MOISÉS ESTÉVEZ

No es cierto que tengan siete vidas, pero casi. Se convierten en leyenda,
personajes que aparecen y desaparecen cual bruma mañanera de invierno, y
te preguntas… ¿te acuerdas de aquel tipo que pedía limosna en la esquina de
la 52th y qué siempre estaba empinando una botella de vino ramplón? Y oíste
por ahí que había fallecido, que ya estaba en las últimas. Pobre diablo, ‘ya
descansa en paz’… la vida que le había tocado en el desafortunado reparto de
los destinos al nacer… Y cuando menos te lo esperas lo ves de nuevo en el
mismo lugar pidiendo unas monedas…

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