MOISÉS ESTÉVEZ
Como sacado de un cuadro surrealista, algo cercano a lo que mi mente
no sería capaz de procesar en condiciones normales, en mis pesadillas
conviven misteriosamente vivos y muertos, entes concretos que comparten un
espacio por el que parece que el tiempo no transcurre. Es como si dicho tiempo
no tuviera nada que decir y por más que se empeñara, sus intentos por hacer
mella en estos eternos personajes de esta onírica obra que mi subconsciente
monta por las noches fueran inútiles.
– ‘¿Cómo está coronel?’ –
– ‘Aquí. Esperando que pase mi entierro’ –
G.G.M.
Mi razón los ve tal cual los vieron mis ojos la última vez en vida, y me
despierto sobresaltado, y siempre a la misma hora, a las cinco de la
madrugada, cuando la mayoría de los protagonistas insisten en contarme sus
experiencias de cuando moraban por el mundo de los vivos, sus malas
experiencias claro, como si buscaran el perdón de algo o de alguien, en un
intento por redimirse de sus posibles malos actos para con los demás, en tanto
en cuanto estuvieron aquí, con nosotros, conmigo, como si yo tuviera la
facultad de expiar los pecados que dicen que cometieron…

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