SIX

Necesitaba acelerar! Necesitaba que fuera más rápido para correrme!! Hasta el último poro de mi cuerpo necesitaba ese orgasmo!!

Ana se metió mi polla hasta el fondo, succionando, y creí que estallaría.

-OOohh!!!- Gemí.

Pero no, sentí un sinfín de sensaciones agudas, pero no las suficientes para explotar.

“Hija de puta, que controlado lo tenía!”

Ana sonrió mirándome, se lo estaba pasando genial castigándome. Yo suspiraba y jadeaba, temblando.

Volvió a agacharse y se metió mi polla en la boca muy despacio, haciéndome sentir cada sensación que me ofrecían el roce de sus labios, y la humedad caliente y viscosa de su lengua Se la sacó de la misma manera, y le dio un beso húmedo en la punta, para después mirarme y sonreír de manera traviesa y perversa. Sabía que así alargaba mi sufrimiento, confirmándome que aquello era una dulce venganza.

Yo estaba acalorado, en tensión continua, los dedos de mis pies se arrugaban y mis manos me arañaban los muslos. Ana miraba de reojo a mis manos, y sonreía. Su sonrisa estaba cargada de intenciones, sabía perfectamente que me tenía bajo control, y eso parecía gustarle y ponerle mucho.

Se pasó el tronco de mi polla por la mejilla, alargando la punta de su lengua y lamiéndomela de arriba abajo, sin dejar de mirarme. Yo la miraba conteniendo el aliento como si su lengua quemara, hasta que llegó a mis huevos y empezó a lamerlos agarrando mi polla con una mano.

Me hacía cosquillas, sentía la punta de su lengua como un pequeño cable eléctrico que me daba descargas, descargas húmedas y calientes. Se había pegado mi polla a la cara, apretándola con la mano, alargando su lengua para seguir castigándome.

Mi polla se veía enorme al lado de su cara, llegándole desde la mejilla hasta la frente, y me fijé en lo hinchada y brillante que estaba. Palpitando llena de saliva.

Ana la estrujó como si quisiera estrangularla, y vi como las venas empezaron a hincharse, y la punta se tronó casi violeta. Hundió sus labios entre mis huevos y empezó a besuquearlos y lamerlos.

-Hij… SSSshhh!! …de puta… MMMhhh…- Solté sin remediarlo mirando hacia el techo.

Ahora sabía porque la apreciaba tanto Marc. Si le había llegado a hacer una de estas mamadas, no me extraña que le diera lo que pidiese, y que no quisiera perderla.

Sonreí pensando que ahora esa boquita era mía. Y esa era una de tantas veces de las que pensaba disfrutar de aquellos labios.

Alcé mis manos para coger el pelo de Ana, impaciente ya, no aguantaba más. Pero ella me volvió a coger las manos y llevarlas a los laterales del sofá.

-Ssshh… Quietecito…- Me recriminó con un susurro que me puso los pelos de punta.

Me sentía ridículo, cabreado conmigo mismo por dejarme dominar de aquella manera, pero no tenía otra opción. Estaba ansioso por llegar al orgasmo, pero una parte de mi agradecía estar en el mismísimo borde del abismo. Tenía la sensación continua de que solo me faltaba un empujón, una última caricia, un último lametón.

Y me ponía cardiaco ver como Ana disfrutaba y me castigaba de aquella manera.
El corazón me iba a mil por hora, la respiración se me entrecortaba, temblaba sin ningún tipo de control. Y Ana seguía lamiendo y chupando, con una lentitud desesperante.

No se la jugaba, porque ella sabía que me tenía al límite, sus lametones eran lentos, y pausados, y se la metía en la boca despacio, tras comprobar que mi respiración se relajaba.

Hasta que mi polla no pudo soportarlo más y mi cuerpo se puso rígido.

Me quedé sin respiración.

-ÑÑñññññhhh!!!- Emití sin que Ana me escuchara.

Estaba entretenida lamiéndome la punta de la polla cuando el primer chorro de semen la pilló por sorpresa, saliendo con fuerza y estrellándose en su lengua, dibujándole una estrella con muchas gotitas en la mejilla y un goterón largo y blanco que le nacía desde la comisura de sus labios hasta perderse a la altura de su oreja.

Empecé a gimotear, convulsionando, y Ana se apresuró a meterse mi polla en la boca, recibiendo la siguiente descarga dentro de sus labios, pero no llegó a tiempo y la segunda descarga le dio en los dientes, y salió goteando por la comisura de sus labios, dejando un goterón largo colgando de su barbilla.

Ana por fin cerró sus labios entorno a mi polla y empezó a mamármela profundamente como si no le importara que me estuviera corriendo. Cada vez que su cabeza subía y bajaba, mi polla descargaba dentro de su boca liberándome y haciéndome sentir el placer más absoluto.

-OOOOoohh!!! SSSSssshh!!!- Soltaba con cada descarga.

Había sido tan grande la tensión y excitación que perdí la cuenta de la cantidad de descargas y espasmos que sentí.

Fue alucinante, un orgasmo brutal que me dejó sin aliento, y Ana no se detenía. Me había agarrado la polla justo enfrente de sus labios, apretándomela, mientras se la metía una y otra vez mamando, haciendo que yo gimoteara y lloriqueara de gusto, sintiendo como su lengua apretaba mi polla mientras bebía de mí.

Cuando pude llegar a controlarme, la fui a coger de la cabeza, y Ana con la mano que le quedaba me agarró la muñeca y me la agarró contra el sofá, sin soltarme.

Quería seguir teniendo el control, pero yo estaba tan fuera de mí que no estaba por dejar que me dominara más tiempo, y con la otra mano la agarré del pelo y empujé su cabeza hasta lo que pudo tragar Ana, que hizo fuerza contra mí con la mano que tenía agarrando mi polla.

Fueron unos segundos en los que los dos hicimos fuerza, uno contra el otro, notando solo la lengua de Ana moverse en mi polla dentro de su boca.

Estaba jadeando, sentía aun mi polla palpitando dentro de su boca, súper sensible después de aquel orgasmo.

De repente Ana empezó a meneármela con la mano, estrujándola como si quisiera ordeñármela, como si hubiera sentido salir alguna última gota y quisiera más.

Y poco a poco la tensión de los dos por agarrarnos desapareció. Y Ana empezó a mamar estrujándomela, con mi mano apoyada en su cabeza.

No la obligaba, ni siquiera hacía fuerza, era ella la que continuaba chupando, yo simplemente le sujetaba el pelo mientras la veía tragarse mi polla con sus labios y la cara llena de semen, y me dio un morbo increíble.

Cada roce, cada movimiento, me estremecían, me proporcionaban un nuevo espasmo, como un latigazo. Y eso a Ana parecía divertirle.

Al cabo de un rato, cuando mis convulsiones pararon, Ana se la sacó de la boca y me miraba, riéndose satisfecha.

Aun me cogía la polla con la mano, meneándomela despacio. Se tocó con la punta de la lengua los labios, y se relamió arrastrando las gotas de semen que le colgaban. Luego uso un dedo para arrastrar los restos hacia su boca, lo saboreó jugando con la lengua dentro su la boca y después lo dejó caer todo en un goterón largo sobre la punta de mi polla, que engulló antes de que resbalase hacía abajo.

Me estaba dando un morbo terrible viéndola hacer guarradas con los restos de mi semen en mi polla. Los sorbía, los dejaba caer, y los recogía con lametones y chupadas.

Me llevé las manos a la cara para frotármela, necesitaba despertar de aquel sueño.

Necesitaba saber si aquella mamada era real.

-Madre mía!- Solté suspirando.

Ana se incorporó limpiándose los labios con los dedos.

-Te ha gustado?- Preguntó sorbiendo y chupándose los dedos llenos de semen.
-Joder si! Quiero una de estas cada día!! Jajaja!- Bromeé.

Me miraba sonriendo orgullosa, con mi polla en la mano todavía y acabando de limpiarse los restos de los labios. Me la meneaba despacio, más como un gesto automático que otra cosa, mientras me miraba.

-Puede que no me creas, pero eres el único tío que ha logrado que me trague su corrida…- Susurró como si estuviera orgullosa, relamiéndose.
-Pues parece que te gusta.- Dije sonriendo.

Ana se acercó a mí, pensé que quería besarme, pero en realidad se acercó a mi oído.

-Siempre me obligas a tragármela, y eso… me pone muy cachonda…- Susurró poniéndome los pelos de punta. –Y ayer… recuerdo que me obligaste a que me la bebiera en un vaso…

Hizo una pausa para morderse los labios.

-…, y ahora me siento obligada a hacerlo…- Siseó.

Luego se alejó de mi cara pasándose la lengua por los labios, mirándome mientras continuaba meneándomela despacio, como si no se diera cuenta de que lo estaba haciendo con sus manos, y volvió a morderse los labios, pellizcándoselos entre los dientes, sin dejar de mirarme.

-Nunca había hecho estas cosas, te lo juro…- Me dijo sonrojándose.
-Pues no se te dan nada mal!- Bromeé.

Sonrió apartándose un mechón de pelo de la cara y pasándolo detrás de la oreja, y se agachó para besar mi polla, estrujándola como si quisiera sacar alguna gotita más.

Después le dio un chupetón, y volvió a meterse la punta en la boca, jugando con su lengua, como quien tiene un caramelo en la boca de manera casual.

-Quieres seguir?- Le pregunté.
-No te gusta?- susurró dándome unos besos en el tronco.
-Me encanta… Pero… ahora te toca a ti.- susurré acariciándole el pelo.
-No, tranquilo, me apetece estar un rato así…- Contestó entre lamidas y besitos a mi polla.

Parecía disfrutar jugando con mi polla, así que no podía quejarme. Me hacía cosquillas y me gustaba.

-Ayer me pusiste muy cachonda.- Susurró frotándose mi polla por los labios.
-Ufff… Era la idea, no?- Contesté suspirando.

Mi polla había perdido parte de su dureza debido al tremendo orgasmo que acababa de regalarme Ana, pero aún conservaba su forma, no tan rígida y con una consistencia gelatinosa. Pero a Ana eso no parecía importarle, al contrario, parecía encontrarla más apetecible, y volvió a besuquear mi polla, y a jugar con ella entre sus manos.

-Y lo de prepararme un baño calentito, me ha dejado alucinada…- Susurró sonriendo con la punta de mi polla en los labios.
-Creí que te apetecería…- Respondí.

Ana se metió mi polla en la boca y succionó, lamiéndola desde dentro. Al estar algo blanda parecía que le entraba mucho más adentro, y sentí como le llenaba la boca mientras se me cerraban los ojos.

Luego volvió a sacársela y a menearla muy despacio cerca de su boca. Sonreía viendo mis reacciones.

-De donde sales Oscar?- Preguntó como si fuera una pregunta transcendental, mirando mi polla mientras la estrujaba.

Me la quedé mirando mientras ella volvió a jugar con su lengua en la punta de mi polla. Y después le acaricié el pelo, peinándoselo hacía atrás. No podía creer que estuviéramos manteniendo una conversación mientras ella me la chupaba como si fuera algo natural, como quien te masajea un hombro o te peina el pelo.

-Creo que el problema es que hasta ahora has estado con tíos que solo te querían follar.- Le solté.

A Ana le hizo gracia mi comentario, le dio un beso a mi polla, y se subió al sofá encima de mí despacio, como una gatita que se sube a tu regazo en busca de mimos.

La miraba, la verdad es que aquella actitud de Ana me imponía un poco, pero no quería que se notara, así que intentaba mantener el tipo haciéndome el duro.

Ana agarró mi polla y la frotó por los labios de su coño, alzándose sobre mí hasta que se la colocó en la entrada, entre sus calientes labios, y se sentó lentamente encima de mí. Noté como entraba en su coño, despacio, estaba tan empapada que no importó que mi polla no estuviera del todo rígida. Sintiendo como la penetraba, llenándome de una sensación húmeda y cálida que lo inundó todo.

Suspiré, dejando escapar todo el aire de mis pulmones mientras Ana bajaba.

Y antes de que acabara mi suspiro, Ana se abrazó a mi cuello y se acercó a mi oído.

-Y tú? No quieres follarme?- Susurró a la vez que empezó a moverse.

Se me abrió la boca conteniendo el aliento al notar como subía, y se escapó otro suspiro con lo que me quedaba de aliento al notar como volvía a bajar lentamente.

-Me… Refiero a que… Ufff…- No podía articular palabra.
-Si?- Dijo juguetona.

Se mordió los labios y sonrió, sabiendo que me tenía en sus manos. Se movía como si estuviera cabalgando a cámara lenta, agarrada a mi cuello con una mano, y estrujándose una teta con la otra con la espalda muy arqueada, como si escuchara una canción sensual y muy lenta.

Y yo me estremecía sintiendo como con aquel baile, su coño, húmedo y caliente, se tragaba mi polla una y otra vez.

De repente me cogió del pelo, y giró mi cabeza para que la mirara.

-Mírame…- Susurró.

Empezó a tocarse las tetas, estrujándolas de manera sensual, lentamente, la escuchaba jadear, respirando por la boca mientras me follaba, después una de sus manos se deslizó hacia abajo, hasta que llegó a su coño y empezó a masturbarse.

Mi polla, envuelta en las deliciosas pareces de su coño, húmedo y resbaladizo, y aquel espectáculo, había vuelto a endurecerse mientras la admiraba y me ponía cardiaco.

Estaba en el cielo.

Ana contraatacaba, sabía que me tenía en sus manos, embobado mirándola y disfrutando de su manera de moverse.

Fui a cogerle las caderas, pero me apartó las manos y se acercó a mi oído.

-Ayer me volviste loca, me hiciste cosas que no me han hecho nunca, y me encantaron… Hoy me toca a mí… Tan solo relájate y disfruta… Mi Amo…- Susurró.

Sus palabras siseaban entre sus labios, pero aquel “mi amo” lo dijo con un tono especial, y me hizo sentir un escalofrío. Ana sabía ponerme, por supuesto sabía que estaba jugando conmigo, pero estaba atrapado, se estaba saliendo con la suya.

Me besó, y ya no abandonó mi boca en una larga y lenta cabalgada mientras se masturbaba.

Luego, se apartó de mis labios, y siguió moviéndose, cogiendo una de sus tetas y acercándomela a los labios. La chupé y mordisqueé, notando el vaivén de Ana al subir y bajar, succionando su pezón con fuerza, o lamiéndolo. Noté lo duro que estaba.

Ana gemía, pero no como la noche anterior, sino unos gemidos suaves y largos, lentos y relajados. Era un polvo tranquilo y lleno de sensaciones placenteras, digno de un baile erótico, pero follando.

Estuvo un buen rato así, cuando no me comía la boca, se mordía los labios y se masturbaba mirándome con deseo y hambre, y luego volvía a besarme con unos besos húmedos y lentos mientras no dejaba de mover sus caderas.

Aquello no era follar, era hacerme el amor, y no tenía nada que ver con la follada que pegamos la noche anterior.

Me tenía hipnotizado, a merced de su coño, sus caricias y su boca. Hasta que noté que su respiración se aceleraba, y su mano empezó a volar sobre su clítoris, haciendo más agudos sus gemidos.

Ana cerró sus ojos, mordiéndose la boca, sintiendo alguna sensación profunda que la hizo estremecer, y yo de repente me sentí libre. Sentí un calor que me quemaba desde dentro y de repente, mi mano voló hasta su cuello, agarrándola como si la estrangulara.

Ana me miró abriendo sus ojos sorprendida, pero sin parar de moverse, no podía, ya estaba muy cerca de su orgasmo.

-Más deprisa.- Solté mirándola a los ojos.

Se puso colorada, abrió ligeramente la boca apoyando su lengua en el labio inferior y arrugó las cejas, agarrándose a mí brazo con la mano que no usaba para masturbarse.

No se esperaba aquello, y para ser sinceros, yo tampoco, fue un acto espontaneo fruto del momento.

Ahora se movía más deprisa, y se frotaba el clítoris como una salvaje, acelerando cada vez más y soltando unos grititos agudos y graciosos que me estaban poniendo muy cachondo.

-Eso es! Córrete!- Le solté.

No la apretaba fuerte, lo justo para que se sintiera agarrada y no se soltara con facilidad. Aun así, le empezaron a subir muy rápido los colores a la cara, y su expresión pasó de la sorpresa a una cara de vicio exagerada enseñándome los dientes, y resoplando.

Cada vez botaba más deprisa, y con golpes, metiéndose mi polla hasta el fondo a saltos. Yo también estaba cerca de otro orgasmo, comenzando a sentir ese cosquilleo delatador.

-Mírame!- Solté zarandeando su cuello.

Ana me clavó la mirada y empezó a parpadear deprisa, cerrando los ojos a medias y temblando.

Ya llegaba.

De repente, sentí su peso y mi polla se clavó entera hasta el fondo, y sus convulsiones hacían que su coño se frotara contra mí al mover sus caderas de manera errática. Haciéndome sentir los roces de sus labios vaginales envolviendo mi polla con unas sensaciones muy húmedas y calientes.

La dejé caer hacía mí y la abracé, besándola mientras sentía en mi polla como su coño tenía contracciones, y me estremecía.

-MMmmhh!! MMmoommh!! Mmmoohm!!- Gemía en mi boca entre besos.

Ana me comía la boca de manera exagerada, como si quisiera expresarme en silencio lo que sentía entre sus piernas.

Agarrada a mi nuca para evitar que mi boca se separase de la suya, reanudó sus movimientos al cabo de un momento, respirando fuertemente por la nariz.

Poco a poco empezó a acelerar de nuevo, como si se apoderara de ella algo frenético. No separaba su boca de la mía. Me lamía y mordisqueaba los labios, sabía besar, besaba muy bien, y su sabor era tremendamente excitante.

Estaba muy cerca de correrme.

-Ann… Mmmhh… Anna… MMmhhh.- Pude decirle entre besos para avisarla.

Pero ella no reaccionaba, seguía cabalgando como si no le importara que estuviera a punto de explotar, y lo hiciera dentro de ella.

-Ana!- Solté más acelerado y resoplando.

Y Ana seguía sin hacerme caso, besuqueándome y botando sobre mí.

Al final, cuando noté que era inminente, la empujé, se separó de mi boca y rodamos en el sofá hasta que ella quedó de espaldas en los cojines, mientras yo me levantaba agarrándome la polla.

Al verme tan desesperado, Ana se dejó caer deslizándose por los cojines hasta llegar a sentarse en el suelo, y yo la agarré del pelo y descargué en su boca.

-OOOOoouucchhh!!!- Gemí sintiendo la primera contracción que me dejó rígido.

No llegué a metérsela en la boca, y mi corrida se estrelló en su cara, mientras Ana la esperaba con la boca abierta y la lengua extendida.

Le di en la cara, saliendo un goterón que se estrelló en la mejilla y cruzándole sobre su nariz. El siguiente también me hizo soltar otro gemido de placer, y se estrelló en su boca, generando una línea desde su bigote hasta por encima de su lengua, colgando como un pequeño puente blanco y brillante entre sus labios. Y como seguí meneándomela, siguieron cayendo sobre su cara, su lengua y más abajo sobre sus tetas, algunas gotas más, ya sin fuerzas.

-Joder…-Solté recobrando el aliento.

Ana se reía, untando uno de sus dedos allí donde había dado mi corrida en su cara y chupándoselos como si fuera salsa de caramelo dulce.

Yo aún me encontraba de pie, frente a ella con las piernas abiertas y un pie a cada lado. Ana le dio un par de lametones a mi polla, y se la metió en la boca, succionando para asegurarse de que no salía ninguna gota más.

-Ooh… Oh!! OOh!!!- Gemía mientras su boca me provocaba micro espasmos.

Ana se reía al ver cómo me estremecía, y seguía jugando.

-Uuh!! Oh!! Uuh!!!- Gimoteaba yo.

Cuando acabó de divertirse, me tiré sentado al lado suyo encima del sofá. Y ella se levantó limpiándose con los deditos las gotas blancas que habían quedado desperdigadas por su cuerpo.

Sonrió como una niña traviesa al mirarme, y yo ni siquiera pude levantarme mientras vi como dio la vuelta al sofá y se fue al baño.

-Jod… der…- suspiré a solas.

Continuará…

Un comentario sobre “Asuntos de trabajo (69)

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