MOISÉS ESTÉVEZ

Mi mente deambula perdida. Creí haber encontrado lo que buscaba con
ahínco, pero no, al menos de momento. Camino desorientado, alzo la mirada y
me doy cuenta de que no sé donde estoy. Veo una boca de metro y bajo al
subsuelo, ese mundo característico de La Isla, con su inconfundible olor,
rebosante de gente, esperando a que la máquina asome por el oscuro túnel.
Creí haberlo encontrado.
De ti me enamoré
y creí haberlo encontrado.
El amor,
también la pasión, el frenesí,
me había ilusionado.
Después,
me dejaste y caí,
derrotado.
Creí haberlo encontrado…
Ya en la superficie, veo que el sol ataca feroz al cristal y al acero de los
afilados rascacielos, inflamándolos, y estos a su vez se defienden arrojándolo
hacia el tórrido asfalto, repartiendo agobio. Yo, recojo la parte que me toca y
sigo caminando…

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