SIX

Se me quedó mirando con ansias, respirando exageradamente, sus hombros subían y bajaban apoyada con los codos en la mesa, y las manos atadas.

Me agarré la polla y la pasé por su coño, la punta se hundió entre sus labios sin ningún esfuerzo, empapándome de sus jugos y sintiendo su calor y humedad. Ana suspiró y cerró los ojos esperando la embestida.

Pero esta no llegó, y volvió a abrir los ojos, buscándome de reojo cuando notó que mi polla solo seguía frotándose por sus labios vaginales.

Me miraba, con cara de vicio y con sus dientes se pellizcaba los labios, ansiosa, arrugando la nariz cuando mi polla rozaba algún punto sensible.

Entonces, como si se tratara de una cuchara, empujé la punta de mi polla hacía arriba, recogiendo flujos y deslizándose entre sus nalgas hasta encontrar su culo.

Donde me dediqué a jugar para empaparlo, recogiendo una y otra vez más flujos desde el coñito de Ana.

Ella abrió de golpe su boca y me miró con miedo, había girado su cabeza y sus ojos iban de un lado a otro sin dejar de mirarme. Era como si de repente, se hubiera dado cuenta de lo que iba a pasar, y me miraba con una mezcla de morbo y miedo.

Yo sonreía al devolverle la mirada, notando como contenía la respiración, excitada y asustada.

Mi boca se torció en una sonrisa perversa cuando la punta de mi polla empezó a presionar en centro de su culo, y a Ana se le fue abriendo la boca lentamente.

-Nno, nnno, nnnnhh…- Susurró Ana sintiendo como la puntita de mi polla cada vez presionaba más.

Noté que se puso en guardia, mientras mi polla se habría camino, lubricada con sus flujos, empujando lentamente.

Arrugó sus cejas y abrió mucho su boca, arqueando su espalda e intentando incorporarse al notar como mi polla empezaba a abrirse camino, pero la agarré del pelo y apoyé mi antebrazo en su espalda, dejando caer mi peso y obligándola a volver a apoyarse en la mesa, inmovilizándola.

-SSSsshhh!!- Soplé entre mis dientes. –Sé que lo estás deseando! Así que no te resistas…

Ana abrió su boca con una mueca de dolor y soltó un gritito corto y ridículo al notar el tirón del pelo, su cabeza quedó totalmente echada hacía atrás, y sus brazos extendidos hacía adelante sobre la mesa.

Mi peso la inmovilizaba, mientras, seguía haciendo que mi polla se abriera camino en su culo, agarrándomela y estrujándola para incrementar su dureza.

Ana al final se rindió, noté como levantó levemente su culo, asumiendo su papel. Con la cabeza levantada por el tirón que ejercía mi mano tirando de su pelo, cerro los ojos y se preparó.

El rato que había estado jugando y lamiendo su culo dio sus frutos, Ana estaba lo suficiente dilatada como para encularla, y sus flujos hacían el resto, lubricándola.

-OOogggrrrhh!!!- Emitió un gruñido grave abriendo su boca y arrugando las cejas cuando la punta de mi polla entró por fin.

Noté un tremendo morbo al sentir como mi polla se había abierto paso al fin dentro de su culo, fue como tumbar un muro, Ana se había arqueado, había cerrado con fuerza sus ojos, y abrió su boca sin emitir ningún sonido.

Tenía que usar todo mi autocontrol para no perder el control y follármela a lo bestia, todo mi cuerpo me lo pedía a gritos, aun así, mi mano seguía estrujando mi polla y controlando la profundidad, comenzando un delicioso movimiento lento de vaivén tan solo con la punta.

-OOogh!! Oogh!! Oogh!!- comenzó a gemir Ana de manera muy exagerada al notarlo.

Con cada vaivén ganaba unos maravillosos centímetros, reprimiendo las tremendas ganas de acelerar, Sintiendo el calor y la presión de las paredes de su culo atrapando mi polla.

-Oogh!! Oogh!! Oogh!!- Seguía gruñendo Ana.

Cada gemido que escuchaba me ponía los pelos de punta y la polla durísima, sonaban desgarrados, secos, rompiendo el silencio del salón a golpes.

Notaba su culo muy apretado, estaba dilatada, pero no lo suficiente como para acelerar, Ana estaba tensa, no quería hacerle daño, y aunque sentía unas ansias tremendas por hundírsela del todo, me controlé, haciendo pequeñas pausas para que se fuera acostumbrando al grosor de mi polla.

Cuando notaba su respiración un pelín más relajada, mi polla volvía a moverse, saliendo y entrando, ocultando con el vaivén que cada vez se la clavaba más adentro.

-Oogh!! Oogh!! Oogh!! Oogh!! Oogh!! Oogh!!- Iba repitiendo Ana con cada movimiento.

En ningún momento le había soltado del pelo, Ana seguía obligada a mirar hacia adelante, y mi antebrazo la presionaba contra la mesa, pero parecía que eso no le importaba, al contrario, gemía concentrada en lo que mi polla le hacía sentir, parecía ponerle mucho que la obligara de aquella manera, agarrada del pelo e inmovilizada.

Porque sus gemidos no eran quejidos, sino gruñidos cargados de morbo y deseo, que escondían algo de dolor, pero cada vez que gruñía parecía pedir más.

Quería que se sintiera así, atada y atrapada. Obligada. Sabía que eso le ponía muy cachonda, me lo había confesado y demostrado anteriormente. Le demostraría quien mandaba, obligándola a satisfacerme, buscando ese límite que Ana parecía tener muy lejos. Quería que supiera que esa noche era mía.

-GGrrrrmmmhhh!!!- Ana gruñó como si hubiera estado aguantando la respiración un buen rato.

Aquel gruñido había sonado a sexo, un sonido desgarrador que ocultaba un placer tremendo, aquello fue el pistoletazo de salida.

No se había dado cuenta de que mi polla ya casi le entraba entera, aun sentía su culo apretado, pero ella ya no estaba tan tensa, lo que facilitaba mucho las cosas.

La alcé tirando de ella para abrazarla desde atrás, pasándole los brazos por debajo de los suyos. Con una mano le tapé la boca y le obligué a que apoyara su cabeza en mi hombro, y con la otra me apoyé en la mesa, para compensar su peso.

-Esto también lo había echado mucho de menos!- Siseé entre dientes con cierta rabia pegando mi boca a su pelo. –Me encanta tu culito, juguete… Oohh!! Voy a follártelo hasta que grites como en París…

Cerró sus ojos con fuerza al notar que mi polla le entraba de nuevo. Sabía que me había escuchado por cómo reaccionó, preparándose para lo inevitable, dejando caer el peso de su cabeza hacía atrás en mi hombro, parecía decirme:

“soy tuya, haz lo que quieras”.

Estaba atrapada en mi abrazo, sus caderas pegaban contra la mesa, y mi polla la embestía desde atrás penetrándola. No tenía más opción que dejarse llevar.

Estaba lanzadísimo, tenía la polla durísima de pura excitación. Ahora sentía cada centímetro ganado en el interior del culo de Ana, el roce me producía un placer increíble, tan solo superado por el morbo de estar enculándola, de verla tan sometida.

Era como una sensación de triunfo, placer y morbo que me inundaba increíblemente.

Empecé a moverme un poco más deprisa, sin pausas, con un movimiento de vaivén continuo.

-UUggrmmhh!! UUggrmmhh!! UUuggrrmmhh!!- Ana emitía un gruñido gutural, ahogado en mi mano con cada movimiento.

Le solté la boca y le agarré las tetas, estrujándoselas, y el salón se llenó de sus gemidos rotos, cargados de morbo desgarrado, hasta que giró su cabeza hacía mí y alargó su lengua buscando mis labios.

Abrí mi boca, y Ana empezó a besarme de una manera muy guarra, lamiéndome y lanzándome bocados que miraba de esquivar para que no me hiciera daño.

Mientras, gruñía cada vez que la empotraba contra la mesa.

-UUggrmhh!! UUggrmhh!! UUggrrmhh!!

Sentía como botaban sus tetas calientes y muy blandas entre mis manos con cada golpe de mis caderas. Pellizqué sus pezones con fuerza y estiré de ellos hacia adelante y hacia arriba. Ana se puso tensa, apoyando sus manos en la mesa, cerrando los ojos y enseñándome los dientes.

-GRRRrrrrmmmhh!!!!- Gruñó.

Me estremecí al verla tan entregada. Sus pezones quedaron duros y firmes, jugué con ellos un poco entre mis dedos, hasta que volví a abrazarla.

Luego deslicé una de mis manos hacía abajo, pero me topé con la mesa. Ana estaba apoyada con las caderas en ella, aguantando mis embestidas, y no podía llegar hasta su coño.

Tiré de ella hacía mí, y aquel tirón hizo que Ana empujara su culo hacía atrás, apartándose de la mesa y clavándose mi polla entera, hasta el fondo.

-OOOOooggghh!!!- Soltó como si la hubieran desgarrado por dentro.

Me miraba arrugando sus cejas, con una mirada lastimera, inmóvil, ambos nos habíamos quedado quietos. Pero mi mano, libre de la barrera de la mesa, siguió bajando y encontró su coño, hinchado y caliente, y en cuanto hundí mis dedos entre sus labios, la cosa cambió.

Ana estaba empapadísima, tenía el coño resbaladizo lleno de flujos, lo tenía tan abierto e hinchado, que mis dedos se hundieron dentro de ella al acariciarla sin apenas darme cuenta.

-UUuuhh!! SSSsshhh!!!- Soltó siseando fuerte entre dientes.

Comencé a frotárselo con la punta de un par de dedos hundidos entre sus labios, asegurándome de que la palma de mi mano rozara la zona de su clítoris.

Ana empezó a emitir unos grititos agudos interrumpidos por resoplidos que me ponían a mil. Me seguía besando, alargando su lengua y lamiéndome la boca.

Sentía su aliento entre mis labios, sus resoplidos llenaban mi boca de aire caliente, Ana no apartaba sus labios de los míos aunque no me besara.

Moví mí cadera hacía atrás, tirando de mi polla, Y Ana abrió mucho su boca clavándome la mirada. Volví a hundírsela de un empujón, hasta el fondo. Y Ana cerró sus ojos echando su cabeza hacía atrás, soltando un gruñido de placer desgarrador, apoyando de nuevo su cabeza en mi hombro.

-OOOorrrrrgggggmmmhh!!!
-Muévete!- Le ordené susurrándole en el oído.

Ana abrió sus ojos lentamente, arrugando su nariz.

-OOogh!!- Gimió al mover su culo de delante hacía atrás.

No se si era mejor empotrarla yo, o sentir que se movía ella, fue indescriptible.

Sentí como mi polla entraba y salía de su culo entera.

-Así… Muévete.- Volví a susurrarle resoplando.

Ana continuó moviendo sus caderas, despacio, como si quisiera medir el recorrido, sintiendo como mi polla salía y abriendo la boca a medida que se la volvía a clavar.

-OOgh!!- Emitió otra vez.

Notaba su coño empapado al masturbarla, me estaba dejando la mano chorreando.

-Vamos! Muévete!- Solté de nuevo.

“Plaf!”

Le di un pequeño azote en el lateral de su culo y Ana se giró y me miró. Desafiándome.

-Muévete!! Enséñame cuanto te gusta que te follen el culo!- Le susurré entre dientes mirándola a los ojos.

Ana mantenía su mirada clavada en mis ojos, abriendo su boca cuando se clavaba mi polla despacio y hasta el fondo, tan solo cerraba un segundo los ojos cuando sentía algo intenso, provocado por mis dedos o el vaivén lento con el que se sometía al clavarse mi polla despacio en su culo.

-Así… Mmmhhh… Sigue…-iba susurrando yo sin dejar de mirarla.

Todavía sentía su culo algo apretado, pero desde el momento en el que mis dedos la masturbaban, la cosa cambió. Ana se mostraba ahora dispuesta a empalarse con mi polla profundamente, despacio, pero echando su culo muy atrás haciendo que mi polla le llegara muy adentro.

-OOgh!! OOgh!! OOgh!! OOgh!! OOgh!!- Iba emitiendo Ana con unos gemidos rítmicos y secos, cargados de morbo.

Sentía su culo ir y venir, cada vez con un recorrido más largo, envolviendo mi polla. Al final logró que cerrara los ojos y empezara a gemir, con unos gruñidos graves y lentos.

Cuando los abrí, me miraba sonriente, con una sonrisa de triunfo que se transformaba con cada vaivén, moviendo sus labios y enseñándome los dientes.

Parecía que me estuviera diciendo “Mira lo que puedo hacer”, orgullosa.

No aguanté más, me apoyé en la mesa, y empecé a moverme.

-OOOgh!!! Ooogh!!! OOOgh!!!! OOoogh!!!- Ana empezó a emitir gemidos más exagerados.

Se le había borrado totalmente la sonrisa, ahora cerraba los ojos, y abría mucho la boca, poniendo una cara a medio camino del castigo y el placer.

Se la hundía tan a fondo que mis caderas golpeaban en sus nalgas. Ana se había vuelto a rendir frente al placer que sentía, y se dejó caer hasta apoyar los codos en la mesa.

Mientras, yo la ensartaba desde atrás, penetrándola como un loco. Estaba eufórico, ayudándome a atraerla hacía mí, con la mano que aún tenía en su coño, lo que hacía que cada vez que le hundía la polla, también le hundiera los dedos al tirar de ella.

-OOgh!! OOgh!! OOgh!! OOgh!! OOgh!!- Repetía Ana con cada vaivén.

Sus gemidos sonaban roncos, graves y secos. Pero al rato, le empezaron a temblar las piernas, y los gruñidos y gemidos se fueron transformando en gritos cortitos y agudos, más rápidos, cortos y nerviosos, con una carga sexual tremenda.

Como los había echado de menos, eran los mismos grititos cortos y desesperados que escuché en Francia, cada vez que mi polla se hundía a fondo, soltaba uno, y entre medías jadeaba.

Como me ponían…

Aquellos grititos hicieron que perdiera el control, cada vez que se la hundía soltaba uno, y yo ya necesitaba escuchar el siguiente. Cada vez los necesitaba escuchar más, y más, así que tiraba de ella hacía mí. Clavándosela más profundamente para provocarlos, y Ana gritaba, y yo me volvía loco enculándola cada vez más deprisa y más a fondo.

Notaba su coño en mi mano cada vez más empapado, con cada embestida daba un tirón y mis dedos se clavaban en él, hundiéndose en gelatina caliente. Notaba la bolita dura de su clítoris rozando la palma de mi mano, y toda su entrepierna estaba empapada en fluidos.

-OOgh!! OOgh!! OOgh!! OOgh!!- Continuaba gimiendo de manera aguda y cada vez mas acelerada.

Ana tardó poco en entrar en una especie de trance, y yo empecé a notar su culo muy dilatado, ya no lo notaba apretado, sino suave y abierto envolviendo mí polla, ofreciéndome una sensación dulce acompañada de un morbo terrible.

Le respiraba en el cuello como un animal, gruñendo con cada embestida. Nos habíamos sincronizado, después de un gruñido mío, ella soltaba un gritito agudo.

Ana había ido levantándose, conforme la follada avanzaba, se fue apoyando en la mesa con sus manos, arqueando su espalda y pegándose a mí, abriendo más sus piernas y levantando su culo para ofrecérmelo.

Podía ver, por encima de su hombro como sus tetas botaban al ritmo de las embestidas, libres entre sus brazos.

Ana echó su cabeza hacía atrás, apoyándola en mi hombro, y vi su cara, con los ojos en blanco y una mueca de placer que dejaba claro que Ana estaba entregadísima a lo que sentía.

Probablemente se había olvidado del mundo, y lo único que ahora quería sentir era mi polla.

De repente Ana cerró con fuerza sus piernas, atrapando mi mano en su coño, y dejó caer su peso, como si sus piernas no pudieran sostenerla.

Tuve que abrazarla, apretándola contra mí, notando el peso de su cuerpo, mientras ella echaba su cabeza hacía atrás, apoyándola en mi hombro.

-UUUUGggggggrrrrrrrmmmmmnhhh!!!- Gruño soltando hilillos de babas por la boca.

Sus piernas me apretaron más la mano y empezaron a temblar, noté que apretaba su coño, con espasmos.

Ana ya no podía controlarse, sus brazos se doblaron. Tuve que aguantarla, abrazándola mientras caíamos sobre la mesa, asegurándome de que no se hiciera daño. Y acabé medio tumbado sobre ella.

Ana se estaba corriendo, y me sorprendió la brutalidad con la que lo hizo. Notaba las contracciones en su culo, atrapando mi polla, que al caer sobre ella se la había hundido hasta el fondo.

-NNNnrrrrrrgggghhh!!!- Ana soltó un sonido gutural cuando la sintió tan adentro.

Aquel gruñido me puso los pelos de punta, me dio muchísimo morbo, poniéndome mucho más cachondo de lo que ya estaba, y despertando ese otro yo que a veces tomaba el control.

Me levanté, la agarré de las nalgas y bombeé, bombeé con energía detrás de ella, gruñendo como un animal cada vez que se la clavaba.

-Uugh!! Uugh!! Uugh!! Uugh!! Uugh!!- Repetía y repetía agarrado a sus nalgas.

Y Ana, había empezado a emitir un gemido largo y sinfín, un eterno lamento placentero, que subía y bajaba de tono con cada embestida, y que me ponía cardiaco.

Era un sonido gutural, que con cada embestida variaba como si la desgarraran por dentro, pero no era de dolor, era de placer, de un tremendo placer producido por un orgasmo que parecía que se le alargaba y no acababa nunca.

Continuará…

Un comentario sobre “Asuntos de trabajo (61)

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