QUISPIAM

Epílogo

Habían pasado varios meses desde nuestro reencuentro. Unos meses donde nos dedicamos a hablar, recuperar la confianza perdida, reconstruir nuestra relación, amarnos de nuevo. Unos meses donde establecimos las bases de nuestro futuro, nos amoldamos a nuestra nueva vida y a nuestros nuevos trabajos y, cómo no, a un nuevo país.

Y como no, explicarle a Sara lo ocurrido durante mi ausencia aquella semana. Como me había acogido Raquel en su casa el día después de mi encuentro con Daniela, como ella había sido mi soporte en los momentos bajos, como me había animado a luchar por lo nuestro haciéndome ver lo obvio, que habíamos sido unas víctimas de aquellos desalmados. Si continuábamos juntos era básicamente gracias a ella.

Durante ese tiempo ni hablamos ni quisimos seguir experimentando, aún era demasiado pronto para ello. Tampoco es que nos hiciera falta. Ambos disfrutábamos el uno del otro sin tapujos y estábamos sexualmente satisfechos aunque, claro está, se echaba en falta el plus de las situaciones excitantes de las que antes gozábamos.

Pero ninguno nos quejábamos, sabíamos que teníamos antes que cerrar las heridas antes de intentar abordar una nueva experiencia. No teníamos prisa y, tal como le había dicho a Sara, no pensaba abandonar aquel tipo de vida. Solo esperaba el momento propicio para poder poner a prueba a Sara y a mí, saber si los dos seríamos capaces de convivir de aquella manera o separar definitivamente nuestros caminos.

Y la oportunidad se presentó. Aprovechando unas fiestas en Buenos Aires, decidimos viajar a Madrid para resolver algunos asuntos que habían quedado pendientes en nuestra apresurada marcha. A Sara no es que le hiciera especial ilusión volver, supongo que aún tenía demasiado presente lo ocurrido y lo cerca que había estado de echarlo todo a perder. Solo de pensar en reencontrarse con alguno de aquellos que habían intentado romper nuestro matrimonio hacía que sus nervios estuvieran a flor de piel y sumamente irritable.

Al final conseguí convencerla y apaciguar sus reticencias optando por reservar un hotel en el extrarradio de la ciudad, lejos del centro y anulando así cualquier posibilidad de encontrarnos con alguien conocido. O al menos, eso se pensaba ella.

Viajamos a España y el primer día pudimos zanjar los flecos de nuestra precipitada marcha sin contratiempo alguno. Eso tranquilizó algo a Sara y accedió a salir a cenar a un restaurante cercano al hotel y tomar algo en un pub de los alrededores. Esa noche, cuando llegamos al hotel, viendo cómo se desnudaba Sara delante de mí, decidí que era el momento de decirle el verdadero propósito de nuestro viaje.

-Sara, tengo que decirte una cosa… -le dije viendo cómo se sentaba en la cama, a mi lado, solo en ropa interior.

-¿Qué es lo que quieres decirme, cielo? –dijo atenta.

-Estos días, mientras preparaba el viaje, he aprovechado para llamar a algunos conocidos –le dije yo.

-¿A quién has llamado? –preguntó enseguida algo asustada.

-Tranquila, cielo… -intenté apaciguarla- no es lo que crees…

Posé mi mano sobre su muslo desnudo y empecé a acariciarla, subiendo mi mano por la parte interior camino de su sexo. Ella la detuvo con su mano, nerviosa aun por mis palabras.

-Creo que ya estamos preparados –seguí hablando mientras la miraba- y no se me ocurre mejor sitio que aquí y con gente de confianza…

-¿Qué quieres decir? –preguntó ella sorprendida por mis palabras.

-Te dije que no quería que abandonáramos este mundillo, que solo necesitaba tiempo y creo que ya ha llegado el momento de volver a jugar… -dije zafándome de su mano y subiendo la mía hasta casi rozar su entrepierna donde volvió a parar mi avance.

-¿A quién has llamado? –preguntó casi con miedo.

-Creo recordar que tenías unas fotos pendientes de hacerte ¿no? –dije yo recordándole así la noche pasada en compañía de Adrián y Paula.

Sara se relajó al instante y ya no hubo impedimento para que mi mano alcanzara su meta, recorriendo sus labios por encima de la prenda.

-¿Estás seguro de esto? –me dijo recostándose sobre la cama  y empezando a gemir con mis caricias.

-No sé me ocurre mejor ocasión ni mejor gente con la que ver si podemos seguir haciendo esto –le dije sinceramente- y, si no recuerdo mal, Adrián te pegó un buen polvo…

-Sí… aunque tú tampoco te podrás quejar con Paula… -dijo con la voz entrecortada- me puse muy cachonda viéndote follarla…

-Y ahora recordándolo… -dije notando la evidente humedad que impregnaba la zona.

-Ufff… sí… aunque no sé si seré capaz de hacer lo de las fotos… -dijo entre gemidos- me da algo de corte…

-Tú tranquila que ya verás cómo todo va bien –dije no aguantando más y bajando sus braguitas- tu confía en mí, cielo… y, si todo va bien, quizás te espere otra sorpresa…

-¿Qué sorpresa? –preguntó ella mientras sentía como mis dedos la penetraban.

-Si te lo digo dejará de ser una sorpresa ¿no crees? –le contesté sin dejar de follarla con mis dedos.

-Necesito que me folles, Carlos… -me rogó mi mujer.

-Y yo hacerlo –le dije mientras sacaba mis dedos, bajaba mi bóxer y sacaba a relucir la erección que ya hacía rato tenía.

Sara abrió sus piernas y yo me colé entre ellas, rozando con mi glande sus labios que se abrían deseando ser profanados. Sus piernas se cerraron a mi espalda, empujando mis glúteos para que siguiera entrando en ella, deseando ser empalada por mi verga.

-¿Quieres volver a follar con otro? –le pregunté yo evitando hacerlo.

-Quiero que me folles tú… ahora… -me respondió ella- pero sí, me gustaría volver a follar con Adrián… ¿Y tú? –Me soltó mirándome con una cara de vicio que hacía tiempo que no veía- ¿quieres follarte de nuevo a Paula? ¿Hacerla gritar como hiciste aquella noche?

-Joder sí… lo estoy deseando –dije mientras, ahora sí, empujaba y mi polla la penetraba sin conmiseración.

A golpe de pelvis, la follé de forma brutal, rememorando los antiguos polvos entre los gritos de placer de mi mujer y mis bufidos por el esfuerzo que estaba haciendo, imaginando que en pocas horas tendría en esa tesitura a Paula que tan buen recuerdo me había dejado. Y no dudaba que por la mente de Sara, algo similar sucedía pero con Adrián.

Nos corrimos los dos tras varios minutos de intenso fragor sexual, quedando ambos después abrazados, cansados pero felices, notando como Sara se dormía bajo mi abrazo y yo también me dejaba caer en los brazos de Morfeo deseando que ya llegara el día siguiente.

Teníamos todo el sábado por delante así que aprovechamos para dormir y levantarnos tarde. No habíamos quedado hasta primera hora de la tarde con Adrián y Paula así que teníamos tiempo de sobra para arreglarnos y comer algo antes de encontrarnos con ellos.

Nos duchamos, nos vestimos y salimos a comer a un restaurante cercano al hotel, haciendo tiempo hasta nuestra cita de la tarde, poniéndose Sara cada vez más nerviosa a medida que la hora se acercaba. Y no entendía por qué.

Cuando solo faltaba una media hora para nuestro encuentro, llamé un taxi que nos debía llevar a otra ciudad del extrarradio de la capital, que era donde nuestros amigos tenían su estudio fotográfico y el lugar donde habíamos quedado.

El trayecto lo hicimos casi en silencio, Sara se mostraba nerviosa y yo preferí dejarla tranquila, las cosas se irían calmando cuando llegáramos a nuestro destino. Llegamos poco después de la hora acordada y ya nos esperaba en la puerta Adrián que vino a saludarnos nada más bajar del coche.

-Cuánto tiempo –dijo dándome la mano y dos besos a mi mujer- venid que Paula ya nos está esperando… no veas las ganas que tiene de hacerte esas fotos y, bueno, yo también…

-Yo también –dije yo- ¿ha llegado ya la sorpresa?

-No, aun no –me contestó Adrián- pero debe estar al caer…

Sara seguía aquel intercambio de palabras cada vez más nerviosa, desconociendo yo porque estaba tan alterada. Entramos en su estudio y al instante nos topamos con Paula que ya venía a nuestro encuentro.

-Chicos –dijo con alegría- que ganas tenía de veros de nuevo.

Le dio dos besos a Sara y un beso en los labios a mí que nos cogió a todos un poco por sorpresa.

-¿Qué pasa? –dijo divertida- ¿porque me miráis así? Yo no sé vosotros pero yo me pienso follar a Carlos esta noche así que ya os podéis ir acostumbrando a estas cosas…

-Tienes razón –dijo Sara olvidando por un rato sus nervios y acercándose a Adrián para besarle en la boca- encantada de volverte a ver…

-Anda, ven –dijo Paula cogiendo de la mano a mi mujer- vamos a elegir la ropa con la que vamos a fotografiarte antes que venga la otra modelo…

-¿Otra modelo? –Dijo volviendo a ponerse nerviosa Sara- ¿Quién va a venir Carlos?

No contesté aunque empecé a comprender los temores de Sara, que era lo que tan nerviosa la estaba poniendo. Sonreí. Menuda sorpresa se iba a llevar.

No tardó en salir vestida con un tejano ajustado y una blusa escotada, sin sujetador debajo, colocándose donde le dijo Paula que empezó a indicarle como quería que se pusiera para hacerle las fotos.

-Esto es para que se suelte un poco –me explicó Adrián- cuando se sienta más relajada y confiada ya pasaremos a mayores…

Yo asentí. Los dos ya habíamos hablado sobre lo que quería y él sabía mejor que nadie como conseguir que Sara se comportara de forma natural en aquella experiencia nueva para ella.

-Muy bien, Sara –le dijo Paula- ya puedes ir a cambiarte, ponte la falda y el top…

Sara obedeció y fue a cambiarse, volviendo al poco con la ropa que Paula le había indicado, volviendo a colocarse ante los focos y dejándose aconsejar por la experiencia de Paula.

Poco a poco, Sara fue encontrándose más cómoda ante la cámara de Paula que estaba encantada con la naturalidad de mi mujer. Ya se habían producido varios cambios de vestuario, cada cual más atrevido pero sin ser exagerado.

-¿Cómo lo ves, Sara? –Le preguntó Paula después de fotografiarla en un vestido de noche muy sugerente- ¿te atreves con el bikini?

-Claro- dijo ella con decisión, cada vez más cómoda en su papel de modelo.

Mientras se cambiaba, sonó el timbre y bajo Adrián a abrir la puerta. Por fin había llegado mi sorpresa. Cuando volvió al estudio, lo hizo acompañado por ella.

-Por fin, llegas –le dije dándole dos besos- ya pensaba que te habías rajado…

-Ni de coña me perdía algo así… -dijo ella riendo.

Entonces salió Sara, vestida con un sugerente bikini, quedándose paralizada ante la presencia de nuestra invitada.

-¡Raquel! –dijo aliviada al ver que era ella la sorpresa y yendo en su búsqueda, abrazándose las dos- gracias por todo lo que hiciste…

-Vaya… -dijo Raquel bromeando, quitándole importancia- sí que te alegras de verme…

Ella la separó de si y le dio un buen repaso que hizo enrojecer a mi esposa.

-¿Qué? ¿Te gusta? –dijo ella contoneándose ante Raquel.

-Me encanta –dijo ella- espera que voy a cambiarme y así posamos juntas…

-Eres un cabrón –me dijo para nada molesta Sara- no sabes el mal rato que me has hecho pasar…

-¿En serio pensabas que te iba a hacer algo así? –Le pregunté- ¿Qué te iba a traer a Judith o a Daniela? Ellas son el pasado, cielo y Raquel es el futuro, olvídate de ellas y disfruta…

Me dio un largo beso, notando como sus nervios se habían esfumado por completo y que ahora tenía delante a una mujer feliz y dispuesta a pasar un buen rato. Precisamente a lo que habíamos venido.

-Tachan –dijo Raquel haciendo acto de presencia vestida con un escueto bikini- ¿estoy buena o no?

-Estás para comerte –respondió divertida Sara yendo junto a ella para posar juntas.

-Muy bien chicas –dijo Paula- Raquel, colócate detrás de Sara y abrázala…

-¿Así? –dijo mientras apretaba su cuerpo casi desnudo a la espalda de mi mujer y sus manos rodeaban su vientre, casi rozando la parte baja de sus pechos.

-Perfecto –dijo Paula empezando a disparar fotos-  sigue moviéndote…

Raquel entendió perfectamente lo que pretendía Paula y subió sus manos que se colaron bajo el bikini de Sara, acariciando sus pechos por primera vez y haciéndola estremecer de placer. Paula siguió disparando la cámara mientras inmortalizaba aquel momento, viendo cómo tras breves instantes de manoseo bajo la tela, Raquel le quitaba la parte de arriba y los pechos de mi mujer quedaban al descubierto, viendo como los acariciaba y jugaba con sus pezones duros.

-Ahora mejor os ponéis de frente las dos… -sugirió Paula ruborizada con el espectáculo- Raquel, mejor te quitas lo de arriba…

Ella obedeció gustosa y sus pechos salieron a la luz, duros sus pezones como los de Sara, que los miraba con deseo. Juntaron sus cuerpos y sus pechos quedaron pegados contra el cuerpo de la otra, sus caras a escasa distancia.

En aquella postura, la mano de Raquel empezó a recorrer la espalda de Sara desde su nuca hasta el nacimiento de su culo que evitaba tocar. Desde allí notaba los estremecimientos de mi mujer que deseaba que Raquel la tocara, que fuera más allá. Y ella no se hizo de rogar más. Su mano se coló bajo la tela del bikini y palpó la tersura y firmeza de las nalgas de Sara, arrancándole los primeros gemidos a mi mujer.

Fue Sara la que buscó sus labios y ambas se fundieron en un apasionado beso, mientras ambas no dejaban de abrazarse, tocarse y meterse mano. Sus braguitas fueron bajando hasta desaparecer y quedaron ambas desnudas delante de los focos, bajo la atenta mirada profesional de Paula que no dejaba de disparar su cámara aunque sus mejillas encendidas delataban lo excitada que estaba. Y nosotros… bueno, los bultos de nuestros pantalones delataban lo mucho que aquello nos estaba gustando.

-Chicas –interrumpió Paula- ¿qué tal si ahora os probáis la ropa interior?

Las dos mujeres se separaron a regañadientes y caminaron juntas hasta el vestuario a cambiarse y ponerse las prendas preparadas por Paula. En contra de lo que pensaba, no tardaron en volver. Raquel, con un escueto tanga blanco abajo, un sujetador de igual color que realzaba sus pechos de forma espectacular y un conjunto de liguero y medias hasta medio muslo. Y Sara, un picardías negro transparente que dejaba al descubierto  sus pechos y con un escueto tanga negro debajo.

-Guau… -dijo Adrián recolocándose la erección que lucía bajo la ropa- estáis tremendas…

Las dos sonrieron traviesas y se encaminaron dispuestas a una nueva sesión de fotos.

-Esperad chicas –dijo Paula- que para esta sesión falta otro modelo…

Raquel solo sonrió mientras Sara ponía cara de entender nada. Yo no dije nada, solo me encaminé al vestuario a cumplir mi parte en aquello, en hacer realidad lo que le había pedido a Adrián y Paula.

Cuando salí lo hice con un ajustado bóxer donde se marcaba la erección que el show de las chicas me había provocado. La cara de las dos chicas era de vicio puro y duro y no tardaron en rodearme cuando llegué a la zona de los focos. Sara por delante, con sus tetas pegadas a mi pecho y sus manos en mi cintura, y Raquel por detrás, pegando su cuerpo a mi espalda y con sus manos en mi vientre.

Paula hizo su parte, que era sacar fotos de todo lo que ocurría, aunque se notaba que estaba deseando dejar la cámara y unirse a nosotros. Y Adrián, no pudo resistir más aquello, se había bajado el pantalón y sacado su polla que toqueteaba sin disimulo mientras no dejaba de observar lo que estaba a punto de suceder.

Sara empezó a besarme mientras frotaba sus pechos contra mi torso, sus manos abandonando mi cintura para tomar posesión de mi culo. Raquel, acariciando con sus pechos mi espalda, sus manos recorriendo mi vientre, jugando con el elástico de mi bóxer pero sin llegar a entrar dentro. Y yo, con mis manos en el culo de mi mujer mientras la besaba desaforadamente.

Tras unos minutos, me di la vuelta cambiando las tornas. Ahora me besaba con Raquel que jugaba con mi culo mientras Sara me acariciaba el vientre y toqueteaba sin reparos mi empalme por encima de la ropa. Quise dar un paso más y desprendí el sujetador de Raquel, viendo de nuevo sus pechos que metí en mi boca, degustándolos por primera vez, mientras la mano de mi mujer buscaba tocar mi verga sin ropa de por medio.

Tras unos instantes, volví a romper el abrazo, colocándome ahora tras Sara a la que quité el picardías y entregué a los labios de Raquel que volvió a devorarla como ya había hecho antes. Sara ahora recibía los besos en sus pechos por parte de Raquel y sentía como mis dedos la penetraban en su sexo desde atrás, haciéndola enloquecer.

Su tanga desapareció y una ávida Raquel bajó hasta alcanzar con su boca los labios de una excitadísima Sara que la recibió apretando su cabeza contra su sexo, alentándola a seguir comiéndola de aquella manera. Aun así, mi mujer aún conservaba algo de su cordura y se tumbó en el suelo arrastrando con ella a una famélica Raquel que no dejaba de disfrutar del coño de mi esposa.

-Fóllatela… -me pidió mientras me miraba de forma lasciva.

Yo solo sonreí, Sara había comprendido a la perfección mis intenciones y era ella la que me pedía que lo hiciera. Me coloqué detrás de Raquel, le quité su tanga quedando solo vestida con el liguero y las medias y la penetré de forma lenta, queriendo notar la estrechez de aquel coño que probaba por primera vez y esperaba que no la última.

-Sí… -gimió ella al sentir penetrada y dejando momentáneamente de lamer el coño de Sara- dame más, por favor… lo necesito…

Empecé a moverme a buen ritmo, abriendo a cada embestida su coñito que se amoldaba como un guante a mi miembro, escuchando a la vez el sonido que hacía su boca mientras le comía el coño a Sara, notando la presencia cercana de una Paula que, haciendo un esfuerzo sobrehumano, seguía fotografiando todo aquello cuando su cuerpo le pedía otra cosa. Pero un trato era un trato y ella sabía que su turno llegaría después.

Sara no pudo más y gritó su orgasmo mientras su cuerpo se agitaba fruto del placer, liberando a una desatada Raquel que ahora se dedicó a disfrutar en cuerpo y alma al polvo que le estaba echando, gimiendo sin cesar y pidiéndome más.

Sara, queriendo colaborar en el placer que le estaba dando, se colocó debajo de ella y empezó a chupar su sexo y mi polla llevándonos a ambos a cotas inaguantables de placer, provocando el orgasmo de Raquel que se derrumbó sobre el cuerpo de mi esposa y acercándome inexorablemente al mío. Pajeándome furibundamente noté mi polla palpitar y apunté con mi miembro a los cuerpos desnudos de aquellas dos mujeres que tanto goce me habían proporcionado, derramando mi simiente sobre ellas.

Extenuado, me dejé caer al suelo junto a ellas que también estaban rendidas del polvo que acabábamos de echar. Paula se acercó y fotografió el estado en que habían quedado ellas dos, regadas con mi leche. Al fondo, un desnudo Adrián limpiaba la corrida que se había pegado ante el show que acababa de presenciar.

-¿Ya es suficiente? –preguntó Paula.

-Sí, ya puedes dejar de trabajar –le dije yo atrayéndola hacía mí.

Yo sentado, ella de pie. Mi cabeza se coló bajo su falda y saboreó su braguita empapada por sus flujos, gimiendo ella al sentir por fin algo del placer que llevaba rato deseando sentir. Apartar la tela, succionar su clítoris un par de veces y notar como su cuerpo se arqueaba, sus manos sujetaban mi cabeza y gritaba como era propio en ella el orgasmo anhelado. Y todo ante la atenta mirada de mi mujer que disfrutó viendo como hacía correr a Paula.

-Será mejor que nos vistamos y continuemos la fiesta en otro lugar –dijo Adrián ya vestido de nuevo.

Le hicimos caso. Nos aseamos en el pequeño lavabo del estudio y nos vestimos de nuevo, partiendo todos en el coche de Adrián a su casa donde íbamos a cenar y a continuar lo que habíamos empezado en el estudio.

Cenamos con calma, recuperando fuerzas para lo que estaba por venir, comentándonos Paula que nos mandaría las fotos cuando las tuviera listas y aprovechando para informarme Raquel de lo sucedido en nuestra ausencia.

Ella había sido la que me había acogido en su casa en aquella semana tan difícil para mí, la que me había animado a seguir luchando por el amor de mi vida y la que me había ayudado a preparar nuestra salida y joder los planes de aquellos.

Fue Raquel la que durante la cena nos fue informando que Judith se había marchado a su nuevo trabajo en Barcelona y que Rubén, después de ver el vídeo donde Daniela confesaba que no lo quería y que pensaba irse a Argentina conmigo, la abandonó y se fue con Judith a Barcelona donde, no tenía ninguna duda, seguirían haciendo de las suyas. Pero ese ya no era mi problema.

Por otro lado, Daniela seguía trabajando en la empresa en su nuevo puesto y parecía que resignada a seguir siendo la amante de Manuel, el director general, que hacía uso de la información facilitada por mí y encontrada en su portátil para mantenerla bajo control.

Y en cuanto a Roberto, sin trabajo, sin asimilar todavía lo que había pasado, habiéndose corrido la voz de su adicción y sus abusos sobre el personal femenino de la empresa, nadie quería contratarlo. Se dejó llevar por el alcohol y la cocaína, tratando de evadirse de su realidad hasta que una fatídica noche, volviendo borracho a su casa, no vio venir al coche que acabó con su vida.

No podía decir que lo sentía aunque tampoco me alegraba por ello y, por la cara de Sara, ella tampoco. Supongo que el karma tenía sus formas retorcidas de cobrarse sus deudas.

Pero no habíamos venido allí a ponernos tristes y a hablar del pasado sino del futuro, así que Paula sacó licores y brindamos por el nuestro. Poco a poco el licor fue desinhibiéndonos y recuperar la alegría de antes.

-Bueno –dijo Paula sentándose sobre mi regazo- yo no sé vosotras pero yo ya tengo ganas de pasar un buen rato con este hombretón…

-Pues por mí no te cortes –le dijo Sara- ya estás tardando en subir a la habitación…

-¿Y tú? –Le pregunté a Sara- ¿no piensas subir con Adrián arriba?

-Solo si tú estás de acuerdo con ello –dijo ella- recuerda, son tus normas y me comprometí a obedecerlas…

-Cielo –le dije acercándome a ella- siempre que estemos juntos, eres libre de hacer lo que quieras… estamos entre amigos así que disfruta, cariño… como yo voy a hacerlo con Paula…

Me di la vuelta, cogí de la mano a Paula y ambos subimos la escalera camino de la habitación donde pensaba pasar la noche con ella. Era lo que le había prometido a cambio de su reportaje e iba a cumplir gustoso mi parte.

Dentro de la habitación, desnudándonos mutuamente de forma frenética, deseando culminar nuestro recíproco deseo, oí los primeros gemidos en la habitación de al lado. Sonreí satisfecho y me senté en la cama, animando a Paula a que se metiera mi polla en su boca, cosa que hizo al instante mientras yo acariciaba sus tetas.

Demasiadas ganas nos teníamos como para perder tiempo en preliminares y no tardó paula en empujarme sobre la cama, subirse encima de mí y empalarse en mi verga, cabalgándome de forma salvaje delatando las ganas que tenía de volver a disfrutar de mí. Y yo de ella. Fue el primero de los varios polvos que echamos aquella noche donde apenas dormimos, solo siendo interrumpidos ya de madrugada por una Raquel que quería volver a sentirme dentro y se unió a nosotros después de haber empezado la noche en compañía de Adrián y Sara.

Al final, ya de madrugada, nos dormimos los tres abrazados en aquella cama. Pero yo aún tenía una espina clavada y me la pensaba sacar antes de volver a nuestra casa. Al despertarme, abandoné la cama y fui a la habitación donde había pasado la noche Sara.

Dormía desnuda, abrazada a Adrián que también estaba desnudo. La habitación olía a sexo y sudor, las ropas estaban desperdigadas por doquier al igual que las sábanas y la escasa luz que se colaba por la persiana le daba un toque especial a la escena.

Me acerqué a Sara, por su espalda, acariciando su piel hasta llegar a su culo que abrí con mis manos, saliendo a relucir su ano, ese orificio que pensaba follarme antes de partir de allí. Pero para eso necesitaba la colaboración de Adrián, así que le di un manotazo y él se removió inquieto, hasta que abrió los ojos y me vio allí, jugando con el culo de Sara que aun dormía ajena a nuestras intenciones.

Él solo sonrió entendiendo mis intenciones y pegó su cuerpo al de Sara, acariciando sus pechos y su raja, excitándola mientras yo chupaba mis dedos y empezaba a penetrarla por detrás. Sara se despertó ante el doble ataque al que estaba siendo sometida, besando primero a Adrián que tenía delante y luego buscando mi boca.

Ella abrió sus piernas facilitando que siguiera penetrando su culo mientras masturbaba a Adrián buscando completar su erección. No tardó en conseguirlo y se subió encima, clavándose su polla en su coño que la tragó sin dificultad. Yo me situé detrás, la empujé hasta dejarla tumbada por completo sobre el cuerpo de Adrián y apoyé mi polla en la entrada de su culo, empujando levemente hasta superar su entrada y siguiendo adentrándome en sus entrañas bien prietas por la presencia de otra polla en su otra cavidad.

Sara se retorcía fruto del placer al sentirse doblemente penetrada, empezando ambos a movernos acompasadamente, provocando que mi mujer se corriera casi al instante ante aquellas satisfactorias sensaciones. Nuestro ritmo se fue acelerando, moviéndonos ambos cada vez a mayor ritmo y provocando nuevos orgasmos a mi esposa que no podía dejar de gritar ante lo que estaba disfrutando.

Unos ruidos a mi espalda me hicieron girar y ver como Paula, desnuda y apoyada contra la pared de la habitación, tenía entre sus piernas a una desnuda Raquel que lamía con fruición su coñito. Ambas habían acudido alertadas por los gritos de Sara y habían decidido unirse a la fiesta.

Había perdido la cuenta de los orgasmos que Sara ya había tenido, ella ya era una muñeca en nuestras manos y se dejaba hacer, limitándose a disfrutar del polvo que le estábamos proporcionando Adrián y yo. No tardé en notar como el cuerpo de Adrián se contraía y su polla palpitar rellenando el coño de Sara con su semen, provocándole un nuevo orgasmo a Sara al notarse llena por su esperma. Y yo, no pudiendo aguantar más, exploté alcanzando mi clímax, vaciándome dentro de su culo y notando como mi leche escapaba de su interior al sacar mi polla de su interior.

Los tres caímos rendidos de nuevo en la cama, exhaustos pero colmados por el placer gozado. En la otra punta de la habitación, aun escuchaba los gemidos de Raquel que ahora recibía las atenciones de una dedicada Paula que quería devolverle el favor a su amante.

No sé en qué momento me dormí. Solo sé que cuando me desperté estaba en la cama solo con Sara, que me agitaba para despertarme, avisándome que teníamos que irnos si no queríamos perder nuestro vuelo. Nos duchamos, nos vestimos y bajamos a comer algo, encontrándonos allí con los otros tres que nos esperaban para despedirse de nosotros.

Lo hicimos con efusividad, besándonos sin reparo y prometiéndonos que aquello había que repetirlo pronto. Un taxi nos recogió en la puerta, nos llevó al hotel donde recogimos nuestras cosas y partimos camino al aeropuerto para coger el vuelo que nos iba a llevar de nuevo a Buenos Aires.

No fue hasta que estuvimos en el aire que tuve el tiempo y la tranquilidad para hablar con Sara de lo sucedido en casa de nuestros amigos.

-Sara –le dije- ¿qué te pareció todo lo que hicimos?

-Muy bien, la verdad –dijo sonriente y dejando reposar su cabeza en mi brazo- aunque me podías haber follado el culo en otro momento… no veas qué incómoda me siento en estos asientos…

-Vaya… y yo que pensaba que te había gustado…

-Anda tonto, si sabes que me ha encantado y sé porque lo has hecho –me contestó ella- y me alegro que lo hicieras, cariño… ahora sí que puedo decir que éste ha sido el mejor polvo de mi vida y que no voy a olvidarlo jamás…

-¿Esto significa que todo está bien y que quieres volver a repetir? –le pregunté queriendo saber su opinión.

-Carlos, cielo… claro que me ha gustado y me encantaría repetir –me dijo mirándome fijamente- pero solo si tú quieres… yo lo único que quiero es disfrutar de estas experiencias contigo, los dos juntos… siempre te he dicho que sin ti esto no tiene sentido…

-Me alegro de escucharte decir esto porque Raquel me ha pasado la dirección de un club de intercambios en Buenos Aires –le dije yo- un lugar serio, un lugar donde seguir jugando sin peligro, a nuestro ritmo… ¿Qué te parece?

-Pues que si te lo ha recomendado Raquel deberíamos echarle un vistazo ¿no? –Dijo sonriente- pero poco a poco, Carlos…

Yo solo asentí. Estaba totalmente de acuerdo con ella y así lo íbamos a hacer.

-Por cierto, cariño –le dije a Sara- espero que no te importe pero he invitado a nuestros amigos a pasar las próximas fiestas con nosotros… solo será una semana… espero que no te importe…

Ella me miró, sonrió y me besó en los labios. Sabía lo que pensaba, estaba deseando que llegara esa semana para volver a repetir lo de ese fin de semana, volver a disfrutar los cinco juntos. Era lo mismo que deseaba yo.

Fin.

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