Mª DEL CARMEN MÚRTULA

Me quedaban sólo siete días de vacaciones. Aquella mañana bajé al pueblo para hacer las últimas compras. Y cuando me disponía a volver, se me acercó uno de los em­pleados del supermercado y me pidió si podía acercar con mi coche a un forastero que se dirigía a una de las fincas ve­cinas a mi casa, pues el autobús no pasaría hasta después de una hora. Durante el trayecto, la conversación recayó sólo sobre mí:

‘¿Vive Ud. siempre en este lugar tan apartado?

‘No. Sólo paso aquí las vacaciones. Suelo vivir en la ciu­dad, pero cuando puedo huyo de ella y este es mi refugio.

‘Por lo que se ve a simple vista, la ciudad tampoco debe ser un lugar muy conflictivo.

‘Es cierto, no lo es. Tiene todas las ventajas de no ser una gran urbe, pero también tiene los problemas de una ciudad que acaba de despertar ante los derechos de sus ciudadanos y comienza a tomar en serio su responsabilidad urbana.

‘¿Cuál es su profesión?

‘Soy profesor en Secundaria de Ciencias Sociales.

‘¡Qué suerte! Este es un tema que me apasiona. Por la manera de expresarse ante la situación civil veo que es un convencido de la materia que enseña.

‘Verdaderamente estoy enamorado de mi profesión.

‘Yo creo que el futuro de las próximas generaciones se debe ir rotulando desde unos nuevos planteamientos socia­les. ¿Cuál es su opinión sobre esto?

‘Si, yo también pienso que las cosas han de ir por ahí. Pero hay mucho que hacer en este campo. No dudo que to­das las épocas históricas tienen una misión que desempeñar para ir construyendo el camino del futuro, y este presente nuestro es un momento muy interesante.

‘La sociedad está cambiando a velocidades insospecha­das, en pocos años se ha conquistado campos de la mente y de la técnica que ni si quiera nuestros padres podían sospe­char en su juventud.

‘Estoy de acuerdo. Con todo esto, creo que el ritmo de nuestra existencia hemos que ponerlo a punto para poder dialogar con las nuevas generaciones. Hemos de pasarles nuestra antorcha con la fuerza suficiente para que ellas no sean víctimas del desfase que ya parece vamos teniendo los que empezamos a llamarnos adultos. A veces pienso que es un ritmo vertiginoso. Pero también sueño con la capacidad de adaptación del ser humano.

‘Es difícil ¿verdad?

‘Si, es preocupante, pero a la vez me parece interesante el tomar el riesgo del progreso.

‘Veo que ere optimista.

‘Sí, lo soy. Y estoy dispuesto a coger el toro por los cuer­nos. Como se dice.

‘Y además también valiente. ¿Tienes algún proyecto? ¿Al­gún programa concreto que vaya haciendo realidad tus in­quietudes?

‘La verdad es que hace algún tiempo que vengo dando vueltas al tema, pero aún no lo tengo del todo perfilado. De todas formas… ¡Oh, ya hemos llegado! Esta es la finca que Ud. buscaba.

‘¡Qué lástima! Se estaba poniendo tan interesante nuestra conversación…

‘Bueno. Si quiere… ¿Cuánto tiempo va a estar por aquí?

‘Esta tarde pensaba volver. Sólo vengo a visitar a un ami­go que me ha invitado a comer.

‘Mi casa es aquella blanca del tejado naranja. Si tiene tiem­po, podría acercarse y mañana le acompaño a la estación.

‘Me gustaría. Pero no quisiera que cambiara el ritmo de sus vacaciones por mí.

‘No se preocupe en absoluto. Ya me estaba aburriendo tanta soledad. Por lo menos una noche podré disfrutar de compañía.

‘Si es así, espéreme esta tarde. A mí también me agrada pasar una buena velada con una interesante conversación.

 

Empezaba a oscurecer cuando llegó. Yo estaba sentado debajo de un pino con un libro abierto. Me había quedado reflexionando sobre unas palabras que acababa de leer y no captaba su significado:

 

Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta,

entraré en su casa y cenaremos juntos.

 

El forastero entró. Vino para quedarse unas horas y permaneció allí todos los restantes días de vacaciones ¿Qué pasó durante ese tiempo?

Aquella persona no era ni más ni menos que el mismo S.H. Yo llegué a convencerme de que en él existía un poder superior por el que me sentía atraído, no a la fuerza, sino porque al ir pasando los días se iba creando entre nosotros unos fuertes lazos de profundo entendimiento. Era una re­lación que iba despertando en mí sentimientos de admira­ción y confianza. Si al principio me resultó extraño y sos­pechoso, poco a poco me sentía más cómodo y sereno. Su fuerte personalidad me daba seguridad. La amistad que me ofrecía me llenaba de entusiasmo y me impulsaba a grandes empresas. Si me hubiera pedido conquistar el mundo no hubiera dudado en aceptar el cometido. Fueron unos días irrepetibles, que me llevaron a descubrir facetas de mí mis­mo hasta entonces insospechadas.

Fue ahí donde me lancé a dar un nuevo sentido a mi vida. Él mismo me ayudó a optar libremente por un com­portamiento responsable en mi inserción social concreta. Este era el sentido personal de mi paso por la historia, to­mar en peso mis posibilidades influyentes como educador de las próximas generaciones.

¡Este era el reto de mi existencia! Y acepté. No era un proyecto fácil, pero me arriesgué.

‘Bueno Andrés, estamos en la última noche, hoy cenare­mos juntos y ya no me volverás a ver físicamente, aunque yo estaré contigo siempre porque te he inculcado mi es­píritu. Como puedes ver, no he estado contigo estos días para transmitirte unos conocimientos, sino para despertar en ti unos sentimientos, unas motivaciones que llenen lo más profundo de tu ser con la energía de mi propia causa. Hemos creado unos lazos de amistad que te comprometen a serme fiel, a no fallarme porque yo cuento contigo y lo último que espero de ti es que me defraudes. Has llegado a entender que ese misterio que te atrae y te compromete es algo real. Ahora sabes que posees un tesoro inagotable que tienes que ir descubriéndolo y conquistándolo, no sólo para ti, sino para cuantos se relacionen contigo. Pues todos habéis sido llamados, pero cada uno tiene su puesto y su misión, como obreros de un proyecto común. Te he elegido para que anuncies todo esto a tus herma­nos. Te hago mi profeta. Yo cuento contigo para que tu mundo sea más fraterno y construyan entre todos, el cami­no hacia la felicidad.

 

 

Relato sacado de la novela “S.H. El Señor de la Historia”

http://minovela.home.blog

2 comentarios sobre “El forastero

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