ALEIDA ZOMBIE

Capítulo V

Norman

12 de Agosto del 2016. Frederick-Maryland.Estados Unidos.

Saque mi Glock 37, y me cubrí con la pared de la entrada, mientras mi compañero, Murray, tocaba la puerta de la habitación trece en el Beckley’s Motel, al norte del Fort Detrick, estábamos siguiéndole la pista al presunto asesino de Angie Wilson, una prostituta que frecuentaba las inmediaciones del motel.

-Departamento de Policía del Condado Frederick, abran la puerta, solo queremos hacerle unas preguntas.- exclamo mi compañero mientras al notar que no respondía, usaba la llave magnética que el encargado del motel le facilito.

Fui el primero en entrar a la habitación, y tuve que lanzarme al piso al ver al sospechoso, un hombre blanco, maduro, casi calvo, parado sobre la cama, desnudo y con un revolver apuntando hacia mí.

El disparo pasó literalmente rozando mi cabeza, aunque el quejido de mi compañero me dijo que no tuvo tanta suerte, como pude, rodé en el suelo y sin incorporarme apunte mi arma hacia el pecho del sospechoso, mientras sin pensarlo dos veces, dispare.

-Oficial herido en el Beckley’s Motel, habitación 13, y traigan al equipo forense.- Termine de avisar por la radio, luego de haber revisado la herida de mi compañero en su cadera.

-Aquí central, Detective la ambulancia está en camino.- Contestó la oficial Margot, desde la delegación.

-Te vas a poner bien amigo, ya viene la ayuda.- Mi compañero se limitó a asentir, aunque su rostro me decía que sabía cómo yo que esa herida era bastante grave, le tome de la mano los diez minutos que tardaron los paramédicos en llegar, y aunque Murray estaba consiente todavía, su rostro estaba completamente pálido.

Cuando los paramédicos se llevaron a mi compañero al hospital, levante mi móvil y realice la llamada más difícil de mi vida.- Ángela, Murray fue herido y se lo están llevando al Frederick Memorial, estaré allí lo más rápido que pueda.

-Dios mío Norman, entiendo, voy ya mismo, dejare a Lori con mi madre de camino, gracias.- Me contesto la esposa de mi compañero, permitiendo que el aire saliera de mis pulmones al colgarme.

Nada más guarde mi móvil, entre de nuevo en la habitación del sospechoso, y pude comprobar que el arma que tenía, un viejo revolver 38 marca Taurus, era el mismo usado en el asesinato de Angie.

Con algo más de paz mental, deje lo demás al equipo forense que estaba llegando, y montándome en mi viejo Toyota Camry, me dirigí al hospital Frederick Memorial, quería estar allí cuando la familia de mi compañero llegara.

Mientras rodaba por las calles del condado, solo podía pensar que desde que mi exesposa se divorció de mí hace un par de años, Murray se había convertido en más que un compañero para mí, era mi hermano, y su familia, me había acogido en su núcleo, tanto así, que compartían conmigo su mesa todas las noches en la cena.

Solo espero que Murray pueda superar esto, Ángela no podría soportarlo, y muchos menos su hija, a sus diez años, Lori era una niña muy madura, pero una noticia así no es algo que se pueda digerir fácilmente.

Nada más llegar al hospital pude ver un movimiento extraño de vehículos militares, a pesar de que Fort Detrick está muy cerca, no es algo común ver tantos uniformados en instalaciones civiles, pero tal vez se trataba de algún tipo de ejercicio, a esa gente le gustan este tipo de cosas.

Aparque bastante lejos de la entrada del hospital, y mientras caminaba podía ver como habían incluso más militares de los que en principio imagine, y parecían llegar cada vez más, alguno de ellos con armas automáticas, entre al edificio, y pude ver que si fuera estaba conmocionado, dentro la recepción era un caos, aunque logre reconocer un rostro en el mostrador y me acerque hasta ella.

-Buenas tardes Francis, ¿Cómo esta Murray?- Ella es una de las enfermeras más veteranas en el hospital, su rostro se notaba cansado y con real preocupación, mientras revisaba con una compañera que debía ser muy nueva por su juventud, una carpetas en la recepción.

-Norman, disculpa que no te viera entrar, estamos en una situación aquí, Murray está en pabellón en estos momentos, realmente quisiera darte mejores noticias, pero parece que está muy grave, no lograron estabilizar la hemorragia.- Me respondió Francis levantando su rostro solo un momento para darme una mirada aprensiva, y volviendo inmediatamente a lo que estaba haciendo.

-Entiendo, esperare aquí que llegue su esposa.- Le conteste, aunque hubiera dado igual que no dijera nada, porque ni me respondió, subiendo rápidamente con la otra enfermera a los pisos superiores, sea lo que sea que estuviera pasando, parecía algo fuera de lo común.

Me senté casi en la entrada de la recepción, para ver llegar el carro de Ángela, aunque lo único que veía entrar y salir tanto en el parqueadero como en las puertas del propio hospital, eran efectivos militares, algunos de ellos tenían sangre en sus uniformes, y heridas extrañas en sus manos o brazos, lo que hizo que mi sentido de alarma se disparara.

Me decidí por levantar mi móvil y lo use para llamar a Abigail Romero, una Teniente del Fort Detrick que nos ayudó como enlace en algunas investigaciones, y con quien he compartido algo más que información un par de oportunidades.

-Norman, gracias a Dios llamas.- Me contesta Abigail sin dejarme siquiera hablar, y por su agitada voz sabía que la situación era bastante grave.- Acaban de decretar ley marcial y estado de emergencia en todo el condado de Maryland, acabo de salir de Fort Detrick, algo se salió de control ¿Dónde estás?.

-En el hospital, Murray fue herido de gravedad, acá todos corren, y hay efectivos militares en todos lados, algunos están heridos.- Le conteste, ya muy preocupado por lo que sucedía, si he conocido alguien pragmática en mi vida era Abigail, si ella estaba tan asustada como su tono de voz me decía, esto era más que un simple accidente.

-Norman, llegare al hospital en cinco minutos, estate listo para irnos.- Me contesto para inmediatamente colgarme, dejándome sin la oportunidad de decirle que no abandonaría a mi compañero, y a su esposa, que justo ahora estaba aparcando en el hospital.

Ángela no pareció ni notar que dos militares casi la tumban en la entrada del hospital, y corrió hacia mi nada más me vio.- ¿Cómo está?- Fue lo único que alcanzo a decir entre jadeos.

-Grave Ángela, como lo siento, le dieron en la cadera, justo ahora lo están operando.- Le conteste, al tiempo que la abrazaba para consolarla.

Mi abrazo termino siendo como la llave que abrió el grifo del llanto en Ángela, que se soltó completamente y se aferró a mí, golpeando mi pecho de pura rabia y dolor, mientras a nuestro alrededor todo parecía más caótico en cada segundo.

-Norman, solo dime que el desgraciado que le disparo recibió su merecido.- Me dijo con resentimiento Ángela, que ya no lloraba, solo recuperaba su aliento mientras se separaba un poco de mi abrazo.

-Tranquila, yo mismo le…- Tres ráfagas de metralla no dejaron que terminara de decir la oración, y mi única reacción fue caer pesadamente sobre el cuerpo de Ángela para protegerla de los disparos, mientras el pandemonio explotaba en el hospital.

Desde el suelo, y todavía con Ángela en mis brazos me esforcé por levantar la mirada, al tiempo que se repetían por lo menos cuatro ráfagas de disparos,comprobé que venían de los pisos superiores del hospital, mientras una marea de personas, entre doctores, enfermeras e incluso enfermos intentaban salir del lugar, gritando desesperadamente presas del pánico.

-Ángela, necesito que te vayas de aquí mientras voy a ver como esta Murray, sea lo que sea que esté pasando allá arriba los militares lo controlaran.- Exclame separándome con cuidado de Ángela, incorporándome con lentitud, no sin antes sacar mi arma y comprobar el cargador.

-Norman por favor, no pienso irme de aquí, ni pienso dejarte subir solo.- Me respondió Ángela, tomando mi mano para evitar que intentara subir, en ese momento la enfermera Francis paso junto a mí, con su rostro desdibujado, todavía sostenía la misma carpeta que tenía cuando llegue al hospital, aunque esta vez estaba salpicada de sangre, su sangre, porque a su mano le faltaban dos dedos.

-Francis ¿Qué coño está pasando?- Le pregunte a la enfermera mientras la detenía y sostenía con ambas manos, aunque estaba tan aterrada que parecía no entender lo que le decía.

-¡Se volvieron locos! ¡Todos están locos!- Grito en respuesta, mientras se retorcía logrando soltarse de mí, y salir despavorida del hospital, en ese momento una voz masculina se escuchó a través de la radiofonía del hospital.

-A todos los civiles presentes, se les solicita que salgan con cuidado de las instalaciones, mientras el personal miliar resuelve la situación, muchas gracias.- Termino el mensaje, e inmediatamente llame por radio a la estación de policía.

-A todas las unidades hay disparos de armas automáticas en el Hospital Memorial, solicito refuerzos, hay personal militar en la escena.- Exclame, mientras veía que Ángela temblaba de miedo y se estremecía cada vez que los disparos sonaban en los pisos superiores.

-Norman, nos acaban de dar la orden de encuartelarnos, no podemos mandar a nadie, lo siento.- Respondió Margot con su voz entrecortada, no solo estaba preocupada, era obvio que estaba aterrada.

-¡Oh por Dios!- Grito Ángela, y no es para menos, un anciano desarmado de unos ochenta años, en bata del hospital, se desplomo luego de que una ráfaga de disparos le atravesara el pecho a escasos metros de nosotros.

Levante mi arma hacia donde vinieron los disparos, y desde la base de la escalera dos militares muy jóvenes, uno de ellos sin un tajo de mejilla todavía apuntaban al cuerpo del anciano.- ¡¿Qué coño acaban de hacer?!- Les grite apuntándolos, sin importarme que ambos soldados tuvieran armas automáticas, mientras Ángela intentaba ayudar al señor caído.

-Señora, aléjese de esa cosa.- Le respondió el militar al que faltaba parte de la mejilla, sin dejar nunca de apuntar, no a ella, ni siquiera a mí, que sostenía mi arma hacia ellos, sino al cuerpo del octogenario.

Justo cuando Ángela estaba junto el cuerpo del anciano, el sonido más horrible e indescriptible que he escuchado en mi vida salió de su garganta, y a pesar de haber sido baleado por las armas automáticas de los militares, se abalanzo desde el suelo sobre la esposa de mi amigo, mordiendo su pantorrilla.

El grito de Ángela fue desgarrador, el anciano le arranco un gran tajo de carne, e intento aferrarse sin éxito de ella, ya que como pudo se alejó de él cojeando y sangrando profusamente.

Corrí hacia ella para ayudarla, mientras veía con horror como el anciano que no había podido detallar, se levantaba lentamente, su rostro estaba lleno de pequeñas venas casi negras, y sus ojos estaban completamente inyectados de sangre, sin mencionar que tenía más de diez impactos de bala en su cuerpo.

Cuando dio su primer paso hacia nosotros, un disparo paso rozando por mi cabeza desde la entrada del hospital, impactando directamente en uno de los ojos del octogenario, voltee en seguida buscando el origen del disparo, y pude ver a Abigail sosteniendo su Beretta.

-Señora.- La saludaron los militares, poniéndose firmes ante su Teniente, Abigail les decía algo que apenas escuchaba por el caos que todavía se existía en los pisos superiores, mientras yo revisaba la herida de Ángela, que aunque parecía increíble, había dejado de sangrar en segundos.

Otro disparo de Beretta me sorprendió, levante mi rostro y pude ver al joven militar que había sido mordido en su mejilla caer como un saco de papas, mientras su compañero corría hacia la salida del hospital sin mirar atrás, Abigail le había disparado.

-Norman, lo siento, pero tu amiga está condenada.- Exclamó hacia mi Abigail, mientras apuntaba de nuevo su Beretta, esta vez hacia el rostro de Ángela.

Yo reaccione de inmediato y levantando mi propia arma apunte hacia Abigail.- ¿Te has vuelto loca? Ella está bien, solo es una mordida.- Exprese lleno de rabia, con mi dedo en el gatillo y preparado para dispararle, sin importarme nada más.

-La mordieron Norman, pronto será uno de ellos.- Me contesto señalando al cuerpo inerte de anciano.- Se convertirá y buscara morder a todo el que se le atraviese.- Termino de decirme, haciendo que dudara por un segundo, sabía que ella no mentiría sobre algo así, pero no podía permitir que mataran a una de las personas más importantes en mi vida frente a mis ojos.

Baje mi arma y me pare frente Ángela, protegiéndola.- Lo siento Abigail, no puedo dejarte hacerlo.

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