ISA HDEZ

Salió a correr como hacía siempre que su horario le permitía, no solo porque le hacía bien a su salud sino porque solía coincidir con Mario que de un tiempo a esta parte ocupaba su mente y su corazón. No se había dado cuenta de lo que sentía, hasta que él se interesó por ella y corría a la par, contándole algún chiste u ocurrencia con lo que la hacía reír y la tenía encandilada, hasta el punto, que ya era una necesidad el buscar el hueco para salir no tanto por correr sino por encontrarse con él. Un día Lara tropezó y cayó al suelo y él la ayudó con rapidez y, al levantarse casi se rozaron la cara y la boca. Mario aprovechó el momento de aturdimiento de Lara y la besó, ella no puso resistencia, y lo que llevaba callando resurgió con fuerza y el amor emergió como un deseo incontrolado. Ya no podían estar separados y pronto iniciaron la convivencia. Al principio salían a correr juntos y se les veía acaramelados como dos enamorados. Con el paso del tiempo Mario salía a correr solo, y coincidía con Berta, una joven estudiante que hacía el mismo recorrido que él, y pronto se les vio muy amigables. Mario utilizó su habitual técnica de conquista. Lara se marchó con su desamor a cuestas, buscado otra oportunidad de la vida y, encontró una nueva vereda para sus carreras matutinas en otro parque y en otra ciudad. Había aprendido lo que no debía hacer mientras corría, ya no solía hablar con extraños y si alguna vez lo hacía era muy precavida. Su mala experiencia la dejó marcada, pero no cerró la puerta de su corazón.

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