ALBERTO MORENO

-¡Conductor!,¿ Como se regula el aire acondicionado?, El chorro me da directamente en el cerebro y voy a coger una pulmonía!!.

Ernesto, iba sentado en el autobús moderno, de la compañía Caribe Tour, con destino a la capital, el aire le daba en la cabeza y temia  un enfriamiento seguro.

El conductor contesto, que no se podía regular, que el caudal era fijo, ajustado en el taller. Que los autobuses, habían sido comprados de segunda mano, en un país árabe situado en el desierto y estaban regulados para temperaturas muy extremas.

 

Una mano femenina, desde el asiento de atrás, con unos dedos finos, alargados, manipulo  la ruedecita del aire y lo dirigió hacia el cristal de la ventana.

Ernesto se volvió y vio un rostro de mujer  extraordinariamente atractivo, la miro varios segundos, antes de decir palabra.

Continuo mirándola fijamente y al final solo pudo articular la palabra gracias. ¡¡Gracias!!, repitió sin dejar de mirar sus ojos negros.

Paulina, acuso  la mirada de Ernesto,

Se miraron ambos  sin un parpagueo, no cruzaron palabra, transcurrieron como  veinte segundos. Al final ella contesto: -¡De nada!.

La conversacion comenzó a fluir, Ernesto  primero con  la cabeza vuelta hacia atras.A los pocos minutos, iban sentados juntos.El se levanto y se acomodo a su lado.

Las primeras confidencias se sucedian y eran convencionales, familia, profesion, viajes, ninguno se aventuraba con intimidades.

Fue Paulina la primera que cruzo la frontera: -¿Esta usted casado?.Ernesto fue sincero.

Estuve casado. Estoy separado, esta Navidad hara seis años,me siento soltero y no tengo pareja!.

Despues, vino un silencio que rompio ella: ¡yo tengo esposo y dos hijas!, vivo en Samana capital, trabajo como asesora inmobiliaria, en la venta de terrenos.

El autobus fue acercandose a Santo Domingo y al llegar a la estacion se despidieron. Ella se encamino a la Universidad, donde recogeria a su hija.

Ernesto le pidio el numero de telefono y quedaron en llamarse. El se encamino a su  apartamento. Tomo un taxi que le condujo atraves de la 23 de Febrero y la Bolivar a su casa.

Los dedos finos, de pianista, los ojos negros y su voz, se alternaban en su mente y le acompañaron todo el dia. Ernesto estuvo tentado varias veces de llamar a Paulina.

Al final no se atrevio. Ademas, sabia que ella recogeria a su hija en la facultad y volverian a Samana.

Trancurrio una semana, fue ella quien  llamo.

¡Hola, Ernesto, ¿Estas en la capital?, ¿Como te va?.

Ernesto, sinto un palpito al oir la voz de Paulina, iba andando por la calle . Paulina le comento que el viernes volveria a la capital por la mañana y se quedaría todo el dia.

Era miercoles, quedaron en llamarse.

Asi comenzó la historia, igual que todas las hermosas historias de amor, fruto del azar.

………….

Habian transcurrido ocho meses de aquel dia.

En Santiago de los Caballeros después de encontrarse en el hotel, pasearon por la ciudad, cenaron en un restaurante con encanto, regresaron al hotel y tremulos y nerviosos, como una primera vez, se desnudaron e hicieron el amor como si fuesen dos adolescentes.

La reunión de Paulina estaba prevista a las diez, desayuno con Ernesto en la habitación a las nueve y rauda, comenzó los preparativos. ¡Yo voy a dar una vuelta por la ciudad!,  dijo Ernesto.

Los compradores, el vicesindico , el Sindico y el jefe de Paulina, esperaban en el Hall. Ella hizo las presentaciones y todos se encaminaron al reservado que el hotel había previsto para la reunión.

Cerraron la puerta y comenzó.

Ernesto se encamino a la Catedral, antes en el parque que rodeaba el templo en uno de los bancos abrió su cuaderno de notas y comenzó a escribir .

En la ciudad de Sanchez, Oscar, imprevisiblemente le habían cancelado la cita de la mañana y decidio coger el autobús a Santiago, le daría una sorpresa a Paulina.

Llegaria sobre las doce, no aviso a nadie de su cambio.

La reunión a puerta cerrada transcurría viento en popa.

El sindico dio todo clase de facilidades a la operación, los compradores confirmaron la compra y el sindico que venia preparado, informo de un nuevo lote de tierra municipal en la salida norte de Santiago, que saldría a concurso en unos meses. Fue mas alla: ¡Les facilitare los pliegos para que puedan presentar una buena oferta, doña Paulina por supuesto deberá ayudarnos con sus buenas artes de mediadora!.

Todos estaban encantados. Salieron, se encaminaron a la barra del bar y pidieron unas bebidas. De pie, charlaban, comentaban los resultados del béisbol nacional y mencionaban anécdotas y otras minucias.

Las manecillas del reloj volvieron a marcar las doce.

De pronto se abrió la puerta abatible del bar del hotel y entro Oscar, este al verla ocupada no dijo nada, se acomodo en una mesa a la espera que ella terminara sus asuntos.

La mujer no percibio la llegada de su esposo.

Ernesto, después de concluir sus notas, cerro su bloc y deambulo sin rumbo fijo por la ciudad. Seguía pensando que a Santiago de los Caballeros le faltaba musculo, era una ciudad provinciana inmersa en una siesta ancestral, mas que de años, de siglos.

Decidio volver al hotel. Anhelaba ver a Paulina.

Consulto el reloj, eran las doce  ya debía haber terminado su reunión.

Inicio el camino de vuelta.

En el hotel, el cerebro de Paulina había comenzado a ausentarse de las trivialidades de la conversación, que en la barra,  los participantes de la reunión, una vez terminados los temas importantes hablaban de anécdotas y noticias locales rutinarias.

Para poder estar mas tiempo con Ernesto llamaría a Oscar y le diría que la reunión, al menos hasta las siete no iba a terminar, sobre esa hora le recogería en Sanchez.

Tomo el celular de su bolso, marco el numero y espero.

¡Hola cariño, que haces!, inquirio Paulina

¡Mirarte!, contesto Oscar y  acto seguido solto una carcajada.

¡Date la vuelta!. Paulina se giro, vio a Oscar a pocos metros sentado en el bar.

¡¡Que!!, ¡¡No!!,¿Cuánto tiempo llevas aquí?, se acerco, se besaron y Oscar contesto,¡cinco minutos, me cancelaron la cita y decidi venirme en la “guagua”.

El cerebro de Paulina se volvió un hervidero.¡Dios mio y Ernesto a punto de llegar!, se dijo para si.

Primero pensó terminar súbito la reunión y salir de estampida con Oscar a Samana, a su casa, ya tendría ocasión de explicar a Ernesto su desaparición, pero al no encontrarla en el hotel, le llamaría  y ella iria conduciendo junto a Oscar, seria una trampa.

Su cerebro copulaba ideas como una posesa.

¡Voy al baño  llamo a Ernesto y le digo que no venga!, se dijo para si.

Se excuso y se dirigio al baño, cerró la puerta.

Dentro, con un fuerte ataque de nervios marco el numero  de Ernesto. No contestaba, insistió. Al final sono la voz de Ernesto: ¡Estoy en el bar acabo de  entrar en el hotel!, contesto Ernesto

¿Dónde estas, no te veo?, añadió él.

Paulina estaba a punto del infarto. ¡Estoy en el baño, ahora salgo!.

No seria un infarto, serian dos. Su habitual control emocional había desaparecido, el cerebro descompensado, no sabía que hacer. Quizo llorar, pero las lagrimas no fluían, sintió que todo su cuerpo temblaba.

El tornado era inmediato, inevitable, Oscar y Ernesto, a un palmo, juntos y ella no podía continuar recluida mas  tiempo en el baño.¿Y cuando salga, que hago?.

Fuera, las cosas estaban tomando un desarrollo inaudito.

Imposible imaginarlo.

Oscar estaba mirando fijamente al hombre que acababa de entrar, no apartaba los ojos de el. Era tan descarado como miraba Oscar a Ernesto, que este lo percibió, se dirigió a Oscar, con el ceño fruncido, con un evidente enfado que iba en aumento, le espetó con tono agrio y agresivo: ¡Que mira Usted!, ¿Tengo monos en la cara?.

Oscar, se levanto, con una sonrisa de complicidad, abrió los brazos se dirigió hacia Ernesto y exclamó:

¿Tu eres Ernesto Villanueva, no me reconoces?,

¡Universidad de San Diego, California, verano de 1986,compartimos habitación en el Campus, todo el semestre.

Ernesto, confundido, miro fijamente al hombre y exclamo: ¡Tu eres Oscar Crespo el medico dominicano que siempre llegaba antes que yo a todas partes!.

Se fundieron en un abrazo prolongado, se miraban y  sus brazos continuaban apretando el cuerpo del otro.

Paulina entreabrió la puerta del baño, entresaco su cara de ardilla aterrada y lo que vio le produjo un desmayo, como pudo se cogió al marco para no caer redonda al suelo.

Cuando consiguio recuperar la lucidez, Ernesto y Oscar, todavía hablaban entre si con verdadera emoción.

Con pasos quedos se acercó a los dos hombres.

Oscar se volvió.

¡Te presento a mi esposa Paulina!, ¡Paulina, te presento a Ernesto, el mejor amigo que he tenido!.

Los tres, en el coche de Paulina se marcharon a Samana.

Ernesto no pudo eludir la invitación de su amigo.

(se promete segundas partes, jjjaa)

 

-Fin-

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