noche como castigo, yo creo que mas bien lo segundo, el caso es que no protesté y me quedé empalmado en silencio como un cornudo.

Un rato mas tarde nos metimos en la cama, yo seguía con un buen calentón después de haber visto como Claudia se corría cuando dije el nombre de Gonzalo y con la nueva posibilidad que se había abierto con Germán.

¿Estaría Claudia dispuesta a jugar con él?

2 comentarios sobre “Cornudo (116)

  1. Este relato nos está llevando hacia un abismo erótico…..excelente!!!….un abanico de posibilidades se abre en la calenturienta mente del cornudo y la siempre excitante mente de su esposa, la puta que lo somete.

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