SIX

Ana me miró, relamiéndose, y sonrió. Y con esa sonrisa se le escapó un goterón blanco por la comisura de los labios, que sorbió,

-Uy! Jajajajajaja!- Empezó a reírse intentando taparse la boca y arrastrar los restos del goterón hacía sus labios con los dedos.

Ella parecía tan borracha como yo, o es la sensación que tenía en ese instante.

Volví a empujarla hacía mi polla, y Ana agachó la cara y se la metió en la boca de nuevo.

-Quien te ha dicho que pares??- Solté.

Era como si no hablara yo, yo estaba tras un velo translucido, donde el suelo se movía, y todo daba vueltas.

-Trágatelo! Trágatelo todo!- Solté de nuevo.

“Plaf!”

Cerré los ojos con una mano sobre la cabeza de Ana, y mis dedos en su culo. Sentí su boca, y a Ana succionar y chupármela con ímpetu de nuevo.

Pero mi polla cada vez estaba más blanda, y yo a cada segundo abandonaba más el mundo real.

Me costaba mantener la cordura, mis movimientos empezaban a ser exagerados.

La cogí del pelo y la alcé para que me mirara. Ana jadeaba, parecía tan embriagada como yo, mirándome colorada. Sus labios estaban ligeramente abiertos, y vi como un hilo de babas colgaba hasta mi polla, goteando.

-Ahora eres mía!- Me escuché decir.

Ana me seguía mirando con cara de vicio, sin moverse, sintiendo como mis dedos seguían jugando con su culo, y dejando que sus babas siguieran goteando sobre mi polla.

-Lo entiendes??- Pregunté.

Ana asintió.

-Y Marc se ha acabado.- Solté mirándola a los ojos.

Ana abrió un poco su boca, como si fuera a decir algo, pero yo la zarandeé.

-Repítelo!- Solté.

Le clavé los dedos en el culo, y alcé más su cabeza tirando de su pelo. Ana abrió su boca en una mueca entre el placer y el dolor.

-MMmarc… Se ha acabado…- Murmuró.

Sonreí y la empujé de nuevo hacía mi polla. Ana siguió mamando, y yo continué jugando con mis dedos en su culo. Empezaba a subirme el alcohol a toda velocidad.

No sé cuánto estuve así, porque a cada minuto que pasaba, perdía más el norte.

Me relajé, me relajé tanto sintiendo su boca que me desvanecí.

Cuando desperté de golpe, como si alguien me hubiera llamado, descubrí que estaba en el sofá, desnudo y sentado aun en la misma posición, pero no había ni rastro de Ana.

Estaba solo.

Miré alrededor, y al girar mi cabeza, todo empezó a dar vueltas.

-A… Ana?- Pregunté al aire.

Mi voz resonó en el salón. Era posible que se hubiera marchado? Me había dejado solo??

Joder! Había… Había sido todo un sueño??

“Cálmate” me dije mentalmente.

Me pasé una mano por la cara, intentando despejarme. Me pesaba tanto el brazo, todos mis movimientos eran torpes y exagerados.

Y volví a mirar alrededor.

-Ana?- Volví a llamarla.

Mi voz sonaba rota, ronca, tenía la garganta seca y parecía que tragaba arena.

No entendía nada, Ana se había pirado? Cuanto tiempo había pasado? Lo único cierto es que yo seguía mareado, y no podía moverme.

De repente, alguien me cogió y se sentó sobre mí.

-Estoy aquí cariño.- Escuché que me decía la voz de mi Ex.

Traté de entrecerrar los ojos, intentando fijar mi vista en un punto para ver mejor.

-Te has quedado dormido…- Volví a escucharla.
-Quién… Quién eres?- Pregunté balbuceando.
-Jajaja! Que tonto eres! Vámonos a la cama…

No entendía nada, estaba mareadísimo.

Noté que alguien tiraba de mí, supe que subía las escaleras y me llevaban a mi habitación, y en algún momento caí en la cama. Y por el camino recuerdo mear en el baño, beber algo, y tener arcadas.

O no todo en ese orden, porque recuerdo algunas escenas, y algunos momentos, pero no lo tengo todo muy claro.

Por lo visto, la mezcla de alcohol y cava no me sentó muy bien. Mientras estuve con la guardia alta, moviéndome, follándome a Ana. Mi cuerpo se mantuvo firme, y no me afectó, pero en cuanto me relajé tras aquel tremendo orgasmo, todo se me vino arriba.

Caí rendido, el cuerpo y los parpados me pesaban. Me pesaban mucho… Todo me daba vueltas, y luchaba para mantenerme consciente y sereno. Pero perdí esa batalla y me quedé dormido, y no sé por qué, soñé con mi Ex.

Su olor, su pelo, el roce de su cuerpo. Me parecía estar con ella en la cama.

-Te echaba de menos.- Le dije.

Y me abrazó desnuda, dejándome sentir sus pechos pegarse al mío. Sintiendo su calor, y su piel. Y luego sus besos.

MMmhhh… Como echaba de menos aquellos labios. La manera que tenían de besarme, y de hacerme una mamada. Y su lengua, que la podía sentir en ese momento, tan real, succionando mi polla hasta provocarme espasmos.

Y la manera de follar, que buena era en la cama. O donde fuera. Que polvos echábamos!

Mi Ex fue la que me enseñó a ser así, la que despertó ese otro yo que tomaba el control cuando me ponía muy cachondo, y que me seguía sorprendiendo, y a veces asombrando.

Ella lo vio, y supo sacarle partido. Se podría decir que ella corrompió al niño inocente que era. Porque antes de ella, yo era un niño inocente y sin experiencia en el sexo. Bueno, la poca experiencia que ya tenía, hacía que creyera ser un semental, y en realidad mis polvos no pasaban del típico “mete/saca” aguantando lo que podía con algún oral de por medio.

Vamos, lo típico de cuando eres un chaval, hasta que alguien te abre los ojos, y te enseña nuevos horizontes. Y mi Ex, fue ese alguien para mí.

Recuerdo que antes de ella, yo era muy respetuoso con las chicas, mucho. Tanto que me costaba entrarles.

Unos besos, unas caricias. Quizás algún magreo cuando veías que había la posibilidad, y si no te decía nada, avanzabas al siguiente paso, hasta acabar follando. Lo que costaba bastante tiempo y muchas citas hasta reunir el valor.

Recuerdo a una chica anterior a mi Ex., morena, bajita, pecosa, un bomboncito con la que estuve tonteando mucho tiempo. Los típicos chico y chica que saben que se gustan, y tontean, y tontean, sin que ninguno de el paso. Hasta que ocurrió, y todos mis amigos diciéndonos que ya era hora, que nos había costado mucho.

Y llegó mi Ex, y se complicó todo… Pero eso pertenece a otra historia, que quizás cuente algún día.

Ella me enseñó a ser “malote”, a imponerme, y… a jugar.

Y mi sorpresa fue que gusté más, porque me sentí más seguro de mí mismo, y que en mi círculo de amigos, sobre todo las amigas, empezaron a hablar de mí. Y me sentí más querido entre ellas, más respetado, y admirado.

Siempre había alguna amiga queriendo sentarse a mi lado, o abrazándote, o haciéndote algún arrumaco en el pelo. Y hablar, las chicas siempre quieren hablar.

No sé si era por aquello del “Macho Alfa”, pero me había convertido en aquel al que escuchaba mi grupo de amigos, aquel del que esperaban su opinión. Y aunque no era el único entre los chicos, que también eran populares, siempre había ese “Y que dice Oscar” entre los míos.

Que tiempos…

Me desperté con un dolor de cabeza tremendo, los ojos llorosos, y la boca como si hubiera comido mierda.

Me costó reaccionar, era de esas veces que te levantas y no sabes ni donde estas.

-Mmmmhh…- Murmuré.

Me incorporé arrugando las cejas. Lo había soñado todo?

Tenía un ligero recuerdo de anoche.

Miré a mi lado, no estaba solo, había una chica desnuda a mi lado.

Era Ana.

Perezosamente me incorporé, sentándome en la cama, me pesaba el mundo. Y al levantarme, para acabar sentado al borde de la cama, hice un gesto con mi muñeca y sentí un dolor terrible, algo me escocía.

Me miré.

Tenía la marca de un mordisco en la muñeca, un redondel claramente marcado, que sin lugar a dudas dejaba claro que era un mordisco por las marcas de dientes.

Sonreí con una mueca extraña. No lo había soñado, lo de anoche, fue real. Muy real.

Me froté la muñeca para aliviarme. Y a trompicones llegué al baño de arriba.

El lavabo de al lado de las habitaciones es pequeño, con un plato de ducha, es el que más uso para ducharme y afeitarme, ya que el de abajo tiene una bañera larga, y me es más cómodo este.

Me miré en el espejo. No solo tenía marcado aquel bocado en la muñeca, también tenía varios chupetones en el pecho, cerca del cuello.

-Joder Ana…- Susurré.

Mi voz me sonó extraña, rota y pegajosa. Tenía una resaca tremenda. Y me hice la promesa de siempre.

“Jamás volveré a beber así.”

A trompicones, torpe como un zombi, me aseé dándome una ducha rápida. O más bien, lo podría llamar, tirarme agua encima hasta que me despejé lo suficiente como para moverme.

Al salir, lo hice tan solo con una toalla atada a la cintura. La ducha me había sentado bien, me despejó un poco. En la casa reinaba el silencio, me asomé a mi habitación y vi a Ana, seguía en la cama, sin moverse, estaba echa un cromo como yo. Despeinada, con el maquillaje corrido y a manchas por la cara, y algún que otro pegote por ahí. Supe que seguía viva porque su pecho se movía al respirar.

Tuve tentaciones de despertarla, pero decidí dejarla dormir, total no tenía nada que hacer en todo el día. Aunque no sabía si Ana tendría prisa o qué.
Se me ocurrió algo, se despertó en mí esa vena cariñosa, y sonreí.

Bajé a la cocina, y mientras se calentaba la cafetera, fui al baño de abajo. Preparé toallas, y abrí el grifo del agua caliente para que se fuera llenando la bañera.

Me pesaba el cuerpo, pero tenía esa agradable sensación de tener algo nuevo, de haber recibido un regalo. Me sentía feliz, pese al resacón.

Cuando la bañera estaba a la mitad de agua caliente, fui a hacerme un café, y mientras lo tomaba pude ver el salón.

Daba la impresión de que hubieran robado en mi casa, ropa por todas partes, sillas apartadas y por en medio, una botella de cava en el suelo, copas y vasos por ahí, algunos cojines del sofá caidos…

Sonreí mientras me venían las escenas a la cabeza, sobre todo cuando vi una de las medias de Ana colgando de una silla y la otra en el sofá.

“Joder, tendré que limpiar todo esto…” Pensé mientras subía de nuevo las escaleras.

Llegué hasta Ana, le di un sorbo a mi taza, y la desperté.

-Hola dormilona…- Le dije con cariño.
-Mmmñññ…- Gruñó dándose la vuelta.
-Eh… Despierta. Vamos…- Susurré cariñosamente zarandeándola con cuidado.

Ana se frotó la cara, y me miró arrugando su nariz, y abriendo un poquito los ojos.

-Eso es café?- Susurró como si le pesaran las palabras.
-Si. Levanta y te hago uno, va…

Ana se incorporó, aun atontada, y me cogió la taza, dándole un pequeño sorbo.

-Me duele todo.- Se quejó como una niña mimosa.

Sonreí.

-Ven, te he preparado algo.- Susurré.

Ana se puso en píe, se tomó su tiempo, y me miró.

-Espero que sea un café, lo necesito para ser persona ahora mismo.- Dijo con ese tono mimoso de recién despertada.

La cogí de la mano y tiré de ella.

-Ven.- Le dije para que me siguiera.

Ana me siguió con pasos pesados escaleras abajo.

-PPfff… Me duele todo, joder!- Soltó al llegar al salón.
-Ven, mira.- Le dije tirando de ella hacia el baño.
-Y me estoy meando…- Continuó ella quejándose como una niña pequeña.

Al entrar le indiqué la bañera.

-Te he preparado la bañera, date un baño calentito, veras que luego estarás mejor. Aquí tienes toallas, y yo ahora te traeré un café.- Le explicaba.

Ana me miraba como si yo fuese un extraterrestre, y estuviera diciendo algo en un idioma que no entendía.

De repente, se dirigió al wáter.

-Me estoy meando.- Dijo levantando la tapa y sentándose.- Sal, sal, que no quiero que me mires!

Me hacía señas para que saliera de allí todavía atontada por el sueño.

-Vale, yo ahora vengo, tu báñate.- Le dije saliendo, antes de cerrar la puerta del baño.

Fui a la cocina, y mientras escuchaba la cisterna, y luego el grifo de la pica, yo hice unas tostadas, y dos cafés más.

Luego, lo puse todo en una bandejita y me fui al baño.

Piqué en la puerta, y esperé.

-Puedo pasar?- Pregunté.
-Eh? Si.- Escuché desde dentro.

Abrí la puerta con cuidado, y Ana se extrañó al verme con la bandejita.

Estaba dentro de la bañera ya, tumbada hasta que el agua le cubría hasta el pecho.

Se había lavado la cara, y se había mojado el pelo peinándolo hacía atrás.

Parecía otra Ana.

-Qué es eso?- Preguntó curiosa.

Me miraba alucinada.

-Café, no quieres? Como no sé cómo lo tomas, te he traído el azúcar, y un poco de leche.- Expliqué.

Ana sonreía como si fuera el día de navidad y le estuvieran entregando los regalos.

-Me estas trayendo el desayuno a la bañera?- Preguntó asombrada.
-Si.

Abrió la boca sorprendida, mientras yo dejé la bandejita como pude sobre la pica.

Luego cogí una toalla y la enrollé, colocándosela detrás de la cabeza.

-No me has contestado. Azúcar?
-Eeh… Si, dos por favor.- Dijo sin poder evitar la sonrisa que se la había dibujado en la cara.

Me puse a servirle el azúcar, mientras escuchaba a Ana juguetear con el agua.

-Está bien al agua?- Pregunté.
-Esta riquísima.- Dijo acariciándose haciendo que algo de agua recorriera sus tetas.
-Toma.- Le dije dándole la taza en la mano.

Ana sacó una de sus manos del agua y cogió la taza.

-Leche?
-Si, por favor.

Llené la taza hasta donde me dijo. Y luego me miró con una mirada mezcla de alucinada y alegre.

Ana empezó a darle vueltas a la cucharilla.

-Te he preparado una tostada. Te lo dejo aquí.- Le dije colocando una banqueta pequeña que hay en el baño y dejando la bandejita encima.

Ana me miraba sin salir de su asombro.

-Nunca me habían preparado un desayuno en la bañera!- Soltó alucinada.

Me encantaba su carita sonriente, parecía hasta inocente y todo. Que cosas!

-Pues disfruta!- Solté devolviéndole la sonrisa. –Tienes prisa?
-No.- Contestó sin saber a qué venia aquello ahora.

Le di un sorbo a mi segundo café, y la miré.

-Pues tomate el tiempo que quieras, yo voy a ver si recojo los restos de ayer.- Le dije levantándome y guiñándole un ojo.

Ana me cogió de la mano, y yo la miré.

-No te quedas?- Susurró mimosa.
-No, me duele la cabeza. Ayer la pillé bien pillada!
-Ya! Te quedaste dormido! Tuve que llevarte a tu cama! Ni siquiera sabía cuál era!- Me explicó riéndose.
-Recuérdame que no haga mezclas con cava para la próxima…- Bromeé poniendo una cara de disgusto.

Los dos nos reímos, pero se notaba que no teníamos muchas ganas de alzar la voz, y menos de reírnos de manera exagerada.

-En serio no quieres quedarte?- Insistió.

Me acerqué a ella y me agaché, cogiéndola de la barbilla y besándola.

-Tú ahora relájate. No te preocupes, si no tienes prisa, tenemos todo el día.- Susurré.

Y me levanté sonriendo. Ana suspiró como si no se creyera todo aquello, y dejó caer su cabeza sobre la toalla relajándose.

-Sobre todo no te tires el café encima!- Bromeé.

Ana me lanzó una miraba muy tierna, y sonrió.

-Luego vuelvo a recoger la taza.- Susurré con cariñó antes de salir del baño.

Continuará…

Un comentario sobre “Asuntos de trabajo (67)

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