ECONOMISTA

Si la anterior noche ya me había costado dormirme ésta me iba a resultar casi imposible, primero el calor todavía era mas pegajoso y molesto, estaba solo con el calzón sobre la cama pasando las fotos al ordenador, ver a Marina hacía que me palpitara la polla, no podía dejar de mirar esas tetas y el culo que tenía, me había puesto en bandeja hacer aquel publi reportaje, pero no solo era ella, también Carlota, tenía varias fotos de ella en bikini, me seguían encantando sus tetas, era regordita, pero muy guapa de cara con esos ojos claros, estropeaba un poco el conjunto aquel culo tan gordo que a pesar de todo tampoco tenía mucha celulitis.

Apagué el ordenador y me tumbé sobre la cama, Claudia estaba dormida, pero también daba vueltas por el calor, una de las niñas me llamó que quería agua, luego me volví a acostar, me giraba de un lado a otro, sofocado, caliente, molesto…no dejaba de sudar…ni de pensar en Marina, ¿se estaría bañando otra vez en la piscina?

Miré el reloj, eran casi las tres de la mañana y seguía sin pegar ojo, al final me senté sobre la cama y me puse el bañador por lo que desperté a Claudia.

– ¿Pero que haces?, me preguntó.
– No me puedo dormir, me bajo a la piscina…
– ¿Ahora?, ¿que hora es?…
– Casi las tres…
– Anda que vaya horas, haz lo que quieras, pero no despiertes a las niñas…
– No, tranquila…

En silencio me bajé a la piscina, llevaba el bañador puesto y la toalla al hombro. Enseguida vi que alguien estaba nadando, era como si me estuviera esperando. Por supuesto que era Marina. Me dió un poco vergüenza aparecer así, por la tarde me había contado que la gustaba bañarse por la noche y ahora iba yo como si fuera detrás de ella.

Me metí en un pequeño cuartito que había junto a la piscina, allí teníamos una cámara para guardar bebida fría y un par de mesas para preparar la comida si hacíamos una barbacoa o algo del estilo. Estaba apoyado en la entrada pensando como iba a hacer para llamar la atención de Marina para que me viera y no se llevara ningún susto, así que al final me acerqué al borde de la piscina y dejé la toalla en una de las hamacas.

Marina dejó de nadar y se quedó en uno de los lados, al levantar la mirada me vió allí.

– Te has animado a bajar…me dijo como si no se sorprendiera de verme, se está muy bien aquí.
– Si, hace un calor tremendo, es que no me puedo dormir…y Claudia se duerme con una facilidad.
– Pablo igual, a las 23:00 está dormido y a las 7 despierto, todos los días igual…
– Estos Álvarez son de dormir bien…
– Si, jajajaja.
– Voy a tomar algo, ¿quieres que te acerque alguna cosa?, dije yo.
– No, tranquilo, ahora voy.

Me acerqué hasta el pequeño cuarto y me saqué un botellín de cerveza con limón, luego me quedé apoyado en la puerta mirando hacia la piscina. Entonces ocurrió algo inesperado que hizo que me pusiera a temblar como un niño pequeño.

Marina empezó a salir del agua, sin embargo ¡¡tan solo llevaba puesto la parte de abajo en bikini!!. Sus tetas de silicona lucían espectaculares bajó la luz tenue de la farola de la casa rural, tenía la piel súper morena y apenas marcas de bikini por lo que me imaginé que en el jardín de su casa solía tomar el sol así en topless.

Fue algo violento y vergonzante para mi, sin embargo a Marina no parecía importarle, de hecho cogió la camiseta y la toalla que tenía sobre la hamaca y se acercó desnuda al cuarto donde estaba yo mientras se secaba el pelo con la toalla.

– Ehhhh…ehhhhh…¿quieres una cerveza?, dije yo tartamudeando.
– Una entera no me apetece, bebo un poco de la tuya, si te parece bien, me dijo quitándome el botellín de las manos.
– Ehhhh, si…si…sin problemas….

Le dió un trago a la cerveza y luego me la devolvió mientras se seguía secando el pelo.

– Hace una noche perfecta, dijo ella.
– Demasiado calor…quizás…

Yo no me atrevía casi a mirar donde estaba Marina, se metió un poco en el cuartito y se quedó de pies apoyando el culo en una de las mesitas, entré yo dentro y le volví a pasar el botellín, ella estaba delante de mi, a menos de un metro, entonces pude ver sus preciosas tetas, como se bamboleaban mientras ella no dejaba de secarse el pelo con la toalla.

Aquella visión era lo mas erótico que había visto en mi vida.

Entonces mi polla reaccionó cuando Marina le dió un trago al botellín y fue a devolvérmelo, fue una erección involuntaria, espontánea e incómoda. A veces pueden quedar mas disimuladas, pero aquella quedó de tal forma bajo mis bermudas que era bochornosa para mi y lo peor es que no podía recolocarme la polla al tener delante a mi cuñada.

Para mas vergüenza me dió el botellín a la altura del estómago con ella mirando hacia abajo, por lo que se percató enseguida de lo que pasaba. No pudo disimular una ligera sonrisa picarona que trató de disimular con la toalla agachando la cabeza para seguir secándose el pelo.

Y de repente me vi a las tres de la mañana, sudando, excitado, en un pequeño cuarto junto a la piscina a solas con Marina y compartiendo una cerveza mientras ella me mostraba las tetas sin ningún pudor…

Parecía todo un plan perfectamente orquestado por Marina y yo había caído en su juego, ¿que se supone que tenía que hacer yo en esa situación?

No podía decir nada inapropiado, al fin y al cabo era mi cuñada, tampoco podía acercarme a ella para intentar algo, se produjo una gran tensión sexual, al menos por mi parte y Marina seguía secándose el pelo como si tal cosa delante de mi. Entonces pensé, si a ella no le importaba mostrarme las tetas, ¿porqué no mirárselas?, ¿es que acaso no me las estaba enseñando?

Eso iba a hacer, no podía hacer otra cosa, mas que mirarla, hacerlo con detenimiento, eliminando toda vergüenza, quizás así surgía algún comentario o ella se daba cuenta y haber como reaccionaba. Entonces lo hice, clavé los ojos en sus pechos mientras le daba un trago a la cerveza con limón apurando el final. Cuando Marina levantó la vista se encontró a su cuñado disfrutando de sus dos preciosas tetas.

-Ya se ha terminado, ¿quieres otra?, dije mostrándola el botellín.
– Ehhh, no, mejor no…

En ese momento quizás se sintió algo intimidada y sin saber que decir. Al fin y al cabo yo estaba a un metro de ella, con una empalmada tremenda y mirando con detenimiento sus pechos. Eran de un tamaño mas que correcto, el ponerse silicona no había sido para aumentar de tamaño, sino para volver a lucir una buena figura y ahora podía asegurar que le habían quedado perfectas, además las tenía muy bronceadas y sus pezones eran pequeñitos y bastante oscuros.

Entonces me giré para ocultar mi erección y me puse sobre la puerta mirando hacia la piscina.

– Supongo que ya te subes a dormir…
– Si, ya me he refrescado, dijo dejando la toalla sobre la mesa, – aunque ahora estoy muy bien, hace una noche perfecta, todo en silencio, sin niños…¡que paz!

Miré hacia atrás y ella estaba de pies todavía desnuda de cintura para arriba, tan solo llevaba unas pequeñas braguitas negras de bikini y tenía la camiseta en la mano, pero no se la ponía.

– ¿Te vas a bañar?, me preguntó.

Yo de nuevo me quedé hipnotizado con sus tetas, ella se dió cuenta de donde tenía clavada la mirada.

– Te han quedado muy bien.
– ¿Como dices?, dijo Marina.
– Si, los pechos, te han quedado muy bonitos…ese pequeño retoque.
– Gracias, creo que será mejor que me vista…
– Perdona, no quería, dije volviéndome para mirar de nuevo hacia la piscina.
– No tranquilo, tu no has hecho nada…
– Será mejor que me bañe…

Vino andando hacia mi y se puso detrás pegada a mi espalda, pensé que se iba a subir a la habitación.

– Creo que te va a sentar bien el baño.
– Ehhh, si, creo que si, dije girando la cabeza hacia atrás…
– Deberías bañarte para bajar eso, dijo apuntando con el dedo a mi entrepierna.

Me puse rojo como un tomate.

– No pasa nada, es algo natural…
– Me da vergüenza…lo siento…
– Para mirarme las tetas no te ha dado vergüenza…no te has cortado…y luego decirme que me han quedado bonitas…
– Perdona Marina, yo no quería…ehhhhh…ehhhhhhh…
– Tranquilo, no pasa nada, no me importa que me mires…
– Marina, ¿que haces?…ehhhhh…¿que haces?

Con toda la delicadeza del mundo me estaba desatando el nudo del bañador, yo estaba apoyado sobre la puerta y mi cuñada desnuda detrás de mi estaba a punto de meter la mano dentro, cuando noté sus tetas presionando mi espalda. Con un agradable cosquilleo sentí sus dedos rozándome el vello púbico y después me agarró la polla mientras con la otra mano tiraba ligeramente de las bermudas hacia abajo lo justo para que no la molestara cuando empezó a meneármela lentamente. No podía creérmelo, ¡¡Marina me estaba haciendo una paja!!. Mis piernas temblaron de la impresión.

– No Marina, esto no está bien…
– ¿No te gusta?, yo creo que si…
– Pueden vernos, nos pueden pillar…
– Estás muy excitado, no puedo dejarte así, ha sido por mi culpa, tu vigila la puerta de la casa, que no salga nadie…
– Ahhhhhhhh Marina, ahhhhhhhhhhh…nooooooooo, ¿que haces?, ahhhhhhhhhhhhhhh…

Me daba besitos por el hombro y me pajeaba de forma delicada pero firme, aquella paja era súblime, intenté girarme porque me moría por ver como se la bamboleaban los pechos mientras lo hacía, pero ella no me dejó, solo la mitad para que apoyara la espalda en el marco. Ella se puso frente a mi.

– Vigila la puerta, me ordenó.
– Noooooo, eso no Marinaaa, joder, Marinaaaaaaaa, nooooooooooooo.

Mi cuñada me estaba dando besos por el cuello, por el pecho, me frotó las tetas mientras se agachaba y siguió besuqueándome el ombligo, hasta que se puso de rodillas delante de mi, se apartó su larga melena todavía húmeda y sin decir nada se metió toda la polla en la boca. Bajé la mano para acariciar una de sus tetas a la vez que sentí una indescriptible sensación de su lengua caliente jugando con mi capullo.

Ella cerraba los ojos mientras deboraba mi polla y se ayudaba de una mano para pajearme a la vez, con la otra mano me apretaba las nalgas y abrí un poco las piernas deseando que me metiera un dedo por el culo, pero no me atreví a pedírselo. Tampoco hizo falta, mi corrida era inminente.

– Marina, ¡¡no puedo massss, no puedo masssss!!
– ¿Quieres correrte en mi cara?, dijo acelerando el ritmo con la mano.
– Ahhhhhhhhhh Marina…ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…no puedo mas…

– ¿David, estás bien?, dijo Marina moviendo la mano de un lado a otro delante de mi.
– Ehhhhhhhhh siii, perdona…me he quedado…
– Te preguntaba si te vas a bañar, te me has quedado petrificado, jajajajaja, dijo ella poniéndose una camiseta negra amplia sin mangas.

Me había quedado mirando sus tetas y había desconectado de la realidad durante unos segundos, no se que habría pensado mi cuñada, que por cierto vestida seguía teniendo un morbo increíble, aquella camiseta que usaría para dormir era muy abierta por los laterales y se la seguían viendo parte de los pechos.

– Bueno anda, te dejo, gracias por la cerveza, dijo andando hacia la puerta.

Allí me quedé solo, caliente y con la polla dura bajo las bermudas. Entonces cuando me giré me encontré la toalla blanca con la Marina se había secado encima de una silla. No sé porqué me acerqué a ella, la cogí y me la puse en la nariz, no olía a nada realmente, pero el saber que Marina se había secado el pelo con ella me excitaba sobre manera. No podía sacarme de la cabeza la imagen de sus dos tetas desnudas, como se había mostrado ante mi, como me había calentado la muy zorra.

Estiré la toalla poniendo la mano debajo y luego me agarré la polla con ella envolviéndola. Me pegué varias sacudidas y mirando hacia la puerta para que no me pillara nadie y comencé a correrme descargando la tensión acumulada durante el fin de semana y empapando por completo la toalla.

Luego me dí un baño, me tomé otra cerveza y esta vez si, cuando subí a la habitación me quedé dormido en pocos segundos.

Al día siguiente me desperté un poco mas tarde de lo normal, habían desayunado todos y se estaban preparando para bañarse en la piscina. Vi la toalla que había usado por la noche tendida donde la había dejado yo y me acordé de lo que había pasado. Pensé que había sido un sueño, pero no lo era, había visto a Marina desnuda y habíamos compartido una cerveza mientras ella me mostraba orgullosa sus preciosos pechos.

Ella estaba poniendo crema a uno de sus hijos en un lateral de la piscina, me saludó con la mano cuando me vió, como si nada, para ella no había sido mas que un juego y yo estaba encantado de que ella se sintiera tan cómoda conmigo como para llegar a hacer esas cosas. Luego vino donde estaba yo.

– ¿Que tal el baño ayer?, me preguntó.
– La verdad que fenomenal, me quedé muy relajado, he dormido como hacía tiempo que no lo hacía…
– Me alegro, oyes David…te importa vigilar un poco a los peques mientras se bañan?, voy a ver si me dejan leer un rato tranquila.
– Si, si claro, sin problemas.

Luego se fue andando hasta una tumbona con sus mini shorts vaqueros, la parte de arriba del bikini y las gafas de sol puestas y yo me quedé embobado mirando su culo hasta que se recostó.

El día transcurrió con normalidad, hice alguna foto mas y así terminó el fin de semana. Unos días mas tarde estábamos en casa viendo el programa que presentaba Marina, al verlo recordé lo que había pasado en la casa rural. Cuando se durmió Claudia saqué el ordenador y busqué la carpeta donde tenía todas las fotos de mis cuñadas Marina y Carlota. Me recreé especialmente en las de ese fin de semana haciéndome una tremenda paja con una foto de Marina sin poder dejar de mirar sus tetas y pensando que habría pasado si me hubiera decidido intentar besarla.

Me decidí firmemente que si volvía a tener una oportunidad como esa con mi cuñada no la iba a volver a desaprovechar. Quien sabe lo que podría pasar en un futuro. A Marina parecía que le estaba empezando a gustar jugar conmigo.

Un comentario sobre “Cornudo (114)

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